Por Brian Majlin y Daniel Mecca
A Beatriz Sarlo le molesta que la llamen reaccionaria. Lo
dice con esas palabras. Dirá que durante años viene discutiendo con aquellos
que atacan la legitimidad de los piquetes, una medida que – asegura- siempre ha
defendido porque entiende que no son equivalentes el derecho a transitar y el
derecho a un trabajo y a la dignidad. Dirá, durante una hora de entrevista con
Diario del Juicio, que su “identificación por las luchas sindicales y populares
es casi automática”.
La escritora e intelectual, que se siente más cómoda bajo la
caracterización política de liberal demócrata (o en el campo democrático de
izquierda), no duda en verbalizar su postura sobre José Pedraza, dirá que
haberlo sentado en este juicio “es de una fuerza impresionante”. Que Pedraza,
independientemente del veredicto de la Justicia, “es sin duda el responsable
ideológico de los métodos y del tipo de organización del trabajo que los
tercerizados tienen”. Y que “las armas están en manos de los grupos que rodean,
protegen, custodian y defienden a los jefes sindicales”. Sostuvo, además, que
en los últimos treinta años hubo en la Argentina dos planos históricos que no
se van a borrar: el juicio a las juntas militares y el de Pedraza sentado en el
banquillo.
Sarlo consideró que el caso de Mariano Ferreyra, a quien
observa como una figura “sacrificial”, no marcó una ruptura en el discurso
kirchnerista ni alcanzó un estatuto de quiebre político en el Gobierno. Sí, en
cambio, interpretó que la Rosada le puede soltar la mano a Pedraza en un
sentido aleccionador dentro del campo gremial, y que el kirchnerismo no va a
modificar el mecanismo de complicidad y negocios con el aparato sindical. “Si
Pedraza no está sentado en la CGT Balcarce es porque está preso”, sentenció.
Beatriz Sarlo, por otra parte, estuvo presente en el comienzo del juicio, el 6
de agosto pasado. Sobre esas impresiones comenzó la entrevista en su
departamento.
-El primer día (por el comienzo del juicio) siempre es una
puesta escena en el sentido más fuerte e ideológico, de aquellos que piensan
que por este juicio va a pasar un hilo de la democracia Argentina, que por el
resultado va a pasar una de las callecitas de la democracia del país. El primer
día no se puede evaluar en tanto juicio, que además no podría evaluarlo
judicialmente, pero sí en tanto testimonio ideológico de los que están allí
presentes.
-¿De quienes apoyaban ese pedido?
-Sí, tengo la impresión que es la gente que estaba
interesada en la condena de los culpables del asesinato; que toda esa muchísima
gente que estuvimos presentes, pertenecíamos todos a un lado de la apuesta que
se está llevando a cabo en este juicio.
-¿Qué representó para vos el crimen de Mariano en el marco
de esta democracia y la política de defensa oficial de los derechos humanos,
que hasta ese momento quizás no se discutía tanto?
-Ese escenario ellos lo habían evitado siempre, el de un
muerto o de una fuerte represión: el kirchnerismo lo evitó siempre; creo que
por razones políticas e ideológicas. Nadie quiere un muerto tirado en la puerta
de Casa de Gobierno. Ya habían tenido muertos y represión, pero era en el sur y
es como si los miles de kilómetros atenuaran el impacto político de esas
muertes.
Lo que representa el asesinato de Mariano Ferreyra y la
herida fatal que le infligen a la otra compañera (Elsa Rodríguez, militante del
PO) es el peligro de la ampliación del campo de alianza que va haciendo el
kirchnerismo, porque eso viene de su propio campo de alianza sindical. Si
Pedraza no está sentado en la CGT Balcarce es porque está preso. Entonces ahí
el kirchnerismo se debe haber anoticiado -quiero creer que el kirchnerismo o
Cristina (Fernández) o quien piense la cuestión se tienen que haber anoticiado-
que pasó una cosa terrible y que, aún peor, estuvieron al borde con diferencia
de meses de tener sentado en Balcarce 50 al responsable ideológico de los
métodos, aunque la Justicia probará o no si es el responsable ideológico de ése
o de esos tiros.
Pero es, sin duda, el responsable ideológico de los métodos
y del tipo de organización del trabajo que los tercerizados tienen.
Es decir que estuvieron al borde de tenerlo sentado ahí.
Pero para nosotros, el campo democrático de izquierda (ubique donde se me
ubique), no es exactamente una revelación: estábamos bordeando ese peligroso
territorio, habían sucedido hechos de represión de esa naturaleza. Hasta la
muerte de (Néstor) Kirchner evitaron esto de manera muy fuerte, pero no
pudieron hacerlo por completo. Y después de la muerte de Kirchner no hay nadie
que esté mirando con la misma tensión y conocimiento el campo de esa burocracia
obrera- creo que ese nombre no corresponde-; el campo de ese empresariado
mafioso sindical que ahora tienen sentado en Balcarce 50.
-A partir del momento del crimen de Mariano Ferreyra, cuando
esta actividad represiva kirchnerista estaba un poco velada en la esfera de lo público, ¿se marcó
un quiebre o una ruptura en el discurso kirchnerista?
-No creo que haya marcado un quiebre en el discurso; tampoco
parece quebrado por los cincuenta muertos de Once, que ni siquiera aparecen en
el discurso, lo cual se podría decir, en términos de desaparición del discurso,
es todavía más grave, porque lo de Mariano Ferreyra emerge en el discurso y los
cincuenta muertos de Once ni aparecen allí. No creo, entonces, que haya marcado
un quiebre como el asesinato de (Maximiliano) Kosteki y (Darío) Santillán marcó
un quiebre para (Eduardo) Duhalde: en cuanto Duhalde vio esos dos muertos que le
tiraron ahí -al margen de lo responsable que pudo haber sido, responsable no
inmediato sino mediato de la cuestión-fue al Congreso y renunció el 25 de mayo
a la presidencia. Eso fue un quiebre, que son los interesantes quiebres que
Duhalde ha tenido en su vida política y que tienen ese estilo. No me parece que
éste haya sido un quiebre, porque un quiebre tiene que ser registrado primero
en un nivel simbólico muy fuerte. ¿Quién fue al entierro de Mariano Ferreyra?
Eso es lo primero. ¿Quién dijo “acá estoy presente”? Eso hubiera sido un
reconocimiento simbólico muy fuerte, del mismo modo que recibir a padres,
madres, novios o hermanos de los muertos de Once, mientras (Cristina) recibió a
dos personas a las cuales les dijo: “Ya van a aprender lo que es el dolor”.
Cuando uno habla de quiebres, se habla en política de contenido simbólico
fuerte; después el juicio irá por otros lados, incluso pueden hacer los actos
de contenido simbólico fuerte y tratar de que Pedraza salga protegido.
- Hubo, en realidad, una reunión donde Cristina recibe a la
familia y fue utilizado como ese acto simbólico al cual hacés referencia,
presentado como la instancia donde el kirchnerismo “puso la cara”. Fue unos
meses después de la muerte de Néstor Kirchner.
-Efectivamente: hubo dos frases que se dijeron en el momento
de la muerte de Néstor. Una es “Nestor tenía a ese chico en la cabeza”, y la
otra que lo tenía a Moyano. Esas eran las dos preocupaciones. Nunca sabremos,
pero no quiero ser prejuiciosa: estoy convencida que para Kirchner fue un golpe
fuertísimo, no quisiera ejercer ningún prejuicio en ese punto. Primero porque
no hay ningún Presidente que quiera tener un perfil progresista o popular y
quiera un muerto obrero o militante. Esto seguro. Si recordamos la Argentina de
2003 en cualquier momento podían haber habido muertos por el nivel de
conflictividad muy alto, y él había hecho una política desde el principio de
pacificar el territorio y para eso tenía sus brazos territoriales; lo que él
quería evitar era un muerto. Entonces considero que eso tiene una verosimilitud
ideológica fuerte y me parecería injusto decir simplemente la otra alternativa,
de que lo tenía a Moyano en la cabeza, que había discutido con él 20 minutos
antes. Si bien uno no puede decir qué pasa por la cabeza de las personas, me
parece que políticamente tiene mucha verosimilitud.
-Suponiendo que eso sea así efectivamente y luego la
Presidenta recibe a la familia y ejerce ese acto simbólico de recibirlos y
decir que va ayudar a la causa. Sin embargo, después sucede lo de Once.
Entonces da a entender que los modelos sindicales y mafiosos siguen estando
vigentes…
-Eso no lo van a tocar, es su forma de funcionamiento que
desborda cualquier relación con el movimiento obrero: es la forma de
funcionamiento empresarial que tiene este Gobierno y creo que es la causa
última de todo esto, por lo que no creo que por el momento lo toquen. Este
Gobierno da muchas sorpresas, quizás en tres años aparece un equivalente de
(Miguel) Galuccio reformando los ferrocarriles, ahora le están quitando poder a
(Julio) De Vido…, pero por el momento no lo van a tocar eso.
-Recuperando tu respuesta anterior: ¿considerás que el
crimen de Mariano Ferreyra tuvo un efecto en el interior del Gobierno, aunque
no haya alcanzado el estatuto de quiebre político tal como mencionabas?
-Mi impresión es que no tuvo el efecto de lo de Kosteki y
Santillán, quizás porque la Argentina estaba más movilizada en ese momento,
porque se salía de la crisis de 2001 y había una movilización fuerte que
incluía a las capas medias (en este país cuando se movilizan las capas medias
es cuando la movilización se hace más visible y las obreras siempre transcurren
en lugares menos visibles); quizás ésa sea una razón, que el país no estaba
movilizado y las capas medias no están movilizadas, excepto sectores muy
politizados. Creo, entonces, que no tuvo el efecto de lo de Kosteki y
Santillán: esos nombres son como dos palabras que pronunciamos como si
dijéramos una sola, uno recuerda el acto, la foto del diario… Me da la impresión
que lo de Mariano Ferreyra –y aún que tuvo el libro de Diego (Rojas)
inmediatamente- no ha tenido ese mismo impacto.
En principio lo de Kosteki y Santillán lo lleva a Duhalde a
renunciar, tuvo un impacto institucional muy fuerte, una sociedad más movilizada,
más dispuesta a tomar banderas de ese tipo. No tengo la sensación de la misma
repercusión. Cuando (el día del comienzo del juicio) vi a esa mujer en la silla
de ruedas (por Elsa Rodríguez, herida por la patota) me dije: “Cuán poco la he
visto a esta mujer en la prensa”, porque es muy impactante, es una persona que
le han destrozado la vida; estaba con una médica que la acompañaba y
prácticamente no tiene una independencia en sus condiciones actuales. Y mi
reflexión fue ésa, qué grado de insensibilización relativa; no digo que la
prensa sea insensible a esto, no lo fue, pero comparando a los hechos que
llegan hasta 2003 sí creo hay una sociedad menos dispuesta a mantener durante
mucho tiempo abierto en su condición esta cuestión.
-Cuando mencionás este “impacto relativo”: ¿te referís en un
sentido institucional o de la sociedad?
-De lo que nosotros habitualmente vemos en la prensa, en los
medios de comunicación en su conjunto… Mi recuerdo de ella (por Elsa) era
completamente borroso, sabía que era una
persona que había quedado paralítica, o mal; verla fue como ver no solamente el
asesinato, sino un conjunto de consecuencias que tiñen la vida de las personas
para siempre, la de esta mujer y la de mucha otra gente; mi sorpresa fue ésa.
No es que la hubiera olvidado, sabía que había una mujer herida que había
quedado muy mal, pero no tenía un nivel de conciencia tan fuerte, como el
maestro atropellado en el sur, que era una cosa emblemática.
-¿Cómo evaluás estas diferencias de contextos entre lo de
Kosteki y Santillán y el caso de Mariano Ferreyra?
-Habría que reflexionar sobre el estadio ideológico de las
capas medias hoy en Argentina, que son y han sido muy importantes en la mayor o
menor movilización de la sociedad en su conjunto. Conocemos la movilización de
los Qom porque hubo sectores de las capas medias que fueron ahí, que lo
conocieron a (Felix) Díaz, lo acompañaron mientras estuvo en Plaza de Mayo. El
activismo en las clases medias es fundamental en un país como en Argentina o en
Chile, o en otros donde las capas medias son importantes y modernas. Creo que
habría que analizar entonces en cada momento en qué están las capas medias;
cuando la muerte de Kosteki y Santillán éstas estaban muy en carne viva, muy
heridas, todo el mundo tenía un primo que había caído, y cada uno tenía el
miedo de ser el próximo. Esta situación es inversa hoy: los primos que habían
caído ahora remontaron; los que cayeron y no remontaron son los pobres, los que
vienen de sectores obreros y populares, pero los de capas media sí lo hicieron.
Las capas medias estaban aterradas en ese momento, su propio destino estaba en
juego en los tres primeros años del siglo XXI. Hay que observar cómo está ese
sector que es fundamental para ver qué repercute en la sociedad argentina; fue
fundamental, por ejemplo, para el mundo de los Derechos Humanos.
-¿Pero creés que las capas medias son insensibles a lo
ajeno?
-No, para nada, porque no fueron insensibles en el momento
de los Derechos Humanos. Como todos los
sectores atraviesan momentos en que están más focalizados en sus propias
problemáticas y otros en que están más abiertos hacia problemáticas que las
trascienden. Pero cuando uno piensa en grandes movimientos de Argentina como el
de los Derechos Humanos, que durante la dictadura estuvo completamente aislado,
pero en los años que van desde el 83 empezaron a ser rodeadas por esos
sectores. Aquí sucede –y siempre se entiende mal– lo que decía Hannah Arendt:
que en condiciones de necesidad es muy difícil pensar lo político: las capas
medias viven menos en condiciones de necesidad que el 30% de excluidos de
la sociedad argentina, pero se entiende
mal porque se piensa que el 30% de la sociedad no puede pensar la política, y
yo digo que la gente que no vive en condiciones de necesidad tiene una mayor
disponibilidad para pensar lo político.
Pero hay que ver dónde se invierte esa disponibilidad de
tiempo. Creo que las capas medias son un elemento decisivo en la formación de
la izquierda argentina, que en el país es de un conjunto de dirigencias que
provienen de las clases medias y que, eventualmente, se encuentran con grandes
dirigentes obreros. Pero las dirigencias políticas provinieron de las clases
medias. El camino que un dirigente obrero tiene que hacer para convertirse en
un gran dirigente obrero es un camino mucho más largo el de un estudiante
universitario que va a constituirse en la dirección de una fracción política y
con muchos más desafíos. La importancia de esas capas medias en el siglo XX, en
América Latina, son fundamentales: en el movimiento de la Reforma Universitaria
o la Revolución Cubana, por ejemplo. Salvo en las insurrecciones campesinas,
las capas medias son fundamentales.
-Debe haber también tensiones y problemáticas en ese
sentido, porque los grandes medios le dan una visibilización fuerte al caso.
Clarín, que es el diario de clase media, lo puso en la sección de política.
-Los juicios son muy largos y seguirlos es muy difícil: por
el carácter específico y enigmático para quien no tiene formación legal. Sin
duda, cuando Clarín lo pone en política hace que sea más seguido que si no
estuviera allí y pareciera que se va a seguir. De cualquier forma, al llegar
los alegatos, de defensa y de querella, van a traerlo a lugares importantes. De
ahí lo fundamental que es el periodismo: no hay discusión sobre eso. De todas maneras tengo varios interrogantes
sobre cómo se leen los diarios y los portales de los diarios –que es donde son
leídos en realidad. Tengo serios interrogantes sobre qué es lo que lee la
gente.
-¿Sobre qué leen o qué interpretan?
-Primero sobre qué leen. Cuando chequeás en la nube de La
Nación a las dos de la tarde, qué se leyó o qué se está leyendo y decís:
“Quiero mudarme de planeta”. Sobre qué interpretan en este caso es demasiado
claro –en lo de Mariano Ferreyra–. Pero la gente, en general, lee su opinión y
nada más que su opinión.
-¿Qué representó para vos el crimen de Mariano Ferreyra al
momento del hecho y a medida que empezó a esclarecerse el caso?
-Es fácil decir que esto iba a pasar y uno queda como que ya
lo sabía, pero no quiero decir eso. Milité muchos años en un partido político
que decía que acá iba a haber un golpe de Estado. Y acá siempre había golpes y
tarde o temprano acertarían el pronóstico. Así era fácil. Yo no quiero decir
que esto estaba. Lo que digo es que las armas están en manos de los grupos que
rodean, protegen, custodian y defienden a los jefes sindicales. Las armas están
allí, lo hemos visto en la quinta de San Vicente cuando se pelean y uno ve las
fotos del tipo tirando. No es que uno dice que en cualquier momento va a haber
un muerto porque la Argentina no está en un momento que eso suceda a cualquier
momento, pero que haya un muerto no es algo que uno diga: “cómo puede suceder”.
Para poner un ejemplo: en Londres un policía mata una chica
brasilera en el subte en medio de la ola de ataques terroristas. Eso sale del
sistema en Londres. Un muerto en una manifestación de un grupo tercerizado
apoyado por grupos de izquierda, no sale completamente del sistema. No es ajeno
al imaginario, a lo que inconscientemente está en cierta dirección sindical.
Por un lado, era imposible predecirlo,
pero tampoco dije “es imposible, ¿qué me están contando?”. Están las
armas, hay una dirigencia sindical que está complacida con los procesos más
corruptos de la forma más capitalista de explotación de los servicios públicos,
que no está dispuesta a perder sus prebendas ni beneficios. Tiene hombres
aguerridos y ahora trenzados con las barrabravas. No parece imposible que
hubiera sucedido lo que sucedió. Eso pensé en ese momento. No fue algo que me
sorprendiera.
-En ese marco no sería extraño creer que pudieran quedar
impunes –quizás no (Cristian) Favale, más fácil de inculpar- pero sí el resto
que apoya a la CGT Balcarce, cómo decías. ¿Creés que está planteado que el
Gobierno le puede soltar la mano a Pedraza?
-No puedo presuponer sobre el kirchnerismo. Lo que les
conviene políticamente es que si se demuestra la autoría intelectual de
Pedraza, dejar que avance la Justicia. Porque además es una señal para los que
tiene sentado alrededor de: “Ojo, no se me desbanden, muchachos”. Y entrega a
alguien que ya no le sirve. Porque ¿de qué puede servir Pedraza después de
esto? Diría que les conviene dejar que la Justicia avance porque no es un tipo
que pueda servir mucho más allá de un voto en la confederal de la CGT.
-¿Aún con el conocimiento de los fraudes, corrupción y
negociados que tiene Pedraza?
-Si el Gobierno debiera actuar con el temor de que hablen
todos los que saben, debería radicarse en la Isla Martín García o en la Isla de
Marchi. Porque saber acá sabe todo el mundo. Lo que pasa es que los que pueden
hablar saben que son tantas las redes que los autoimplican que no pasa nada. Si
vivieran con el temor de que empezaran a hablar, se volverían todos mudos. Creo
que no hay que jugar con ese temor. (Sergio) Schocklender, para poner un
ejemplo, piensa que puede jugar con ese temor de que él va a empezar a hablar.
Pero no sé cuánto de eso no rebota y tiene efecto boomerang. Ha sido articulado
como una canasta de mimbre todo el entramado.
-Funciona entonces como un soltarle la mano como
aleccionador…
-“Pórtense mejor, y además yo, Cristina Kirchner, tengo
poder. No me hagan quedar mal ni me creen problemas inútiles”. Porque esta
muerte es trágica y además es inútil desde la perspectiva de una política
general. ¿Y qué va a hacer Pedraza? ¿Hablar de (Julio) De Vido? Si estos mismos
lo están sacando en un mes o un año por la habitación de servicio. De Vido no
va a hablar porque hablar es auto inculparse. Esa amenaza, aunque sea cierta,
no funciona con este Gobierno porque no ha hecho de la honestidad y la
transparencia institucional su valor. Nadie dice que vota a Cristina porque es
la presidente honesta, nadie dice eso… dicen porque tiene huevos, porque se
viste bien, porque les gusta, pero no por honestidad. Si Alfonsín hubiera
tenido problemas de transparencia institucional sí hubiera sido tremendo para
él. Él era transparente. Pero este Gobierno no tiene una imagen de
institucionalidad y no les preocupa.
-¿Los hechos de corrupción les resbalan?
-Bueno, (Amado) Boudou está ahí. En ningún país seguiría ahí
tan tranquilo presidiendo la sesión del Senado en la que van a indemnizar a él
o su amigo o familia o quién sabe (por Ciccone). Está ahí, sucede, pero no hace
que baje la popularidad de la Presidente, que, sola, una noche decidió que
Boudou sería vicepresidente. Creo que es más probable que si se demuestra el
compromiso de Pedraza en esto sí le pueden soltar la mano, el compromiso con la
Justicia y los Derechos Humanos es más fuerte. Porque ahí se afectaría lo que
ellos defienden.
-Tuviste una orientación de izquierda años atrás, y hoy la
mantenés con otros matices: ¿tuviste en ese sentido una identificación con la
lucha de Mariano Ferreyra?
-Sin duda. Mi imagen pública es de una persona que está
preocupada solo por la cuestión liberal democrática institucional. Mi
identificación por las luchas sindicales y populares es casi automática y,
aunque no se reconozca, en el curso de todos estos años he discutido con todos
aquellos que atacaban la legitimidad de los piquetes. Con todos. Siempre he
defendido la legitimidad de los piquetes, siempre he dicho que los derechos no
son derechos equivalentes: que el derecho al libre tránsito no es equivalente
al trabajo y la dignidad. Mi identificación tiene una alineación automática,
aunque mis temas eran los temas liberal-democráticos que son los que convoca la
política, para mí, en este momento. Sin duda se me identifica sobre los temas
liberal-democráticos, cosa que me parece perfectamente bien, pero me molesta
más cuando se me identifica con una reaccionaria.
-¿Como analizás esa simbología de Mariano Ferreyra como
militante?
-No sé si se avecina una reinstalación de la figura del
militante, que es una figura verdaderamente desprestigiada en la sociedad.
Entonces, si está desprestigiada esa figura surgen prejuicios
pequeño-burgueses: las veces que uno tiene que leer en los diarios que viene la
gente por el sandwich como si se pudiera movilizar gente de 70 kilómetros sin
que coman… Son cuestiones de gente que es muy ignorante. No sé si está
reemergiendo la figura del militante, no lo sé. Cuando reemerge fijate cómo es
el caso de Chile: lo hace en una figura como Camila Vallejos que está diseñada
para las capas medias chilenas. Pero, insisto, no sé si reemerge la figura del
militante acá, no lo veo. Como figura sacrificial sí, cualquier buena persona
va a decir: “este chico (por Mariano Ferreyra) se sacrificó, dio su vida”, pero
no sé si reemerge como figura deseable, porque nadie se identifica meramente
con una figura sacrificial, excepto en un momentos de auge revolucionario donde
podía haber grupos que se identificaban con el cadáver del Che (Guevara). Pero
hasta ahí: no veo hoy una sociedad dispuesta a identificarse con una figura que
tiene un elemento sacrificial muy fuerte.
-¿Le encontrás, sin embargo, un valor simbólico al caso de
Mariano Ferreyra?
-Sí, eso es importantísimo, haber sentado a Pedraza es de
una fuerza impresionante. El kirchnerismo borró el plano de televisión, pero el
plano de televisión donde mi generación vio a los Comandantes en Jefe cuando se
pararon para escuchar el veredicto es un plano del cual no se retrocede; se
puede hacer Punto Final, Obediencia Debida e Indulto, pero ese plano simbólico
no se borra, y no se borró; haber sentado a Pedraza es un plano que no se va a
poder borrar tampoco. No se va a borrar además para los dirigentes sindicales,
que van a decir ojo…
-De hecho, es la primera vez en la historia Argentina que se
juzga a un dirigente sindical como autor intelectual de un crimen…
-Eso no se va a borrar. Por supuesto todas las corrientes
sindicales van a ver cómo se ubican respecto a ese plano; (Hugo) Moyano no va a
tener ningún problema de ubicarse respecto de ese plano, porque es una
trituradora de sindicalizar.
-¿Y esto puede modificar el plano sindical?
-No lo sé, pero que
ése plano no se borra, no se va a borrar. Y ya es mucho: cuando vos metés en 30
años dos o tres planos decisivos ya es mucho, porque eso conforma un
imaginario. El de la condena a la Junta es decisivo, de decir “se puede”, con
los militares, con todo el poder de fuego porque estaban todos en los cuarteles,
se puede… Después hubo un retroceso terrible, pero el plano quedó y esto
también “se puede”, y si además hay una condena… Abramos la posibilidad de que
no haya una condena: aún así, el hecho del juicio ya es fundamental.
Fuente: http://justiciapormariano.wordpress.com/2012/09/08/beatriz-sarlo-si-pedraza-no-esta-sentado-en-la-cgt-balcarce-es-porque-esta-preso/

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