El autor es uno de los pocos intelectuales identificados con el gobierno K que hablan sobre el tema, interesante conocer su opinión, con varias cosas para discutir.
POR RICARDO FORSTER
08.08.2012
El juicio. José Pedraza, el titular de la Unión Ferroviaria,
en el banco de los acusados. Se creía un intocable.
Quiero recuperar, a casi dos años del asesinato de Mariano
Ferreyra y en el momento en que finalmente la causa contra Pedraza y sus
cómplices ha llegado al juicio público, algunas de las reflexiones que me
surgieron en los días posteriores. Reflexiones que, eso creo, siguen vigentes
allí donde un núcleo duro y problemático de la vida argentina nos muestra de
qué modo trágico se pudieron cruzar lo sindical, lo policial, el matonaje, los
negocios turbios, la protesta social, los medios de comunicación y las deudas
no saldadas de los ’90. También el asesinato del joven militante del Partido
Obrero nos muestra la fragilidad de un proyecto popular que no sólo encuentra
el peligro fuera sino que lo acaba localizando en su interior allí donde
sindicalistas empresarios, barras bravas y policías corruptos se conjuran para
perpetuar negocios impúdicos que, hasta ese momento, no habían sido revisados
por el gobierno nacional. Hay un hilo que va de la represión a los tercerizados
y del crimen contra Ferreyra a la tragedia de la estación Once. Ese hilo exige
que, como lo intenta con dificultades, el Gobierno redefina profundamente la
política ferroviaria y continúe con la decisión trazada por Néstor Kirchner no
sólo de no reprimir la protesta social sino de llevar a los culpables de violar
esta premisa a su merecido juicio y castigo. Kirchner murió pocos días después
y con el sabor amargo de un hecho que lo lastimó hondamente pero dejando la
inquebrantable decisión de ir contra todos los responsables materiales e
intelectuales del crimen. Que, casi dos años después, se haya iniciado el
juicio resulta un acontecimiento que si bien no puede reparar lo irreversible,
la muerte de Mariano, sí puede aportar no sólo al castigo de los culpables sino
a ir desarmando la trama de complicidades que les han permitido a ciertos
sindicalistas convertirse en patrones y hasta verdugos de sus propios
compañeros.