COMIENZA EL JUICIO POR MARIANO FERREYRA
Juzgarán a la patota que asesinó al joven militante del PO,
pero también a la policía que colaboró y a los dirigentes sindicales que
instigaron el hecho. Aítor Graña, su primo, prepara el disco Cuerpo junto a
catorce duplas.
Por Brian Majlin
Tras una hora de charla, sobrevuelan dos sentencias. Dos
espasmos en letras, de esos que sólo se explican como la forma en que el ser
humano, ante el dolor, ante la incomprensión y el abatimiento de una muerte
cercana, halla una respuesta. “Para que algo cambie tiene que haber un
derramamiento de sangre”, es la primera sentencia de Aítor Graña, conocido
músico “sensible a las causas populares”. Pasó por Virus, Juana la Loca y hoy,
ya no en batería sino en voz y guitarra, lidera Calican Groove. Y dirige el
proyecto para grabar el disco Cuerpo, que continúa la lucha y le da vigencia a
la causa de su primo Mariano Ferreyra. Sí, el mismo Mariano Ferreyra militante
del Partido Obrero asesinado a los 23 años por exigir, entre otras cosas, el
pase a planta de centenares de trabajadores tercerizados del Ferrocarril Roca.
Fue bastante antes de la masacre de Once y bastante después de la privatización
de los ferrocarriles. Fue, como esas dos instancias, un hito en la historia de
los trenes nacionales.
Lo que cambia es histórico: desde el 6 de agosto, la
Justicia –luego de varios intentos por patear la pelota afuera y el
entorpecimiento constante de los abogados defensores– sentará en el banquillo a
los acusados del asesinato de Mariano. A una patota descompuesta por barrabravas
y matones a sueldo, a los siete policías que “liberaron” la zona e hicieron la
vista gorda, e incluso apagaron las cámaras de seguridad durante el asesinato,
pero también a los jerarcas sindicales que permitieron e instigaron el
“aleccionamiento”.
La Justicia argentina buscará redención a través del castigo
ejemplar a José Pedraza, líder de la Unión Ferroviaria hace, nomás, 27 años.
Como la mayor parte de su camada, Pedraza acuñó fortunas con la representación
de los trabajadores. Desde empresas tercerizadoras hasta departamentos en
Puerto Madero valuados en millones de dólares. Y para que la historia se
torciera –dirá y creerá con fervor Graña– hacía falta que corriera sangre. Y
corrió: a la muerte de Ferreyra se le sumaron varios heridos, entre ellos Elsa
Rodríguez, militante del Polo Obrero de 55 años. De ella, precisamente, habla
Graña: “Si hubiera muerto Elsa, no habría sido igual”. Y enseguida aclara:
“Mariano se convirtió en emblema de una juventud que no lucha por el pancho y
la coca, que pone el cuerpo. Y de esta forma destapó algo que ocurre hace años:
ya son más de 20 luchadores sociales asesinados. Tenía que ser él”.
La segunda sentencia abarca toda la gama de sentimientos,
menos la resignación. La familia, a caballo de Pablo –el hermano mayor de
Mariano y con quien Aítor tiene vínculo más fluido–, ha luchado para que se
haga justicia junto a los compañeros de militancia de Mariano y el apoyo de la
movilización popular. Pero él, con sus formas musicales y precisamente por
ello, puso el cuerpo para armar el disco. Se llamará Cuerpo, precisamente,
porque cada artista que participa “puso el cuerpo” para hacerlo. “Porque
Mariano puso el suyo y es la forma de que se extienda y se haga conocida su
causa”, explica Graña, que se apura a cerrar en forma tajante cualquier idea de
homenaje.
El disco, compuesto por 14 canciones inéditas y trabajadas
en duplas, saldrá a la calle el 20 de octubre, en el segundo aniversario del
asesinato. Lo realizan a coro entre Calican Records y La Tribu. Lo recaudado
irá a parar a la Coordinadora Contra la Represión Policial (Correpi). Se puede
adquirir en preventa en La Tribu o en www.panaldeideas.com, un sitio online
para costear proyectos con las preventas: llevan 500 discos y tienen que juntar
40 mil pesos.
En los ojos de Graña hay un brillo, una luz. Así, Luz, se
llama la canción que ha preparado para el disco: “Es la primera vez que canto
específicamente a alguien. Y es a Mariano, por esa luz que tenía y que no se va
a apagar. Porque aunque creo que la batalla está perdida y que los que tienen
el poder son otros, siempre está la esperanza de que todos tomemos un poco más
de conciencia social”.
Las palabras salen con dificultad. Graña dice que apenas
ahora está empezando a llorar a su primo. Que antes no. Que se enteró el mismo
día que le confirmaban la primera fecha con su banda. Que cuando él recibía una
noticia fabulosa, su primo recibía un tiro. Que igual fue a tocar esa noche.
Que sintió que era lo que correspondía. Que aún no caía. Que ahora, recién
ahora, lo llora.
“A Mariano lo conocí mucho más después de su muerte.
Recuerdo que Pablo lo traía a veces a escuchar a Juana la Loca, pero a él no le
gustaba mucho. Esta canción –por Luz– le hubiera encantado. Calican, en
general, habría sido de su gusto, y me hubiera gustado que tocara conmigo:
tenía muchas búsquedas artísticas.” Ahora las palabras fluyen con la emoción
acelerada por las ucronías. Para el final, mientras cuenta que sus pequeñas
batallas las da en su propia banda (“me cansé de las estrellas de rock, acá
repartimos en partes iguales”), queda al borde de la puteada. Pero se frena,
medita. Y vuelve a Mariano. “La canción que hicimos putea desde un lugar con
altura: hoy somos luz, mañana también, vos ni siquiera lográs encender”, dice.
Y muestra el mural que embandera su perfil de Facebook. En el mural está esa
frase que acunaron los amigos de militancia de Mariano y que es, ahora sí, un
emblema: “Qué pena, compañero, decirte tan temprano, hasta la victoria
siempre”.

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