POR SIBILA CAMPS - Clarín.com
Una testigo no pudo declarar por problemas de salud. Es la
segunda cuyo testimonio queda en suspenso por consecuencias de haber sido
prostituida. Otro ex jefe policial contó que las mujeres de un prostíbulo
riojano allanado reconocieron a Marita, pero no quisieron hablar por miedo.
17/05/12 - 22:55
Hacía varios días que se postergaba el testimonio de R.C.
Algunas veces porque la mujer, de 32 años, estaba internada, a causa de una
enfermedad terminal; otras, por extenderse la declaración del testigo anterior.
Cuando por fin pudo sentarse frente al tribunal, con una hebra de voz sólo
demostró no estar en condiciones de responder a las preguntas.
Esmirriada, de cabello largo, desparejo y desteñido, R.C. se
presentó calzada con zoquetes y zapatillas tan económicas como el resto de su
vestimenta. La mujer, de mirada huidiza, tuvo a su primer hijo a los 16 años;
luego vinieron otros dos, de 13 y 11 años. No fue más allá de la escuela
primaria y dijo estar desocupada.
Todos los abogados lo saben –quizá no los jueces, pero se lo
imaginan, o bien terminan deduciéndolo–, que en el juicio por la desaparición
de Marita Verón, las mujeres que dicen estar desocupadas, es porque se
encuentran o estuvieron hasta hace poco en situación de prostitución.
Seguramente fue así como R.C. le contagiaron “la enfermedad que todos sabemos”,
el eufemismo que usó el defensor Jorge Cáceres. Seguramente fue en un
prostíbulo de la acusada “Liliana” Medina donde contrajo la otra enfermedad, el
miedo.
El querellante José D'Antona no pudo hacerle más de tres o
cuatro preguntas, basándose en una declaración suya de 2002. Negó todo, y de
más. “Nunca dije nada. Yo no dije nada. Yo no me acuerdo de nada”. Su voz sonó
aterrada. “No me acuerdo ni de mis hijos, porque tuve meningitis, en 2007”.
D'Antona no quiso angustiarla más: pidió que se retirara
momentáneamente y propuso que sea revisada por un psiquiatra forense, para
saber si se encuentra en condiciones de declarar. Pese a la oposición de los
defensores, el tribunal aceptó.
Es la segunda testigo –la segunda víctima– que será evaluada
por un perito psiquiatra. El mes pasado, la querella informó que su testigo
B.V. no se hallaba en condiciones de declarar por padecer de estrés
postraumático. Esta mujer fue víctima de trata y, cuando estaba prostituida en
El Desafío, vio a Marita Verón; su declaración en la causa le valió ser
nuevamente secuestrada por los captores de Marita. Aún no se dio a conocer el
informe oficial sobre ella.
Precisamente sobre otras jóvenes prostituidas en El Desafío
habló hoy el comisario mayor (r) Pedro Ledesma quien, como jefe del
Departamento de Informaciones Policiales, fue el 16 de noviembre de 2002 a
allanar ese burdel de La Rioja. Ya ayer, su ex subalterno, el comisario
inspector Roberto Villacorta, había contado con muchos detalles los operativos
en locales y viviendas de la red de explotación sexual de Medina, sus hijos y
sus socios.
Ahora, Ledesma agregó un dato importante: si bien los
procedimientos estaban a cargo de la Policía de La Rioja, “se deslizó un
comentario al personal que estaba a mi cargo (de la Policía de Tucumán): las
chicas, coperas, que 'trabajaban' en El Desafío, cuando vieron la foto de
Marita Verón dijeron que había estado ahí, pero tenían miedo de hablar; tenían
miedo de que haya represalias por eso”.
“Había aproximadamente diez mujeres en ropa interior, de 25
a 30 años. Eran de distintos lugares: brasileras también, y de la provincia de
Tucumán”. Fueron las que los proxenetas dejaron “como muestra”, ya que Ledesma
confirmó que Villacorta le había contado que, mientras esperaban que el ex juez
Daniel Moreno autorizara los procedimientos, de ese burdel “se había sacado a
mujeres en autos particulares”. La fuerte sospecha es que entre ellas, menores
de edad, también fue escondida Marita.
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