Personas
con Discapacidad y neoliberalismo
Por
Luciano Andrés Valencia
El
presente artículo es un fragmento del capítulo 8º de un trabajo inédito
titulado «Breve Historia de las personas con discapacidad: de la opresión a la
lucha por sus derechos».
Durante la década de 1970 surgieron los primeros movimientos de Personas
con Discapacidad como continuidad de los movimientos por los derechos civiles
que protagonizaron importantes luchas en los años anteriores. Su objetivo era
luchar por mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad,
asegurar la accesibilidad al medio físico y social, y por el derecho a una
«vida independiente». Bajo el lema “Nada para Nosotros, sin Nosotros”,
reclamaban ser tenidas en cuenta en la elaboración de políticas de inclusión.
En esta época se comienza a utilizar el concepto de «Persona con Discapacidad»
en lugar de «discapacitado» o «insuficiente» del Modelo Médico Biológico,
dominante en las décadas anteriores, ya que hace referencia a la persona como
sujeto de derecho antes que a la discapacidad.
Como consecuencia de sus luchas se
fueron incorporando los derechos de las personas con discapacidad en las
normativas internacionales. En 1982 las Naciones Unidas aprobaron el Programa de Acción Mundial para las Personas
con Discapacidad. Pero el máximo logro obtenido por las organizaciones de
personas con discapacidad fue la aprobación de la «Convención sobre los
derechos de las personas con discapacidad» y el «Protocolo Facultativo» el 13
de diciembre de 2006.
Pero existe una contradicción entre los derechos establecidos por las
convenciones internacionales y las leyes aprobadas por los diferentes Estados,
y la realidad que supone la implementación a partir de las décadas de 1970 y
1980 de políticas neoliberales que tenían como objetivo desmantelar las
estructuras del Estado de Bienestar. En este época se produce la privatización
o tercerización de sectores clave como la salud, la educación, la seguridad
social o los planes de vivienda, mientras que las políticas de flexibilización
y precarización laboral suponen un retroceso de las conquistas obtenidas por la
clase obrera a través de sus luchas, llevando a una explotación que se asemeja
al capitalismo salvaje del siglo XIX.
Las personas con discapacidad se vieron severamente afectadas por el
capitalismo neoliberal debido a los recortes presupuestarios: los hospitales y
las escuelas públicas quedaron en muchos casos imposibilitadas de brindar la
atención y las herramientas de accesibilidad necesarias, y las obras sociales
no cubren la totalidad del tratamiento o el costo de los insumos (prótesis,
sillas de rueda, audífonos, implantes).
En el ámbito laboral el porcentaje de desocupación de las personas con
discapacidad supera ampliamente a la media de la población. Según un informe de
la OIT para 2005, el índice de empleo de personas con discapacidad era de 38%
frente al 78% del resto de la población. Esto se ha venido incrementando tras
la crisis económica de 2008, y en la actualidad se calcula que del 60% de la
población con discapacidad que están en edad de trabajar, el índice de desempleo
se encuentra entre el 80 y 100% por encima del promedio. Las personas con
discapacidad han pasado a superar la categoría de desempleados para pasar a
ocupar la de «excluidos» del mundo laboral, es decir, que ni siquiera pueden
ser pensados como trabajadores potenciales.
En El Capital (1859) Karl Marx
sostenía que existen dos tipos de Ejércitos Industriales: uno Activo y uno de
Reserva. Al segundo pertenece en algún momento toda la clase obrera, ya sea
cuando se encuentra desocupada o cuando trabaja a tiempo parcial. Sin embargo
existe un sector tan marginado que no puede llegar a formar parte del Ejército
Activo en ningún momento: son las personas con discapacidad, que no solo se ven
imposibilitadas de acceder al proceso de producción, sino que el mismo sistema
al generar la separación del hogar y el trabajo, y destruir las formas de
autosubsistencia de las sociedades tradicionales las deja marginadas
completamente del proceso de producción. Esto que teorizó Marx a mediados del
siglo XIX continúa teniendo plena vigencia a comienzos del siglo XXI.
Datos
de desocupación de personas con discapacidad en España. Fuente: El Pais, 30-11-
2012.
En el caso de las mujeres hay que mencionar que cuentan con menos
posibilidad que los hombres de encontrar empleo (lo que empeora con la edad) y
mas posibilidad de sufrir violencia física o sexual.
A esto se le suma los obreros y las obreras que quedan en situación de
discapacidad debido a las pésimas condiciones en las que deben ejercer sus
tareas. Según la OIT hay dos millones de fallecimientos anuales relacionados
con el trabajo, lo que equivale a más de 5.000 muertes al día, y que por cada
accidente mortal hay entre 500 y 2.000 lesiones de todo tipo, muchas de las
cuales generan discapacidad. Además, la OIT afirma que, por cada enfermedad
mortal relacionada con el trabajo, hay otras 100 enfermedades que provocan
absentismo laboral.
Ante un obrero que adquiere una discapacidad como consecuencia de su
trabajo, las empresas tratan de “sacárselo de encima” induciéndolo a jubilarse
por invalidez, debido a que sospechan que no podrá generar con su trabajo el
beneficio que se espera obtener de él, así como los aportes que ambos deben
realizar al Estado en materia de impuestos y cargas sociales. Esta expulsión
del mercado laboral constituye una violación al derecho a ganarse la vida
mediante su trabajo, y a las leyes de cupo laboral para las personas con
discapacidad.
Exceptuando a las clases mas pudientes, la abrumadora mayoría de las
personas con discapacidad sobreviven sin empleo gracias a los aportes
provenientes de: 1) su familia empobrecida aún mas por la presencia de una
persona con discapacidad que no representa ingresos y supone gastos
extraordinarios; 2) por las prestaciones sociales del Estado (siempre que ellas
o sus familias tengan conocimiento de su existencia y cuenten con el
certificado de discapacidad correspondiente); 3) a través de la limosna ya que
en el imaginario social son las únicas personas que se les reconoce el derecho
a limosnear; y 4) por los aportes de las instituciones caritativas y
religiosas, cuyos fondos provienen de la comunidad o del mismo Estado (1).
La Crisis Económica desatada en 2008 ha venido a empeorar esta situación
por lo que las personas con discapacidad se han venido a sumar a las luchas
contra las políticas de ajuste y recortes presupuestarios que se están
aplicando en todo el mundo. En Madrid protagonizaron una manifestación de 50
mil personas el 2 de diciembre de 2012 para reclamar a las administraciones
públicas el pago de los 300 millones que adeudados al sector y exigir al
gobierno del conservador Mariano Rajoy que deje de recortar sus derechos (2).
En Gran Bretaña varios movimientos de personas con discapacidad integraron la
Asamblea del Pueblo contra la Austeridad que, junto con organizaciones
sindicales, movimientos en defensa de los bienes comunes, asociaciones
feministas, ambientalistas y partidos de izquierda, se manifestaron en Londres
el 22 de junio de 2013 para reclamar contra los recortes presupuestarios
impuestos por las políticas de austeridad de la Unión Europea (3).
Pese al retroceso en los derechos económicos y sociales que representó
la implementación de políticas neoliberales, se ha producido en las últimas
décadas un incremento de la toma de conciencia de las personas con discapacidad
acerca de cuales deben ser sus derechos y obligaciones en la sociedad.
Inclusive en algunos casos se ha superado el reclamo por el “derecho a ser explotadas” dentro del
sistema capitalista, para plantear la necesidad de construir una nueva sociedad
basada en la solidaridad e igualdad, en donde no existan explotadores ni
explotados.
Referencias:
(1) Joly, Eduardo; (2007)
“La discapacidad: una construcción social al servicio de la economía”, en: http://www.rumbos.org.ar/discapacidad-una-construccion-social-al-servicio-de-la-economia-clase-facderuba.
(2) Publico.es, 2 de diciembre de
2012.
(3) Larrabeiti, Gorka; “La
izquierda británica se une, organiza y lucha”, en: Rebelión, 23 de junio de 2013.
Luciano
Andrés Valencia es escritor, autor de La
Transformación Interrumpida (2009) y Páginas
Socialistas (2013). Integra el Consejo Consultivo de la Comisión de
Accesibilidad al Medio Físico y Social de la Universidad Nacional del Comahue,
y el Consejo Local para Personas con Discapacidad de Cipolletti (Rio Negro).
Contacto: valencialuciano@gmail.com.

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