Paulo Freire: Primero, se requiere un salario mínimamente
decente. Segundo, un respeto real a la tarea del magisterio. La educación y los
educadores tienen que ser respetados: respeto personal, trato cortés, decente,
serio. En tercer lugar, la organización política del magisterio debe tener como
una de sus tareas la formación permanente de los
profesores.
El poder público debe por un lado estimular y por otro
ayudar a las organizaciones del profesorado para que cumplan el deber de la
formación permanente.
Y, allí donde no puedan hacerlo los propios organismos
sindicales, que lo haga el Estado. El Estado puede ayudar, como lo intentamos
en la Prefectura de São Paulo, pagando horas para que los profesores estudien.
Si la educación es realmente una prioridad, entonces hay que
conseguir el dinero para que los profesores, en su casa o en la escuela, tengan
horas para estudiar dentro de la jornada de trabajo. Los cursos de formación
permanente deben ser pagados. El magisterio tiene que recibir su salario sin
descuentos. La comprensión que el poder público tiene del trabajo del
magisterio debe incluir las horas en que el profesorado está preparándose para
ser mejor profesor

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