Por Luciano Andrés
Valencia
El 24 de abril se conmemora un
nuevo aniversario del comienzo del Genocidio Armenio de 1915 llevado a cabo por
el Imperio Otomano. Como en otros artículos me he ocupado de este tema (1) he querido en esta oportunidad referirme a
un hecho histórico menos conocido, pero que constituyen un antecedente del
genocidio: las masacres armenias llevadas a cabo durante el gobierno del Sultán
Abdul Hamid II a fines del siglo XIX.
El
Sultán Abdul Hamid II, “carnicero de los armenios”, según una caricatura
francesa.
La derrota del Imperio Otomano durante la Guerra Ruso-Turca de 1877-1878,
produjo varias consecuencias que lesionaron la convivencia entre las distintas
naciones del Imperio. Una de ellas fue la llegada masiva a la península de
Anatolia de inmigrantes circasianos y tártaros expulsados de Rusia y los
Balcanes, que fueron ubicados en las provincias de mayoría armenia como
Erzerum, Van, Bitlis, Diarbekir, Mamuret ül Aziz y Sivas. Estos inmigrantes
encontraron amparo en leyes retrógradas del Imperio como la Haffir o Derecho de Pillaje
contra poblaciones cristianas y la
Hamidiyé que establecía que “cualquier musulmán puede probar
su sable en el cuello de un cristiano” (2).
A esto se le suma la acusación de que los armenios colaboraban con las
tropas rusas que ocupaban las provincias otomanas de Batún, Ardahán y Kars. Como
respuesta a esto, paramilitares kurdos, circacianos y tártaros saquearon
viviendas armenias masacrando a quienes oponían resistencia, ante la pasividad
y complicidad de las autoridades del Imperio. Esto llevó a la
internacionalización de la Cuestión Armenia
y el Tratado de San Stéfano del 3 de marzo de 1878 establecía en su artículo
16º que los rusos dejarían los territorios ocupados a cambio de que la
población armenia no fuera maltratada. Pero durante su firma el 13 de julio en
Berlín, los otomanos invirtieron el artículo 16º por el 61º que no especificaba
cuáles serían las mejoras para los armenios.
Otra de las causas fue la creación de partidos políticos armenios tales
como el Armenagans fundado en la Armenia Otomana en 1885, el Partido Social
Demócrata (Hentchak) fundado en Ginebra en 1887, y la Federación
Revolucionaria Armenia (Tashnak) en la Armenia rusa en 1890, que
reclamaban mayores cuotas de autogobierno. No obstante es necesario aclarar que
a diferencia de los griegos, los armenios no disponían de ningún
Estado-Santuario, por lo que sus reivindicaciones estaban fundadas en nociones
de igualdad y libertad cultural dentro del Imperio Otomano sin exigencias de
independencia (3).
El creciente descontento de la facción gobernante, que temía la descomposición
del Imperio mientras las demás potencias imperialistas aumentaban su esfera de
influencia, fue el caldo de cultivo de un pensamiento nacionalista propiamente
turco-otomano que divulgaba un sentimiento de superioridad y un deseo de que
todas las naciones del Imperio se sometieran al dominio de los gobernantes
turcos. A partir de entonces las minorías nacionales comenzaron a ser vistos
como colaboracionistas de intereses extranjeros y como germen de la lucha de
clases. Los armenios quedaron como víctimas del enfrentamiento entre potencias
en una época de expansión de los imperialismos.
En la década de 1890 se produjeron rebeliones y acciones de protesta por
parte de la comunidad armenia. Los levantamientos de Erzerum (1890), Marsovan
(1892) y Tokat (1893) fueron duramente reprimidos, marcando el inicio de las
masacres que se darían en los años posteriores. En otros lugares las revueltas
sirvieron para proteger a los pueblos de los castigos colectivos por parte de
las autoridades imperiales.
Pero fue a partir de la
Insurrección de Sasún en 1894 que se da comienzo a las
masacres llevadas a cabo durante el gobierno de Abdul Hamid II. Sasún era un
cantón que reunía a 100 pueblos y
dependía administrativamente de la provincia de Siirt. A comienzos de ese año,
tres villas resistieron a la doble cotización de impuestos que debían pagar a
los señores feudales o los jefes tribales, y a los funcionarios del Estado. Los
habitantes de Sasún preferían pagar al poder central ya que sus impuestos les
resultaban menos onerosos.
En medio de este clima de protestas, el Hentchak alentó una insurrección
armada que reunió a 400 personas bajo el mando de Hampartsoum Boyadjian. Los Tashnak
por su parte, armaron a los pobladores de la región. A mediados de junio unidades
del Ejército Imperial y tropas irregulares kurdas se congregaron en la villa de
Dalvorik. Los primeros combates se desencadenaron en esa zona de montaña y se
extendieron a los pueblos con numerosas bajas en las tropas gubernamentales en
un primer momento. Pero en los combates siguientes las fuerzas rebeldes fueron
cercadas y perseguidas, quedando los pueblos indefensos a las represalias del
Ejército. El 15 de agosto unos 200 combatientes armenios se rindieron ante la
promesa de perdón, pero fueron fusilados en Semal. El 22 de agosto fueron
rodeadas y masacradas las últimas fuerzas que aún resistían.
Con estos hechos se puso fin a la Rebelión de Sasún, pero no a la represión que el
Ejército desató en las aldeas y pueblos donde se produjo el levantamiento. Se
calcula que 3 mil de los 12 mil armenios que habitaban en Sasún fueron
asesinados durante esta represión o debieron huir a las montañas. En una carta
de Mr. Hagopian, presidente de la Sociedad Patriótica
Armenia de Londres, dirigida al ministro británico Lord Kimberley con fecha 9
de octubre se denuncia que “no se ha
tenido compasión alguna con la edad, masacrándose los niños y los ancianos; en
un punto, 300 mujeres han sido descuartizadas con los sables- bayonetas; en
otra parte 200 mujeres que lloraban pidiendo piedad, fueron entregadas a merced
del comandante de las tropas, quién después de ordenar que fueran ultrajadas,
las hizo degollar a todas. Cita entre otros casos el de 60 jóvenes niñas que se
habían refugiado en una iglesia y que allí mismos fueron violadas, siendo luego
fusiladas junto con el sacerdote al lado mismo de la Iglesia ” (4). En más de
treinta aldeas se quemaron viviendas con los habitantes en su interior. Surbezy
sostiene que si bien no hubo orden formal para la represión, se actuó bajo la
autorización tácita del gobierno otomano (5).
Gran Bretaña exigió la apertura de una comisión investigadora formada
por delegados británicos, franceses y rusos. El gobierno del Sultán accedió a
llevarla a cabo, pero con el objetivo de investigar la “conducta criminal de
los bandidos armenios”. El castigo a los culpables se saldó con la
condecoración del mufti de Mus y el comandante del Cuarto Cuerpo del Ejército
que dirigió los asesinatos Zekki Pashá (quién mas tarde recibiría la Medalla de la Orden Liyakat “por lealtad y
valentía”). Gran Bretaña y Francia mostraron su disconformidad ante esto, pero
no exigieron el cumplimiento del Tratado de 1878 lo que muestra que su
preocupación por la causa armenia era meramente declarativa.
A fines de ese año un armenio anarquista fue detenido mientras intentaba
atentar contra la Sublime
Puerta, sede del gobierno otomano. El 3 de enero de 1895 el bajá Jaschin,
gobernador de Bitlis, fue muerto por un armenio que luego se suicidó con la
misma arma.
El 30
de septiembre de 1895 el Hentchak convocó a una manifestación en Constantinopla
para protestar por los resultados del informe oficial y reclamar por los
derechos civiles de la población. Como había sucedido con el levantamiento de
Sasún, el Hentchak esperaba llamar la atención de los países europeos para
forzarlos a intervenir en la causa armenia, lo cual mostró ser una mala
estrategia ya que ninguna de las potencias actuó para ponerle fin a las
masacres.
De todos modos la movilización significó un acontecimiento histórico ya
que congregó entre tres mil y cuatro mil personas no pertenecientes a la
población musulmana, que marchó rumbo a la Sublime Puerta. Pero cuando la
policía se interpuso para impedirles llegar, se produjeron enfrentamientos en
los que cayó muerto un oficial. Esta fue la señal para que se desencadenara una
brutal represión, no solo contra los manifestantes, sino contra todos los
armenios residentes en la capital o personas “sospechosas de pertenecer a esa
raza” como señalan cables diplomáticos extranjeros.
El 1º de octubre se produjeron nuevamente enfrentamientos entre armenios
y la policía cerca de la tumba del Sultán Mahmud, en donde murió un comandante
de Gendarmería turco. El 2 de octubre la policía asesinó a decenas de armenios
junto con transeúntes que pasaban por el lugar. En Trebisonda el Ejército
incentivó a la población local para que cometieran asesinatos y saqueos en los
barrios armenios.
También se llevaron a cabo masacres y saqueos contra la población
armenia en Erzindjian, Bayburt, Marasch, Sivas y Malatya. En Diarbekir muchos
armenios se refugiaron de bandas kurdas en el Consulado de Francia. En Zeitun
tomaron una fortaleza desde donde resistieron con éxito a la ofensiva hasta que
desalojaron luego de llegar a un acuerdo con el gobierno central que aceptó
perdonar la vida de los sublevados, rebajar los impuestos y ocupar cargos
públicos con población local (con excepción de los jueces y las Fuerzas
Armadas). En la capital las Iglesias sirvieron como lugar de refugio.
Todas estas masacres tuvieron la complicidad del gobierno imperial y de
los gobernantes locales, que no solo permitieron que se llevaran a cabo, sino
que también actuaron a través de sus órganos de represión.
En 1896 se produjeron nuevos levantamientos armenios como respuesta a la
represión sufrida a principios de año (continuación de las comenzadas el año
anterior) y del asesinato de un misionero italiano de apellido Salvatore luego
de ser detenido por el Ejército.
A partir de marzo comenzaron a darse los saqueos de poblados y
asesinatos de armenios en varias provincias. En Van, centro de la cultura y
civilización armenia, los partidos Hentchak, Tashnak y Armenagans organizaron
un movimiento de resistencia que hizo frente al Ejército Otomano y a las tropas
irregulares kurdas.
El 14 de agosto un grupo de armenios tomaron el Banco Otomano en
Constantinopla, y amenazaron con volarlo si no se producían las reformas
prometidas. Este hecho era un llamado de atención no solo hacia el gobierno otomano
sino también hacia las potencias extranjeras que dominaban financieramente la
institución. Finalmente se entregaron sin detonar la bomba, pero detonaron la
furia del Sultán que ordenó matanzas de población armenia en las zonas aledañas
a la capital. Cables diplomáticos informaban que los cadáveres se amontonaban
en las calles, algunos de ellos desnudados y mutilados, o desfigurados por los
golpes (6).
Los disturbios que se produjeron en Egin durante varios días culminaron
con una masacre de armenios y destrucción de hogares ordenadas por el
gobernador de la provincia.
Una de las peores atrocidades se produjo cuando la Catedral de Urfa, en la
que tres mil armenios se habían refugiado, fue incendiada causando la muerte de
sus ocupantes.
En 1897 el sultán declaró que la Cuestión Armenia
estaba cerrada: se clausuraron las sociedades armenias y se restringieron los
movimientos políticos dentro de la Armenia Otomana.
Se calcula que el número de armenios asesinados durante las masacres de
1894-1896 fue de 300 mil personas. No fue el primer genocidio llevado a cabo
por el Imperio Otomano ya que entre 1820 y 1890 se llevaron a cabo masacres de
armenios, griegos y búlgaros que provocaron la muerte de 100 mil personas. Pero
se diferenció por la magnitud en que se llevó a cabo en un periodo tan corto de
tiempo, y se utilizaron métodos de exterminio que serían aplicados en posterior
Genocidio Armenio de 1915 a
1923, y en las masacres de griegos y asirios durante la Primera Guerra Mundial.
Agradecimiento:
A la historiadora Nélida Boulgourdjian, por haberme facilitado la
bibliografía y la documentación para la realización de este artículo.
Notas:
(1) Valencia, Luciano Andrés; “El
genocidio negado. 91 años de la
Masacre del Pueblo Armenio”, en: Caldenia, suplemento cultural del diario La Arena , Santa Rosa, 16
de abril de 2006; y “El genocidio
armenio: del silencio a la lucha por el reconocimiento”, en: Semanario Alternativas, N° 216, http://www.semanario-alternativas.info/archivos/2012/5%20mayo/217/archivos/2012/5%20mayo/216/PORTADA/paginas%20portada/Articulos/GENOCIDIO_ARMENIO.html,
Montevideo, , 4 de mayo de 2012.
(2) Granovsky, Sulim; El genocidio armenio: el exterminio
silenciado, e-book disponible en www.exterminioarmenio.com.ar,
pp. 12- 13.
(3) Mutafian, Claude; El genocidio de los armenios, Buenos
Aires, Akian Gráfico Editora S.A, con el permiso Consejo de Coordinación de las
organizaciones armenias de Francia, 2008, p. 4.
(4) Según cita
el diario argentino La Prensa , del
18-11-1894, en: Boulgourdjian,
Nélida Elena; Otero, Leticia; Gitz, Pedro; Cortese, Claudia y Piñeiro,
Alberto; El genocidio armenio en la
prensa argentina, tomo I: 1890- 1900, Buenos Aires, Plus Ultra, 1988, p.
39.
(5) Surbezy, François; Les Affaires D`armenie et
le interventión des puissances européennes de 1894- 1897, tesis doctoral de
1911 disponible en www.imprescriptible.fr/documents/surbezy.
(6) Citados en : Boulgourdjian, Nélida
Elena; Otero, Leticia; Gitz, Pedro; Cortese, Claudia y Piñeiro,
Alberto; El genocidio armenio…, pp.
319- 321.

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