Los trabajadores, pobres y excluidos del chaco, responden, con
argumentos y datos concretos, a la embestida electoral que pretende más
represión, para encubrir los conflictos sociales y el abandono del
estado a los más vulnerables que ya se cobro 84 vidas desde el 2007.
Comunicado de la Multisectorial Chaco
SEGURIDAD NO ES REPRESIÓN, ES TIERRA, TRABAJO, VIVIENDA, SALUD, JUSTICIA...
Durante
las últimas semanas, en el marco de la campaña electoral, se ha
instalado una vez más el problema de la “inseguridad”. Políticos,
jueces, abogados, periodistas, empresarios y hasta la clase media
salieron a decir algo sobre el tema. Sin embargo, hay una voz que
todavía no se escuchó, la voz de los y las de abajo: los trabajadores,
los desocupados, los pobres, los excluidos.
Las
corporaciones empresariales plantean que uno de los principales
problemas del comercio son los piquetes en el centro de la ciudad. Sobre
esa base, exigen al gobierno mayor control social (por ejemplo, a
través de cámaras instaladas en la ciudad) y más policía en las calles.
Sin embargo, no reconocen que desde el 2002 la masificación de los
planes sociales contribuyó al sostenimiento de los comercios después de
la crisis económica y que hasta hoy nuestros compañeros desocupados
gastan los pocos pesos que tienen en sus negocios. Tampoco quieren
entender que la presencia constante de los compañeros en cortes de
calles responde a una necesidad concreta que no es atendida por los
funcionarios de turno, y no a un mero capricho de “vagos peligrosos”.
Finalmente, las exigencias de los empresarios terminan por demostrar su
propia impotencia para mirar más allá de su propio ombligo y aportar a
la resolución de las necesidades sociales. Una buena parte de los
funcionarios del Ministerio de Gobierno de Capitanich, responsable
político directo de la seguridad, provienen de las corporaciones
empresariales: Roberto Lugo, subsecretario de Gobierno, era presidente
de Federación Económica cuando fue convocado por Capitanich, en tanto
que Luis Asano, subsecretario de Asuntos Policiales, conforma la
comisión directiva de la Cámara de Comercio. Está claro que cuando los
empresarios señalan el fracaso de las políticas de seguridad de este
gobierno están al mismo tiempo señalando su propio fracaso como
empresarios-funcionarios.
Los
medios de comunicación, por su parte, venden todos los días un nuevo
hecho de inseguridad con todos los macabros detalles posibles, renovando
el pedido de más policía. Cuanto mayor es el miedo que generan en la
población, más aceptables y deseables se tornan los sistemas de control
social. Con el mismo énfasis que reproducen hasta el hartazgo los
detalles del último crimen, callan frente a las represiones contra
organizaciones sociales, los casos de gatillo fácil, el exterminio de
las comunidades Qom, la condena a policías o los fallos judiciales
contra las torturas en nuestras cárceles.
El
gobierno, a nivel nacional, responde a la inseguridad desplegando
gendarmes y prefectos en las villas miseria, bajando la edad de
imputabilidad a los menores (Leyes “Blumberg”), aprobando las leyes
antiterroristas, utilizando a la gendarmería para espiar a militantes
políticos (“Proyecto X”), manteniendo presos políticos en Bariloche y
Corral de Bustos o encubriendo los crímenes en las comunidades
indígenas. Todo lo cual echa por tierra la idea que es un gobierno
“progresista” o “de los derechos humanos”. En cuanto a los piquetes y
otras medidas de protesta, si bien aún no utiliza masivamente la
represión abierta, su discurso no se diferencia de la “mano dura”
planteada por los radicales, massistas o macristas.
En
nuestra provincia, el gobierno de Capitanich simula ser dialoguista
impulsando la Ley de Seguridad Democrática, proponiendo cambios en la
formación de los policías y poniendo en manos de civiles algunos puestos
de control policial. Pero tras cartón, vuelve a poner a un policía al
frente de la Secretaría de Seguridad, instala en el centro de
Resistencia un sistema de cámaras de $6,2 millones vigilado por una
empresa, propone que las manifestaciones públicas se realicen a través
de la televisión y no hace más que trasladar a los agentes policiales
condenados por torturas o muertes. La impunidad de los funcionarios,
desde los crímenes policiales hasta la corrupción política, refuerza la
impunidad de cualquier delito. Baste con recordar los casos impunes del
vicegobernador Pibernus, las estafas con tarjetas alimentarias durante
la gestión Leiva o el caso del kiosco “El cohete”, enriquecido de la
noche a la mañana por facturar millones de pesos al Estado provincial.
La
“pelea” entre los poderes Ejecutivo y Judicial sobre el problema de la
“puerta giratoria” de los delincuentes que son liberados poco después de
cometer delitos no es sino un pase de factura en una disputa política
por el manejo de recursos. Ambos apuntan a la criminalización de la
pobreza, sin que ninguno de los ámbitos estatales se haga cargo del
problema. Como si esto fuera poco, en los últimos días se supo que el
Ministro de Gobierno Verbeek amenazó a la jueza Saidman con iniciarle un
juicio político por haber ordenado la liberación de 17 personas
detenidas durante una razzia en un fallo que cuestiona el accionar
policial. La llamada intimidatoria fue realizada desde el propio
teléfono personal del Ministro, lo que habla a las claras de la
impunidad con que se maneja el Poder Ejecutivo para apretar a jueces que
no siguen sus mandatos. Uno de los policías involucrados en las
detenciones ilegales es el cabo Olivello, quien tiene un amplio
prontuario de apremios ilegales, agresión a periodistas, torturas y
casos de gatillo fácil. Cabe señalar que Saidman es una de las pocas
juezas cuyos fallos demuestran un fuerte compromiso con la protección de
las víctimas de violencia de género, el respeto por los derechos
humanos y el cumplimiento de las normas ambientales.
Desde
las organizaciones sociales que formamos parte de la Multisectorial
entendemos que el problema es deliberadamente mal planteado desde el
principio. Cuando los de arriba hablan de seguridad todo su discurso se
reduce a la represión y al control social. Para ellos, más seguridad
significa simplemente más policía. Este falso discurso sobre la
seguridad es funcional al sostenimiento de la sociedad injusta en que
vivimos porque no apunta a las causas sociales del delito ni cuestiona
la violencia y la corrupción con las que se maneja la policía.
Nosotros,
que conocemos por el propio cuero el accionar policial, vemos que esa
misma policía es la responsable de la represión permanente contra los de
abajo, tanto aquellos que salen a luchar y se movilizan en las calles,
como aquellos que viven en barrios considerados peligrosos o responden
al clásico estereotipo de ser joven, negro y pobre. Sólo en los últimos 2
meses se han comprobado 3 casos de gatillo fácil: jóvenes pobres,
indígenas o criollos, asesinados a quemarropa por agentes policiales. A
ello se suman las torturas, vejaciones, hostigamiento y persecución a
cargo de policías de uniforme y de civil que padecemos continuamente,
las muertes en comisarías y cárceles por acción u omisión de las fuerzas
de seguridad, así como los asesinatos en que se sospecha de actuación
policial. En el mismo sentido, los asesinatos de Gastón De Los Santos
(2002) y Fernando Rodas (2010) muestran con sentencias judiciales la
complicidad que existe entre policías y delincuentes para cometer
delitos.
En
base a la información sobre los hechos mencionados, hemos redactado el
listado que se adjunta más abajo. Allí se describen los casos de muertes
por acción u omisión estatal durante los últimos 5 años, desde el
inicio de la gestión de Capitanich en el Poder Ejecutivo, cuyo número
asciende a más de 80 personas. Es decir, un promedio de más de una
muerte por mes bajo responsabilidad del Estado.
Incluimos
en esta lista las muertes producidas por falta de atención médica
suficiente, porque consideramos que la salud es un derecho
constitucional que debe ser garantizado por el Estado. También incluimos
las muertes sin justicia, que evidencian las graves fallas en el Poder
Judicial en tanto institución estatal responsable de los hechos
señalados. Cabe señalar también que más de la mitad de los casos
corresponden a integrantes de las comunidades aborígenes Qom, lo que
demuestra que hoy por hoy son el principal blanco de la represión
estatal, en sintonía con el fallo de la Corte Suprema de Justicia que
hablaba de un “genocidio silencioso” durante la gestión del gobierno
anterior. Esto implica que la represión de los aparatos del Estado se
continúa a pesar de los cambios en los colores políticos de los
gobernantes.
Ante
la situación planteada, la Multisectorial Chaco se pronuncia en contra
de todo tipo de represión proveniente de cualquiera de los poderes del
Estado. Por acción o negligencia de sus instituciones, los muertos
siempre los pone el pueblo. Repudiamos también el proyecto inconsulto de
“Regulación del Espacio Público”, anunciado por el gobernador para ser
presentado después de las elecciones en una clara maniobra por captar
votos con el discurso de la seguridad. La protesta social, el primer
derecho del pueblo en toda democracia, no es “una acción deliberada para
generar problemas” como dice Capitanich, sino una expresión de
necesidades insatisfechas y derechos negados. Por eso, sostenemos que la
seguridad no se consigue con más represión ni más policía en la calle.
La seguridad se construye con el acceso digno al trabajo, a la vivienda,
a la tierra, a la salud, a la justicia y con la satisfacción de todos
los derechos negados por este régimen injusto que debe ser transformado
de raíz.
¡BASTA DE REPRESIÓN!
¡TRABAJO, TIERRA, VIVIENDA, SALUD Y JUSTICIA PARA TODOS LOS CHAQUEÑOS!
MUERTES EN CHACO POR ACCION U OMISION ESTATAL

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