26 de agosto de 2012

Que la medicina deje de ser una mercancía como lo es desgraciadamente todavía.


Por Jorge Rocha.

Considero que la respuesta al tema salud debe ser tanto médica como social. Y esto se resuelve desde lo político.

La medicina hoy, continúa teniendo hijos y entenados. Ante eso tengo la misma respuesta que hace 50 años atrás: en un país del Tercer Mundo, dependiente y oprimido por el imperialismo, la función del médico no termina en el consultorio, si en verdad le importa la salud del pueblo.

Porque tampoco alcanza con ser el médico que no cobra a sus pacientes. Ya hace mucho tiempo comprendí que eso no le afecta a los terratenientes, que eso no les afecta a las clases dominantes. más aún, esos sectores siempre ensalzan mucho al médico "benefactor". Lo llenan de loas y lo levantan ante el resto de la sociedad como ejemplo de humanitarismo.


Sé en qué consiste esa historia: ellos engendran la pobreza, nosotros se la asistimos y después cuando morimos nos cantan el himno, y todo sigue igual.

Tengo claro que la lucha política es el único camino desde el que vamos a poder garantizar en nuestro país una medicina que verdaderamente cure, sea igualitaria y eficiente. El problema de la salud está en profunda crisis porque el país padece una situación triste y afligente, común a otros países tercermundistas.

Es imposible avanzar en el sentido correcto sin defender la medicina pública, contra los grandes intereses de la medicina privada. Y sin presentar batalla, entre otros males, contra los grandes monopolios productores de medicamentos e insumos médicos, contrapuestos a los intereses nacionales.

Si el médico quiere un desarrollo de su profesión, no tiene otra opción que sumarse a la lucha por la liberación de su país. Porque nunca vamos a poder tener una medicina avanzada con alcance popular, mientras continuemos siendo una nación dependiente y oprimida por las grandes superpotencias.

... Es decir, que la medicina deje de ser una mercancía como lo es desgraciadamente todavía. Claro que ésa será una sociedad donde la mayoría decida qué se produce y cómo se distribuye; y, coincidentemente con ello, todos los conocimientos científicos serán enfocados desde los intereses del pueblo y de su desarrollo.
Y no como ahora, que una minoría nos impone sus mezquinos intereses en todos los aspectos.

Dr. Jorge J. Rocha
Del libro: La felicidad es la lucha
Capítulo 19, página 175 y 176, Ed. Agora- 1992

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