Primeras imágenes tren
Lucas Menghini Rey
Homenaje que el padre Paolo Menghini le hizo a su hijo
Lucas, a las otras 50 víctimas fatales y a los más de 700 heridos en la
"Tragedia de Once"
SOCIEDAD CHOQUE DE TREN EN ONCE
La empleada que volvía de vacaciones y murió en el tren
Lágrimas. Las hijas y la hermana de Ana Teresa Zelaya
Florentín.
24/02/12
El miércoles Ana Teresa Zelaya Florentín retornaba a su
trabajo –como empleada doméstica en la casa de una familia en el barrio de
Belgrano– después de 15 días de vacaciones. Se calzó un par de zapatillas
blancas, jeans y una remera verde. Pasadas las 6 se despidió de sus hijas y su
marido y partió rumbo a la estación de Moreno. Pero la rutina de los Zelaya
Florentín dio un vuelco cuando los patrones llamaron a la casa: Ana no había
llegado a su trabajo .
La búsqueda de la familia de Ana terminó ayer en Junín y
Viamonte, en la Morgue Judicial. Durante el transcurso de la tarde pudieron
identificar el cuerpo de la mujer, que había nacido en Asunción, Paraguay, hace
37 años. Ana Teresa fue una de las cinco personas de nacionalidad paraguaya que
fallecieron en el accidente ferroviario. Otras cinco, de la misma nacionalidad,
resultaron heridas.
Las que recibieron el llamado de advertencia fueron las
hijas de Ana: Yesica y Ana, de 14 y 13 años . Le avisaron al padre y cuando
descubrieron el accidente en las noticias comenzaron la peregrinación por la
guardia de los hospitales. Toda la familia montó un operativo para buscar a
Ana: cuatro de sus trece hermanos –muchos de ellos residentes en Paraguay– se
repartieron junto con primos y amigos y lograron chequear las listas de heridos
en los 16 hospitales que recibieron accidentados. Pero no la hallaron en
ninguna.
“Era radiante, buena, una luchadora y una mujer muy
trabajadora”, la describió ayer su hermano Silvino, abrazado a Félix, Carina y
Felicitas, otros hermanos de Ana. Estaba quebrado por la angustia, la emoción y
también por la bronca. La bronca de saber que Ana tuvo una muerte injusta y
dolorosa . Una muerte que forma parte de una tragedia largamente anunciada.
Como otros miles de pasajeros que usan el Sarmiento todos
los días en horas pico, Ana sufrió en más de una oportunidad problemas de
seguridad en los trenes: “Una vez estuvo en un tren que se incendió, pero en
otro vagón. Nos contó que tuvieron que romper las ventanas y saltar a las
vías”, le contaron a Clarín sus hijas.
Con los ojos llenos de lágrimas, atesorando un pañuelo de
papel en las manos, Yesica trazó un perfil de su mamá: “Era una persona muy
estricta, exigente con la escuela. Quería que estuviéramos concentradas,
atentas a los estudios”, contó. Y también era muy puntual, no le gustaba
fallarle a sus patrones , por eso el servicio de trenes le generaba muchos
dolores de cabeza. “Cada dos por tres se suspendía un servicio o había alguna
falla técnica que atrasaba los trenes, así es que su patrón le había ofrecido
pagarle viáticos extra, para que viajara en el colectivo de la línea 57”,
apuntó la joven.
Pero en su regreso al trabajo Ana volvió a subirse a un
tren. Quizá estimó que aún siendo febrero se podría viajar algo más tranquilo,
especulaba su familia. Pero le fallaron los cálculos, porque con un servicio
colapsado como el del Sarmiento, es casi imposible sentir una merma entre los
pasajeros. Y con tanta mala suerte que, por esa obsesión de llegar a tiempo y
salir más rápido del tren, se subió al primer vagón , que terminó siendo una
trampa mortal.

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