A DOS AÑOS DE LA MUERTE DE
MARIANO FERREYRA: Marcha de Congreso a Plaza de Mayo a las 15 Hs. Nota publicada por Pagina 12.
Todos los Ferreyra atesoran
algo de Mariano. Su hermano Pablo se guardó la gomera y a veces juega con ella.
Sus hermanas Paula y Rocío también guardan su ropa. El paso del tiempo y el
hecho de compartir la memoria.
Por Brian Majlin
Los ojos de Mariano
interpelan en las calles de Buenos Aires y en todo el país. Y hasta en ciudades
de Turquía o Grecia se han visto carteles con esos ojos chinos y morochos. Es
una mirada inquisidora. Nadie sabe bien en qué pensaría cuando le tomaron esas
fotos. Pero interpelan a millones de jóvenes. El próximo sábado 20 de octubre,
miles de personas marcharán por todo el país pidiendo justicia. En Capital irán
de Congreso a Plaza de Mayo.
Ese día se cumplirán dos
años del asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra a manos de
una patota criminal formada por miembros de la Unión Ferroviaria y barras
bravas, bajo la atenta desidia policial. Tenían motivos económicos: la UF
manejaba un negocio millonario a través de las tercerizaciones y los subsidios
estatales. Desde agosto, el asesinato y el entramado mafioso están siendo
juzgados en los Tribunales de Comodoro Py.
Mariano era el tercero de
cuatro hermanos. Dicen que era sucio, desordenado y cariñoso. Tímido, callado y
chistoso. Dicen que se adaptaba a todo. Que si no se adaptaba, se iba a su
cuarto a tocar la guitarra. Y que no soñaba con un mundo mejor sino que luchaba
para que existiera.
“Ese día yo estaba con mamá
anotándolo para un trabajo, y llama un compañero para avisar que le pasó algo.
Y dicen que le dieron un tiro en el tórax, que fuéramos al Hospital Argerich”,
explica Rocío, la hermana menor, de 22 años. Paula, de 27, estaba trabajando.
Pablo, de 32, también. No sabían cómo reaccionar, se llamaron, se avisaron y
salieron en un remís al hospital. Ahí, en la puerta, la doctora les dijo que
intentaron salvarlo, pero que nada habían podido hacer.
Llegó Pablo y dijo: “Mami,
tranquila, se va a poner bien”. Y Beatriz Rial –la madre– le dijo: “No, llegó
muerto”. Pablo rompió varias cosas que tenía a mano. Rompió en llanto. Rocío no
lloró, y recién a los dos días pudo hacerlo. Dice que veía los videos “sin
poder caer”. No recordaban ni entendían el paso del tiempo. Entraron Beatriz y
Rocío a ver el cuerpo –Pablo y Paula no quisieron–. Beatriz abrazó a Mariano.
Luego salieron. A la noche, Rocío durmió con su madre. Paula durmió con su
novio. Pablo con la suya. Nadie quería estar solo.
Desde ese momento nunca más
lo estarían. A casi dos años, sus hermanos llevan el recuerdo tatuado en la
rutina. Mariano tenía 23 años. Pablo acaba de ser papá de León hace unos días.
Todos ellos tienen los ojos igualmente chinos y morochos. Los ojos Ferreyra.
–¿Cómo los encuentra el
segundo aniversario?
Pablo: –El tiempo pasa y,
aunque el juicio reabre muchos sentimientos y recuerdos, a uno le da una
perspectiva diferente. Estoy mucho más preparado para el reclamo de justicia y
la ausencia de Mariano. E involucrado con lo que es la marcha del 20. Hasta que
no haya justicia, no soltaré esta causa, aunque con el nacimiento de mi hijo
estoy enfocado en eso.
Paula: –Con lo de León uno
está más en otra cosa. Se está haciendo justicia, y si bien no sé cuándo será,
en cierta forma me siento más completa.
Rocío: –Es raro vivir el
juicio también porque nunca creés que te va a tocar. Parece una película.
–¿Les afecta ver la imagen
de Mariano en carteles y banderas?
Paula: –Hasta hace un mes no
veía fotos ni videos. Ni la bandera del PO podía ver. Ahora estoy mejor, vas
procesándolo. Por otro lado me da mucho orgullo.
Pablo: –Hay una
reconciliación con la militancia y la iconografía. Aunque a mí nunca me resultó
cómodo, nunca me puse una remera. Pero me parece natural que su imagen la tomen
los compañeros del PO. El era militante del PO, murió militando y luchando.
Rocío: –Es extraño, porque
dejó de ser propio y es de todos, pero para uno sigue siendo el hermano y no se
da cuenta.
Paula: –O se da cuenta, pero
no deja de verlo como el hermano. El hermanito más chico, el más bueno y
cariñoso.
–Su muerte impactó y fue
tomado como referente por la juventud.
Pablo: –Sí, pero a veces
creo que deberían apropiárselo más. Los jóvenes, los que luchan contra las
injusticias, los pibes de los secundarios. La muerte de Mariano llamó la
atención porque es una contradicción que hay entre una reivindicación de los
derechos humanos y la muerte de un militante. Siempre la juventud es la
golpeada, sea de clase popular o luchadores.
–Vos, Pablo, quedaste como
referente en algún sector social...
Paula: –Nosotras nos
guardamos un poco porque él es más politizado desde siempre.
Rocío: –Yo había ido a
alguna marcha por Cromañón, pero no militaba.
Pablo: –Me toca lidiar con
eso, pero también hay que utilizarlo para que jamás vuelva a pasar. Es un rol
que uno tiene, sé que no puedo resolverlo yo, pero puedo aportar desde mi lugar
y difundir ciertas cosas que quedan tapadas. Si el costo es la muerte de
Mariano, hubiera preferido el anonimato.
Pablo y Mariano eran muy
unidos, pero hablaban poco de política. Se acercaron al PO con poco tiempo de
diferencia. Primero Pablo, luego Mariano (tenía 14 años). “Cuando coincidís, no
hablás tanto de política”, dice Pablo. La última discusión que tuvieron fue por
TVR. “El decía que estaba muy kirchnerista y yo le decía que sí, que obvio que
estaba kirchnerista, pero que eso estaba bien –se ríe y luego piensa en voz
alta–. Y eso que TVR no estaba tan kirchnerista: si lo viera ahora, se vuelve a
morir.”
Pablo se ríe. Sus hermanas
no hablaban mucho de política tampoco. Recuerdan más sus charlas sobre cine y
música. Tocaba la guitarra –”era bueno”, dice Rocío admirada–, el acordeón –que
vendió para comprar un órgano que hoy tiene Pablo– y dibujaba muy bien. Pensaba
estudiar Historia. Eso decía. Era un pibe urbano, de clase media, en busca de
qué ser. Y de qué hacer.
Todos los Ferreyra atesoran
algo de Mariano. Pablo se guardó la gomera y a veces juega con ella. También un
par de poemas, y una foto de la toma de Sasetru en la que militaron juntos en
2002. Y una remera que usó Lionel Messi con el nombre de su hermano, para una
revista.
Paula dice que siempre fue
la más mandona. Se ponía muy mal por el malestar de Mariano. Que hizo terapia
para soportar que a Mariano le pasaran cosas malas, como robos o desventuras
amorosas. Rocío lo retaba por su desorden. Ambas guardan ropa de Mariano. Bajan
la mirada. Tienen los ojos llorosos. Los mismos ojos de Mariano.

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