Por
Luciano Andrés Valencia
(valencialuciano@gmail.com)
El 5 de noviembre se cumplen dos años de la
desaparición forzada del trabajador rural “golondrina” Daniel Solano, en la
provincia de Río Negro. Su caso revela la existencia de redes de trata de
personas para el trabajo esclavo en establecimientos rurales de Río Negro y en
todo el país, con
la complicidad de las empresas productores y exportadores, la policía, el poder
político y la Justicia.
Daniel Solano
era un trabajador indígena guaraní oriundo de Tartagal, en la provincia de
Salta, que había sido movilizado junto con decenas de compañeros hacia la
localidad de Lamarque, en la provincia de Río Negro, para trabajar en la
cosecha de fruta en condiciones de esclavitud para la empresa Agro Cosecha (hoy
Trabajo Argentino), tercerizada de la multinacional Expofrut. Las pésimas
condiciones de vivienda, el atraso en el pago de los jornales y la negativa al
pago de lo establecido, hicieron que Solano organizara una huelga junto con
obreros de Expofrut. El día anterior a la huelga fue desaparecido. Según
testigo, la madrugada del 5 de noviembre de 2011 fue sacada del local bailable
Macuba en la localidad de Choele Choel por personal del Grupo BORA de la Policía de Río Negro y
subido a golpes a una camioneta policial (1). Desde entonces no
volvió a saberse nada más de él.







