Conflicto obrero en Concepción del Uruguay
Desde el 13 de diciembre, los trabajadores del Molino San
Patricio, en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, tomaron la planta en reclamo
de los sueldos y aportes adeudados y en defensa de su fuente de trabajo. Aquí,
el relato de una historia de lucha plagada de empresarios y políticos
corruptos, estafas y negocios turbios que llevaron a que 50 familias hoy estén
peleando por el pan de todos. Por Soledad De Battista- Revista Mascaró
Un sonido estridente de sirena surca el aire y penetra las
casas del barrio del puerto en Concepción del Uruguay. Son los trabajadores del
molino harinero que, varias veces al día, dan señales de permanencia, y de
resistencia. Desde el pasado 13 de diciembre, 43 obreros del Molino San Patricio,
ubicado en la zona portuaria de la ciudad entrerriana, tomaron las
instalaciones de la empresa. El motivo de la medida es el adeudamiento de dos
meses y medio de salario y la defensa de la fuente de trabajo. La planta es
actualmente administrada por la empresa Alimentos San Patricio S.A, y los
obreros decidieron permanecer en ella hasta tanto se tengan respuestas
concretas y una solución definitiva.
Guillermo y Miguel trabajan para Alimentos San Patricio hace
9 años. Ambos rozan los 25 años de edad y por primera vez se enfrentan a una
lucha de estas características, pero algunos de sus compañeros más viejos
vivieron en el lapso equivalente a su edad tres situaciones de quiebra a raíz
de la mala administración de las distintas empresas que explotaron la planta.
Revista Mascaró se acercó a la empresa en conflicto y dialogó con los ellos y
otros compañeros que se fueron sumando, quienes explicaron que la toma de las
instalaciones surgió como última medida para reclamar pagos atrasados, aportes
patronales y la defensa de sus puestos de trabajo ante un evidente vaciamiento
por parte de la empresa.
“Esta es la cuarta vez que se cierra esta fábrica, la
metodología siempre es la misma: cambio de propietarios que presentan quiebra,
un par de años cerrada la planta y luego su apertura con la necesaria
reincorporación -y eliminación- de mano de obra”, narraron los trabajadores
como si hablaran de un cuento conocido de memoria.
“Desde el 2003 somos empleados de Alimentos San Patricio,
pero el edificio y la maquinaria, pertenecen a Juan Carlos Crovella, empresario
que vive en Buenos Aires y alquila las instalaciones a distintas firmas”,
explicaron los obreros, quienes advirtieron que la producción se detuvo hace
tiempo. Según narraron, hace dos meses y medio la patronal comenzó a dar
vacaciones indefinidas y la materia prima se iba diezmando, esto enmarcado en
el traspaso de manos de la empresa.
Lo que llama la atención de los empleados es cómo se fundió
una empresa que durante cinco años “molió de lunes a lunes, trabajando y
exportando a muchos países. Lo que nos preguntamos es donde está la plata. La
planta está parada hace dos meses. El 27 de octubre nos dieron vacaciones y nos
dieron la esperanza de que esto iba a seguir trabajando pero nos mintieron y
nunca nos pagaron nada”, expresó Guillermo.
El telón de fondo
Argentina ha sido uno de los principales exportadores de
trigo. Pero esta producción ha ido disminuyendo desde los 90, por la mayor
presencia del cultivo de soja que se introdujo en la región, acompañado de
importantes innovaciones tecnológicas, que permitieron obtener mayor
rentabilidad a menor costo. Según el trabajo titulado Innovaciones tecnológicas
en los 90: industria molinera argentina, de María Laura Viteri y Graciela
Ghezán (2002, INTA EEA Balcarce /FCA UNMDP), esto se suma a un proceso de
concentración de capitales -las tres primeras empresas absorben casi el 50% de
la molienda total- y su incipiente proceso de extranjerización, a partir del
ingreso de firmas transnacionales como Cargill en la rama productiva, que
favorece el negocio a los grandes molinos y exportadores, en desmedro de los
pequeños productores.
En dicha investigación afirman que “el 48% restante de las
harinas se elabora en unos 75 molinos, dentro de los cuales existe una amplia
heterogeneidad en cuanto a tamaño de planta y volúmenes procesados. Unas 40
empresas absorben el 8% restante del mercado. Se trata de molinos pequeños, con
una capacidad promedio de producción de 30 ton/día, la mayoría de los cuales se
hallan en difícil situación económica, con problemas impositivos y logrando
subsistir a través de la producción a fasón”.
Por otro lado, y como sucedió de manera extendida en la
década del 90, los regímenes de empleo fueron afectados por una nueva
legislación laboral y empresarial, donde la flexibilización en las formas de
contratación y empleo fueron socavando los derechos de los trabajadores y se
instalaron modus operandis al servicio de los artilugios patronales. Uno de
ellos es la conformación de sociedades anónimas que tras decretar el quiebre de
la empresa para deshacerse de las deudas y barrer con los derechos laborales,
vuelven a abrir y operar en el mercado con una nueva firma, o simplemente
desaparecen dejando familias en la calle.
En este caso, se suma la escasa producción de trigo en la
región en el último año y la prevalencia de la exportación del grano.
Actualmente, el trigo cosechado va a parar a manos de grandes acopiadores y
exportadores -como LDC (Louis Dreyfus Comodities) o a asociaciones
cooperativas, existiendo una concentración cada vez mayor en la
comercialización de grano. Con esta política, no sólo se dificulta la obtención
del grano de trigo para moler, sino que se retrocede en el desarrollo de la
producción y el comercio (también de exportación) de productos con valor
agregado (como es la harina) que dice promover el modelo kirchnerista actual.
Crónica del vaciamiento
La trama del conflicto en el molino entrerriano es compleja.
El dueño de las instalaciones es Juan Carlos Crovella, propietario de Goloeste
S.A., un empresario que vive a más de 300 km del lugar, y desde allí decide el
destino de la fábrica. Desde el año 2007, mantiene un contrato de locación con
la empresa Alimentos San Patricio S.A., que a su vez tenía un convenio de
molienda con Molinos Victoria, empresa santafesina productora de trigo, que a
partir de contar con una estructura multiplanta, duplicó su capacidad
productiva y consolidó su ingreso en la industria para el mercado interno y
fortaleció su desarrollo en exportaciones a países del MERCOSUR. El molino de
Concepción, tiene a estos fines, una ubicación estratégica, por estar situado
frente a las dársenas del puerto donde acceden los buques de carga y a pocos
metros del acceso de tránsito pesado que comunica con la Ruta Nacional 14.
De esta manera San Patricio realiza lo que se denomina
trabajo a fasón (para terceros): son intermediarios que sólo se ocupan de
contratar la mano de obra y echar a andar la maquinaria a través de contratos
de molienda con productores de trigo. Hacia fines de octubre, el trigo que
acopiaba Molinos Victoria en los silos de la planta se terminó, y el contrato
de molienda -que para desconocimiento de los trabajadores tenía vencimiento
anual- caducó. En dichas circunstancias, los obreros fueron licenciados con la
posibilidad de que a su regreso, se reactivara la producción a través de un
convenio con Molino Cañuelas, pero este parecía no concretarse y un buen día se
encontraron con que los directivos de San Patricio habían cargado sus cosas en
un camión abandonando la ciudad.
Con la expectativa de volver a la normalidad en la
producción del molino, los empleados accedieron a tomarse las “vacaciones”
obligadas -y no pagas- que les ofrecieron. Los haberes correspondientes a las
últimas tres quincenas no fueron abonados, mientras que los últimos pagos
efectuados por la empresa fueron realizados en cuotas. “Las respuestas que nos
dieron desde la empresa fueron todas negativas. A nosotros nos robaron,
nuestras familias esperan una solución ya porque queremos pagar nuestras deudas
y darle de comer”, expresó Guillermo
Para los obreros, el principal responsable del conflicto que
atraviesa la firma es su gerente, Alfredo Hierro, y los directivos de la
administración local Adriana Corantelli, contadora “trucha”; Matías Bonus, Jefe
de Personal, que también tiene vínculos familiares en la AFIP; Juan Carlos
Ortiz, Jefe Molinero, quien dibujaba las planillas; y Fabricio Larroque, Jefe
de Carga, yerno de un importante juez uruguayense. Las vinculaciones son tan
asombrosas que dejan entrever un plan orquestado para vaciar el molino.
Durante la entrevista, Rubén, otro de los trabajadores,
interviene indignado: “le robaban a Victoria la producción para venderla en
negro al mercado interno, y a nosotros nos robaban los aportes”. De la misma
manera, relataron que la esposa de Hierro se desempeña como subgerente local
del Banco Credicoop, con el que opera la fábrica, y que se ocupaba de “tapar”
los cheques rebotados que llegaban por falta de fondos.
Rubén recorre estos meses en busca de una respuesta y saca
algunas conclusiones: “nosotros recién nos enteramos de un montón de cosas,
pero resulta que ellos estaban al tanto de que el 20 de diciembre se renovaba
el contrato de alquiler de la planta y quedaban unas toneladas de trigo en los
silos, que se suponía que iban a ser para nuestra indemnización, pero en cambio
las vendieron en negro. Sabemos que algunos de los clientes que compraban
harina en negro son Debrabandere -del supermercado San Justo-, C.A. Méndez
Casariego -de Gualeguaychú- y mientras un camionero le llevaba bolsas a
Concordia a un cliente de Goloeste S.A., no parece ser casualidad.”
La gran estafa
Sumando a la historia contada, y en medio del reclamo por la
regularización de su situación laboral, los empleados del molino se encontraron
con que existía un embargo sobre la empresa pedido por parte de la
Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), por el pago irregular de
los aportes patronales. Para informarse sobre la situación se reunieron con la
jefa de la repartición, la contadora Nora Mazocatto, y descubrieron que la
empresa mantiene deudas por una suma superior a los 800 mil pesos con la
entidad tributaria, situación que lleva 9 años, -la misma cantidad de años que
hace que Alimentos San Patricio S.A. se hizo cargo de la producción en el
molino- y por la emisión de cheques sin fondos.
“A nosotros nos están debiendo tres quincenas de salarios y
ni que hablar del aguinaldo, pero nuestro principal objetivo es mantener
nuestra fuente de trabajo cosa que no podemos hacer porque este embargo que
tiene la empresa por la AFIP impide que una nueva empresa pueda ingresar a
trabajar”, expresó Guillermo.
Dicho embargo recorre un sinuoso camino. Según les fue
explicado la funcionaria a los trabajadores, cada vez que la empresa era
advertida de la deuda, acudía a la entidad para evaluar un plan de pagos. La
AFIP les otorgaba un plan de 36 meses, la empresa pagaba la primer cuota y
dejaban caer el plan, hasta que la entidad debía refinanciarlo por 23 meses
más, y así sucesivamente, durante 9 años. Hoy la AFIP puso freno a esta lógica
y embargó las cuentas de Alimentos San Patricio. Pero inevitablemente, aparecen
algunas preguntas ¿acaso la responsabilidad de a AFIP, no es por bregar por el
justo pago de los impuestos por parte de las empresas? ¿No debería el Estado
comunicar a los obreros, o a su entidad gremial, sobre un incumplimiento de los
derechos laborales como es la falta de pago de los aportes patronales? El
camino, parece no encontrar salida. Mientras la AFIP exige a la empresa el pago
de la deuda, sus directivos alegan no tener dinero para hacerlo, pero tampoco
presentan la quiebra.
Los trabajadores saben que no es algo nuevo, ya que veían
movimientos extraños y consideraron que ”el embargo es uno de los problemas,
pero otra de las cosas es que se han venido robando para vender en negro toda
la harina y el trigo durante los últimos años. Por lo que este es un conflicto
atravesado por un montón de problemas. Para que te des una idea, había un
circuito armado de vaciamiento que tiene como cómplices desde políticos
corruptos hasta un camionero”.
No obstante, las amenazas de cierre por parte de la empresa
los mantenían callados hasta hoy, cuando la situación tocó fondo y se animaron
a contar: “Lo mismo pasó una vez con la jubilación, nosotros reclamamos y ellos
dijeron que si tenían que pagar la jubilación cerraban directamente y muchos
optamos por seguir trabajando. Uno no quería decir nada porque capaz alguno
denunciaba y ellos cerraban y nosotros nos quedábamos todos en la calle. Siempre
nos amenazaban así”, relató Guillermo.
Mientras tanto, los obreros siguen sin cobrar, y la falta de
respuestas concretas los motiva a pensar alternativas para recuperar su fuente
de trabajo y volver a llevar el pan a sus casas. Tienen expectativas en la posibilidad
de que un empresario se haga cargo de la fábrica y de las deudas, discutiendo
en torno a la antigüedad y a las garantías para mantener los empleos ya que
tuvieron que rechazar una propuesta anterior de Molinos Cañuelas, mediante la
cual pretendían dividirlos, como cuenta Miguel: “imaginate que querían tomar
solo 30 personas, sin antigüedad, como si empezaran de cero. ¿Qué es lo que
hubiese pasado? Pues que una vez transcurridos los contratos por tres meses nos
podrían echar sin indemnización ni nada. Es todo una maniobra, nosotros sabemos
que no vamos a lograr todo, los tipos no nos van a pagar todo, pero nosotros
somos los que estamos adentro, ellos están perdiendo, y tenemos un amparo
judicial que nos protege de que nos echen de adentro de la fábrica…” Otro
compañero interrumpe con bronca: “acá ningún juez investiga nada, todos te
garcan y los responsables andan caminando por ahí como si nada y este gobierno
no es equitativo para todos, acá el laburante parece una clase que no vale
nada.¿Cómo las leyes y el gobierno permiten que se funde una S.A. con 10 mil
pesos declarados, cuando se está manejando un capital de 150 millones? ¿Cómo
van a dejarlos fundar una S.A. con 10 mil pesos de fondo cuando tienen a cargo
a 45 laburantes?”.
Durante el tiempo que lleva el conflicto, los obreros fueron
recibidos por el delegado de la Dirección Departamental del Ministerio de
Trabajo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Tedesco, quien arbitró los medios
para posteriores reuniones que sostuvieron con el ministro de Producción
provincial, Roberto Schunk, en la ciudad de Paraná. Tuvieron reuniones de
conciliación sin mucho éxito, e instancias de declaraciones, para que las
empresas presenten quiénes son los propietarios de ambas entidades y los
responsables materiales de la empresa ante el Ministerio de Trabajo. Instancia
fundamental para iniciar medidas legales.
“Estamos esperando la propuesta que nos saque de esta
situación, actualmente estancada. Lo seguro es que vamos a darle para adelante,
nosotros queremos nuestros puestos de trabajo y apuntamos a hacerles las
demandas que fueren necesarias realizar para que la situación se destrabe. Pero
es claro que acá hay políticos corruptos, una justicia ineficiente con jueces
corruptos, una empresa con sus administradores que han saqueado y vaciado el
Molino, por suerte no se han llevado la maquinaria que es verdaderamente
costosa”, afirmó Guillermo.
Si bien no han descartado la posibilidad de recuperar en sus
manos la producción de la planta con la formación de una cooperativa, estiman
que esa sería la última opción por lo complejo de la situación. “Sería difícil
porque al ser el dueño del edificio un empresario que le alquila a Alimentos
San Patricio las instalaciones para la producción, nosotros quedamos en el
medio. El dueño de la instalación es de Buenos Aires y tiene varias propiedades
como la firma Goloeste, una fábrica de golosinas, un ingenio azucarero, etc.
Otro de los problemas que tenemos es que no sabemos fehacientemente de quién es
o quiénes son los propietarios de Alimentos San Patricio como de las
instalaciones productivas, ya que están bajo resguardo de Sociedades Anónimas”,
explica Miguel.
Por otro lado, la ayuda por parte de su organización
gremial, la Unión de Obreros Molineros de Argentina (UOMA, nucleada en la CGT)
llegó sólo después de algunos altercados, tras los cuales recibieron todos los
trabajadores un subsidio de $700 del fondo solidario al que cada afiliado
aporta mes a mes. Y antes de las fiestas, consiguieron cobrar otro monto de
ayuda económica por $1000 a través del Ministerio de Trabajo provincial.
En relación al sindicato expresan que no están recibiendo
“una verdadera ayuda, en realidad un 10% de lo que debería ser, por lo general
los sindicatos se abren de gambas. Averiguando descubrimos que había muchos
negociados con la empresa. Un vaciamiento y un saqueo descarado como éste no se
hace sin la complicidad de ciertos sectores, vos fíjate como el sindicato nunca
apretó a la patronal. Por ejemplo, fíjate que a la obra social ellos nunca
aportaron, ¿Y por qué el sindicato nunca dijo nada? Y sin embargo a la Obra
Social nosotros la utilizábamos, y nunca nos habían dicho nada. Hay algo raro
ahí. El Sindicato sabía, y era cómplice, la AFIP también sabía y era cómplice,
y nosotros no nos habíamos enterado de nada”.
El correr de los días
Si bien es la cuarta vez que la planta del molino cierra,
los trabajadores explican que las otras veces fue diferente: “Nunca habíamos
tomado esta iniciativa, la de quedarnos en la planta. Siempre la empresa nos
tenía con promesas de que nos vayamos, que luego la iban a reactivar y cuando
volvíamos ya no había mas nada. Estaba cerrada la planta directamente. Ahora,
gracias a la experiencia previa, decidimos hacer esto.”
Desde hace 50 días que los obreros se organizan para cubrir
los turnos, todos los días y durante las 24 horas, respetando su horario de
trabajo como cuando la empresa funcionaba. Muchos de ellos tienen familiares
directos como compañeros de trabajo, tíos, hijos, padres, lo que fortalece el
clima de fraternidad y respeto que allí se vive. Tal es el grado de convicción
en la necesidad de su lucha, que también establecieron turnos para pasar
Navidad y Año Nuevo dentro de la planta con sus respectivas familias. Sienten
que ésa es su única esperanza, que se aferran al molino como si fuese la balsa
en un naufragio.
“Cada quien viene y cumple su horario de trabajo. Nosotros
los primeros días marcamos tarjeta porque como no nos han despedido, y para que
no nos acusen de abandono de trabajo, lo hacíamos todos los trabajadores de la
planta, pero ahora vemos que no les importa. Estamos acorralados, nos tienen en
un rincón esperando que nos tiren mijagas”, expresa Rubén buscando los ojos de
sus compañeros. “Ninguna plata nos va a devolver todo el daño que nos hicieron
a nosotros y a nuestras familias. No podemos pasar tiempo con nuestros hijos,
no tenemos respuestas para darles, y eso es un daño moral inmenso. La
impotencia es total, y mientras tanto nos endeudamos, y vienen de los comercios
locales a querer cobrarnos las cuotas de los créditos y te intiman aún sabiendo
por lo que estamos pasando”, agrega.
En esta difícil situación, en la que dicen tener que remar
con todo en contra, las leyes, la UOMA, los empresarios corruptos; los obreros
destacan la presencia de trabajadores de diferentes gremios (algunos también en
conflicto como los frigoríficos y panaderos) e integrantes de diversos partidos
políticos que se acercaron a manifestar apoyo. “Mientras el gobierno provincial
nos ofrece un subsidio de $150 que es una cargada, el intendente Carlos
Scheppens no se acercó ni a tomar un mate, el único que gestionó algunas
reuniones es Marcelo Bisogni (Diputado del FpV) que está enfrentado con el
intendente. Sin embargo acá los que más apoyo nos dieron fueron gente de
partidos políticos minoritarios, de izquierda, etc., que son una hormiguita en
el sistema, pero nos han colaborado mucho”, cuenta Alejandro, uno de los
delegados de los trabajadores.
Y a cada momento, enfatizan su agradecimiento por la
solidaridad del pueblo uruguayense, que se expresa en personas que acercan
cotidianamente alimentos al molino, en los autos y motos que pasan tocando
bocina como señal de saludo, en el interés demostrado por los vecinos cuando
reciben los volantes que difunden el conflicto, pero sobre todo en la tenacidad
de las familias, que sostienen el ánimo, la paciencia y la fuerza para
continuar adelante.
Sumando actividades solidarias, se organizaron en la planta
tres festivales que contaron con la participación de diferentes bandas locales
a los que concurrieron de forma masiva vecinos de Concepción del Uruguay
aportando alimentos no perecederos. “Tal fue la participación y solidaridad que
nos dio para que cada trabajador se pueda llevar dos bolsones de 65 kg de
alimentos a su casa”, afirma Alejandro abriendo los ojos.
Pero junto al profundo agradecimiento, sienten pena de tener
que seguir pidiéndole al pueblo, que ya los ayudó tanto, pues los que tienen
que dar respuestas son el sindicato y el gobierno. Como insiste Rubén, “ahora
queremos escucharlos a ellos qué tienen para decir porque lo que la gente sabe
es porque los delegados recorren los medios, porque los medios del oficialismo
mienten como que ya está todo resuelto o bien no dicen nada. Sabemos que el
país está en una situación difícil y que esto va a seguir siendo moneda
corriente porque la moneda de ajuste somos los trabajadores. Esto hay que
ensañárselo a la juventud para que no les pase como a nosotros”.
La sirena que en otros tiempos marcaba el horario de entrada
de los turnos de trabajo en la planta, hoy adquiere otras connotaciones,
interpela a quienes no reconocen el sonido y recuerda, a cualquier hora del día
y de la noche, que en el molino siguen sus trabajadores, de pie, luchando con
dignidad.
Fuente:
REVISTA MASCARÓ
A la caza del futuro americano
www.revistamascaro.org
www.facebook.com/RevistaMascaro
www.twitter.com//RevMasc

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