El dirigente
político peronista Jorge Rulli dijo que “la sojización es la colonialidad.
Nuestra principal riqueza es el suelo y con la soja podemos perderlo”.
Rulli llegó a Santa Rosa para dar una charla en la
Biblioteca de la Cámara de Diputados. Será hoy, a partir de las 19:30 horas,
bajo el título: “El modelo de país, la sojización y las nuevas dependencias”.
Vino de la mano del diputado provincial Darío Hernández.
Criticó el anuncio de Cristina Fernández reconociendo a
Monsanto por las patentes y por una segunda soja transgénica.
Dijo Rulli que el modelo de sojización fue impuesto y que
“la clase política no habla de políticas productivas”. Aseguró que la soja
“crea más pobres, junto a los programas sociales y la asistencia universal por
hijo. Pero no genera trabajadores, ni producción. Este modelo provoca una
crisis energética para sostener la producción de soja y los autos que andan por
todo el país”.
Jorge Rulli fue integrante de la Juventud Peronista Nacional
en los años ’50, junto a Felipe Vallesse. Estuvo exiliado. Cuando regresó al
país se dedicó al estudio del medio ambiente. Es creador del Grupo de Reflexión
Rural. Escribió el libro “Pueblos fumigados”. Realizó un informe sobre los
daños ambientales y sociales y las enfermedades congénitas provocadas por la
fumigación que entregó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, aunque
no sabe si la jefe de Estado lo leyó.
- ¿Cuáles son los problemas de este modelo de sojización?
- Es un modelo de colonialidad. No fue decidido por el país,
sino por Europa. Debido a una línea dura, Europa se queda sin los cardúmenes de
anchoita con la que se hacía la harina para la comida del ganado. Después vino
la vaca loca. En ese momento llega el Gobierno de Alfonsín, que necesita
divisas. Le sugieren la soja convencional. Después por presión de Monsanto
pasamos a la soja transgénica. Había un millón y medio y comenzamos aumentar un
millón y medio por año. Ahora hay veinte millones de hectáreas.
Se anuncia una segunda generación de soja, con consecuencias
imprevisibles porque vamos a salir de la Ley de Semillas que permite el uso
propio y entramos en la etapa de pagar patentes.
Lo más grave es la indiferencia de la sociedad y de la clase
política. Las consecuencias son: un fumigación masiva, con niños nacidos con
malformaciones, abortos, cáncer, despoblamientos del campo, ahora tenemos
megalópolis por todos lados. A algunos les parece bien.
El territorio se entregó a las corporaciones para el
monocultivo. Y la fragilidad de la economía argentina es total. No tenemos un
proyecto de país, a tal punto que lo que entra por soja sale para tapar la
crisis energética, para mantener todo el plantel de automotores del país y para
mantener el gas natural que abastece nuestras cocinas, porque llega en barco.
Se patea la crisis para adelante con la promesa de hacer más soja.
Con un agravamiento: comemos comida chatarra. Todo lo que
comemos posee una porción de soja para abaratar el producto. Además de la gente
que come milanesa de soja, que es una forma de suicidarse lentamente.
- ¿Cómo se sale de este modelo?
- Se anuncia una segunda etapa con bombos y platillos. Y una
cosa interesante es que a partir de que Monsanto se instala en Córdoba De la
Sota empieza a moverse como candidato. Hasta qué punto las empresas son
electoras. Hoy el que compite con Cristina es De la Sota. Que Monsanto haya
elegido Córdoba es un dato.
Se sale con planificación. Y el peronismo tiene que tener un
proyecto nacional. Vamos con viento de cola de los mercados globales.
Yo le expresaba al diputado Hernández la angustia por el renunciamiento
de la dirigencia política a tratar los temas productivos. No conocen, se
desinteresan, los proyectos se cajonean. No sólo por el peronismo, lo veo en la
izquierda, en Carta Abierta.
La política se hace con el subsidio, el subsidio por hijo, reivindicaciones
ideológicas, derechos humanos... no está mal. Pero lo malo es que la política
se desentienda de la matriz productiva y no le fije una ruta.
De la soja podríamos salir gradualmente. Se deberían
preservar zonas, provincias para destinar a otros cultivos para el mercado
nacional con productos sanos. Ir creando alternativas. Lo que se ve es el
proyecto agroalimentario que propone un 60% más de soja. Profundizar este hoyo.
Lo vemos en intelectuales como Horacio González o Juan Pablo
Feinmann, subirnos al consenso de Pekín, frente la crisis planetaria subirse al
tren de China. Pero nos subimos ahí porque producimos el forraje para sus
cerdos.
Censura en el INTA
Rulli dijo que para recuperar las tierras de la soja hay que
volver a la ganadería. “Hay oficinas del INTA donde la autocensura es muy
grande”, aseguró.
“Cuando habla el INTA es porque las cosas están mal. Dos
oficinas del INTA dijeron que como se terminó el petróleo se puede terminar el
suelo en la Argentina”, contó.
“Estamos ante una catástrofe peor a la del petróleo. En
zonas de provincia de Buenos Aires desapareció el perfil A del suelo. Es la
parte de arriba del humus. Estamos con el B”, dijo Rulli.
“Cada cuatro barcos de soja uno es de suelo. Nos da una
fiesta de dólares, pero hipoteca el futuro. Nuestros hijos no van a tener el
suelo que tuvimos nosotros. Y la principal riqueza argentina es el suelo. Con
la soja podemos perderlo”, concluyó.
Fuente: http://www.eldiariodelapampa.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=116795:rulli-con-la-soja-se-ha-entregado-el-territorio-a-las-corporaciones&catid=13:locales&Itemid=8#.UFnoc43iaAo

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