(Washington DC, 12 de septiembre de 2012) – La muerte de un
detenido en la Bahía de Guantánamo el 8 de septiembre de 2012 pone de relieve
la necesidad de que el Gobierno de Estados Unidos procese a los detenidos en
una corte civil o que los ponga en libertad, Human Rights Watch señaló hoy. La
muerte de Adnan Latif, un yemení que presentaba un cuadro grave de estrés
emocional y había intentado suicidarse varias veces, pone de manifiesto el
sufrimiento de las personas que permanecen largos períodos en detención
indefinida sin juicio.
“La muerte de otro preso debería llamar la atención del
mundo sobre la continua tragedia de la detención indefinida sin juicio en
Guantánamo”, señaló Andrea Prasow, asesora principal de Contraterrorismo de
Human Rights Watch. “El gobierno de Barack Obama debería cumplir con su promesa
de larga data de cerrar Guantánamo”.
Latif fue detenido por primera vez por las autoridades
militares paquistaníes a finales de 2001 y enviado a Guantánamo en enero de
2002. En 2004, Latif declaró ante una comisión evaluadora militar que había ido
a Pakistán, y posteriormente a Afganistán, para recibir tratamiento médico por
las lesiones que sufrió tras un accidente automovilístico. La junta rechazó su
petición para buscar los registros médicos que respaldan su versión. El
historial médico, que fue obtenido más tarde por los abogados de Latif y
enviado a Human Rights Watch, describía graves lesiones en la cabeza y
recomendaba que se sometiera a una operación adicional.
En 2004, funcionarios del Departamento de Defensa de EE.UU.
recomendaron la puesta en libertad de Latif, reconociendo que no participó en
ninguna clase de adiestramiento terrorista. En 2007, el gobierno de Bush
también recomendó su liberación. Sin embargo, Latif y sus abogados no recibieron
esta información hasta que fue revelada en los procedimientos judiciales
federales en 2010.
Durante su detención, Latif indicó que estaba experimentando
graves dificultades. En mayo de 2010, incluso antes de que estuviera al tanto
de las recomendaciones de liberación anteriores, escribió lo siguiente a su
abogado: “Ustedes siguen buscando justicia y audiencias [mientras que] yo estoy
siendo empujado hacia la muerte”. Latif se declaró frecuentemente en huelga de
hambre, ocasiones en las que el personal militar lo obligaba a alimentarse a
través de un tubo forzado por la nariz. Su abogado describió que cuando llegaba
para las consultas legales lo encontraba demacrado y ataviado en una bata
protectora antisuicidio.
“Es difícil imaginar el sufrimiento al que estos hombres se
ven sometidos al cabo de 10 años o más de detención sin la oportunidad de un
juicio penal”, señaló Prasow. “Independientemente de que los legisladores
estadounidenses se den cuenta o no, Guantánamo sigue siendo un grave obstáculo
para la promoción de los derechos humanos en el extranjero”.
A raíz de una impugnación de la legalidad de la detención de
Latif, , el juez de distrito de EE.UU. Henry Kennedy, Jr., ordenó en 2010 la
libertad de Latif, al considerar su historia “plausible”. Pero en vez de
devolver a Latif a su país natal, Yemen, o procurar su reasentamiento en un
tercer país, el gobierno de Obama apeló el fallo en la Corte de Circuito de
Washington DC, que en 2011 revirtió la decisión del juez Kennedy.
La sentencia de la Corte de Apelaciones de Washington no
sólo afectó el caso de Latif, sino que también socavó gravemente la capacidad
de otros detenidos de Guantánamo de impugnar sus detenciones. El fallo sostenía
que a las pruebas del gobierno se les debería conceder una “presunción de
regularidad”, lo que requiere que jueces de tribunales inferiores den por hecho
la validez de las pruebas obtenidas por funcionarios del gobierno. Esto incluye
información obtenida en entornos caóticos de batalla, a menos que exista clara
evidencia de lo contrario. Como consecuencia, se convertía en responsabilidad
del detenido demostrar que las pruebas eran falsas o poco fiables. En junio de
2012, la Corte Suprema decidió no escuchar el caso, dejando que el dictamen de
la corte de apelaciones rija los casos de los detenidos de Guantánamo.
Después de la muerte de Latif, sigue habiendo 167 detenidos
en Guantánamo. Solo seis de ellos enfrentan acusaciones formales. Previamente,
el gobierno de Obama aprobó la transferencia de 57 de los detenidos restantes,
con 30 yemeníes adicionales condicionalmente aprobados para ser trasladados.
Inicialmente, se recomendó que 48 detenidos permanecieran en detención
indefinida; desde entonces, dos de esos 48 han muerto. La información sobre
cuáles fueron los detenidos que fueron designados para ser transferidos y
cuáles fueron designados para permanecer en detención indefinida no se ha hecho
pública. Tras el intento de atentado contra un avión el día de Navidad de 2009
por Umar Farouk Abdulmutallab, un nigeriano que se había entrenado en Yemen, el
gobierno impuso una moratoria a los traslados a Yemen.
En 2010 y 2011, el Congreso impuso restricciones a la
transferencia de detenidos fuera de Guantánamo, exigiendo que el gobierno firme
las certificaciones que detallan los planes de puesta en libertad y que indican
que se han tomado las medidas necesarias en el país receptor para mitigar
cualquier riesgo que dicho retorno podría plantear. El gobierno aún no ha
proporcionado dicha certificación para ninguno de los casos. En abril de 2012,
dos detenidos Uighur –cuya detención fue previamente declarada ilegal— fueron
reasentados en El Salvador y en julio de 2012, Ibrahim al Qosi fue devuelto a
su país natal, Sudán, bajo los términos de un acuerdo de admisión de
culpabilidad ante una comisión militar. Ambas transferencias cayeron dentro de
las excepciones legales al requisito de certificación.
fuente
http://tomalapalabra.periodismohumano.com/2012/09/13/fallecimiento-en-guantanamo-subraya-la-necesidad-de-cerrar-el-centro-de-detencion/

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