Las últimas declaraciones de los testigos citados sumaron a
las pruebas sobre tráfico de mujeres y explotación sexual con las que se acusa
a varios imputados, especialmente los hermanos Gómez, “Liliana” Medina y
Daniela Milheim. Entre la defensa no dejan de buscar estrategias de dilatación,
demora y trabas en el desarrollo de las audiencias diarias. El tribunal ordenó
protección especial para los próximos testigos.
Ya pasaron casi dos meses desde que comenzó el juicio que
juzgará a trece personas sospechosas de haber secuestrado y explotado
sexualmente a María de los Angeles Verón.
La primera testigo fue Susana Trimarco, la madre de Marita,
quien con los relatos de la extensa búsqueda de su hija, dejo esbozado el
camino de la trata y prostitución que luego citarían los y las testigos que
prestan su testimonio a lo largo de las audiencias.
Desde la semana pasada declararon ante el tribunal dos
jóvenes, Noemí Garzón y Alejandra Huerta, y sus madres, cuyas historias
involucran a Milheim y a los riojanos, “Liliana” Irma Medina y sus hijos,
Gonzalo Gómez y Fernando Gómez, conocido como “Chenga”. Noemí y Alejandra
trabajaron como niñeras, en momentos distintos, para Daniela Milheim, quien
luego les ofreció prostituirse en La Rioja o en Río Gallegos. Ambas jóvenes
describieron el “modus operandi” de la red de trata y prostitución que manejan
los imputados en la causa, sin embargo, ante las preguntas de la querella sobre
las formas de operar de los imputados, los abogados de la defensa intentaron -
sin éxito - recusar aquellos testimonios, calificándolos como “imparciales” y
“fuera de contexto”. En el caso de las jóvenes, si bien sólo una de ellas
estuvo en situación de prostitución, ambas declararon que estuvieron con otras
chicas en la casa de Milheim o en los prostíbulos riojanos contra su voluntad o
sin saber si quiera en donde estaban.
Esta mañana declaró la madre de Alejandra Huerta -cuya
identidad es reservada a pedido del Tribunal- quien en su testimonio, recordó
el estado físico en el que encontró a su hija cuando fue rescatada de “El
Desafío”, prostíbulo manejado por “Chenga” Gómez en La Rioja, en el año ‘98.
“Estaba llena de marcas y heridas, y la cabeza toda lastimada por los culetazos
de pistola que le daba el ‘Chenga’ (...) cuando le dije a Alejandra que la
llevábamos a casa, ella gritaba feliz ‘soy libre!’” contó conmovida la madre de
Huerta.
La madre de Alejandra Huerta contó que en dos ocasiones del
mismo año fue a buscar a su hija a La Rioja, la primera vez, llevada casi como
en un secuestro por un tal “Pantera” quien le aviso que Alejandra estaba
detenida tras un allanamiento en uno de los prostíbulos de Medina. En aquella
ocasión, según cuenta su relato, Alejandra fue entregada por el juzgado de
menores de la ciudad de La Rioja -puesto que tenía 17 años - quienes no
entregaron ninguna clase de papeles a su madre, no informaron sobre el maltrato
físico que ésta estaba recibiendo, como tampoco reprendieron contra los que
explotaban sexualmente a la menor.
Con todos los testimonios de estas semanas, las pruebas
expuestas parecen señalar que al menos para Gonzalo Gómez, “Chenga” Gómez, Irma
Medina y Daniela Milheim, desvincularse de los cargos por privación ilegítima
de la libertad y promoción de la prostitución será muy difícil. Sin embargo, el
listado de testigos que restan declarar sigue siendo de un centenar, por lo que
las posibles condenas aun son poco predecibles.
En la jornada de mañana podría atestiguar la persona que vio
el momento de secuestro de “Marita”, en abril del 2002. El tribunal para éste y
otros testigos, protección de la identidad de los mismos.
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