OPINIÓN TRIBUNA
POR LUCAS ARRIMADA PROFESOR DE DERECHO CONSTITUCIONAL (UBA)
En el debate sobre la modificación de los Códigos Civil y
Penal, así como en materia constitucional, falta deliberación democrática.
18/09/12
Se encuentran abiertos diferentes procesos de discusión
sobre reformas legales, todos de relevancia política e institucional
superlativa . Desde el debate sobre la necesidad, oportunidad y utilidad de reformar
la Ley de leyes, la Constitución Nacional, hasta la posibilidad de sancionar
reformas integrales a Códigos tan centrales para la vida cotidiana de todos
como los Códigos Civil y Comercial y el Código Penal.
La historia de la Convenciones Constituyentes y de los
procesos de sanción y/o reforma de los Códigos se ha caracterizado por la
ausencia del actor clave de la soberanía política: la sociedad.
Los procesos constituyentes han sido producto de reformas
populistas o de pactos de elite, no a través de instancias horizontales,
mayoritarias y de debate público inclusivo.
Dejando atrás esas prácticas del pasado, hoy la democracia
debe ser precondición de toda reforma legal de relevancia.
Las reformas legales necesitan tanto política democrática
como saber técnico. Es más, los desacuerdos legales se resolverán, tarde o
temprano, en las arenas del debate público y de la política democrática.
Se suele citar el clásico de Carlos Nino “Un país al margen
de la ley” para hablar de la corrupción y de las prácticas anómicas de la
sociedad argentina.
Lo que suele olvidarse es que la propuesta superadora de
Nino era la participación de la sociedad en los procesos de deliberación
pública sobre las leyes consustanciales a la democracia.
Esto es: toda reforma legal tiene que tener el más inclusivo
debate social, a todo nivel, para construir la legitimidad e identificación
entre Derecho y Sociedad que reduce la “anomia boba”. Ese puente de legitimidad
lo construye la política democrática.
Esa participación, propiamente canalizada en un espacio
efectivo reduce la apatía y desconfianza social no sólo hacia la política sino
hacia un derecho que tantas veces resulta ajeno y hasta hostil.
Expandir el espacio público, hacer más abiertos y racionales
los procesos de justificación legal, menos secretos y cerrados, son
características de cualquier legislación moderna que se considere democrática.
Ampliar y extender el proceso de discusión de una norma que
se presenta como “un Código para 100 años” en los 90 días estipulados o abrir
el próximo debate en torno al Código Penal, no es sólo políticamente necesario
sino democráticamente obligatorio.
Tenemos un derecho a participar en el diseño del derecho que
se nos aplicará. Ese quizás sea uno de los derechos más importantes en una
democracia del siglo XXI.
La relevancia para la sociedad y la oportunidad democrática
nos deja frente a un desafío colectivo: evitar sancionar una Ley al margen del
País.
Fuente: http://www.clarin.com/opinion/reformar-leyes-debe-participacion-social_0_776322431.html

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