Fuente: Clarin.com
POR CLAUDIO SAVOIA
Son los casos mensuales en Capital Federal, donde este
organismo supervisa prisiones domiciliarias, libertades condicionales y probation.
Y sobrevive entre el limbo administrativo y la asfixia económica.
03/03/13
El relato oficial dice y repite que para resocializar con
éxito a quienes delinquieron hay que minimizar su estadía en las cárceles. Que
en lugar de hacer y llenar más prisiones se deben favorecer otras medidas
alternativas.
Pero los hechos dicen otra cosa: en Capital Federal, el
organismo encargado de ejecutar y supervisar todas esas variantes que
representan el corazón de la política pública de seguridad es una asociación
civil que ni siquiera pertenece al Estado, tiene un presupuesto cada vez menor
y necesita muchos más profesionales que los que día a día hacen malabares para
cumplir con su tarea.
Las trabajadoras sociales del Patronato elaboran los
informes socioambientales de los imputados en todas las causas judiciales,
redactan los análisis previos al otorgamiento de las detenciones domiciliarias
y luego controlan su cumplimiento (incluidas las correspondientes a los
procesados y condenados de lesa humanidad), supervisan el cumplimiento de las
reglas de conducta y las condiciones impuestas por los magistrados en las
excarcelaciones con libertad condiciona l, vigilan las reglas de conducta de la
libertad asistida y las medidas educativas y curativas dispuestas por los
jueces (como la obligación de seguir tratamientos de rehabilitación contra las
drogas), revisan el cumplimiento de los trabajos comunitarios ( probation ) en
las suspensiones de juicio a prueba y en las condenas de ejecución condicional,
y preparan a los presos que están por cumplir su condena en varias cárceles
federales. También les brindan asistencia social a los liberados condicionales
o egresados por pena cumplida o agotada: desde buscarles trabajo y dónde vivir
hasta gestionarles documentos, planes sociales o subsidios.
La historia de este oxímoron jurídico tiene casi un siglo.
En 1918, preocupado por el desamparo con que los presos salían de las cárceles,
el camarista Jorge Hipólito Frías creó una asociación de ayuda para sostenerlos
hasta que lograran reinsertarse socialmente. Desde entonces, y aunque con el
correr de las décadas fue trocando aquella misión asistencial por un abanico de
tareas estrictamente judiciales, el Patronato de Liberados de Capital sigue
siendo una asociación sin fines de lucro integrada por un puñado de jueces y ex
jueces. Hoy su presidente es el doctor Alejandro Frías, descendiente del
fundador.
En el Patronato reportan 78 trabajadores sociales (casi
todas mujeres) , distribuidos en seis departamentos y una delegación que
funciona en Corrientes. Sirve a todos los juzgados federales y nacionales de la
Capital y los federales de Misiones, Formosa, Corrientes y Chaco. También
atiende a los procesados en cualquier lugar del país que tengan su domicilio en
la Ciudad. Mucho trabajo. Y cada vez más: en seis años, la cantidad de
causantes –término que engloba a los distintos sujetos a quienes asisten–
aumentó un 20 por ciento. Por mes, ahora superan los 7.600.
¿Cómo deben representar al Estado para aplicar las
promocionadas medidas alternativas a la prisión? Con más voluntad que recursos.
Sólo algunos ejemplos: aunque la cantidad de trabajo en el área de ejecución
condicional –casos que se supervisan durante uno y tres años– crece sin pausa,
hay seis trabajadores sociales para atender a unos 800 imputados mensuales.
En el área de Suspensión de Juicio a Prueba son 40 profesionales:
hace unos diez años eran 70. En Informaciones Sociales eran 35; quedaron 17.
Para atender unos 1.500 casos de libertad condicional hay diez personas. Todos
los detenidos con prisión domiciliaria son controlados entre una y cuatro veces
por mes –según lo indiquen los jueces– por c inco personas. En el departamento
de Informaciones Sociales, donde se entrevista a los imputados en todos los
juicios, cada mes reciben a 1.500 personas. “Pero como falta personal llegamos
a hacer unos 800 informes, y el resto se acumula para el mes siguiente”, dice
una de las profesionales del área. ¿El colmo? La Delegación Noreste, que se
ocupa de todos los procesados federales de cuatro provincias, tiene sólo tres
trabajadoras sociales.
Claudia Alvarez trabaja en el Patronato desde hace 17 años.
Junto con otras 16 colegas realiza los informes socioambientales requeridos en
la etapa de instrucción de todas las causas. “Hacemos exactamente el mismo
trabajo que los funcionarios de la Prosecretaría de la Cámara del Crimen del
Poder Judicial, pero con un sueldo de 6.000 pesos, cobramos casi tres veces
menos que ellos”, suspira. Y no habla sólo de llenar carpetas con datos: “Hace
un tiempo, una compañera nuestra murió por un tiroteo en una villa cuando fue a
supervisar a una persona. En mi oficina hay dos compañeras con cáncer, y otro
que murió de un síncope en la calle. Trabajamos bajo mucha presión. Padecemos
enfermedades nerviosas, todo el mundo tiene el síndrome del burn out . Y ni
siquiera tenemos ART”.
Marta Barberis integra el equipo que supervisa las condenas
de ejecución condicional por delitos con penas menores a tres años: “También
controlamos las probation . Nos asignan una cantidad de casos y hay que
hacerlos como se pueda.” Las trabajadoras sociales de la división de
pre-libertad y asistencia pos penitenciaria visitan en los penales de Devoto,
Ezeiza y Marcos Paz a los presos que están por cumplir sus condenas, durante
los tres meses previos a su salida. Se entrevistan con ellos y con sus
familias. “Los vemos una vez por mes, hasta que cumplan la condena.
A algunos los seguimos por más de diez años ”, dice Silvina
Blanco, que reconstruye su rutina como un viaje en tobogán: “somos los que día
a día asistimos a la decadencia del sistema. Trabajamos con cosas rotas, no
tenemos micros para ir a ver a los presos y muchas veces viajamos sentadas en
el piso de combis truchas, tenemos que pelear para que nos reconozcan los
gastos y los tiempos de esos traslados”. Un dato: el viático diario para hacer
todas las visitas en Capital acaba de aumentar a 8,50 pesos.
El ajuste llegó a otras áreas. Para alojar a los liberados
que no tienen dónde dar con sus huesos, o quienes necesiten un domicilio fijo
para que el juez les otorgue la libertad condicional, el Patronato firmó convenios
con los hogares del Ejército de Salvación. Hace un tiempo eran más de cuarenta.
Ahora no llegan a diez. “Les gestionamos subsidios habitacionales y los
empujamos para que de a poco se solventen solos”, explica Inés Parodi,
coordinadora técnica del organismo.
“El Patronato de Liberados es una ONG que tiene una función
pública, con socios que votan a la comisión directiva. Pero trabajamos con la
misma responsabilidad y compromiso que si perteneciéramos al Estado”, se apura
en aclarar Parodi. Y muestra algunos resultados: “en los seis años que tiene la
unidad especial de delitos contra la integridad sexual, sólo hubo dos
reincidencias.
En un año, entre los liberados condicionales y asistidos
hemos tenido 5% de nuevas detenciones”. Pese a su defensa de un trabajo que no
se cuestiona, la funcionaria baja la guardia: “Es cierto que hacemos una tarea
netamente judicial. La mayoría de los Patronatos provinciales dependen del
Ejecutivo, y unos pocos dependen del Poder Judicial. También es verdad que
necesitamos más personal.” El financiamiento del organismo es singular. Como el
60% de sus servicios los presta a la Corte y el 40% al ministerio de Justicia,
cada año se elabora un presupuesto que estos dos órganos del Estado cubren
mediante transferencias. La coordinadora administrativa del Patronato, Claudia
Fiorentino, despliega su diagnóstico con números. “Hace dos años que recibimos
14 millones de pesos: es decir que en realidad venimos afrontando un recorte.
La Corte nos mandó 4 millones en 2010 y 2011, y un poco más
el año pasado. Nosotros les pedimos bastante más, pero siempre es una pelea.
Además, tardan bastante en pagar. Nueve de cada diez pesos
lo gastamos en sueldos, por eso en 2012 tuvimos muchos atrasos y protestas
gremiales”.
Otros directivos del Patronato lo resumen con más crudeza:
“Es mendigar todo el tiempo”. Fuentes del organismo aseguran que el presupuesto
de este año es igual al de 2012, y no está contemplado un aumento de los
salarios. Además de dinero y personal, otra necesidad urgente del Patronato es
la de espacio físico. Según un informe que está en manos de la Corte hace más
de un año, para cumplir decentemente con su rutina el organismo necesita 216 m2
más.
En su guerra de posiciones, fuentes de la Corte Suprema de
Justicia advirtieron a Clarín que la vidriosa situación administrativa del
Patronato “está contemplada en la ley de ejecución penal. La Corte gira todos
los años los fondos asignados en el presupuesto”, dicen. “Pero si este subsidio
es insuficiente el Patronato debería elaborar un presupuesto anual –con
proyecciones adecuadas a sus actividades actuales– y elevarlo al ministerio de
Justicia para que sea considerado dentro de sus partidas.” Sin embargo, los
jueces reconocen que el organismo tiene mucho más trabajo y responsabilidades
de las que puede cumplir bajo las actuales condiciones: “La Corte entiende que
el Patronato debe ser absorbido por el Estado Nacional y depender del
ministerio de Justicia”, dicen sin rodeos.
En el Ministerio no respondieron los llamados de Clarín.
Pero este diario pudo saber que hay proyectos para concretar el traspaso de los
trabajadores sociales, que por ahora le ponen el cuerpo a la progresista
retórica oficial.
Hasta entonces, no será más que otra exuberancia del
“relato”.
Fuente: http://www.clarin.com/zona/solo-profesionales-controlar-procesados_0_875912504.html

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