Las organizaciones y funcionarios firmantes repudian el
proyecto de ley aprobado esta tarde por la Legislatura Bonaerense, a partir de
la propuesta del gobernador Daniel Scioli, de limitar las excarcelaciones en
caso de portación ilegítima de armas de fuego. La justificación de este nuevo
proyecto es que permitirá controlar la circulación de armas y, como
consecuencia, reducir los delitos más violentos.
Nuevamente, el poder político insiste en la demagogia
punitiva que procura responder a las demandas sociales de seguridad con el
endurecimiento del sistema penal. Bajo estos mismos argumentos, en los últimos
años se impulsaron más de treinta reformas procesales y los resultados han sido
un fracaso. Ante la persistencia de los problemas, se propone una nueva ley que
tampoco impactará sobre el mercado ilegal de armas ni reducirá la violencia. Es
falso que esta medida sea la solución a la preocupación social por el uso de
armas de fuego. En términos de una política de seguridad seria, sustentada en
diagnósticos empíricos, las armas circulan porque el mercado ilegal está
protegido y controlado por las mismas autoridades policiales. El propio Senado
provincial, en el informe sobre el “Caso Candela”, advirtió sobre la
degradación y la inserción de redes ilegales en la Policía Bonaerense. Las
autoridades y las distintas fuerzas políticas siguen evadiendo la
responsabilidad de atacar ese mercado y romper las redes que lo sostienen.
Diversos expertos en políticas de desarme han manifestado que esta iniciativa
es la opuesta a la que se debería impulsar.
Para dar respuesta a las graves fallas en materia de
seguridad e investigación criminal, no se requiere más encarcelamiento preventivo,
sino avanzar en reformas institucionales y voluntad política de atacar los
verdaderos problemas. Las respuestas simbólicas de este tipo, además de
alimentar la retórica, tienen un impacto muy profundo en los barrios populares,
que son los que sufren la persecución y el hostigamiento policial, mientras los
dueños de los negocios circulan libremente.
En contradicción con lo que se sostiene públicamente, esta
ley profundizará la lógica de trabajo policial, que redunda en detenciones
ilegítimas, plantado de prueba y, en los casos más extremos, ejecuciones.
Ampliar los márgenes de acción de los funcionarios policiales durante las
detenciones, bajo la excusa de atacar el mercado ilegal de armas, implica
legitimar las políticas de endurecimiento penal que sólo recaen sobre los
jóvenes y los sectores sociales más pobres. Esto, sin dudas, implicará una
grave amenaza para la vigencia de los derechos humanos en la provincia.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) y la Corte
Interamericana de Derechos Humanos han afirmado en reiteradas oportunidades que
no pueden existir delitos no excarcelables y que la única posibilidad de privar
de libertad a un individuo sin condena es por la acreditación de peligro
procesal. Además de este vicio de inconstitucionalidad, la nueva ley no
responde a una política de seguridad democrática y consistente y aumentará la
cantidad de detenidos en condiciones absolutamente indignas. Alimentar la
demagogia punitiva tiene altos costos sociales, aunque pueda verse como una táctica
política beneficiosa en el presente.
Asociación Civil La Cantora
Asociación Pensamiento Penal (APP)
Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)
Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos
(CEPOC) Comisión Provincial por la Memoria (CPM)

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