LAS PARADOJAS DEL ORDEN INTERNACIONAL
A TRAVÉS DE LA
AXIOLOGÍA JURÍDICA:
Eduardo Héctor Mendez*
I.
Hace 20 años atrás, más exactamente el 24 de agosto de 1987, fallecía el más
grande Iusfilosofo argentino, el Dr. Carlos Cossio, creador de la Teoría
Egologica del Derecho que abrió nuevas y novedosas miradas sobre el fenómeno
jurídico.
Profundo vigilante de su propio accionar discursivo, le
imprimió a su Teoría una impronta personal tan auténtica y pasional, que creó
los cimientos de una verdadera Escuela Jurídica Argentina.
La Egología era y es
una referencia continua a la vida de los hombres de carne y hueso en
cuanto ella es la expresión de sentidos jurídicos. La egología es una suerte de
complot permanente que nos invita a
pensar. Y su teoría brinda una epistemología de indudable eficacia para el
análisis de los hechos políticos. Para Cossio el acto de reflexión filosófica y
el proyecto político estaba estrechamente ligado.
Por ello creía que la
Filosofía debe no ser neutral, sino
militante. Filosofía no aséptica, comprometida.
Filosofía no legitimadora, transformadora y cuestionadora. Herramienta para la praxis,
herramienta para el reconocimiento del otro, herramienta dialogal.
La Egología nació en estas tierras, buena o mala, errada o
acertada, tiene que conocerse y durante el periodo de su apogeo, la enseñanza que se impartía fue original y en tal sentido creadora; por
eso pudo ser vernácula. Fue un pensamiento asumido desde ciertas realidades contextuales
y afirmadas con sentido positivo. Cossio
nos propuso siempre la problematización de la realidad.
El filósofo
tucumano manifestaba en su esbozo biográfico que “luego de 1956 comencé a comunicarme con
la gente que me comprendía, sin hacer diferencias ideológicas de ninguna especie. El resultado ha sido radicarme con mucha firmeza en la izquierda; mas aún:
descubrir lo que la izquierda significa
de verdad para el hombre
contemporáneo”. A mi entender
Cossio se hizo partidario de una
izquierda no dogmática y dialéctica.
Como se
sostuvo, a Cossio no le era indiferente la política. A Cossio le interesaba
profundamente la misma como comportamiento humano de convivencia integradora o
en su caso desintegradora. Era un
filósofo militante. Militante no en el sentido partidario, sino de acción. No
cabía otra cosa para un filosofo existencial. Y criticaba profundamente la
desigualdad social. Y sobre todo direccionaba sus argumentos contra el sistema
capitalista.
A mi modo de ver rompió con el paradigma formalista, lo puso
en crisis. Creo que la norma descarnada de la realidad ya no es solución, realmente no nos merecemos nuevos Códigos, y desde el
punto de vista Internacional, ni más Cartas o declaraciones Universales. Lo que
Cossio nos decía y proponía es una nueva ingeniería social de realizar y efectivizar los Derechos. Veía las paradojas y las contradicciones del sistema. Hoy es exactamente igual. Sus
afirmaciones desde la axiología, nos
permiten analizar la problemática actual.
El plexo axiológico cossiano, con sus valores de autonomía
–seguridad, paz, solidaridad- y de heteronomía
-orden, poder y cooperación- nos introduce en las conductas que se
asumen como proyecto, fundamentalmente los valores de heteronomía, en que se
enfatiza el valor de coexistencia de la vida. Y la existencia de valores,
también supone necesariamente –ya que no existe conducta ontologicamente sin
valor- la presencia de los disvalores. Según prevalezcan unos u otros, podemos
reflexionar sobre la existencia de sociedades justas o injustas.
Estamos en la época de la
globalización en la que todo se produce, circula, se distribuye con una
pretensión de universalidad. Sabido es que la burguesía tomó el poder con una
ideología legitimadora universalista. Pero el presupuesto antropológico del
capitalismo es particular e incompatible con la universalidad. Se nos convoca
para el consumo pero nada decidimos. Pero por otro lado se atomiza la
existencia social, se individualiza, se
rompe la idea del “otro”, se produce lo que Cossio definía como el disvalor
extranjería, frente al valor
solidaridad. Se rompe el esquema societario y renacen las frases como “sálvese quien
pueda”. Desconfie del otro. Somos extranjeros en nuestra sociedad.
Paradojas del sistema. Pero no es la única. También se habla de la existencia en
la evolución humana de los tiempos de la tolerancia, de la comprensión del
otro, del diferente. Aparentemente es un tiempo único. Hemos avanzado como
especie. El valor de la paz, el valor del entendimiento ajeno, el comprender al
“otro”. Pero paradojalmente sobreviene el exabrupto imperial. Nada de
pluralidad. “O estan con nosotros o están con el terrorismo”. O nos
direccionamos al terrorismo del imperio hegemónico o al terrorismo de las
víctimas. Se transforma en el disvalor
de la discordia. La opción obligatoria evidentemente rompe con el valor de la paz.
Un elemento a tener en cuenta en el desarrollo de la
conciencia jurídica universal, es el
funcionamiento aunque parcial de ciertos procesos para juzgar y condenar
a los delitos de lesa humanidad. Sin duda es un avance. El formalismo
racionalista así lo indica. Pero
paradojalmente la potencia hegemónica no suscribe el Tribunal Penal
Internacional, sus soldados nunca podrán ser llevados a juicio. Prevalece el
disvalor de la impotencia.
Volvemos a lo normativo. Reuniones internacionales,
documentos, cumbres. ¿Para qué?. Para combatir
-es sintomático el uso semántico de lo bélico- a la pobreza. Y obsérvese
que no es casual la semantización utilizada, pues en definitiva no se combate
la pobreza, sino que se incrementa siempre el presupuesto armamentista. Armas
en lugar de alimentos. Vaya paradoja. Nuevamente el disvalor de la inseguridad.
Políticas económicas de los organismos internacionales con
las recetas ya conocidas, que imponen leyes y que ordenan. Franz Hinkelammert
describe esta situación como una “radicalización del presente”. ¿En qué
consiste?. En que el neoliberalismo o liberalismo a secas, sostiene que si hay
hambre y desnutrición en el mundo, es
porque el mercado no ha logrado expandirse totalmente. Cuando lo haga, el problema
estará resuelto. Por ello la paradoja. No aplicamos bien el recetario. Somos
torpes, debemos aprender a hacerlo.
Por ello Cossio hablaba de vida biográfica. El sujeto de
derecho es la persona como ambiente convivencial. Hoy el liberalismo -que también supone una axiología- define al hombre como patrimonio, el sujeto
lo es en la medida de su mercancía que es el patrimonio. Basta pensar por
ejemplo en las diferentes situaciones que se dan en la búsqueda de un crédito bancario y de
una solicitud de empleo.
En el primer caso, debemos brindar respuestas a una suerte
de radiografía patrimonial –los bienes que tenemos, propiedades, autos,
acciones, bonos, etc-. No somos preguntados ni por nuestra ideología ni gustos
personales.
En el segundo caso la mercadería cambia: es la fuerza
laboral y allí si el interrogatorio se amplía sobre gustos, familia,
experiencias laborales previas, etc. La situación se advierte diferente. Se es
persona o sujeto de derecho en la medida del patrimonio y si no se tiene
patrimonio su inserción en el mundo jurídico
está limitado a lo normativo en cuanto a nombre, apellido y documento.
Casi en la frontera de la vida
biológica.
Se regula el tránsito patrimonial. Las personas no son
interpelados como sujetos libres e iguales, sino como sujetos constituidos por
el patrimonio. Se es alguien si se tiene dinero. Y ello tiene sustantividad cuando se analizan las relaciones jurídicas.
Cossio sostenía que el acreedor tiene todas las ventajas de la relación
jurídica y que podíamos distinguir entre
los deudores que pueden pagar sus deudas
y los que no pueden hacerlo. Los primeros poseen bienes suficientes, los
segundos no los tienen. Los que llegan a los Tribunales son éstos últimos.
Cuando hoy en día, se
pide “seguridad jurídica”, Cossio sostenía que “ello es un sofisma, la referencia a la
seguridad siempre es el principal argumento: se dice, si no se cumplen los
contratos tal como han sido pactados, desaparece la seguridad jurídica y con el
ella el derecho mismo. El sofisma radica
en que la seguridad como todo valor jurídico, es un valor bilateral: al
hablar de seguridad, se piensa unilateralmente en la seguridad del acreedor, pero no en la del deudor: a
este se le deja la seguridad de su inseguridad”.
Veia al capitalismo como un productor de crisis. Crisis en
realidad como eufemismo, pues no se trata de estados transicionales, sino del
mismo futuro de crisis.
Para Cossio la axiología del capitalismo, su antropología
filosofica, eran y son profundamente
antihumanistas. En su crítica al capitalismo, subyace un intento de demostrarnos que la causa ontológica de la miseria es
dicho sistema económico. Estaba convencido que el capitalismo como sistema
económico jamás podría cumplir con el universalismo democrático, en un discurso fundamentador que nos puede y
debe servir de guía. Su escepticismo político lo transformaba en un realista
político. El capitalismo rompe el proyecto existencial, la autenticidad
existencial heidegeriana, por el rendimiento rentable enmarcado en los paradigmas publicitarios, refugiados en el utilitarismo y el fetichismo
mercantil.
Cossio fue un critico del paradigma racional del Derecho occidental moderno –afirmaba en
plena dictadura militar que los argentinos eramos occidentales y.. paganos para diferenciarse
del apotegma militar- que fuera concebido y estructurado como una suma de certezas,
dogmas, previsiones y creencias heredadas de la ideología ilustrada, es decir
una racionalidad instrumental-formal
apoyado firmemente en la pretensión
de aplicación mecánica de
concepciones abstractas a la realidad.
Un paradigma jurídico reduccionista, auto suficiente e
indulgente con sus propias aporías porque seguía siendo funcional. Este paradigma ya es anacrónico, a pesar de
los múltiples, variados y sofisticados aportes teóricos para mantenerlo.
II.
En base a
lo expuesto, se puede afirmar que uno de los aportes de Cossio fue colocar la idea de que es posible pensar desde
América Latina y sobre la existencia de
una filosofía Latinoamericana -por lo
menos de una Filosofía especial latinoamericana- y lo hacía sin complejo alguno. Se situaba en
el margen -para utilizar un uso
corriente del discurso de Zaffaroni-
pero desde ese margen defendía y defendió una escuela jurídica. Es así que muchas
afirmaciones y planteos de la llamada Filosofía de la Liberación de Enrique
Dussel y muchos planteamientos de Oscar
Correas, se acercan a la Egologia.
Se hace difícil
pensar desde América Latina. Cossio hablaba de las “sociedades
filosóficas”, que creo están mas
vinculadas y más preocupadas por lo último que se ha publicado, que de
pensar la realidad. Son meros lectores. Pero nuestro sustrato educacional es
complejo. Para el alumno de algunas
Facultades de Derecho su familiarización
con Rorty, Rawls, Raz o Habermas son
notables, pero nada sabe sobre Iusfilosofos locales o latinoamericanos. Están
los esquemas europeos que se trasladan mecánicamente a nuestro margen y esto no
es hacer eurofobia, solo afirmo que no
puede ser el único ni el principal esquema teórico disponible.
Cuando se piensa la
realidad inevitablemente se dialoga con
los grandes filósofos, pero debe hacerse desde una realidad contextual.
Rawls ha escrito
maravillosamente bien, pero cuando sostiene en su Teoría de la justicia que la
distribución del ingreso y de las
riquezas no necesita ser igual, aunque
sí ser ventajosa para todos. ¿A quien le habla?. Cuando sostiene que los menos
favorecidos son aquellos cuyo origen
familiar y de clase es más desventajoso que el de otros, y transita en un plano
no científico, por el azar y la suerte. ¿A quien le habla?. ¿Al margen
latinoamericano?.
Creo que el problema no es
demostrar que el pensamiento
latinoamericano es mejor al europeo o americano. El problema es construir un marco categorial
que permita entender en el plano de la
filosofía, la especificidad del problema
del subdesarrollo, la dependencia, la opresión, la miseria, la ignorancia, la exclusión latinoamericanas y para
ello no basta el pensamiento y la filosofía europea, porque no era ni nunca fue su
problema. Entones será necesario una filosofía
que sea capaz de pensar “desde” esta problemática propia y para ello habrá que “trascender” el
pensamiento y filosofía europea o americano, porque en ese marco categorial se
esconde y se oculta aquello que
justificaba y justifica el porqué de nuestra opresión.
En realidad, solo contamos con instrumentos hegemónicos para
intentar enfrentar al centro hegemónico. Habrá que intentar transformar esos
instrumentos hegemónicos de una manera contra-hegemónica.
Para entender la especificidad de nuestros problemas habrá que construir un
marco categorial “desde” el que se pueda pensar con rigor nuestros problemas y desde la
perspectiva de quienes menos tienen (los oprimidos y los negados, según la óptica de Dussel).
La tarea
será entonces develar este obstáculo
epistemológico bachelardiano para
entender la especificidad del otro. O
pensamos con categorías eurocentricas o
con filosofías y modos de pensar que superen la –a mi parecer- dicotomía
paralizante modernidad-posmodernidad.
Habrá que pensar procesos, instituciones, ideas fuerza desde
la crítica, pero no quedarse en la mera crítica. La globalización destruye todo
tipo de relación intersubjetiva. Para Cossio existían víctimas. Subyace de todo
su discurso sobre lo social. Creo que la verdadera política para Cossio es la
que esta acompañada por una filosofía política crítica que vea al mundo desde
el sufriente y el desposeído.
Estos son tiempos de ganadores y perdedores, por ello son
tiempos de filosofar. El motor universal es el dinero, el negocio, por ello el
ganador no se cuestiona, solo actúa. Cossio sostenía que “lo mucho que pueden
hacer los jueces y los juristas dentro de la tradición democrática, para vivir
en un mundo mejor, con solo liberarse de
esa ideología que mide todas las cosas, incluso la justicia, por el dinero y
que hace del dinero la razón de ser de la existencia humana. Como quinta
esencia del espíritu del capitalismo,
esta es la maldición de nuestra América
como continente subdesarrollado, donde por eso el dinero pesa aún mas”.
Los filósofos se transforman en prescindibles, pero desde
este margen, desde este lugar nos vamos
“haciendo”. Hay que construir espacios, para desencajar a una filosofía sumisa,
que no se espanta ni asombra. La filosofía se aísla, se refugia en academias.
Cossio intentó crear subjetividades filosófícas, que crean, que se conmuevan,
que cuestionen el pensamiento único.
Hay condiciones fundantes bajo los cuales tiene sentido decir
que se es egologo. Los tiempos que corren, en ocasiones tan decididamente tristes, han puesto en su
momento y en forma apresurada, a la egología fuera de las modas intelectuales.
Pero ser egologo no es una moda, es un modo de vida. A mi me gusta pensar que es posible ser egologo de una manera
absolutamente sustancial.
* Funcionario judicial, Docente del Departamento de
Filosofía del Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Doctorando de la UBA
(área Filosofía del Derecho).

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