24
10 2012
Fuente: MU
Fuente: MU
La
Cámara Criminal Tercera de General Roca, Río Negro, confirmó los procesamientos
con prisión preventiva para siete policías por la desaparición de Daniel Solano
y abona en el fallo la teoría de que se trató de un homicidio, con encubrimiento
civil y policial. La Cámara sostiene que de acuerdo a “la lógica, la
experiencia y el sentido común” lo más probable es que hayan asesinado a Daniel
para luego hacer desaparecer al joven de 27 años.
El
padre de Daniel, Gualberto Solano (Mu nº 57: ¿Nunca más?) sigue reclamando el
cuerpo de su hijo, voluntad que junto a las investigaciones de su abogado
Sergio Heredia han permitido dar vuelta un caso que parecía destinado a la
impunidad.
La
decisión de la Cámara ratifica la medida dictada en julio por el juez de Choele
Choel Víctor Soto, en sintonía con la investigación que trazó el abogado de la
familia Solano Sergio Heredia: mediante una serie de testigos (cuyas
declaraciones además filmó y en muchos casos subió a YouTube) Heredia logró
reconstruir la secuencia de hechos desde que Daniel Solano fue sacado del
boliche Macuba el 5 de noviembre de 2011, golpeado, llevado a un terreno
conocido como Isla 92 y desaparecido desde entonces. En ese momento Daniel tenía 27 años, y había
llegado hasta Río Negro desde la comunidad guaraní Misión Cherenta de Tartagal,
Salta, como obrero golondrina para la cosecha,
Fallo
fundamental
La
investigación de la familia a través del abogado, y del juez Soto, permitió
comprender la intervención de los siete policías en el caso. En los últimos
meses, el abogado Heredia viajó a Tartagal, la ciudad natal de los Solano,
donde reclutan empleados para trabajar en la cosechas del sur. Allí tomó
testimonio a dos compañeros de Daniel que fueron clave para la decisión de la
Cámara Criminal:
Heredia
incluso los trasladó hasta la fiscalía de Choele Choel, para que dieran su
versión sobre un rastrillaje en aquella Isla 92 donde Daniel fue visto por
última vez. Allí habrían encontrado la billetera y las zapatillas del joven
desaparecido, dos pruebas que la policía no sólo desestimó sino que hizo
desaparecer – de nuevo- del mapa. “El fallo es fundamental porque no solo
confirma el trabajo del juez y el aporte nuestro, sino que ratifica el
homicidio por parte de los policías. También cambia la figura de ‘apremios’ por
‘vejaciones’, y fundamentalmente acepta la teoría del encubrimiento y de las
pistas falsas”, dijo el abogado Sergio Heredia a lavaca.
Para
entender
Los
dictámenes de la Cámara pueden entenderse en tres partes:
La
muerte y desaparición: Se confirman los procesamientos con prisión preventiva
dictados en julio para los suboficiales Sandro Berthe, Juan Barrera y Pablo
Bender por “vejaciones, privación ilegal
de la libertad y homicidio agravado, todo en concurso real y en grado de
coautores”. A los suboficiales Pablo Andres Albarrán Cárcamo, Pablo Quindel y
Diego Cuelloc omo partícipes primarios de “privación ilegal de la libertad y
homicidio agravado”; y al oficial inspector Héctor César Martínez como partícipe secundario de
los delitos de “vejaciones, privación ilegal de la libertad y homicidio
agravado”.
El
encubrimiento: La Cámara Procesa como responsable del encubrimiento del
asesinato al oficial Héctor Martínez, atribuyéndole además los delitos de
“abuso de autoridad en concurso ideal con falsedad ideológica”.
El
cambio: La única modificación que hizo la Cámara al fallo del juez Soto fue la
de reemplazar la figura de “apremios ilegales” por la de “vejaciones”. La
diferencia es la mayor intensidad del castigo
y de los padecimientos que soportó la víctima.
Sentido
común, la desaparición
El
fallo se extiende sobre los vacíos que deja el rompecabezas de los testimonios:
la muerte y la cuestión del cuerpo: “No es injusto sostener -frente a este
cuadro indiciario muy fuerte- que hayan acabado en aquél último sector con la
vida de Solano, encargándose posteriormente -la lógica, la experiencia y el
sentido común lo indican- de hacer desaparecer el cadáver”. Que la Cámara hable
de lógica, experiencia y sentido común para referirse a una desaparición,
explica la vigencia de una metodología policial que involucra también casos
como el de Iván Torres, Luciano Arruga o Julio López, entre otros desaparecidos
en democracia.
Las
presunciones de la Cámara Criminal se basan en los testimonios de distintos
testigos que vieron cómo Daniel Solano era sacado del boliche Macuba (el fallo
agrega “injustificadamente”), llevado a la vuelta de la esquina, golpeado
brutalmente y luego trasladado en una Ecosport policial a la famosa Isla 92.
Esta secuencia fue relatada por el abogado Heredia en la Mu n° 57: ¿Nunca más?
según el testimonio de una joven con identidad reservada al que este 10 de
octubre la fiscalía sumó otro testimonio, de una persona que se encontraba
junto a un grupo de amigos en la esquina del lugar, desde donde habría
observado la secuencia de hechos.
Los
policías reconocidos
Este
nuevo testigo ratificó cada detalle: que a Solano lo sacaron del boliche los
policías Bender, Berthe y “posiblemente otra persona”, que en la vereda “lo
aguardaba el coimputado Martínez (…)
para sumarse luego a este grupo”; también que “los funcionarios policiales
Albarrán Cárcamo, Cuello, Quidel y Barrera” llegaron al lugar en una Eco Sport
policial en la que fue trasladado Solano (luego de que se le propinaran a la vuelta
“golpes de puños, patadas y con la probable utilización de un elemento
contundente”) “en dirección al puente de acceso de la Isla 92, siendo seguidos
de cerca por un Fiat Duna rojo (…) propiedad del coimputado Berthe y acompañado
por los indagados Martínez, Bender y Barrera”. Así quedan señalados los siete
policías que participaron de la secuencia y que, según la Cámara, “fueron los
últimos (y únicos) sujetos que estuvieron hasta el último momento con quien en
vida fuera Francisco Daniel Solano”.
La
billetera que faltaba
A
su vez, este 5 de octubre declararon dos compañeros de la cosecha frutícola de
Daniel Solano a quienes el abogado Heredia fue a buscar especialmente a
Tartagal, Salta.
¿Por
qué? “Descubrimos que estos compañeros habían encontrado la billetera de Daniel
en un rastrillaje”, dice el abogado Heredia en referencia al rastrillaje
realizado en la Isla 92 el 9 de noviembre de 2011, 4 días después de la última
vez que fuste visto Daniel. De ese rastrillaje aparentemente no se habían
obtenido resultados. Participaron tanto policías como compañeros de la cosecha
y los punteros de la empresa. Fue entonces que una de las personas que declaró
recientemente, de identidad reservada, encontró una billetera que otro
compañero identificó como de Daniel Solano.
“Llamaron
a la policía y llegaron dos vehículos. A esa billetera la pusieron en una
bolsita de plástico, pero luego
desapareció, y jamás se tuvo en cuenta
como prueba”, explica Heredia sobre ese encubrimiento. “Por este testimonio el
juez pidió más informes, que incluyeron uno de criminalística que registraba
una escucha por radio en la que se decía que habían encontrado la billetera. Y
a la oficial que escucha este radio se le hace una inspección indagatoria y
reconoce que en el llamado se piden bolsitas y además también se encuentran las
zapatillas”, asegura Heredia.
Cómo
lograr impunidad
El
encubrimiento de estas pruebas se complementó con la teoría falsa de un viaje
voluntario de Daniel a Neuquén, y desmintió a un supuesto testigo que decía
haberlo visto en la terminal de Choele Choel: el Tribunal valoró todo esto como
“pistas falsas”. El desbaratamiento de esta teoría pone bajo sospecha la
actuación del jefe de la Comisión Investigadora por el caso de Daniel, el
oficial Martínez. “Como jefe de la Brigada de Investigaciones de la Regional IV
de Policía, investigó las instancias preliminares de este terrible hecho,
desplegando una estrategia tendiente a desviar la ‘pesquisa verdadera’, para
lograr la impunidad del crimen”, asegura la Cámara.
Esqueleto
mutilado
Mientras
corren los procesamientos y los siete policías esperan el juicio detenidos,
sigue la investigación para encontrar el cuerpo de Daniel Solano. Según
Heredia, continúan los rastrillajes y los análisis del removimiento de tierras
en los lugares aledaños. Una pista: “Ayer se encontró un cuerpo a 80 kilómetros
de Conesa: un esqueleto sin manos y sin pies”. ¿La descripción coincide? “La
altura sí… pero es sólo el esqueleto. El torso tenía una remera con una
inscripción evangelista: No es la que tenía Daniel, pero es llamativo porque
los policías son evangelistas”.
Sobre
los miembros mutilados: “Nosotros tenemos la información de que el cuerpo había
sido atado de pies y manos”.
¿Cuándo
se sabrá si es Daniel o no? “Estamos esperando la autopsia… Hemos dado la
información dental de una muela que le faltaba a él para cotejar”. Gualberto
Solano, el padre de Daniel, sigue esperando. “Quiere el cuerpo”.
Cómo
disciplinan a los obreros
Tras
el escándalo que significó para la empresa Agrocosecha la desaparición de
Daniel Solano, todos los peones rurales volvieron a sus hogares. No sólo eso,
sino que el abogado Heredia avanzó judicialmente sobre los responsables de la
firma y los punteros que se encargaban de reclutar jóvenes de las barriadas
pobres del norte argentino.
La
teoría de Heredia es que ellos fueron parte indispensable del encubrimiento.
Dos nombres resonaron especialmente tras la desaparición de Daniel Solano: Hugo
Domínguez y Hugo Pachinda. Fueron señalados como el personal de Agrocosecha más
cercano a Daniel. Ellos lo habían conectado, y hacía 2 años que lo llevaban a
la temporada de cosecha de manzanos.
Daniel
era uno de los trabajadores que más conocía a la gente de la empresa, sobre
todo Hugo Domínguez; incluso jugaba en
el equipo de fútbol de Agrocosecha en el torneo regional. Esa cercanía le había
valido a confianza de los punteros para ofrecerle ser una especie de
representante entre los trabajadores. El ofrecimiento, para nada inocente,
llegó después del primer mes de trabajo y el pago: 800 pesos sobre los 1200
prometidos. Pero Daniel no sólo se negó a jugar del lado de la empresa sino que
planeaba junto a sus compañeros un paro en reclamo de lo que la empresa les
debía.
Policía
insólita
Dentro
de la propia empresa, además, moviéndose como grupo de choque y disuasión en
las gamelas en las que duermen los
peones, tenía sus sede la BORA (Brigada Operativa de Rescate y Antitumulto)
policía estatal que funcionaba como guardia privada parapolicial de la empresa.
Este mismo caso llevó a la provincia gobernada por Alberto Weretilneck a
disolver ese grupo. Weretilneck es el sucesor de Carlos Soria (quien fue
asesinado por su esposa).
El
caso y la persistencia de Gualberto Solano y del abogado Heredia han permitido
que la comunidad descubra lo ocurrido. Heredia sostiene que el sistema de
impunidad sigue vigente ya que hay empresas
que tienen en su nómina a empleados y punteros que fueron cruciales para
el encubrimiento de lo ocurrido con Daniel. En todo caso el juicio, que los
policías deberán esperar en prisión, determinará los alcances extrapoliciales
de un caso que revela no sólo las formas actuales de violación a los derechos
humanos, sino la genética de modelos económicos basados en la disciplina, la
obediencia, y el silencio.

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