Diferentes opiniones e interpretaciones para entender lo del 8/11..
Roberto Gargarella - El valor de la protesta,
siempre
i) Escucho a viejos
compañeros de ruta (...) renegando del valor de la protesta, porque la
protesta, la que llega mañana, no les gusta. Me da pena verlos argumentar,
diciendo que la democracia se juega en las elecciones, y que los que protestan
-aunque no lo digan- deben estar pensando ideas horribles.
ii) Contra lo que ellos
dicen, defendemos acá el valor de toda protesta, aún de las protestas con las
que uno no coincide total o parcialmente. En países como el nuestro, con el
sistema político tomado por burócratas y adulones, y por un poder judicial
siempre interesado en defender, primero, los propios privilegios, la ciudadanía
suele encontrar las puertas cerradas para todo reclamo. Cuando el poder define
como lícitos sólo los caminos que controla, no es extraño que el pueblo opte
por vías alternativas, extra institucionales, muchas veces de desafío al
derecho vigente, para hacerse escuchar. La alternativa que deja el poder es
clara: tratar toda protesta como ilegítima, como ilegal, o sino ignorarla.
Pregúntenle a los jubilados, que ya sin fuerzas, son obligados por el gobierno
a peregrinar ante los tribunales para rogar que les den lo que les corresponde
y que el gobierno les niega, porque usa sus recursos para financiar propaganda
y servicios de inteligencia. Hay que salir a la calle, y el poder tiene que
estar dispuesto a escuchar a los que salen a la calle. La democracia empieza
con el voto, no termina allí, por más que les pese a estos neo-conservadores
que se creen de avanzada.
iii) Imaginemos, sin
embargo, una marcha con cuyo contenido sustantivo estemos parcial o totalmente
en desacuerdo. Pienso, por caso, en la marcha "Blumberg" sobre la
seguridad. Qué debemos pensar, frente a ella, los que estamos del lado de la
protesta? Ante todo, cuando la ciudadanía se moviliza masivamente, como
entonces, debemos hacer un esfuerzo especial por leer la protesta a su mejor
luz, en su mejor versión. El gobierno y los aplaudidores, en cambio, la demonizan,
leyéndola en su peor versión posible: "son todos fascistas",
"quieren pena de muerte", "están con la dictadura". Pero lo
cierto es que cualquier marcha puede ser demonizada de ese modo. Los adulones
del poder, frente a la "primavera árabe", podrían decir "son
fundamentalistas religiosos", "son violentos", "están
cargados de odio." Frente a la "primavera de Praga," y siempre
del lado del poder, hubieran dicho "quieren que vuelva la
desigualdad," "son pro-capitalistas." Se equivocan siempre. Aún
la marcha de Blumberg puede ser bien leída, porque encierra reclamos
importantes: familias destrozadas por la inseguridad, madres sin hijos, hijos
sin padres, que quieren vivir en paz, que quieren que se les asegure un derecho
básico a la integridad física, que aborrecen del obvio pacto entre política,
policía y narcotráfico. El gobierno, en cambio, promueve otra lectura:
"son los últimos vestigios de la ultraderecha que muere," "son
los que extrañan a Videla". Dan pena.
iv) Todas las principales
consignas de la marcha convocada para mañana ("contra los abusos",
"contra la corrupción," "contra la re-reelección")
representan demandas absolutamente generalizables y sensatas. Por eso el
gobierno necesita hablar de "lo que deben estar pensando realmente",
"lo que no quieren decir". Es que quieren que hagamos el ejercicio de
imaginar lo que piensa la Presidenta, cuando se junta con sindicalistas o le
hablan de demandas indígenas? Lo que piensa Berni, cuando reprime? Lo que
piensa Schiavi, frente a la muerte de 50 trabajadores en los trenes que él no
controló?
v) Luego de haber hecho el
esfuerzo por entender qué de importante hay en la protesta, el poder debe
procesar esa demanda, conforme a los mejores principios constitucionales que
rigen su conducta. Frente a la protesta de Blumberg deberá decir entonces, por
ejemplo: "pongamos fin al pacto entre política y narcotráfico,"
"cuidemos los derechos de todos (también los de los delincuentes)",
"reconozcamos la urgencia del problema de seguridad, que requiere resolver
problemas de desigualdad." Alguien dirá: esto es utopía, la gente no
piensa así. Se equivoca. Siempre cito la curiosa estadística que me comentaba
Gabriel K., luego de la crisis del 2001: un 80 por ciento de la ciudadanía
reconocía que el origen del aumento de la inseguridad tenía que ver con
incrementos en desigualdad...pero como solución al problema no pedía igualdad
(aún reconociendo, ella misma, que allí estaba el origen del problema), sino
mano dura. Ahí está la labor del dirigente, retomar esos conocimientos y
procesarlos del modo constitucionalmente apropiado. Nótese, sin embargo, que el
kirchnerismo obró en ambos casos del peor modo: primero demoniza la protesta, y
luego -es lo que hizo en el caso Blumberg- en lugar de procesar las múltiples
demandas entonces presentes, del modo constitucionalmente más aceptable...
convirtió en ley las peores propuestas derivadas de la marcha¡¡¡ Eso es,
exactamente, el máximo paradigma de lo que NO se debe hacer. El kichnerismo
actuó frente a la protesta, como suele hacerlo, del peor modo imaginable.
vi) Los adulones, sin
embargo, que ya no conocen la calle porque ahora ven la ciudad desde detrás de
vidrios polarizados (pobre la Presidenta, que no se anima a recibir a alguien
que la critique, pobre Boudou, que no puede salir a la calle, pobre Bossio,
corrido desde su lujoso auto por un grupo de jubilados¡), prefieren denunciar
conspiración. Se preguntan a quién beneficia la protesta. Más les valdría
preguntarse a quién perjudica. Les digo algunos nombres: perjudica a Cirigliano,
y los negociados del gobierno con el transporte; perjudica a los empresarios
megamineros que necesitan a un gobierno adicto; perjudica a Boudou, a Jaime, a
López, y a todo el empresariado corrupto que pacta con el gobierno; perjudica a
los Insfrán, asesino de indígenas; perjudica a los Urtubey, con su educación
pública religiosa; perjudica a los Alperovich, y a tantos gobernadores que ven
la política como negocio. En definitiva, no es éste el modo de pensar la
protesta. Siempre podemos y necesitamos aprender de la protesta, no repudiarla.
El pueblo, como decía Locke, suele adoptar una actitud comprensiva y pasiva
frente al gobierno. Por eso es tan importante prestar atención cuando en todo o
en parte se pone de pie.
vi) Pensar sobre la
protesta, siempre, requiere pensar sobre democracia. Desde acá pensamos la
democracia desde el ideal de una discusión inclusiva, sin voces excluidas. Por
eso defendimos siempre la protesta piquetera, en una sociedad que los margina.
Por eso defendemos que se escuchen todas las ideas, aún las que no nos gustan:
no para que pierdan el tiempo hablando, sino porque podemos estar equivocados.
Por eso creemos que el Congreso debe estar atravesado por la disidencia y
marcado por el mutuo aprendizaje. La democracia necesita todas las voces, pero
no como consigna: el gran test para saber si el poder se toma en serio o no la
disidencia es ver qué hace con las ideas que no les gusta: las toma en cuenta,
aprende de ellas, o las ignora, las margina las repudia? Todo lo demás es
verso. La democracia debe alimentarse, sobre todo, de las voces de los
críticos, y por ello esas voces necesitan de una especial protección. Las
decisiones válidas, por su parte, necesitan nutrirse especialmente de
pensamiento crítico: por eso el Congreso debe dar lugar amplio para tales
voces, y las mayorías deben atender esos reclamos, o dar justificada respuesta
de por qué no los atiende. Ésta, claramente, no es la concepción de la
democracia que defienden el gobierno y sus amigos. Por ello, en el Congreso no
se interesan por discutir: simplemente imponen, porque asumen que no tienen
nada que aprender de sus críticos. Por ello piensan la Ley de Medios no desde
el compromiso con la diversidad, sino de la mano de los empresarios que
simbolizan, hasta la caricatura, la corrupción en la historia argentina
reciente: Manzano y Moneta. Por ello quieren invisibilizar a los qom, y urgidos
los borrarn de la 9 de julio. Por ello ahora hablan sólo de elecciones, y
criminalizan a la protesta, y procesan a los piqueteros, y encierran a mujeres
y niños en Campo de Mayo, y denuncian en público a los que los contradijeron, y
mandan a la AFIP a perseguir a los que hablaron en contra, y usan los servicios
de inteligencia contra los que piensan diferente. Ellos ven a la democracia como
la ven los conservadores: como elecciones periódicas, y el que gana se lleva
todo. Y que los movimientos de protesta se organicen en un partido político, y
se animen a ganarles las elecciones. Difícil encontrar una concepción más
conservadora de la democracia, una aproximación más pobre al ideal del debate
inclusivo y robusto, una visión más limitativa de la protesta.
Fuente: http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2012/11/el-valor-de-la-protesta-siempre.html
11-08 Página 12 - EL
PAIS › ALCANCES E IMPLICANCIAS DE LA MANIFESTACION CONVOCADA HOY
Los
usos de la protesta
Por
Gustavo Oliva*
La
capacidad de liderazgo
Algunos
dirigentes políticos pretenden presentar la marcha de este 8-N (N de
negatividad) como un hecho necesario para evitar un 7-D (democracia,
diversidad). “Con un gran 8-N no hay 7-D”, circula por las redes sociales.
Estos dirigentes que promueven la participación “espontánea” no irán a la
marcha. ¿Por qué? ¿Será acaso una movilización con claro tinte
desestabilizador? ¿Será por ello que verían dificultoso, en el futuro
inmediato, presentarse como parte de la democracia?
Lejos
ya de discutir la libertad de empresa y menos aún la de prensa, van
sincerándose los negocios fraudulentos, las especulaciones económicas y se
reconocen los vínculos de subordinación de esos dirigentes con los grupos de
poder concentrados. Se sincera también su incapacidad de ser líderes políticos.
No hay dudas de ello.
¿Pero
qué es el liderazgo político? Lejos de identificarlo con teorías que lo
presentan puramente como un atributo personal, lo considero propio de las
relaciones sociales y sus tensiones, y en un sentido restringido del término:
para el ejercicio de una influencia positiva en la sociedad. Ya desde la
filosofía política antigua se hace referencia al líder como quien trabaja con
otros y en pos de alcanzar la felicidad plena y el bien común de la sociedad.
Desde la sociología, Max Weber hace hincapié en comprender el liderazgo como
una relación social en la que distingue distintos tipos, pero en todas hay una
aceptación y adhesión de los seguidores a la legitimidad construida. Por mi
parte, diferencio también entre los gobernantes administradores y los líderes.
Mientras los primeros obtienen resultados dirigiendo las actividades de los
demás y sus metas son la “eficiencia y la eficacia”, los segundos, además, son
estadistas con propósitos definidos e interpelan y convocan a los demás sujetos
a hacerlos realidad para la transformación social.
Los
liderazgos políticos fuertes como los de Mao, Fidel, Perón, Chávez, Lula o
Kirchner proyectan la legitimidad que los sustenta hacia una resolución de la
conflictividad social y tienen capacidades organizativas-instrumentales en
tanto conducción de las masas, movimientos o partidos, para el anclaje y
desarrollo de sus medidas políticas, ampliando aun más su legitimidad. Los
líderes débiles no pueden o quedan a mitad de camino.
La
conjunción de las virtudes del pensamiento abstracto científico de la política
y su consecuente materialización determinará el éxito o no de sus acciones y su
trascendencia en la historia de un pueblo. El liderazgo va más allá de un
momento determinado, de una frontera geográfica, se crea y se recrea en la
propia historia.
Hoy,
nuestra Presidenta, consciente del rol que tiene su liderazgo, exporta un
modelo político. Lo hace en la ONU y da cuenta de la experiencia argentina que
durante los años ’90 ofició como conejillo de Indias de las políticas
neoliberales. En 2003, Néstor Kirchner, en el mismo ámbito, sostuvo que
Argentina necesitaba una oportunidad para crecer porque “los muertos no pueden
pagar sus deudas”. Desde entonces se implementaron los programas de política
social más importantes de Latinoamérica que posibilitaron un crecimiento por
demás significativo.
Esa
visión compartida con Néstor, esa proyección-acción, es lo que transfiere
nuestra Presidenta en cada asamblea, en cada foro internacional, para no
continuar repitiendo recetas del pensamiento dominante que inevitablemente
traen como resultado más desigualdad y más pobreza. Grecia y España son un
claro y triste ejemplo. Los espacios referenciados y sus integrantes tienen una
temporalidad, por ello Cristina suma un nuevo desafío: poner en valor las
ideas-acción en algunos importantes centros de formación política donde se
debaten y construyen nuevas corrientes de pensamiento.
La
importancia de tener una verdadera líder política como Cristina Fernández de
Kirchner, y no sólo un gobernante administrador, se sustenta, por ejemplo, en
ese tipo de acciones. Los líderes trascienden tiempos y fronteras y su acción
política va más allá de los períodos constitucionales porque su impronta se
eterniza a la luz del reconocimiento y el amor de su pueblo. Por eso, frente a
esta líder, podrán existir tantos 8-N como tapas de Clarín. Siempre nos
encontrarán acompañando y trabajando junto a Cristina, unidos, solidarios y
organizados.
*
Senador de la provincia de Buenos Aires (FpV).
Por
Roberto Follari*
Caceroleo
y golpismo
No
todos los caceroleros son golpistas, afortunadamente. Pero todos son usados por
el golpismo. Veamos, si no, la estrategia planteada por Gene Sharp, estratega
del “golpe de Estado blando” (estilo Paraguay u Honduras) y muy probable agente
de la CIA. El define diversos “momentos”, crecientes en intensidad, de esa
estrategia para voltear gobiernos democráticos. Transcribamos sus puntos
principales, que cualquiera encuentra por Internet.
Primera
etapa: ablandamiento (empleando la guerra de cuarta generación).
Encabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento. Promoción de
factores de malestar, como desabastecimiento, criminalidad, inseguridad,
manipulación del dólar, paro patronal y otros. Denuncias de corrupción,
promoción de intrigas sectarias y fractura de la unidad.
Como
se ve, todo esto está practicándose en la Argentina, muy obviamente viabilizado
por algunos grandes medios de comunicación.
Segunda
etapa: deslegitimación. Manipulación de los prejuicios anticomunistas o
antipopulistas. Impulso de campañas publicitarias en defensa de la libertad de
prensa, derechos humanos, libertades públicas.
Esto
lo vemos diariamente en frases como “vamos a ser como Cuba” o “como Venezuela”,
y en cómo se declara con total libertad que estaríamos en una supuesta
situación de falta de libertad.
Tercera
etapa: calentamiento de la calle. Generación de todo tipo de protestas,
exponenciando fallas y errores gubernamentales. Organización de
manifestaciones, trancas y tomas de instituciones públicas que radicalicen la
confrontación.
Cuarta
etapa: combinación de diversas formas de lucha. Desarrollo de operaciones de
guerra psicológica y acciones armadas para justificar medidas represivas y
crear un clima de ingobernabilidad. Impulso de rumores entre fuerzas militares
y tratar de desmoralizar los organismos de seguridad.
Quinta
etapa: fractura institucional. Sobre la base de las acciones callejeras, tomas
de instituciones y pronunciamientos militares, se obliga a la renuncia del
presidente. En caso de fracasos, se mantiene la presión en la calle y se migra
hacia la resistencia armada. Preparación del terreno para una intervención
militar o el desa-rrollo de una guerra civil prolongada.
Nada
menos que a todo esto se está empujando al país. Y se lo hace bajo lo que León
Gieco llamó “la pobre inocencia de la gente”. Porque es cierto que algunos que
cacerolean estarán dispuestos a estos niveles de ataque, a liquidar las
instituciones y llegar a enormes enfrentamientos en nombre de tirar abajo como
sea al gobierno actual; pero ciertamente habrá una mayoría que no. La mayoría
es inconsciente de que están siendo llevados por expertos en guerra psicológica
a hacer exactamente lo que allá en el Norte los estrategas quieren que ellos
hagan.
No
se puede convencer de los logros del Gobierno a quienes no pueden verlos por
prejuicios ideológicos. Por más que se muestre un presupuesto educativo
multiplicado casi por tres, la entrega de computadoras para todos los niños y
jóvenes escolarizados, las jubilaciones que han llegado a mucha más gente, los
niveles de consumo y gozo de vacaciones para las clases medias como pocas veces
se ha visto. Por más que se haya sancionado una ley de salud mental que es
ejemplar, que se cuente con beneficios para discapacitados que existen desde
hace más de cinco años, con una excepcional negociación de la deuda externa que
frenó nuestra –antes– vertiginosa caída económica.
Ninguna
razón convence a los que creen, desde su lugar de inscripción ideológica, que
ayudar a los de abajo es “darles mis impuestos a los vagos”, que no reprimir la
protesta social –claro, no la de ellos mismos sino la de los piqueteros– es
demagogia y falta de control. Imposible que asuman que evitar la salida de
dólares no es un atentado a la libertad, y que una dictadura jamás permitiría
los derechos y garantías que hoy se ejercen.
Que
hay problemas, los hay, los hay en cualquier país y en cualquier situación
humana. Que el Gobierno podría comunicar mejor sus decisiones, por ejemplo, es
evidente. Que debe intensificarse la lucha contra la inseguridad, es cierto.
Que se pudo subir un tiempo antes el mínimo imponible sobre las ganancias, es
verdad.
Pero
la pretensión de que estamos en el peor de los mundos es absurda cuando tenemos
estabilidad, se cobran salarios en dinero y a tiempo, se consume
considerablemente por sectores medios y altos, se tiene una política exterior
vigente y destacada, se negocia los sueldos en paritarias, se cuenta con una
institucionalidad firme, se han mantenido niveles de crecimiento de los más
altos a nivel mundial.
Por
ello, está claro que hay profesionales de la guerra psicológica agitando el
descontento. Su meta es la liquidación de la democracia en el país, como se ha
hecho en Paraguay, y se ha intentado –hasta ahora sin éxito, pero con fuertes
intentonas– en Bolivia o Ecuador.
Si
este intento golpista tuviera éxito, lo que viene después no es difícil de
adivinar. Revancha, país enfrentado de manera definitiva, espiral de violencia.
Todos podrán recordar que el año 1955 no fue el tranquilo final que los
enemigos del peronismo quisieron, sino el inicio de una crisis que atrasó al
país –enfrentado en luchas intestinas– por casi veinte años.
Ojalá
aprendamos. Que el cacerolazo se ponga a la altura de una protesta legítima y
no al servicio de una operación golpista que algunos estrategas de la guerra
ideológica manejan desde lejos.
*
Doctor en Filosofía; profesor de la Universidad Nacional de Cuyo.
Por
Pablo Bergel*
La
cacerola no se mancha
Mi
cacerola de Zapiola (de mi asamblea de Zapiola y Lacroze), un modelo 2001 verde
y sonoro, abollada pero sonriente en un estante de mi cocina, seguirá bien
guardada este 8N, como lo estuvo el pasado 13S, esperando impaciente verdaderas
desobediencias civiles contra el orden, la “normalidad” y el “modelo”
neocolonial, en el país y la ciudad.
La
cacerola no se mancha. Se reserva contra las Barrick Gold, contra los Monsanto,
contra los negocios de CFK y Macri con las tierras públicas de la ciudad, y en
fin, contra todas las CKorporaciones que los sirven (con C de Clarín o con K de
Kanal 7) privadas, gubernamentales, partidocráticas, que expropian a los
argentinos de sus bienes públicos y de su Estado, profundizando (en la
Cordillera, la Pampa, las metrópolis) un modelo neocolonial desarrollista,
extractivista, que expropia a los argentinos de sus bienes comunes, de su
soberanía económica y también de la política, entendida como ejercicio soberano
y participativo sin cheques en blanco ni delegaciones.
No,
este 8N no tiene nada que ver con eso; es un circo dirigido no contra lo peor,
sino contra lo mejor (en realidad o en intención) de este Gobierno. No nos
usarán para cacerolear contra la política de derechos humanos y de memoria,
universalmente ejemplares; ni contra la ley de medios (de la que sí exigimos su
plena aplicación antimonopólicka completa a favor de las mil voces plurales de
la sociedad civil); ni contra la Asignación Universal por Hijo, tímido inicio
enrumbado hacia un verdadero Ingreso o Renta Básica de Ciudadanía, universal,
incondicional, mínimo, vital y móvil, para todas y todos, de la cuna a la
tumba.
Este
8N, donde tampoco habrá sesión en la Legislatura (¿una forma de adhesión?),
estaremos participando comprometidamente en el encuentro de Camino Colectivo,
un espacio de militancia productiva donde concurren emprendedores de la base
social, cooperativas, mipymes, huerteros, productores y ferias agroecológicas
de comercio justo, muchos técnicos y especialistas con vocación de servicio
social y público. Un lugar donde se busca impulsar una red de saberes y
productores que prefiguran los valores estratégicos de un verdadero modelo
social argentino; un espacio que debemos al talento generoso y compromiso
militante de Enrique Martínez (ex presidente del INTI) y a la sintonía
espontánea de muchas decenas de actores diversos, muchos de los cuales también
mantienen sus cacerolas en remojo. Hoy haremos muchas cosas, hablaremos desde
los valores estratégicos de cómo “industrializar la ruralidad” en serio,
agregando valor a las cadenas productivas locales. Y el miércoles 14, en la
propia Legislatura, en otro encuentro organizado por nuestro equipo legislativo
Verdealsur, hablaremos de agroecología urbana, y también de “ruralizar la
urbanidad”, de construir otra ciudad posible, en otro país posible, libre de
colonialismo neodesarrollista minero, agribusiness, libre del monocultivo de la
soja como del cemento. Con energías limpias y descentralizadas; con reducción
de consumo alienante, compostaje y reciclado de residuos, transporte social
limpio, reforma agraria y urbana que permita repoblar el territorio, entre
tantas medidas estratégicas de un verdadero proyecto (pluri)nacional,
(eco)popular y democrático de participación directa. En esa vigilia está mi
cacerola de Zapiola.
*
Sociólogo, legislador porteño.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-207362-2012-11-08.html
11-11 Hechos,
interpretaciones y apropiaciones
Por
Maristella Svampa
11/11/12 -
12:42
La marcha
del 8N puede ser vista desde dos niveles diferentes de significación: desde el
punto de vista de los hechos, y desde las interpretaciones y apropiaciones. En
primer lugar por su masividad, en todo el país, la marcha fue un hecho de
trascendencia política indiscutible, que movilizó amplios sectores medios, con
una importante presencia de jóvenes. A diferencia de la primera, que sorprendió
a propios y extraños, ésta fue más meditada, con lo cual hubo pocas consignas
incómodas. Asimismo, éstas se concentraron en aspectos más institucionalistas:
los carteles más repetidos rechazaban la re-reelección y la corrupción, y
demandaban Justicia independiente. También estaba presente el reclamo de
seguridad.
Pero no
había cánticos generales, y a falta de ellos el himno y las marchas patrióticas
aprendidas en la escuela funcionaron como eventuales aglutinantes en los
momentos de mayor efervescencia. El 2001 parece estar lejos, ciertamente,
aunque también el 2008. Pero la marcha insiste en colocar en el tapete la
búsqueda de la representación política perdida, y marca una crítica muy clara a
la lectura que el Gobierno nacional hizo del 54% de los votos obtenidos el
pasado diciembre, confundiendo legitimidad electoral con licencia social.
En segundo
lugar, hay un aspecto muy importante que remite a aquello que la marcha generó
entre el pasado 13S y el 8N. Me refiero al juego incesante de las
reapropiaciones y las interpretaciones. Sucedió que, durante este lapso, la
marcha del 13S en sí misma fue confiscada/encapsulada/entrampada/vampirizada en
función de los esquemas binarios dominantes. Esta era una de las direcciones
posibles y, muy probablemente, en este contexto polarizador, la más plausible.
Por un
lado, voceros del Gobierno nacional buscaron demonizarla asociando de manera
simplista caceroleo y golpismo, clases medias y racismo antipopular. Hay que
decir que este intento obtuvo éxitos importantes, no sólo entre sus filas sino
también entre sectores progresistas no oficialistas y algunos de izquierda, que
la observaron con desconfianza y manifestaron la necesidad imperiosa de
diferenciarse de ella. Varios de ellos señalaron que la marcha ponía el acento
no en los errores del Gobierno, sino más bien en sus aciertos. Sin embargo, lo
visto hasta ahora no parece refrendar esta conclusión tremendista; más bien
confirma la tendencia de que, en un contexto de polarización, las
interpretaciones y apropiaciones reemplazan sin más los hechos, convirtiéndolos
en puro relato, y corriendo así el eje de aquello que es importante o
significativo. Pues, más allá de las derivaciones futuras de estas
movilizaciones, la marcha del 8N priorizó reclamos de corte institucionalista,
demandas de republicanismo, sin desbordes racistas ni antipopulares.
Por otro
lado, en el marco del esquema binario, los medios opositores y los sectores de
derecha buscaron apropiarse de la marcha y manipularla para hacerla funcional a
sus objetivos. Entre los políticos descolló Mauricio Macri, desplegando
cataratas de halagos y sonrisas desmedidas (agregando quizá apoyos que formaron
parte del cotillón), pero también hay que destacar a Elisa Carrió, quien, sin
apropiarse de la marcha, puede ilusionarse con un regreso con gloria ya que
estas movilizaciones le permiten entrever una posible reconciliación con las
clases medias.
Por último,
lo que en términos de interpretaciones y reapropiaciones también cuenta es que,
en definitiva, la mayor demonización de la marcha provino de los propios y
variopintos sectores medios. En este sentido, creo que se equivocan aquellos
que equiparan este gobierno a la Venezuela de Chávez. En el país caribeño, la
polarización refleja la confrontación entre clases sociales diferentes. Más
allá de sus innegables problemas, el modelo chavista contiene fuertes elementos
plebeyos e ilustra un protagonismo –o empoderamiento– de los sectores populares
que es real y efectivo y no meramente discursivo, tal como sucede aquí. Más
simple, por debajo de los estilos autoritarios, en Venezuela parece haber una
redistribución del poder social, tal como lo hubo aquí durante el primer
peronismo; algo que resulta bastante difícil de sostener respecto de los
gobiernos de los Kirchner.
Es por todo
esto que suena tan incongruente y exagerado el actual relato demonizador sobre
las clases medias, pues éste proviene de sectores medios encumbrados en el
poder –y con ansias de perpetuarse–, que hablan en nombre de las clases
populares y buscan descalificar las demandas de otros sectores de las clases
medias. Mientras tanto, pese a la existencia de importantes organizaciones
sociales, las clases populares, hoy asistencializadas, empobrecidas o
precarizadas, carcomidas por la inflación, parecen ser las convidadas de piedra
en este virulento conflicto intraclase que se ha abierto.
*Socióloga,
escritora, miembro de Plataforma 2012.
Fuente: http://www.perfil.com/ediciones/2012/11/edicion_727/contenidos/noticia_0033.html
11-11 Gargarella Sí a la
protesta (2)
De una
serie de notas sobre la protesta, luego del 8N. Ésta la publico hoy en Tiempo
Argentino, acá:
http://tiempo.infonews.com/2012/11/11/editorial-90623-si-a-la-protesta--siempre.php
Toda
protesta es política; toda protesta importa; toda protesta debe ser tomada en
serio por el gobierno, para repensar los alcances de las propias políticas
-mucho más cuando la protesta tiene un carácter masivo, como la del 8N. Y sin
embargo, tantos colegas con quienes defendimos siempre la protesta hoy se
sitúan en la vereda opuesta, abrazados al discurso conservador que sospecha de
la protesta e iguala a la democracia con las elecciones. Es una pena, y lo digo
por ellos
Decir lo
dicho no implica la zoncera de decir que toda protesta es justa, y mucho menos
que cada voz que se escucha invoca reclamos justos, a ser obedecidos. Por el
contrario, el deber de la dirigencia democrática es el de tomar la protesta a
su mejor luz, sopesando los reclamos, humildemente, bajo el tamiz de las
propias convicciones, y conforme con las obligaciones constitucionales que
tiene. Puede ilustrarse lo dicho con la “marcha Blumberg”. Frente a la misma,
Néstor Kirchner actuó del peor modo: primero ignoró a la misma, y luego decidió
seguirla en sus peores consignas, para traducirla en leyes inconstitucionales.
Su obligación era más bien la opuesta: acompañar el dolor inmenso de tantas
familias destruidas por la inseguridad (como hoy debería acompañarse a los
familiares de la tragedia del Once), para luego meditar sobre los propios
errores, y dictar normas respetuosas de las garantías constitucionales de
todos.
A mi pesar
(siendo, como soy, un crítico del gobierno), reconozco que para corregir su
rumbo exitosamente, al gobierno le bastaría con mucho menos que lo que yo le
exigiría para hacerlo (derogar la ley antiterrorista, dejar de perseguir al
sindicalismo clasista, romper sus alianzas con gobernadores asesinos y
empresarios corruptos). Para responder de un modo justo a la protesta, al
gobierno le bastaría con poco, ya que la ciudadanía siempre, a priori, acompaña
a su gobierno, mucho más si lo ve –como hoy no lo ve- genuinamente preocupado
por su destino. En línea con lo sugerido, el gobierno podría mantener intocadas
las políticas de las que se jacta (AUH; matrimonio igualitario; estatización de
las AFJP), cambiando otros aspectos básicos, hoy asombrosamente desatendidos:
terminar de una vez con la mentira que controla todos sus actos; reconocer
errores concretos antes que abstractos; dejar de lado discursos y funcionarios
gangsteriles; dialogar, simplemente eso, con quienes piensan distinto. Para una
gran mayoría, estoy convencido, ello resultaría suficiente para volverle a
ofrecer su corazón y su voto al gobierno.
A mi pesar,
admito que para el gobierno el camino del éxito post-8N es sencillo. Pudiera
ocurrir, sin embargo, que el gobierno tomara un rumbo opuesto al que resulta
obvio. Él podría tomar en sorna, en lugar de en serio, al 8N (“algo importante
ocurrió: el Congreso Chino”); podría leer la protesta a su peor luz (“tuvo
rebordes golpistas”); podría seguir, desde la ciega arrogancia, mintiendo.
Sería una pena, y lo digo por ellos.
Fuente: http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2012/11/si-la-protesta-2.html
Declaración ante el 8
noviembre
CPS Rompiendo Cadenas - ¡Ni vivimos con 6$, ni
hacemos cacerolazos con Essen!
En los últimos meses
venimos asistiendo en el escenario nacional a un reacomodamiento de sectores
sociales, políticos y sindicales aglutinados en torno a la proyección de una
alternativa conservadora frente al “populismo” kirchnerista. En este contexto
se han desarrollado algunas manifestaciones y cacerolazos protagonizados
fundamentalmente por sectores medios y altos. Aunque no podemos, como hace el
Gobierno, caracterizar en bloque e indiscriminadamente a todos los
manifestantes como golpistas o fascistas, es clara la orientación antipopular y
reaccionaria de estas expresiones.
Las cacerolas que estos
días salen a la calle poco que ver tienen con aquellas de 2001. Bajo la
consigna “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, las cacerolas expresaron
en aquel tiempo el hastío ante el modelo neoliberal y el reclamo de medidas
populares. Hoy, por el contrario, se concentran en criticar por derecha al Gobierno,
cuestionando programas sociales o los intentos de mayor regulación estatal de
ciertas áreas del mercado. Así, en base a rechazar los intentos de
re-reelección o los visibles casos de corrupción, se esconde un programa
económico y social aún más regresivo para las mayorías populares que el
kirchnerismo. Por ello, no es de extrañar que estas cacerolas critiquen a
procesos políticos de la región - como Cuba o Venezuela - que, con sus
limitaciones, buscan responder a reivindicaciones populares y conformarse como
una alternativa al imperialismo y al neoliberalismo. Expresión de todo esto es
la organización del cacerolazo
espontáneo del 8N, al cual repudiamos en tanto maniobra derechista y
pro-imperialista. Más allá de las diferentes posibles consideraciones sobre el
proceso bolivariano, es evidente que la victoria del presidente Hugo Chávez en
las elecciones venezolanas hizo que se le salte la cadena a los reaccionarios
de todas las latitudes. Así lo expresó, por ejemplo, el apoyo directo de Macri
y el grupo Clarín al opositor Capriles y su posterior frustración.
La administración
kirchnerista, en el marco de las luchas sociales y el clima político posterior
al 2001, produjo ciertos avances en materia de derechos humanos, sociales y
políticas, pero que no son parte de un programa integral de corte con el saqueo
y la precarización de las condiciones de vida de nuestro pueblo. El
kirchnerismo se ha conformado como una variante inteligente de la burguesía,
capaz de reconstruir la legitimidad social y política del régimen, sin realizar
modificaciones estructurales o profundas respecto al neoliberalismo. En ese
sentido, los problemas de vivienda, salud, trabajo genuino o educación siguen
sin resolverse. Esto no quita que haya sectores de las derechas políticas y
económicas locales que preferirían un programa de ajuste más directo o menos
concesiones a los sectores populares
Frente a la polarización
instalada entre el Gobierno y la oposición de derecha, las organizaciones abajo
firmantes seguimos apostando a la construcción desde abajo de una alternativa
popular. Con este objetivo en el horizonte, repudiamos a los sectores
reaccionarios locales que buscan impulsar políticas más duras de ajuste a los
sectores populares, al tiempo que apostamos a la construcción de una
alternativa política de los de abajo, heredera de las jornadas de 2001.
Primeras firmas:
. Corriente Político
Sindical “Rompiendo Cadenas”
. Agrupación Kiki Lezcano
. Colectivo Desde el Pie
. Corriente de
Organizaciones de Base La Brecha
. Movimiento por la Unidad
Latinoamericana y el Cambio Social MULCS
De Poder Barrial - 8N: ¡Piedra libre a la
derecha!
Desde Poder Barrial
entendemos que el cacerolazo del 13 de Septiembre último ha sido una de las
muestras del reagrupamiento de la derecha, que logró movilizar a sectores de la
clase media que han salido a ocupar las calles con consignas individualistas y
reaccionarias.
El rejunte de reclamos que
se vieron por TN (la restricción a la compra de dólares, el abuso de la cadena
nacional, la inseguridad y el rechazo a la re-re) no refleja los problemas ni
las necesidades reales de la mayoría del pueblo.
Uno de los más llamativos
es el de "la falta de libertad". Está claro que la libertad que estos
sectores defienden es la libertad de empresa, la libertad de los bancos, la
"libertad de prensa" de Clarín. Lo que no quieren es un Estado fuerte
capaz de regular la economía, ni mucho menos que garantice un mejor nivel de
vida para los de abajo. Mauricio Macri, Elisa Carrió y Cecilia Pando son
algunos de los abanderados de esta "libertad".
La reaparición de estos
sectores en la escena pública el 8N plantea el desafío para el campo popular de
llevar claridad sobre qué está pasando.
Es importante ubicar ambos
cacerolazos en el contexto de la pelea entre el gobierno y un sector de la
clase dominante, en especial el Grupo Clarín, aquellos que se dedican a la
exportacion y el capital financiero, cuyos intereses concretos han sido
afectados por las últimas medidas.
La pronta aplicación de la
ley de servicios de comunicación audiovisual, que comenzaría a desarticular a
Clarín, es un round fundamental en esta disputa, que realza el protagonismo de
las cacerolas. Eso explica que los medios del monopolio las convoquen y
difundan abiertamente, e instalen aquellos reclamos como los únicos posibles y
válidos debates del momento. Al verse tocado Clarín, los sectores más
reaccionarios del arco político y económico pierden un actor fundamental en la
pelea por el poder.
El Kirchnerismo, por su
parte, se ha limitado a dar pelea en los juzgados que definen el futuro de la
ley de medios y a responder con encendidos discursos presidenciales. Hasta
ahora ha optado por no dar un lugar protagónico al pueblo en las calles,
negando la incidencia histórica que han tenido las clases populares en estos
procesos.
Algunos sectores de la
izquierda tradicional, interpretaron éstos hechos como una muestra del
descontento popular, pasando por alto los contenidos de los reclamos y los
sectores que los capitalizan; otros, eligieron abstenerse.
Los que mañana saldrán a
golpear cacerolas lo harán para dejar en claro que no están dispuestos a ceder
ni una pizca de sus privilegios. Y quienes capitalizarán el reclamo son los
grupos de poder que han manchado de sangre nuestra historia, han defendido a
los represores en los 70s, se han alineado bajo el neoliberalismo en los 90s y
se enriquecieron gracias a la muerte y pobreza del pueblo.
Desde Poder Barrial
repudiamos la movilización del 8N por su carácter antipopular. Las calles son
del pueblo, no de los ricos. Creemos necesario resistir el fortalecimiento de
la derecha y aprovechar a nuestro favor este tipo de grietas que se abren en el
poder para exigir una participación real y concreta en los beneficios que por
ejemplo la ley de medios pone sobre la mesa.
Sigamos peleando por
nuestro derecho a una vivienda digna, contra la precarización laboral, por una
salud y educación pública, gratuita y de calidad: por la verdadera libertad, la
de nuestro pueblo.
PTS - LA POSICIÓN DE LA
IZQUIERDA FRENTE AL CACEROLAZO" DEL 8N
CHRISTIAN CASTILLO DEL
PTS: "NI CON EL GOBIERNO NI CON LA OPOSICIÓN PATRONAL"
(PTS, 07/11/12) Con
respecto al debate originado por la convocatoria a un"cacerolazo
nacional" el día de mañana, el dirigente nacional del PTS y ex candidato a
vicepresidente por el Frente de Izquierda Christian Castillo remarcó que
"el PTS no está ni con el gobierno kirchnerista ni con la oposición
patronal que promueve el cacerolazo: reclamamos a las centrales obreras y todos
los sindicatos un paro nacional activo como inicio de un verdadero plan de
lucha por las múltiples y acuciantes demandas del pueblo trabajador".
"Como venimos
denunciando desde la izquierda, sobran motivos para movilizarse y luchar contra
este gobierno que, aunque tenga retórica antineoliberal, sigue dándole
prebendas a la corrompida burocracia sindical, mantiene extranjerizada la
economía y sigue aplicando en forma creciente el impuesto al salario sancionado
durante la presidencia de De la Rúa, afectando cada vez a más trabajadores.
Sobran motivos para movilizarnos contra la precarización laboral, uno de los
pilares del "modelo" K. La recientemente sancionada Ley de ART no
tiene nada que envidiarle a aquella diseñada por Domingo Cavallo en los 90.
Asimismo, este gobierno, más allá de sus discursos, profundizó la
criminalización de la protesta social. A través del secretario de Seguridad, el
teniente coronel Sergio Berni, reprime a los trabajadores que se movilizan
legítimamente para defender sus derechos, mientras continúa en pie todo el
entramado de espionaje e infiltración contra las organizaciones obreras y
populares de Gendarmería Nacional (Proyecto X). Este gobierno sancionó a pedido
del Pentágono y el Departamento de Estado de EE. UU. las llamadas leyes
antiterroristas, que reformaron el Código Penal poniendo a los luchadores y sus
organizaciones sociales y políticas en la mira de la Justicia para imputarlas
por "terrorismo", como ya ha sucedido con los ambientalistas que
luchan contra la minería a cielo abierto en Catamarca.
Sin embargo, nada de esto se
escuchará en las calles el próximo 8 de noviembre en el cacerolazo fomentado
por grandes corporaciones empresariales, la cúpula de la Iglesia Católica y el
apoyo explícito de políticos patronales de derecha como Macri, De la Sota y
Carrió. Entre las principales consignas de los convocantes prácticamente no se
habla de las demandas más profundas de los trabajadores y el pueblo y no se
critica a los políticos patronales que alientan la movilización. Por lo tanto
es una acción completamente funcional a la oposición patronal. Por eso el PTS
en el Frente de Izquierda NO participará de este evento.
Por el contrario,
sostenemos que los trabajadores deben luchar por sus propias demandas y las del
pueblo pobre, en forma totalmente independiente de los políticos y grupos
patronales. Es necesario que la CGT de Moyano y la CTA de Micheli convoquen en
lo inmediato a un paro nacional activo, con piquetes y cortes de ruta, que se
prepare con asambleas en todos los lugares de trabajo. Eliminación de todo
impuesto al salario para los trabajadores convencionados. Pase a planta
permanente de todos los precarizados. Universalización de las asignaciones
familiares para todos los trabajadores. Derogación de la Ley de ART. Basta de
criminalizar la protesta: desprocesamiento de todos los luchadores. Derogación
de las leyes antiterroristas.
Secretaría de Prensa del
PTS
www.pts.org.ar /
www.tvpts.tv / Twitter: @PTSArg @Fte_Izquierda
Fuente: http://www.agenciawalsh.org/aw/index.php?option=com_content&view=article&id=9557:cacerolazo&catid=100:politica-nacional&Itemid=181






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