Los efectivos jamás mostraron orden alguna o dieron
explicaciones acerca del operativo. Este hecho se produjo luego de la denuncia
pública que realizaran tras el asesinato de Kevin Molina, un niño de 9 años
primo de una de las redactoras de La Garganta, ocurrido el sábado 7 de
septiembre por un balazo en la cabeza, a causa del enfrentamiento de dos bandas
ajenas al barrio, en una zona liberada por las Fuerzas de Seguridad.
Por: Paola Vallejos
Foto: Romina Rosas COMUNICADO DE LA PODEROSA
No solemos firmar los comunicados, ni las notas que subimos
a Facebook, porque siempre responden a un mandato colectivo, pero esta vez lo
haremos, por decisión de toda la asamblea poderosa, incluida la familia de
Kevin, que a su vez es mi propia familia, para resguardar la integridad de los
demás vecinos y el duelo de sus padres. Porque lamentablemente, en vez de estar
abrazados llorando en paz, debimos pasar la tarde-noche en medio de la
desesperación y la indignación. Así, escribo estas líneas, como redactora de La
Garganta y como prima de mi querido Kevin, asesinado el sábado 7 de septiembre
por un balazo en la cabeza, a causa del enfrentamiento de dos bandas ajenas al
barrio, en una zona liberada por las Fuerzas de Seguridad.
Hoy, cerca de las 19, cinco camionetas de Gendarmería
cayeron en la redacción de La Garganta, estacionaron enfrente y abrieron sus
puertas para que bajaran decenas de gendarmes armados hasta los dientes, sin
identificación y en muchos casos encapuchados, con sus escopetas en mano. Justo
en ese momento, la maestra de Kevin compartía una charla con nosotros y sus
hermanitos jugaban en la redacción. Ante el aviso de mi primo mayor, que vino
corriendo desde su casa para que los chiquitos no salieran a la calle, un
compañero salió a preguntar el motivo de tamaño operativo y a solicitar que se
identificara el responsable, pero no se identificó absolutamente nadie. Como de
costumbre, lo verduguearon, le pidieron su propia identificación, lo pusieron
contra la pared, le doblaron el brazo y quisieron detenerlo en el patio de su
propia casa, algo que evitamos entre forcejeos y gritos, en una situación de
mierda. Desesperados, reaccionamos llamando en ese mismo momento a los
periodistas Eduardo Anguita e Ingrid Beck, para que se comunicaran con quien
hiciera falta. Y recién entonces, cuando advirtieron que estábamos
denunciándolos, decidieron soltarlo.
"Tengo miedo de que me peguen un tiro", dijo
Marilin, una de las hermanitas de Kevin que hace días publicó en este mismo
muro su dibujo homenaje. Y su hermanita Azul, simplemente se escondió en la
redacción, con la nariz sangrando. Al mismo tiempo, otros compañeros que
intentaban acercarse a La Garganta, eran interceptados en otros pasillos del
barrio, cerrados sin ninguna justificación, ni ninguna orden a la vista. Y
mientras tanto, los padres de Kevin escuchaban los pasos de los efectivos en el
techo de su casa, sin que nadie les diera ninguna explicación.
Nosotros no estuvimos, ni jamás estaríamos en contra de
ningún operativo que se pueda efectuar cumpliendo los requisitos legales, pero
no así, no más, ¡no más! Aquel sábado, liberaron la zona con total impunidad,
para que otros resolvieran sus negocios a los tiros. "Que se maten entre
ellos", escuchó una vecina, cuando los prefectos dejaban la Plaza Kevin,
haciendo caso omiso a las advertencias de quienes les indicaban que el tiroteo
recién estaba empezando. Durante 3 horas, las dos bandas dispararon las más de
100 balas que se encontraron después, pero los prefectos no escucharon los
tiros, ni tuvieron tiempo de volver, aunque su garita está a menos de 150
metros. Y a la hora de las pericias, durante el lapso de tiempo en el que sólo
ellos tuvieron acceso a la casa, desapareció plata de los padres, como así
también sus teléfonos. ¿Saben que hubiera pasado si la bala le pegaba a mi tío,
en vez de pegarle a Kevin? Se hubiera tratado de "un jefe narco",
para la gorra y para los medios.
Hoy, casualmente, por la mañana, la madre de Kevin había
denunciado en los Tribunales la inacción de la Prefectura aquel tremendo día
que jamás nos permitiremos olvidar. Y por la noche, recibimos esta visita
siniestra, que seguramente presuponía o pretenderá presentar algún
"arma" o alguna "merca" que les permita mostrarse como
héroes, en el "desbaratamiento" de las bandas que causaron la muerte
de Kevin. Pero la muerte de Kevin no sólo la causaron esas bandas vinculadas a
la droga, sino también estas bandas de uniformados. Aquel día, el barrio pagó
la inacción de Prefectura con la muerte de Kevin. Y hoy, pagó el accionar temerario
de la Gendarmería, con el pánico de muchísimos pibes y vecinos que simplemente
intentamos vivir con dignidad.
Que quede claro, por favor: nosotros no gritamos "que
se borren todas las fuerzas de seguridad", porque en eso no estamos todos
de acuerdo, sino simplemente que actúen como lo indica la ley. Y no estamos en
contra de que realicen todos los allanamientos que consideren necesarios, pero
sin someternos a este calvario, el mismo calvario que sentirían ustedes si en
cualquiera de sus barrios desembarcaran cientos de tipos encapuchados, con
armas de guerra. ¿Se lo imaginan? Acá, más allá de lo que vendan esos informes
amarillos de ciencia ficción, los uniformados pueden ingresar caminando
perfectamente, tal como lo hacen todos los días, con la misma tranquilidad que
se burlaron de nuestro dolor, escuchando música en la puerta de la casa de
Kevin, el día que denunciamos que "siempre se esconden la
identificación".
¡Siempre se esconden la identificación! Puede dar fe Eduardo
Anguita, que vino ayer a visitar a la familia. O pueden dar fe los miembros de
la Secretaría de Derechos Humanos, que vinieron hace 3 días para tendernos una
mano. ¿Entienden que no estamos jugando a las elecciones? ¿Entienden que nos
mataron a mi primo? ¿Entienden que tenía 9 años? A nosotros, la politiquería
berreta nos chupa bien un huevo. Y el tiempo "pre-eleccionario" nos
chupa bien un ovario. A nosotros nos importa Kevin; Kevin y todos los pibes de
nuestro barrio, que no vivirán en paz mientras uno o cien giles de gorra puedan
llevarse puestos nuestra vida o nuestros derechos, como lo hicieron hoy.
A nombre de mi familia, de mi barrio y de mi asamblea
poderosa,
Paola Vallejos.
P.D.: Adjuntamos una foto hecha por Romina Rosas, vecina de
Zavaleta y fotógrafa de La Garganta Poderosa.
Fuente: http://www.redeco.com.ar/nv/index.php?option=com_content&task=view&id=11634&Itemid=45

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