El chirrido de una motosierra acalla la voz de Emilio
Herrera Molina, miembro del tribunal que el 11 de diciembre pasado absolvió por
unanimidad a los 13 imputados del secuestro y la promoción de la prostitución
de Marita Verón. Un motociclista acaba de morir aplastado por un árbol, justo
bajo la ventana de su despacho. “Eso es mala suerte”, opina el juez este
viernes sin mayas ni fin del mundo.
Aunque aquel accidente demuestre que siempre se puede estar
peor, el staff de la Sala II de la Cámara Penal de Tucumán tiene preocupaciones
de sobra. Mientras los Tribunales cierran 2012, Herrera Molina y sus pares
Alberto Piedrabuena y Eduardo Romero Lascano deliberan sobre a quién
contratarán para que los defienda en el juicio político que se avecina. Susana
Trimarco, la todopoderosa madre de Marita, ha pedido sus cabezas y el Gobierno
de José Alperovich parece dispuesto a entregárselas.
“Venimos de diez meses de juicio oral… Hemos vivido un
infierno”, confiesa a PERFIL Herrera Molina, de 69 años. Y añade: “Lo más fácil
era condenar, pero esto iba en contra de nuestras convicciones. Aquí nos
tomamos en serio el Estado de derecho”.
En eso llega Piedrabuena con el mamotreto de la sentencia
completa: 700 fojas a tono con los cincuenta y tantos cuerpos que acumula el
expediente. “Nuestra función consiste en decidir: no estamos facultados para
investigar ni para remendar una instrucción deficitaria”, explica el juez.
Los considerandos que entregaron este miércoles desmenuzan
los 120 testimonios recibidos y demás constancias de la causa: nada disipa,
según el tribunal, la incógnita del 3 de abril de 2002, día de la desaparición
de Marita Verón. Los errores investigativos que identifican Herrera Molina y
Piedrabuena incluyen desde una escasa exploración del entorno familiar de la
joven hasta decisiones que consideran inexplicables (“¿por qué no citaron a
declarar a Rubén Ale si estaban tan convencidos de que protegió a los supuestos
secuestradores?”, interrogan).
“Sin duda, éste es el caso más difícil de nuestra carrera”,
evalúa Herrera Molina, que accedió a la magistratura en 1986. “Ningún tribunal
lo quería. Yo hice el sorteo (de causas entre las salas), de modo que soy el
responsable”, añade con humor Piedrabuena, que tiene 61 años y es juez desde
1984. Eduardo Romero Lascano, de 66, se integró a la Sala II en 2011, tras
trabajar como abogado en el Reino Unido. De los tres, el último es el de más
bajo perfil: no presenció la lectura de los fundamentos y sólo entró en esta
entrevista para saludar. Romero Lascano, que es primo de Edmundo Jiménez, ministro
de Gobierno y Justicia, pertenece a la camada de jueces seleccionados por el
sistema de concursos públicos implementado en la provincia a fines de 2009.
Al menos Herrera Molina y Piedrabuena afirman que intuían el
terremoto oculto en el caso Verón. “La altísima mediatización estaba a la
vista”, postula uno. “Nosotros no tenemos preparación para tratar con la
prensa”, añade otro. Ambos contestan la acusación de cobardía recordando que su
tribunal emitió más sentencias condenatorias que de las otras. Respecto del
rumor de que Ale les habría dado una millonada por el fallo (versión animada
por Trimarco y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner), declara Herrera
Molina: “No somos (el juez federal Norberto) Oyarbide, sino ciudadanos
sencillos. Vivimos y trabajamos en lugares austeros”.
Dicen que ganan entre 36 mil y 40 mil pesos por mes. Y que
el descontento de la sociedad con la Justicia podría solucionarse con juicios
por jurados. También insisten en que el fallo aún puede ser apelado y recuerdan
que remitieron las actuaciones a los Tribunales de La Rioja para que
investiguen las conexiones de algunos imputados con la prostitución. Por
último, piden: “Ahora esperamos que quienes nos enjuicien sean tan justos e
independientes como lo fuimos nosotros”.
fuente
http://www.perfil.com/ediciones/2012/12/edicion_739/contenidos/noticia_0065.html

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