11 de noviembre de 2012

8N : Diferentes interpretaciones y convocatorias.





Diferentes opiniones e interpretaciones para entender lo del 8/11..

Roberto Gargarella - El valor de la protesta, siempre

i) Escucho a viejos compañeros de ruta (...) renegando del valor de la protesta, porque la protesta, la que llega mañana, no les gusta. Me da pena verlos argumentar, diciendo que la democracia se juega en las elecciones, y que los que protestan -aunque no lo digan- deben estar pensando ideas horribles.


ii) Contra lo que ellos dicen, defendemos acá el valor de toda protesta, aún de las protestas con las que uno no coincide total o parcialmente. En países como el nuestro, con el sistema político tomado por burócratas y adulones, y por un poder judicial siempre interesado en defender, primero, los propios privilegios, la ciudadanía suele encontrar las puertas cerradas para todo reclamo. Cuando el poder define como lícitos sólo los caminos que controla, no es extraño que el pueblo opte por vías alternativas, extra institucionales, muchas veces de desafío al derecho vigente, para hacerse escuchar. La alternativa que deja el poder es clara: tratar toda protesta como ilegítima, como ilegal, o sino ignorarla. Pregúntenle a los jubilados, que ya sin fuerzas, son obligados por el gobierno a peregrinar ante los tribunales para rogar que les den lo que les corresponde y que el gobierno les niega, porque usa sus recursos para financiar propaganda y servicios de inteligencia. Hay que salir a la calle, y el poder tiene que estar dispuesto a escuchar a los que salen a la calle. La democracia empieza con el voto, no termina allí, por más que les pese a estos neo-conservadores que se creen de avanzada.

iii) Imaginemos, sin embargo, una marcha con cuyo contenido sustantivo estemos parcial o totalmente en desacuerdo. Pienso, por caso, en la marcha "Blumberg" sobre la seguridad. Qué debemos pensar, frente a ella, los que estamos del lado de la protesta? Ante todo, cuando la ciudadanía se moviliza masivamente, como entonces, debemos hacer un esfuerzo especial por leer la protesta a su mejor luz, en su mejor versión. El gobierno y los aplaudidores, en cambio, la demonizan, leyéndola en su peor versión posible: "son todos fascistas", "quieren pena de muerte", "están con la dictadura". Pero lo cierto es que cualquier marcha puede ser demonizada de ese modo. Los adulones del poder, frente a la "primavera árabe", podrían decir "son fundamentalistas religiosos", "son violentos", "están cargados de odio." Frente a la "primavera de Praga," y siempre del lado del poder, hubieran dicho "quieren que vuelva la desigualdad," "son pro-capitalistas." Se equivocan siempre. Aún la marcha de Blumberg puede ser bien leída, porque encierra reclamos importantes: familias destrozadas por la inseguridad, madres sin hijos, hijos sin padres, que quieren vivir en paz, que quieren que se les asegure un derecho básico a la integridad física, que aborrecen del obvio pacto entre política, policía y narcotráfico. El gobierno, en cambio, promueve otra lectura: "son los últimos vestigios de la ultraderecha que muere," "son los que extrañan a Videla". Dan pena.

iv) Todas las principales consignas de la marcha convocada para mañana ("contra los abusos", "contra la corrupción," "contra la re-reelección") representan demandas absolutamente generalizables y sensatas. Por eso el gobierno necesita hablar de "lo que deben estar pensando realmente", "lo que no quieren decir". Es que quieren que hagamos el ejercicio de imaginar lo que piensa la Presidenta, cuando se junta con sindicalistas o le hablan de demandas indígenas? Lo que piensa Berni, cuando reprime? Lo que piensa Schiavi, frente a la muerte de 50 trabajadores en los trenes que él no controló?

v) Luego de haber hecho el esfuerzo por entender qué de importante hay en la protesta, el poder debe procesar esa demanda, conforme a los mejores principios constitucionales que rigen su conducta. Frente a la protesta de Blumberg deberá decir entonces, por ejemplo: "pongamos fin al pacto entre política y narcotráfico," "cuidemos los derechos de todos (también los de los delincuentes)", "reconozcamos la urgencia del problema de seguridad, que requiere resolver problemas de desigualdad." Alguien dirá: esto es utopía, la gente no piensa así. Se equivoca. Siempre cito la curiosa estadística que me comentaba Gabriel K., luego de la crisis del 2001: un 80 por ciento de la ciudadanía reconocía que el origen del aumento de la inseguridad tenía que ver con incrementos en desigualdad...pero como solución al problema no pedía igualdad (aún reconociendo, ella misma, que allí estaba el origen del problema), sino mano dura. Ahí está la labor del dirigente, retomar esos conocimientos y procesarlos del modo constitucionalmente apropiado. Nótese, sin embargo, que el kirchnerismo obró en ambos casos del peor modo: primero demoniza la protesta, y luego -es lo que hizo en el caso Blumberg- en lugar de procesar las múltiples demandas entonces presentes, del modo constitucionalmente más aceptable... convirtió en ley las peores propuestas derivadas de la marcha¡¡¡ Eso es, exactamente, el máximo paradigma de lo que NO se debe hacer. El kichnerismo actuó frente a la protesta, como suele hacerlo, del peor modo imaginable.

vi) Los adulones, sin embargo, que ya no conocen la calle porque ahora ven la ciudad desde detrás de vidrios polarizados (pobre la Presidenta, que no se anima a recibir a alguien que la critique, pobre Boudou, que no puede salir a la calle, pobre Bossio, corrido desde su lujoso auto por un grupo de jubilados¡), prefieren denunciar conspiración. Se preguntan a quién beneficia la protesta. Más les valdría preguntarse a quién perjudica. Les digo algunos nombres: perjudica a Cirigliano, y los negociados del gobierno con el transporte; perjudica a los empresarios megamineros que necesitan a un gobierno adicto; perjudica a Boudou, a Jaime, a López, y a todo el empresariado corrupto que pacta con el gobierno; perjudica a los Insfrán, asesino de indígenas; perjudica a los Urtubey, con su educación pública religiosa; perjudica a los Alperovich, y a tantos gobernadores que ven la política como negocio. En definitiva, no es éste el modo de pensar la protesta. Siempre podemos y necesitamos aprender de la protesta, no repudiarla. El pueblo, como decía Locke, suele adoptar una actitud comprensiva y pasiva frente al gobierno. Por eso es tan importante prestar atención cuando en todo o en parte se pone de pie.

vi) Pensar sobre la protesta, siempre, requiere pensar sobre democracia. Desde acá pensamos la democracia desde el ideal de una discusión inclusiva, sin voces excluidas. Por eso defendimos siempre la protesta piquetera, en una sociedad que los margina. Por eso defendemos que se escuchen todas las ideas, aún las que no nos gustan: no para que pierdan el tiempo hablando, sino porque podemos estar equivocados. Por eso creemos que el Congreso debe estar atravesado por la disidencia y marcado por el mutuo aprendizaje. La democracia necesita todas las voces, pero no como consigna: el gran test para saber si el poder se toma en serio o no la disidencia es ver qué hace con las ideas que no les gusta: las toma en cuenta, aprende de ellas, o las ignora, las margina las repudia? Todo lo demás es verso. La democracia debe alimentarse, sobre todo, de las voces de los críticos, y por ello esas voces necesitan de una especial protección. Las decisiones válidas, por su parte, necesitan nutrirse especialmente de pensamiento crítico: por eso el Congreso debe dar lugar amplio para tales voces, y las mayorías deben atender esos reclamos, o dar justificada respuesta de por qué no los atiende. Ésta, claramente, no es la concepción de la democracia que defienden el gobierno y sus amigos. Por ello, en el Congreso no se interesan por discutir: simplemente imponen, porque asumen que no tienen nada que aprender de sus críticos. Por ello piensan la Ley de Medios no desde el compromiso con la diversidad, sino de la mano de los empresarios que simbolizan, hasta la caricatura, la corrupción en la historia argentina reciente: Manzano y Moneta. Por ello quieren invisibilizar a los qom, y urgidos los borrarn de la 9 de julio. Por ello ahora hablan sólo de elecciones, y criminalizan a la protesta, y procesan a los piqueteros, y encierran a mujeres y niños en Campo de Mayo, y denuncian en público a los que los contradijeron, y mandan a la AFIP a perseguir a los que hablaron en contra, y usan los servicios de inteligencia contra los que piensan diferente. Ellos ven a la democracia como la ven los conservadores: como elecciones periódicas, y el que gana se lleva todo. Y que los movimientos de protesta se organicen en un partido político, y se animen a ganarles las elecciones. Difícil encontrar una concepción más conservadora de la democracia, una aproximación más pobre al ideal del debate inclusivo y robusto, una visión más limitativa de la protesta.

Fuente: http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2012/11/el-valor-de-la-protesta-siempre.html






11-08 Página 12 - EL PAIS › ALCANCES E IMPLICANCIAS DE LA MANIFESTACION CONVOCADA HOY

Los usos de la protesta

Por Gustavo Oliva*
La capacidad de liderazgo

Algunos dirigentes políticos pretenden presentar la marcha de este 8-N (N de negatividad) como un hecho necesario para evitar un 7-D (democracia, diversidad). “Con un gran 8-N no hay 7-D”, circula por las redes sociales. Estos dirigentes que promueven la participación “espontánea” no irán a la marcha. ¿Por qué? ¿Será acaso una movilización con claro tinte desestabilizador? ¿Será por ello que verían dificultoso, en el futuro inmediato, presentarse como parte de la democracia?

Lejos ya de discutir la libertad de empresa y menos aún la de prensa, van sincerándose los negocios fraudulentos, las especulaciones económicas y se reconocen los vínculos de subordinación de esos dirigentes con los grupos de poder concentrados. Se sincera también su incapacidad de ser líderes políticos. No hay dudas de ello.

¿Pero qué es el liderazgo político? Lejos de identificarlo con teorías que lo presentan puramente como un atributo personal, lo considero propio de las relaciones sociales y sus tensiones, y en un sentido restringido del término: para el ejercicio de una influencia positiva en la sociedad. Ya desde la filosofía política antigua se hace referencia al líder como quien trabaja con otros y en pos de alcanzar la felicidad plena y el bien común de la sociedad. Desde la sociología, Max Weber hace hincapié en comprender el liderazgo como una relación social en la que distingue distintos tipos, pero en todas hay una aceptación y adhesión de los seguidores a la legitimidad construida. Por mi parte, diferencio también entre los gobernantes administradores y los líderes. Mientras los primeros obtienen resultados dirigiendo las actividades de los demás y sus metas son la “eficiencia y la eficacia”, los segundos, además, son estadistas con propósitos definidos e interpelan y convocan a los demás sujetos a hacerlos realidad para la transformación social.

Los liderazgos políticos fuertes como los de Mao, Fidel, Perón, Chávez, Lula o Kirchner proyectan la legitimidad que los sustenta hacia una resolución de la conflictividad social y tienen capacidades organizativas-instrumentales en tanto conducción de las masas, movimientos o partidos, para el anclaje y desarrollo de sus medidas políticas, ampliando aun más su legitimidad. Los líderes débiles no pueden o quedan a mitad de camino.

La conjunción de las virtudes del pensamiento abstracto científico de la política y su consecuente materialización determinará el éxito o no de sus acciones y su trascendencia en la historia de un pueblo. El liderazgo va más allá de un momento determinado, de una frontera geográfica, se crea y se recrea en la propia historia.

Hoy, nuestra Presidenta, consciente del rol que tiene su liderazgo, exporta un modelo político. Lo hace en la ONU y da cuenta de la experiencia argentina que durante los años ’90 ofició como conejillo de Indias de las políticas neoliberales. En 2003, Néstor Kirchner, en el mismo ámbito, sostuvo que Argentina necesitaba una oportunidad para crecer porque “los muertos no pueden pagar sus deudas”. Desde entonces se implementaron los programas de política social más importantes de Latinoamérica que posibilitaron un crecimiento por demás significativo.

Esa visión compartida con Néstor, esa proyección-acción, es lo que transfiere nuestra Presidenta en cada asamblea, en cada foro internacional, para no continuar repitiendo recetas del pensamiento dominante que inevitablemente traen como resultado más desigualdad y más pobreza. Grecia y España son un claro y triste ejemplo. Los espacios referenciados y sus integrantes tienen una temporalidad, por ello Cristina suma un nuevo desafío: poner en valor las ideas-acción en algunos importantes centros de formación política donde se debaten y construyen nuevas corrientes de pensamiento.

La importancia de tener una verdadera líder política como Cristina Fernández de Kirchner, y no sólo un gobernante administrador, se sustenta, por ejemplo, en ese tipo de acciones. Los líderes trascienden tiempos y fronteras y su acción política va más allá de los períodos constitucionales porque su impronta se eterniza a la luz del reconocimiento y el amor de su pueblo. Por eso, frente a esta líder, podrán existir tantos 8-N como tapas de Clarín. Siempre nos encontrarán acompañando y trabajando junto a Cristina, unidos, solidarios y organizados.

* Senador de la provincia de Buenos Aires (FpV).

Por Roberto Follari*
Caceroleo y golpismo

No todos los caceroleros son golpistas, afortunadamente. Pero todos son usados por el golpismo. Veamos, si no, la estrategia planteada por Gene Sharp, estratega del “golpe de Estado blando” (estilo Paraguay u Honduras) y muy probable agente de la CIA. El define diversos “momentos”, crecientes en intensidad, de esa estrategia para voltear gobiernos democráticos. Transcribamos sus puntos principales, que cualquiera encuentra por Internet.

Primera etapa: ablandamiento (empleando la guerra de cuarta generación). Encabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento. Promoción de factores de malestar, como desabastecimiento, criminalidad, inseguridad, manipulación del dólar, paro patronal y otros. Denuncias de corrupción, promoción de intrigas sectarias y fractura de la unidad.

Como se ve, todo esto está practicándose en la Argentina, muy obviamente viabilizado por algunos grandes medios de comunicación.

Segunda etapa: deslegitimación. Manipulación de los prejuicios anticomunistas o antipopulistas. Impulso de campañas publicitarias en defensa de la libertad de prensa, derechos humanos, libertades públicas.

Esto lo vemos diariamente en frases como “vamos a ser como Cuba” o “como Venezuela”, y en cómo se declara con total libertad que estaríamos en una supuesta situación de falta de libertad.

Tercera etapa: calentamiento de la calle. Generación de todo tipo de protestas, exponenciando fallas y errores gubernamentales. Organización de manifestaciones, trancas y tomas de instituciones públicas que radicalicen la confrontación.

Cuarta etapa: combinación de diversas formas de lucha. Desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones armadas para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad. Impulso de rumores entre fuerzas militares y tratar de desmoralizar los organismos de seguridad.

Quinta etapa: fractura institucional. Sobre la base de las acciones callejeras, tomas de instituciones y pronunciamientos militares, se obliga a la renuncia del presidente. En caso de fracasos, se mantiene la presión en la calle y se migra hacia la resistencia armada. Preparación del terreno para una intervención militar o el desa-rrollo de una guerra civil prolongada.

Nada menos que a todo esto se está empujando al país. Y se lo hace bajo lo que León Gieco llamó “la pobre inocencia de la gente”. Porque es cierto que algunos que cacerolean estarán dispuestos a estos niveles de ataque, a liquidar las instituciones y llegar a enormes enfrentamientos en nombre de tirar abajo como sea al gobierno actual; pero ciertamente habrá una mayoría que no. La mayoría es inconsciente de que están siendo llevados por expertos en guerra psicológica a hacer exactamente lo que allá en el Norte los estrategas quieren que ellos hagan.

No se puede convencer de los logros del Gobierno a quienes no pueden verlos por prejuicios ideológicos. Por más que se muestre un presupuesto educativo multiplicado casi por tres, la entrega de computadoras para todos los niños y jóvenes escolarizados, las jubilaciones que han llegado a mucha más gente, los niveles de consumo y gozo de vacaciones para las clases medias como pocas veces se ha visto. Por más que se haya sancionado una ley de salud mental que es ejemplar, que se cuente con beneficios para discapacitados que existen desde hace más de cinco años, con una excepcional negociación de la deuda externa que frenó nuestra –antes– vertiginosa caída económica.

Ninguna razón convence a los que creen, desde su lugar de inscripción ideológica, que ayudar a los de abajo es “darles mis impuestos a los vagos”, que no reprimir la protesta social –claro, no la de ellos mismos sino la de los piqueteros– es demagogia y falta de control. Imposible que asuman que evitar la salida de dólares no es un atentado a la libertad, y que una dictadura jamás permitiría los derechos y garantías que hoy se ejercen.

Que hay problemas, los hay, los hay en cualquier país y en cualquier situación humana. Que el Gobierno podría comunicar mejor sus decisiones, por ejemplo, es evidente. Que debe intensificarse la lucha contra la inseguridad, es cierto. Que se pudo subir un tiempo antes el mínimo imponible sobre las ganancias, es verdad.

Pero la pretensión de que estamos en el peor de los mundos es absurda cuando tenemos estabilidad, se cobran salarios en dinero y a tiempo, se consume considerablemente por sectores medios y altos, se tiene una política exterior vigente y destacada, se negocia los sueldos en paritarias, se cuenta con una institucionalidad firme, se han mantenido niveles de crecimiento de los más altos a nivel mundial.

Por ello, está claro que hay profesionales de la guerra psicológica agitando el descontento. Su meta es la liquidación de la democracia en el país, como se ha hecho en Paraguay, y se ha intentado –hasta ahora sin éxito, pero con fuertes intentonas– en Bolivia o Ecuador.

Si este intento golpista tuviera éxito, lo que viene después no es difícil de adivinar. Revancha, país enfrentado de manera definitiva, espiral de violencia. Todos podrán recordar que el año 1955 no fue el tranquilo final que los enemigos del peronismo quisieron, sino el inicio de una crisis que atrasó al país –enfrentado en luchas intestinas– por casi veinte años.

Ojalá aprendamos. Que el cacerolazo se ponga a la altura de una protesta legítima y no al servicio de una operación golpista que algunos estrategas de la guerra ideológica manejan desde lejos.

* Doctor en Filosofía; profesor de la Universidad Nacional de Cuyo.

Por Pablo Bergel*
La cacerola no se mancha

Mi cacerola de Zapiola (de mi asamblea de Zapiola y Lacroze), un modelo 2001 verde y sonoro, abollada pero sonriente en un estante de mi cocina, seguirá bien guardada este 8N, como lo estuvo el pasado 13S, esperando impaciente verdaderas desobediencias civiles contra el orden, la “normalidad” y el “modelo” neocolonial, en el país y la ciudad.

La cacerola no se mancha. Se reserva contra las Barrick Gold, contra los Monsanto, contra los negocios de CFK y Macri con las tierras públicas de la ciudad, y en fin, contra todas las CKorporaciones que los sirven (con C de Clarín o con K de Kanal 7) privadas, gubernamentales, partidocráticas, que expropian a los argentinos de sus bienes públicos y de su Estado, profundizando (en la Cordillera, la Pampa, las metrópolis) un modelo neocolonial desarrollista, extractivista, que expropia a los argentinos de sus bienes comunes, de su soberanía económica y también de la política, entendida como ejercicio soberano y participativo sin cheques en blanco ni delegaciones.

No, este 8N no tiene nada que ver con eso; es un circo dirigido no contra lo peor, sino contra lo mejor (en realidad o en intención) de este Gobierno. No nos usarán para cacerolear contra la política de derechos humanos y de memoria, universalmente ejemplares; ni contra la ley de medios (de la que sí exigimos su plena aplicación antimonopólicka completa a favor de las mil voces plurales de la sociedad civil); ni contra la Asignación Universal por Hijo, tímido inicio enrumbado hacia un verdadero Ingreso o Renta Básica de Ciudadanía, universal, incondicional, mínimo, vital y móvil, para todas y todos, de la cuna a la tumba.

Este 8N, donde tampoco habrá sesión en la Legislatura (¿una forma de adhesión?), estaremos participando comprometidamente en el encuentro de Camino Colectivo, un espacio de militancia productiva donde concurren emprendedores de la base social, cooperativas, mipymes, huerteros, productores y ferias agroecológicas de comercio justo, muchos técnicos y especialistas con vocación de servicio social y público. Un lugar donde se busca impulsar una red de saberes y productores que prefiguran los valores estratégicos de un verdadero modelo social argentino; un espacio que debemos al talento generoso y compromiso militante de Enrique Martínez (ex presidente del INTI) y a la sintonía espontánea de muchas decenas de actores diversos, muchos de los cuales también mantienen sus cacerolas en remojo. Hoy haremos muchas cosas, hablaremos desde los valores estratégicos de cómo “industrializar la ruralidad” en serio, agregando valor a las cadenas productivas locales. Y el miércoles 14, en la propia Legislatura, en otro encuentro organizado por nuestro equipo legislativo Verdealsur, hablaremos de agroecología urbana, y también de “ruralizar la urbanidad”, de construir otra ciudad posible, en otro país posible, libre de colonialismo neodesarrollista minero, agribusiness, libre del monocultivo de la soja como del cemento. Con energías limpias y descentralizadas; con reducción de consumo alienante, compostaje y reciclado de residuos, transporte social limpio, reforma agraria y urbana que permita repoblar el territorio, entre tantas medidas estratégicas de un verdadero proyecto (pluri)nacional, (eco)popular y democrático de participación directa. En esa vigilia está mi cacerola de Zapiola.

* Sociólogo, legislador porteño.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-207362-2012-11-08.html


11-11 Hechos, interpretaciones y apropiaciones

Por Maristella Svampa
 
11/11/12 - 12:42

La marcha del 8N puede ser vista desde dos niveles diferentes de significación: desde el punto de vista de los hechos, y desde las interpretaciones y apropiaciones. En primer lugar por su masividad, en todo el país, la marcha fue un hecho de trascendencia política indiscutible, que movilizó amplios sectores medios, con una importante presencia de jóvenes. A diferencia de la primera, que sorprendió a propios y extraños, ésta fue más meditada, con lo cual hubo pocas consignas incómodas. Asimismo, éstas se concentraron en aspectos más institucionalistas: los carteles más repetidos rechazaban la re-reelección y la corrupción, y demandaban Justicia independiente. También estaba presente el reclamo de seguridad.

Pero no había cánticos generales, y a falta de ellos el himno y las marchas patrióticas aprendidas en la escuela funcionaron como eventuales aglutinantes en los momentos de mayor efervescencia. El 2001 parece estar lejos, ciertamente, aunque también el 2008. Pero la marcha insiste en colocar en el tapete la búsqueda de la representación política perdida, y marca una crítica muy clara a la lectura que el Gobierno nacional hizo del 54% de los votos obtenidos el pasado diciembre, confundiendo legitimidad electoral con licencia social.

En segundo lugar, hay un aspecto muy importante que remite a aquello que la marcha generó entre el pasado 13S y el 8N. Me refiero al juego incesante de las reapropiaciones y las interpretaciones. Sucedió que, durante este lapso, la marcha del 13S en sí misma fue confiscada/encapsulada/entrampada/vampirizada en función de los esquemas binarios dominantes. Esta era una de las direcciones posibles y, muy probablemente, en este contexto polarizador, la más plausible.

Por un lado, voceros del Gobierno nacional buscaron demonizarla asociando de manera simplista caceroleo y golpismo, clases medias y racismo antipopular. Hay que decir que este intento obtuvo éxitos importantes, no sólo entre sus filas sino también entre sectores progresistas no oficialistas y algunos de izquierda, que la observaron con desconfianza y manifestaron la necesidad imperiosa de diferenciarse de ella. Varios de ellos señalaron que la marcha ponía el acento no en los errores del Gobierno, sino más bien en sus aciertos. Sin embargo, lo visto hasta ahora no parece refrendar esta conclusión tremendista; más bien confirma la tendencia de que, en un contexto de polarización, las interpretaciones y apropiaciones reemplazan sin más los hechos, convirtiéndolos en puro relato, y corriendo así el eje de aquello que es importante o significativo. Pues, más allá de las derivaciones futuras de estas movilizaciones, la marcha del 8N priorizó reclamos de corte institucionalista, demandas de republicanismo, sin desbordes racistas ni antipopulares.

Por otro lado, en el marco del esquema binario, los medios opositores y los sectores de derecha buscaron apropiarse de la marcha y manipularla para hacerla funcional a sus objetivos. Entre los políticos descolló Mauricio Macri, desplegando cataratas de halagos y sonrisas desmedidas (agregando quizá apoyos que formaron parte del cotillón), pero también hay que destacar a Elisa Carrió, quien, sin apropiarse de la marcha, puede ilusionarse con un regreso con gloria ya que estas movilizaciones le permiten entrever una posible reconciliación con las clases medias.

Por último, lo que en términos de interpretaciones y reapropiaciones también cuenta es que, en definitiva, la mayor demonización de la marcha provino de los propios y variopintos sectores medios. En este sentido, creo que se equivocan aquellos que equiparan este gobierno a la Venezuela de Chávez. En el país caribeño, la polarización refleja la confrontación entre clases sociales diferentes. Más allá de sus innegables problemas, el modelo chavista contiene fuertes elementos plebeyos e ilustra un protagonismo –o empoderamiento– de los sectores populares que es real y efectivo y no meramente discursivo, tal como sucede aquí. Más simple, por debajo de los estilos autoritarios, en Venezuela parece haber una redistribución del poder social, tal como lo hubo aquí durante el primer peronismo; algo que resulta bastante difícil de sostener respecto de los gobiernos de los Kirchner.

Es por todo esto que suena tan incongruente y exagerado el actual relato demonizador sobre las clases medias, pues éste proviene de sectores medios encumbrados en el poder –y con ansias de perpetuarse–, que hablan en nombre de las clases populares y buscan descalificar las demandas de otros sectores de las clases medias. Mientras tanto, pese a la existencia de importantes organizaciones sociales, las clases populares, hoy asistencializadas, empobrecidas o precarizadas, carcomidas por la inflación, parecen ser las convidadas de piedra en este virulento conflicto intraclase que se ha abierto.

*Socióloga, escritora, miembro de Plataforma 2012.

Fuente: http://www.perfil.com/ediciones/2012/11/edicion_727/contenidos/noticia_0033.html

11-11 Gargarella Sí a la protesta (2)

De una serie de notas sobre la protesta, luego del 8N. Ésta la publico hoy en Tiempo Argentino, acá:
http://tiempo.infonews.com/2012/11/11/editorial-90623-si-a-la-protesta--siempre.php

Toda protesta es política; toda protesta importa; toda protesta debe ser tomada en serio por el gobierno, para repensar los alcances de las propias políticas -mucho más cuando la protesta tiene un carácter masivo, como la del 8N. Y sin embargo, tantos colegas con quienes defendimos siempre la protesta hoy se sitúan en la vereda opuesta, abrazados al discurso conservador que sospecha de la protesta e iguala a la democracia con las elecciones. Es una pena, y lo digo por ellos

Decir lo dicho no implica la zoncera de decir que toda protesta es justa, y mucho menos que cada voz que se escucha invoca reclamos justos, a ser obedecidos. Por el contrario, el deber de la dirigencia democrática es el de tomar la protesta a su mejor luz, sopesando los reclamos, humildemente, bajo el tamiz de las propias convicciones, y conforme con las obligaciones constitucionales que tiene. Puede ilustrarse lo dicho con la “marcha Blumberg”. Frente a la misma, Néstor Kirchner actuó del peor modo: primero ignoró a la misma, y luego decidió seguirla en sus peores consignas, para traducirla en leyes inconstitucionales. Su obligación era más bien la opuesta: acompañar el dolor inmenso de tantas familias destruidas por la inseguridad (como hoy debería acompañarse a los familiares de la tragedia del Once), para luego meditar sobre los propios errores, y dictar normas respetuosas de las garantías constitucionales de todos.

A mi pesar (siendo, como soy, un crítico del gobierno), reconozco que para corregir su rumbo exitosamente, al gobierno le bastaría con mucho menos que lo que yo le exigiría para hacerlo (derogar la ley antiterrorista, dejar de perseguir al sindicalismo clasista, romper sus alianzas con gobernadores asesinos y empresarios corruptos). Para responder de un modo justo a la protesta, al gobierno le bastaría con poco, ya que la ciudadanía siempre, a priori, acompaña a su gobierno, mucho más si lo ve –como hoy no lo ve- genuinamente preocupado por su destino. En línea con lo sugerido, el gobierno podría mantener intocadas las políticas de las que se jacta (AUH; matrimonio igualitario; estatización de las AFJP), cambiando otros aspectos básicos, hoy asombrosamente desatendidos: terminar de una vez con la mentira que controla todos sus actos; reconocer errores concretos antes que abstractos; dejar de lado discursos y funcionarios gangsteriles; dialogar, simplemente eso, con quienes piensan distinto. Para una gran mayoría, estoy convencido, ello resultaría suficiente para volverle a ofrecer su corazón y su voto al gobierno.

A mi pesar, admito que para el gobierno el camino del éxito post-8N es sencillo. Pudiera ocurrir, sin embargo, que el gobierno tomara un rumbo opuesto al que resulta obvio. Él podría tomar en sorna, en lugar de en serio, al 8N (“algo importante ocurrió: el Congreso Chino”); podría leer la protesta a su peor luz (“tuvo rebordes golpistas”); podría seguir, desde la ciega arrogancia, mintiendo. Sería una pena, y lo digo por ellos.

Fuente: http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2012/11/si-la-protesta-2.html


Declaración ante el 8 noviembre
CPS Rompiendo Cadenas - ¡Ni vivimos con 6$, ni hacemos cacerolazos con Essen! 

En los últimos meses venimos asistiendo en el escenario nacional a un reacomodamiento de sectores sociales, políticos y sindicales aglutinados en torno a la proyección de una alternativa conservadora frente al “populismo” kirchnerista. En este contexto se han desarrollado algunas manifestaciones y cacerolazos protagonizados fundamentalmente por sectores medios y altos. Aunque no podemos, como hace el Gobierno, caracterizar en bloque e indiscriminadamente a todos los manifestantes como golpistas o fascistas, es clara la orientación antipopular y reaccionaria de estas expresiones.
Las cacerolas que estos días salen a la calle poco que ver tienen con aquellas de 2001. Bajo la consigna “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, las cacerolas expresaron en aquel tiempo el hastío ante el modelo neoliberal y el reclamo de medidas populares. Hoy, por el contrario, se concentran en criticar por derecha al Gobierno, cuestionando programas sociales o los intentos de mayor regulación estatal de ciertas áreas del mercado. Así, en base a rechazar los intentos de re-reelección o los visibles casos de corrupción, se esconde un programa económico y social aún más regresivo para las mayorías populares que el kirchnerismo. Por ello, no es de extrañar que estas cacerolas critiquen a procesos políticos de la región - como Cuba o Venezuela - que, con sus limitaciones, buscan responder a reivindicaciones populares y conformarse como una alternativa al imperialismo y al neoliberalismo. Expresión de todo esto es la organización del cacerolazo   espontáneo del 8N, al cual repudiamos en tanto maniobra derechista y pro-imperialista. Más allá de las diferentes posibles consideraciones sobre el proceso bolivariano, es evidente que la victoria del presidente Hugo Chávez en las elecciones venezolanas hizo que se le salte la cadena a los reaccionarios de todas las latitudes. Así lo expresó, por ejemplo, el apoyo directo de Macri y el grupo Clarín al opositor Capriles y su posterior frustración.

La administración kirchnerista, en el marco de las luchas sociales y el clima político posterior al 2001, produjo ciertos avances en materia de derechos humanos, sociales y políticas, pero que no son parte de un programa integral de corte con el saqueo y la precarización de las condiciones de vida de nuestro pueblo. El kirchnerismo se ha conformado como una variante inteligente de la burguesía, capaz de reconstruir la legitimidad social y política del régimen, sin realizar modificaciones estructurales o profundas respecto al neoliberalismo. En ese sentido, los problemas de vivienda, salud, trabajo genuino o educación siguen sin resolverse. Esto no quita que haya sectores de las derechas políticas y económicas locales que preferirían un programa de ajuste más directo o menos concesiones a los sectores populares

Frente a la polarización instalada entre el Gobierno y la oposición de derecha, las organizaciones abajo firmantes seguimos apostando a la construcción desde abajo de una alternativa popular. Con este objetivo en el horizonte, repudiamos a los sectores reaccionarios locales que buscan impulsar políticas más duras de ajuste a los sectores populares, al tiempo que apostamos a la construcción de una alternativa política de los de abajo, heredera de las jornadas de 2001.

Primeras firmas:

. Corriente Político Sindical “Rompiendo Cadenas”

. Agrupación Kiki Lezcano

. Colectivo Desde el Pie

. Corriente de Organizaciones de Base La Brecha

. Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social MULCS

De Poder Barrial - 8N: ¡Piedra libre a la derecha!

Desde Poder Barrial entendemos que el cacerolazo del 13 de Septiembre último ha sido una de las muestras del reagrupamiento de la derecha, que logró movilizar a sectores de la clase media que han salido a ocupar las calles con consignas individualistas y reaccionarias.
El rejunte de reclamos que se vieron por TN (la restricción a la compra de dólares, el abuso de la cadena nacional, la inseguridad y el rechazo a la re-re) no refleja los problemas ni las necesidades reales de la mayoría del pueblo.
Uno de los más llamativos es el de "la falta de libertad". Está claro que la libertad que estos sectores defienden es la libertad de empresa, la libertad de los bancos, la "libertad de prensa" de Clarín. Lo que no quieren es un Estado fuerte capaz de regular la economía, ni mucho menos que garantice un mejor nivel de vida para los de abajo. Mauricio Macri, Elisa Carrió y Cecilia Pando son algunos de los abanderados de esta "libertad".

La reaparición de estos sectores en la escena pública el 8N plantea el desafío para el campo popular de llevar claridad sobre qué está pasando.

Es importante ubicar ambos cacerolazos en el contexto de la pelea entre el gobierno y un sector de la clase dominante, en especial el Grupo Clarín, aquellos que se dedican a la exportacion y el capital financiero, cuyos intereses concretos han sido afectados por las últimas medidas.

La pronta aplicación de la ley de servicios de comunicación audiovisual, que comenzaría a desarticular a Clarín, es un round fundamental en esta disputa, que realza el protagonismo de las cacerolas. Eso explica que los medios del monopolio las convoquen y difundan abiertamente, e instalen aquellos reclamos como los únicos posibles y válidos debates del momento. Al verse tocado Clarín, los sectores más reaccionarios del arco político y económico pierden un actor fundamental en la pelea por el poder.

El Kirchnerismo, por su parte, se ha limitado a dar pelea en los juzgados que definen el futuro de la ley de medios y a responder con encendidos discursos presidenciales. Hasta ahora ha optado por no dar un lugar protagónico al pueblo en las calles, negando la incidencia histórica que han tenido las clases populares en estos procesos.

Algunos sectores de la izquierda tradicional, interpretaron éstos hechos como una muestra del descontento popular, pasando por alto los contenidos de los reclamos y los sectores que los capitalizan; otros, eligieron abstenerse.
Los que mañana saldrán a golpear cacerolas lo harán para dejar en claro que no están dispuestos a ceder ni una pizca de sus privilegios. Y quienes capitalizarán el reclamo son los grupos de poder que han manchado de sangre nuestra historia, han defendido a los represores en los 70s, se han alineado bajo el neoliberalismo en los 90s y se enriquecieron gracias a la muerte y pobreza del pueblo.

Desde Poder Barrial repudiamos la movilización del 8N por su carácter antipopular. Las calles son del pueblo, no de los ricos. Creemos necesario resistir el fortalecimiento de la derecha y aprovechar a nuestro favor este tipo de grietas que se abren en el poder para exigir una participación real y concreta en los beneficios que por ejemplo la ley de medios pone sobre la mesa.

Sigamos peleando por nuestro derecho a una vivienda digna, contra la precarización laboral, por una salud y educación pública, gratuita y de calidad: por la verdadera libertad, la de nuestro pueblo.

PTS - LA POSICIÓN DE LA IZQUIERDA FRENTE AL CACEROLAZO" DEL 8N

CHRISTIAN CASTILLO DEL PTS: "NI CON EL GOBIERNO NI CON LA OPOSICIÓN PATRONAL"

(PTS, 07/11/12) Con respecto al debate originado por la convocatoria a un"cacerolazo nacional" el día de mañana, el dirigente nacional del PTS y ex candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda Christian Castillo remarcó que "el PTS no está ni con el gobierno kirchnerista ni con la oposición patronal que promueve el cacerolazo: reclamamos a las centrales obreras y todos los sindicatos un paro nacional activo como inicio de un verdadero plan de lucha por las múltiples y acuciantes demandas del pueblo trabajador".

"Como venimos denunciando desde la izquierda, sobran motivos para movilizarse y luchar contra este gobierno que, aunque tenga retórica antineoliberal, sigue dándole prebendas a la corrompida burocracia sindical, mantiene extranjerizada la economía y sigue aplicando en forma creciente el impuesto al salario sancionado durante la presidencia de De la Rúa, afectando cada vez a más trabajadores. Sobran motivos para movilizarnos contra la precarización laboral, uno de los pilares del "modelo" K. La recientemente sancionada Ley de ART no tiene nada que envidiarle a aquella diseñada por Domingo Cavallo en los 90. Asimismo, este gobierno, más allá de sus discursos, profundizó la criminalización de la protesta social. A través del secretario de Seguridad, el teniente coronel Sergio Berni, reprime a los trabajadores que se movilizan legítimamente para defender sus derechos, mientras continúa en pie todo el entramado de espionaje e infiltración contra las organizaciones obreras y populares de Gendarmería Nacional (Proyecto X). Este gobierno sancionó a pedido del Pentágono y el Departamento de Estado de EE. UU. las llamadas leyes antiterroristas, que reformaron el Código Penal poniendo a los luchadores y sus organizaciones sociales y políticas en la mira de la Justicia para imputarlas por "terrorismo", como ya ha sucedido con los ambientalistas que luchan contra la minería a cielo abierto en Catamarca.

Sin embargo, nada de esto se escuchará en las calles el próximo 8 de noviembre en el cacerolazo fomentado por grandes corporaciones empresariales, la cúpula de la Iglesia Católica y el apoyo explícito de políticos patronales de derecha como Macri, De la Sota y Carrió. Entre las principales consignas de los convocantes prácticamente no se habla de las demandas más profundas de los trabajadores y el pueblo y no se critica a los políticos patronales que alientan la movilización. Por lo tanto es una acción completamente funcional a la oposición patronal. Por eso el PTS en el Frente de Izquierda NO participará de este evento.

Por el contrario, sostenemos que los trabajadores deben luchar por sus propias demandas y las del pueblo pobre, en forma totalmente independiente de los políticos y grupos patronales. Es necesario que la CGT de Moyano y la CTA de Micheli convoquen en lo inmediato a un paro nacional activo, con piquetes y cortes de ruta, que se prepare con asambleas en todos los lugares de trabajo. Eliminación de todo impuesto al salario para los trabajadores convencionados. Pase a planta permanente de todos los precarizados. Universalización de las asignaciones familiares para todos los trabajadores. Derogación de la Ley de ART. Basta de criminalizar la protesta: desprocesamiento de todos los luchadores. Derogación de las leyes antiterroristas.

Secretaría de Prensa del PTS
www.pts.org.ar / www.tvpts.tv / Twitter: @PTSArg @Fte_Izquierda

Fuente: http://www.agenciawalsh.org/aw/index.php?option=com_content&view=article&id=9557:cacerolazo&catid=100:politica-nacional&Itemid=181


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Envíe su consulta, contestaremos a la brevedad en el horario de Lunes a Viernes de 09 a 19hs.
Saludos cordiales.

SENTENCIA INTERLOCUTORIA N° 45567 SALA VI Expediente Nro.: CNT 38955/2018 (Juzg. N° 51) AUTOS: “GONZALEZ RAUL FABIAN C/ MINISTERIO...