“Los amantes sinceros
de la humanidad, especialmente en su parte más numerosa y desgraciada, los que
no buscan en su defensa una escalera para trepar a lo alto y darles luego
piedras a los de abajo; los que no están perturbados por las ilusiones
irrealizables, no pueden, no deben hacer otra cosa que ilustrar a esas masas
sobre sus derechos, aconsejarles que los reclamen gradualmente, con la fuerza
de su razón, sostenida por la cadena de la unión, que la hace irresistible en
su marcha hacia adelante y arriba”.
Prefacio al tratado de los accidentes del
trabajo según la ley y jurisprudencia argentina (1904)
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