Artículo de Natalia Vinelli en Sudestada
Publicado
el 04/11/2012
DE
PROFECÍAS, MONOPOLIOS Y CAMINOS ALTERNATIVOS
Natalia
Vinelli – Barricada TV
Publicado
en Revista Sudestada Nº 114, Noviembre 2012
Venimos
esperando que se termine el mundo desde que arrancó 2012. La profecía del
apocalipsis o el surgimiento de una nueva era, según la interpretación más o
menos libre que se haga del calendario maya, nos tenía lo suficientemente
preparados como para dejar que el tan agitado 7D nos oscurezca aspectos
centrales de la ley de medios que siguen sin cumplirse. El fundamental, porque
hace a nuestra práctica y porque consideramos estratégico en el marco de la
construcción de poder popular, es el de la legalización y el fomento de los
medios de comunicación alternativos, populares y comunitarios, que a tres años
de la sanción permanece en lista de espera.
Es
claro que la cercanía del 7 de diciembre trae aparejada la polarización de las
posiciones. Hoy todo se reduce a la pelea entre el gobierno y Clarín. Así los
balances sobre lo realizado en estos tres años desde que se aprobó la ley
26.522 quedan encorsetados en una lógica binaria, que impide la reflexión so
pena de “hacerle el juego a la derecha” (si se le hacen preguntas a la ley o a
su reglamentación), o de ser acusados de pertenecer al “coro de la dictadura K”
(si se denuncia la conformación de los multimedios en el país). Nuestra
propuesta es superar este binarismo haciendo todas las preguntas necesarias,
pero sobre todo, instalando en el debate haberes y debes de cara a una efectiva
aplicación de la ley.
Entre
los “haberes” o puntos a subrayar, el más importante para nosotros es el debate
que movilizó el proyecto y luego su aprobación. Pero no nos referimos a los
“foros” más o menos institucionalizados que se realizaron en el país, sino a
las discusiones en las calles, en los bares, en los hogares. La comunicación y
el papel de los medios sobre la subjetividad social pasaron de ser tema de “especialistas”
o “entendidos” a ser polémica en la mesa familiar, en el lugar de trabajo o en
el barrio. Reaparecieron categorías como “manipulación” y ejercicios de
“crítica ideológica” de los mensajes, que habían sido desechados desde la
investigación académica en beneficio de unos análisis que privilegiaban al
contrario la prolífica actividad de los receptores frente a los mensajes
mediáticos, y por lo tanto destacaban su libertad de toda determinación.
Aunque
sin ser profundizados y pese a verse simplificados de manera grotesca (por
ejemplo, en el programa oficialista 678), estos cambios favorecieron un
cuestionamiento generalizado al papel que los medios cumplen sobre el
imaginario social. El contexto regional, sobre todo a partir del golpe de
Estado en Venezuela en 2002, colaboró en este sentido, generando un escenario
proclive a la movilización que el gobierno, con el debate de la ley de
Servicios de Comunicación Audiovisual, supo capitalizar (sobre todo a partir de
otro binarismo, aquel que oponía la “ley de la democracia” a la “ley de la
dictadura”, dejando de lado que ésta última tuvo muchos más años de democracia
que de dictadura, que en democracia se acentuó su carácter excluyente y
concentrador y que los primeros años de kirchnerismo fueron más bien de
“simpatía por el demonio” que de denuncia de los monopolios).
No
obstante lo último hay que afirmar que la ley de medios significa un importante
paso adelante, y que abre un escenario más amigable con los medios
alternativos, populares y comunitarios que la anterior ley 22.285, que
directamente prohibía la comunicación que no tuviera como fin el lucro. Pero
que sea “más amigable” no significa que sea el marco legal más apropiado o que
mejor interprete las realidades de estos medios. Incluso ni siquiera son
tratados de este modo en el articulado de la ley, que los confina en la lavada
figura “medios sin fines de lucro”, igualando las experiencias dependientes de
las grandes fundaciones como la Ford o la AFA con los emprendimientos
comunicacionales de las organizaciones sociales, lo que los pone en situación
de gran desigualdad a la hora de pelear por el acceso a licencias.
El
problema de la definición de los medios populares según la herramienta legal
adoptada por los colectivos para funcionar y no por sus características y
objetivos no es una cuestión menor. Eso salta a la vista cuando se revisan los
pliegos de los dos llamados a concurso para televisión sin fines de lucro
convocados en 2011 y suspendidos a mediados de este año. Valores restrictivos
para la compra de los pliegos, 24 mil pesos por mes para el ARSAT en concepto
de antena, plan de inversiones en el corto plazo, declaración de empleados,
obligación de establecer relación de dependencia laboral con locutores o
programadores pueblan las bases y condiciones para concursar. No hay que rascar
mucho para advertir que estos requisitos no tienen nada que ver con la
televisión alternativa, popular y comunitaria.
En
este sentido, desde el Espacio Abierto de Televisoras venimos peleando por un
tratamiento como actor diferenciado dentro del sector sin fines de lucro. Esta
batalla no la pudimos lograr durante el debate en diputados, porque si bien se
describe a los “medios comunitarios” como tales en el artículo 4, no se vuelve
a utilizar esta denominación en el resto de los artículos. Luego, durante la
reglamentación de la ley, se hizo evidente que lo que faltó fue voluntad
política del gobierno y seguramente mucha más presión desde las organizaciones
populares para arrancar esta conquista, porque sí se estableció una
“diferenciación positiva”…, pero según los considerandos y la reglamentación
del inciso b del artículo 21, no para nosotros sino para las micro y pequeñas
empresas.
Más
allá de esto, que nos mantendrá organizados por nuestros derechos e intereses,
tampoco es que se haya avanzado en la legalización de los sin fines de lucro a
secas. Cosa notable, porque no existe ninguna medida cautelar que impida
avanzar en la legalización de las experiencias que vienen emitiendo, que se
censaron en 2009 (datos que no se dieron a conocer pese a ser información de
carácter público) y que transmiten sin ningún apoyo oficial. Ésta es una de las
deudas más importantes de la ley de medios: la demasiado lenta aplicación en lo
que hace a la efectivización del 33 por ciento del espectro radioeléctrico
reservado para este sector, que el Estado debiera garantizar y que es la única
manera de enfrentar a los monopolios instalando otra forma de hacer
comunicación.
¿Qué
es lo que demora la legalización de estos medios? ¿Por qué en estos tres años
se hizo tan poco por las voces populares? ¿Por qué, cada vez que se nos nombra,
se nos exigen requisitos y una “sustentabilidad” que el Estado y el mercado no
superan del todo bien, o directamente no superan si no es con financiamiento
estatal a través de la publicidad oficial? ¿Por qué, en cambio, 360 TV, la
UOCRA o C5N pueden “experimentar” en televisión digital solamente con un
trámite y sin concursar? Lo que está frenado hasta el 7 de diciembre es el
artículo 161 sobre la adecuación de los grupos multimedia a la nueva ley a
través de una medida cautelar presentada por Clarín, que ni siquiera es
extensiva al resto de los grupos que también tienen que desinvertir. Nosotros
peleamos por que la desconcentración sea a fondo; la denunciamos desde la
conformación de los multimedios en los noventa, escrachamos Clarín y Radio 10
en el 2001 y montamos nuestros canales y radios cansados de ver nuestras
realidades silenciadas o tergiversadas por los medios hegemónicos.
No
están suspendidos el resto de los artículos. Por eso cabe preguntarse, a tres
años de aprobada la ley (y no a meses o semanas del 7D), por las razones de
esta política, porque a tres años la lentitud deja de ser inercia para
convertirse en política. Creemos que los motivos hay que buscarlos en el
paradigma de la comunicación que se viene imponiendo, que apuesta más por el
cambio de manos entre un grupo empresario y otro que por el desarrollo de
medios en manos de los sectores populares. Ojalá en lo poco que queda hasta el
“fin del mundo” la nueva presidencia del AFSCA atienda estos reclamos y empecemos,
entonces, a escribir otra nota.—–
Fuente:
http://www.barricadatv.org/?p=323

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