Las consecuencias de la criminalización de
la pobreza en el sistema capitalista: La cárcel como aniquilamiento del Ser
Humano y depósito de pobres.
La
injusticia, la explotación, la dominación política y social, la exclusión y
aniquilamiento del que es “diferente” o, en otras palabras, la deshumanización del ser humano, son
características propias de los sistemas capitalistas. En estos contextos, basados
en mecanismos de control y disciplinamiento se nos presenta un estado que viola
sistemáticamente y cotidianamente los
derechos esenciales que deberían asistir a toda persona, por el solo hecho de
serlo: salud, alimentación, trabajo digno, vivienda, etc. Es ahí donde aparece
la verdadera inseguridad de la vida humana, de la cual los medios de
comunicación monopólicos se ocupan muy poco.
Como
es de preverse, ésta deshumanización de la cual hablamos, se profundiza de modo
alarmante en las personas que se encuentran privadas de su libertad. La supuesta “condena” debería ser la
privación de la libertad ambulatoria, pero en la práctica puede fácilmente
advertirse que todos los derechos del ser humano se ven afectados y agraviados
estando en la cárcel.
En
efecto, citando el tema musical de la
banda de rock argentino “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota”, podemos afirmar y sostener que “Todo preso es
político”. Esto significa que son
decisiones políticas las que someten a una persona a la criminalización y
prisionalización. Nótese que no todas las personas que cometen delitos se
encuentran privadas de su libertad y, a su vez, no todas las personas que se
encuentran en prisión han cometido un delito. Sólo las personas con alto grado
de vulnerabilidad son las que vivencias éstas situaciones.
Esto
es así, porque el sistema capitalista implementa y desarrolla un estado
policial que criminaliza a la pobreza y la protesta social, pues esos son los
mecanismos de control y disciplinamiento de los cuales se sirve para lograr sus cometidos.
Veamos
datos concretos que llaman ponderosamente la atención:
·
Aproximadamente el 80% de las personas privadas
de su libertad son pobres, lo cual no significa que ser pobres y delinquir
tenga una relación directa, sino que se aplican políticas que criminalizan a
los pobres y los depositan en cárceles. Son las políticas de mano dura, cuyos
criterios selectivos tienden a determinar que ser pobre, joven y morocho es
sinónimo de ser delincuentes.
·
Cerca del 80% de las personas privadas de su
libertad no han sido juzgadas, están encerradas preventivamente- a contrario
sensu de lo establecido por las leyes-, son culpables y condenables hasta que
se demuestre lo contrario. Luego de someterse a los ritmos y lógicas
“kafkianas” de los laberintos jurídicos de la (in) justicia clasista,
aproximadamente la mitad de las personas que estuvieron detenidas con “prisión
preventiva” termina siendo absuelta.
·
El sistema carcelario en nuestro país se
caracteriza por los niveles de hacinamiento, superpoblación y condiciones de
detención denigrantes. Sumado a ellos se
vivencian altos niveles de violencia, malos tratos y torturas llevadas a cabo
por parte del personal del sistema penitenciario.
Será entonces cuestión correr el velo mediático y
del discurso oficial que no nos permite ver que al pueblo pobre lo matan de
muchas maneras: una de ellas es el aniquilamiento del ser humano en las
cárceles que bajo el pretexto de necesidad de “resocialización” del individuo,
lejos de hacerlo, lo tortura y lo mata.
Desde
“Abogados en Cooperativa” llamamos a reflexionar sobre estas instituciones,
para no generalizar ni naturalizar sus lamentables consecuencias.
Por Daniela Marina Di Pasquale
Abogada. Docente de escuela pública y estudiante del
Profesorado para la enseñanza media y superior en ciencias Jurídicas.
Miembro de "Abogados en Cooperativa"

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