Por
ANRed- E (redaccion@anred.org)
Murió la nena baleada en Barrio Independencia
La garúa tediosa del domingo a la noche se volvió dolorosísima
con la llegada de cuerpito de Ivonne Alejandra E. de 10 años a su casa ubicada
frente a la escuela nº 33 en Barrio Independencia. Las dos bombitas que
colgaban desprolijamente del techo de chapa iluminaban la escena más triste que
puede vivir una familia: despedir a una hijita. Ivonne quedó en medio de una
balacera entre transas del barrio y recibió un disparo en la cabeza alrededor
de las 22:00 del 20 de agosto en la intersección de las calles Malvinas y
Castro mientras bajaba de un remis con su mamá. Entro en coma al Hospital Eva
Perón, en San Martín, donde permaneció en estado grave en la Unidad de Cuidados
Intensivos, luchando por su vida durante 25 días. Hasta que no pudo más.
Intervino en el hecho la Comisaría más corrupta de San
Martín: la 4ta. de José León Suárez, famosa por la masacre de dos pibes en
Cárcova y por hacer la vista gorda con cuanto transa arma su kiosquito en el
área del Reconquista. ¿Para que trajeron tanta gendarmería al barrio hace más
de un año si desde su llegada los transas siguen en el mismo lugar? ¿Cómo es
posible? ¿Para que sirven entonces? ¿Para que sirve el Plan Ahí y el Operativo
Centinela si los transas siguen ganando dinero como siempre? ¿La policía y la
Gendarmería sirven solo para mantener a raya a los pibes en las esquinas?
¿Cuánta impunidad tiene un transa? ¿Para que sirve tanta fuerza represiva
desplegada si no nos pueden proteger cuando los transas se disparan entre ellos
disputándose territorio? Vuelvo a preguntarme: ¿para que sirve esta policía y
esta gendarmería que tenemos?
Lo mas triste de todo esto (si es que algo puede ser mas
triste) es que este hecho no salio en la tele. No trascendió más allá que otro
titular trágico de Crónica. Nadie supo que se nos fue otra nena más. Como con
Kevin Molina, un nene de 9 años en Pompeya muerto de un tiro en la cabeza en
medio de un tiroteo entre transas el 7 de septiembre.
Nadie se entera. Niñxs en el medio de la pobreza víctimas de
los negociados de la policía y los transas. Qué quilombo armarían si hubiera
pasado en otro lado, ¿no?
La lluvia arrecia cada vez más fuerte sobre la humilde casa
de Ivonne pero no supera el llanto de decenas de familiares y vecinxs que se
acercan a despedirla. “¿Por qué con ella mamá?” dice entre llantos una pequeña
en el lugar. Y con inocencia extraordinaria exclama: “era una nena buena”.
Masi Marín
Publicado en Caminando Juntxs 15 de septiembre de 2013
http://caminandojuntxs.blogspot.com.ar/
Nos mataron a Kevin
Temblamos, lloramos, gritamos, no podemos más. Tenía 9 años,
de luz, de risa, de paz. Aterrado y meado, estaba acurrucado, bien refugiado,
como cada vez que lanzan para estos lados las batallas que digitan desde sus
barrios privados. Para no ver nada, se mantuvo escondido debajo de una mesada,
aun cuando todos estábamos reclamando que la Prefectura interviniera en lo que
estaba pasando. Pero aparentemente no era una cuestión de guita, porque se
quedaron en la garita. Y en el segundo tiroteo, totalmente anunciado, Kevin
Molina resultó baleado. Un tiro en la cabeza, en el medio de la pobreza. Y no, no
se fue “otro pibe”. Se fue un pibe, que era único, tierno, irrepetible. Nos
quitaron a un sobrino, a un hijo, a un chiquito de tercer grado, por otro
enfrentamiento que perfectamente se pudo haber evitado. ¿Fue culpa de los
narcos? ¡Vayan a buscarlos donde guardan sus barcos! ¿O van a proponer más
uniformados? ¡Para qué mierda están por todos lados! ¿O van a decir que fue el
“contexto de peligrosidad”? Le faltaban 9 años para ser mayor de edad.
¿Dónde estarán ahora los que vienen a la villa para hacer
sus crónicas malditas? Vengan a ver cómo está su madre, sus amigos, sus
hermanitas, pero van a tener que embarrarse los zapatos en esos pasillos
inundados que la gorra sólo camina para cerrar sus negociados. Toda Zavaleta
está destrozada, llorando sangre y sintiendo que nada sirve para nada, que
podemos marchar a tribunales o explotar en las redes sociales, pero seguiremos
siendo “los marginales”. ¿O van a decir que acaso fue un caso aislado? ¡Qué
quilombo armarían si hubiera pasado en otro lado!
Nos mataron a Kevin, la concha de su madre, acá, en la
casilla de la tira 6 que compartía con sus hermanos, justito atrás de la “Plaza
Kevin” que ayudó a construir con sus propias manos. Y que no se llamó “Kevin”
por él, sino por un amiguito suyo que hace 4 años perdió la vida, por otra
“bala perdida”. Aquel día, este Kevin, Kevin Molina, escuchó ese disparo desde
la habitación que se volvió nuestra redacción, pero creyó entonces que habían
matado a un perro. Y pálido, dijo: “Mataron al pedo”. Sin querer, adivinó: pronunciaba
mal la erre, pero no se equivocó. Hablaba hermoso, era flaquito, vivía
sonriente, le faltaba un diente. Corría rápido con sus patitas, a la hora de
las “gatetitas”. Y participaba del espacio de apoyo que se daba cerca de su
casa, desde el día que su amigo se convirtió en esa plaza. Todo este amor,
ahora es dolor.
Vengan si quieren discutirlo, o al menos sentirlo, que nos
van a encontrar parados de manos, gritando que actualicen los Derechos Humanos,
porque sus Fuerzas de Seguridad están al servicio de cualquier cosa, menos de
nuestra comunidad. Ya habrá tiempo para denunciar lo que vimos y vivimos, pero
hoy sentimos que también lo perdimos por todo lo que no hicimos, lo que no
pudimos o lo que no supimos. Desde ahora y para siempre, lo llevaremos en la
piel: si Kevin murió por nosotros, nosotros vamos a vivir por él.
Publicado el Sábado 7 de Septiembre del 2013 a las 19:27 en
Zavaleta (Pompeya) http://lapoderosa.org.ar/
Foto: La Garganta Poderosa
Kevin no es Ángeles
Kevin no es Ángeles, claro. Pero, como ella, también era un
menor. Apenas 9 añitos. Pero los medios no hicieron jornadas en la puerta de su
casa para saber qué pasó, porque, a diferencia de Ángeles, Kevin vivía en una
villa, la 21. Ésa, la que inauguró Casa de la Cultura, la que este pibe no va a
conocer. No, tampoco especulan los periodistas de los canales de noticias en
horarios centrales sobre lo que le pasó. Es que no hay ningún Pierri interesado
en el caso de Kevin Molina.
Pero sabemos qué le pasó. Un tiro en la cabeza, un tiro en
la pobreza. Mientras se refugiaba bajo una mesada, presa del pánico, una bala
le quitó la vida, esa poquita que había podido vivir, esa que tendría que haber
seguido viviendo. Y la Prefectura no hizo nada, así nos cuentan los que están
siempre donde hay que estar, los muchachos de La Garganta Poderosa, que no son
cronistas esporádicos, sino habitantes del barrio y del barro. Por eso saben,
por eso cuentan, por eso lloran esta sangre derramada con lágrimas de
impotencia y bronca. La Prefectura, ésa misma que a muchos desvela tener en la
esquina para acomodar la cabecita tranquila en la almohada blanda y soñar con
los angelitos.
Ésa, la que como parche urgente llega con el palito de
abollar ideologías y la mirada displicente y huidiza para los Kevin de la
Patria. La que no se mete si te balean la casilla, la que no salva a un nene
que se esconde muerto de miedo por una matanza de grandes. Y las balas llueven
en la villa y los Kevin caen, y no hay operativos mediáticos, y no hay acampada
de micrófonos fuera de su casa, y no hay raiting ahí, sólo un nene muerto, que
se hizo pis encima del julepe.
No van a circular por las pantallas decenas de fotos de su
carita, no lo veremos disfrazado, jugando, posando, saludando, no a él. Él, que
con sus manitas chicas que no crecerán ayudó a construir una plaza ahí
cerquita, por otro nene de cuatro años muerto a tiros en la villa.
¿Imaginate si hubiera sido en un barrio cheto? ¿O en un
barrio, así de simple, en vez de la Villa 21? Hubiera sido distinto. Yo no me
hubiera enterado por la Garganta Poderosa, quizá. Lo hubiera visto en la tele,
antes, no dos días después. Pero no, pasó donde siempre pasan estas cosas.
Y escribiendo esto, Kevin no vuelve, y escribiendo esto
igual va a haber más balas para los Kevin, por ahí. Estas palabras son
inútiles, pretenciosas, estúpidas. No sirven de nada. Sólo sirve Kevin vivo,
cumpliendo diez años, once, viviendo una vida. Y eso no se puede. Este nene no
es muerto más, porque este nene era único e irrepetible, como todos los hijos,
como todos los hermanos. Kevin Molina, grabátelo en la mente. No será tema
central, pero eso no significa que tengamos el derecho de no saber de él, de
olvidarlo. Ya sé que no es Ángeles, que el morbo maldito no digitará el zapping
buscando información sobre este pibe. Ya sabemos.
Esto no sirve de nada, Kevin no está más. Tristeza. Esto no
ayuda, estas muertes se lloran toda la vida. Aunque no le conocí la sonrisita.
Aunque no lo escuché pronunciar mal la r, como dicen que hacía. Pero ni
sabiendo, ni recordando, ni remarcando el vacío injusto de las muertes
prioritarias de los medios, lo traemos de vuelta. Perdoná, Kevin: esta columna
no va a evitar la bala. Al final, aunque usemos palabras lindas, aunque
busquemos impacto con las letras, y escribamos tu nombre mil veces, no podremos
hacer algo que te ayude. Servimos para muy poco, casi nada, al final.
Fuente: María José Sánchez | 24baires.com

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