Nota de Página12.com.ar
Después de 20 meses de cárcel, María Ovando enfrenta hoy el
juicio que representa la más grave llaga y contrasentido de la Justicia penal,
la del profundo desequilibrio que ejecuta para poder afirmar que su balanza es
equilibrada. María Ovando es juzgada por la muerte por desnutrición de su hija
Carolina, de 3 años, en marzo de 2011, en un monte perdido cercano al caserío
de Colonia Mado, al norte de Misiones. El proceso, además, es la más pura
demostración de sustitución de responsabilidades. Sus abogados, Eduardo Paredes
y Roxana Rivas sostienen que en lugar de la acusada debería estar sentado el
Estado. La mujer, con 12 hijos –la mayoría indocumentados–, indigente, y sin
haber recibido nunca la Asignación Universal por Hijo, recién fue tomada en
cuenta para ser castigada. De hecho, sobre su hija Carolina, “el único
documento oficial que dice que existió es su partida de defunción”, dijo
Paredes a Página/12. La Defensoría General de la Nación, la Asociación
Pensamiento Penal, Vilma Ripoll, y una serie de organizaciones feministas, se
presentaron como amicus curiae. En 2004, por la misma razón y en la misma
situación de abandono, Librada Figueredo fue sobreseída por la muerte de dos de
sus hijos. No fue posible ubicar a Figueredo para saber si, liberada después de
20 meses de cárcel, fue abandonada otra vez a su suerte. Todo indica que sí. De
otro modo, el error estatal sobre María Ovando no se hubiera repetido. Y
Carolina… Carolina estaría viva.
Aunque el proceso judicial contra María Ovando, de 37 años,
se inició en marzo del año pasado, la muerte de Carolina, su hija, pendía sobre
su cabeza mucho antes de su propio nacimiento. Pero sólo el proceso es una
radiografía de lo injusta que suele ser la Justicia penal cuando se aplica como
solución a las dificultades sociales. María Ovando tuvo 12 hijos. Nueve con su
primera pareja, todos reconocidos por el padre, del que luego se separó. Más
tarde estuvo en pareja con un hombre, del que se separó para ponerse en pareja
con el hermano de aquél, y con quien tuvo tres hijos más, entre ellos Carolina.
Vivía en el monte, lejos del centro de la Colonia Mado, un caserío dentro de la
jurisdicción de Eldorado, pero demasiado lejano como para que la asistencia
social y sanitaria llegara con la asiduidad necesaria.
Varios de sus hijos estaban indocumentados. De hecho,
Carolina no existía para el Estado, que ahora pretende castigar a su madre
luego de labrarle su único documento, una partida de defunción. Ovando
alimentaba a sus hijos con una comida típica, el reviro, una mezcla de harina,
agua, grasa y huevo. Y llevaba una vida de picapiedras, en el sentido más
literal del término: picaba piedras para cobrar unos 17 pesos por el trabajo.
“Cobraba un bono de Nación de 117 pesos –describió Paredes–. La omisión del
Estado provincial es no haber denunciado la indocumentación para incorporarlos
al sistema. Se violan la Convención de los Derechos del Niño al no otorgarle la
Asignación.” Todavía más, cuando la detuvieron, a María Ovando le quitaron su
bebé de dos meses al que alimentaba con su leche.
“En el expediente no figura la causa de muerte –explicó el
abogado–. Lo único que importó fue procesarla y dejarla que se arreglara como
pudiera.” En 2004, el juez Roberto Saldaña procesó por doble abandono de
persona seguida de muerte con agravante por el lazo de consanguineidad a
Librada Figueredo, y la mantuvo presa por casi dos años. Fue a juicio y la
fiscal Claudia Katok no presentó acusación y Figueredo fue liberada. Hoy, otra
mujer es enjuiciada procesada por el mismo Saldaña.
fuente
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-208107-2012-11-19.html

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