6 de septiembre de 2012

Los empleados de Mejor en bici, sin cobertura


Es medio extraño poder publicar una nota de este diario, pero en este caso, el título lo dice todo...

03.09.2012 | desprecio pro

 Las pésimas condiciones laborales del programa macrista que se promociona como sustentable.

        
Por: Enrique Masllorens

 Casi por casualidad, me contaron y luego me informé que el plan de movilidad sustentable de la Ciudad de Buenos Aires denominado Mejor en bici contiene una contradicción insoslayable e inexcusable.


El programa se promociona como una forma de mejorar el medio ambiente, propósito loable enmarcado en el desarrollo que actualmente tienen los llamados "derechos de cuarta generación" como los contenidos en el art. 41 de la Constitución Nacional. Sin embargo, para llevar adelante esta gestión, el gobierno de la Ciudad ha contratado a decenas de trabajadores que se encuentran totalmente desprovistos de cobertura social y jurídica. 
Lo cierto es que no se puede salir a promover algo que se autoasigne el carácter de "sustentable" cuando para ello se acude al deplorable método de dispensar condiciones indignas y salarios insatisfactorios a las personas que hacen posible el programa.
Veamos sucintamente de qué se trata. El plantel de trabajadores que atiende en los puntos de retiro y devolución de bicicletas habilitados (actualmente son 21), cubre en dos turnos de seis horas el horario de lunes a viernes de 8 a 20 y sábados de 9 a 15. Como cada estación cuenta con dos personas al menos, estamos hablando de un colectivo no menor de 84 personas, todos ellos jóvenes.
Para acceder al trabajo se los obliga a suscribir un contrato cuya copia no les es entregada y con la condición –para recibir un salario muy inferior al que percibe cualquier agente de la Ciudad– de inscribirse como "monotributistas" y expedir facturas como si se trataran de empresarios o autónomos. El colmo de este abuso lo constituye la exigencia de tributar "ingresos brutos", de manera tal que el empleador se queda sin causa legítima con el 3,5% de los magros ingresos del trabajador.
Por lo demás, las condiciones de trabajo de estos jóvenes trabajadores son deplorables. El lugar donde desarrollan sus tareas es un cubículo de chapa expuesto a las inclemencias del tiempo: en invierno extremadamente frío ya que carece de aislantes térmicos y en verano sofocante por el "efecto invernadero" que provoca su conformación estructural. Obviamente no cuentan con sistemas de acondicionamiento climático, siquiera ventiladores o estufas. Cuando llueve, como pudo comprobarse en una de las estaciones, las goteras humedecen el piso donde un enjambre de cables precariamente conectados a la red eléctrica, sin disyuntor ni cable a tierra alguno, ponen en riesgo la salud de trabajadores y usuarios, quienes no se percatan del constante peligro de electrocución a que se exponen en una suerte de "oficina" pública.
Otras condiciones higiénicas difícilmente podrían sortear el control de una aseguradora de riesgos del trabajo que, por otra parte, estos trabajadores no poseen para su cobertura, por estar injustificadamente marginados de la legislación laboral. Los baños químicos no reciben la atención debida, habiéndose producido entre las mujeres trabajadoras casos de infecciones urinarias. La provisión de agua en bidones estuvo cortada unas semanas por falta de pago. No existe lugar donde higienizarse las manos, pese a que los agentes están en contacto con el público, soslayándose cualquier exigencia básica sobre higiene y seguridad en el trabajo.
Como colofón a esta descripción reñida con básicos Derechos Humanos que ponen a estas personas que trabajan en una situación de indignidad existencial, se aprecia la inacción cómplice de la representación sindical que desalienta todo tipo de reclamos y advierte (en realidad amenaza) que quien exija lo que le es debido corre el riesgo de que no se le renueve el contrato, anunciando –además– que en el futuro esta actividad sería "privatizada" utilizando como "señuelo" una ilusoria hipótesis de efectivización con los futuros concesionarios. No puede sorprender a nadie que el gremio de los municipales conducido por el hombre de negocios Amadeo Genta, mire para otro lado. Quien fuera destacado como una joven promesa en 1975 por la revista de la Triple A El Caudillo y que ahora es socio del proyecto mesiánico y delirante de Hugo Moyano, sigue siendo coherente con su pensamiento y accionar de derecha.
En definitiva, esta es la real "manera sustentable" de regular una actividad laboral para el jefe de gobierno Mauricio Macri. Así es como trata el gobierno de la Ciudad a la juventud trabajadora. ¿Se acuerdan cuando en una publicidad electoral se decía que la boleta del PRO era una solicitud de empleo? La realidad confirmó en los chicos y chicas de Mejor en bici qué clase de empleo es la que obtienen los trabajadores bajo una administración macrista.
Para estos verdaderos abusos, de esta sistemática violación de derechos, no hay sumarios ni suspensiones, como en las escuelas. Tampoco un 0800 para denunciarlos. La política fascista del miedo y la construcción de enemigos se derrama sobre los porteños –con las banderas amarillas del liberalismo– acompañadas por falsos mensajes de amor, convivencia y de diálogo.
Esa política espeja sus propios temores y desprecio a los jóvenes, a los trabajadores, a la participación, a la política, y ¡hasta a El Eternauta! Por eso también se oponen al proyecto de ley que habilita el voto voluntario de los jóvenes entre 16 y 18 años. Y al igual que Macri, el otro subproducto de la alfabetización (cara), Francisco de Narváez, sigue repitiendo la estupidez de que "adolescente" viene de adolecer, de que algo les falta. No les voy a facilitar el trabajo: compren un diccionario etimológico, estudien y ¡dejen tranquilos a los jóvenes! «

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