22 AÑOS DESPUES
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 29 de la Capital
Federal dará inicio hoy, a las 10.00, al juicio oral contra el ex comisario
Miguel Ángel Espósito, en el marco de la investigación por la privación
ilegítima de la libertad de Walter Bulacio, quien fuera detenido por personal
policial antes de un recital de Los Redondos, en el año 1991. El juicio llega
con 22 años de demora, a 4 años de la elevación a juicio y tras varias
suspensiones.-
Fuente: Correpi
WALTER BULACIO: A FUERZA DE LUCHA, (¿ESTA VEZ SÍ?) EL 24 DE
SEPTIEMBRE LLEGA EL JUICIO.
Con 22 años de demora, a 4 años de la elevación a juicio y
tras varias suspensiones, finalmente se fijó fecha para el inicio del debate
oral y público contra el comisario Miguel Ángel Espósito, ex titular de la
comisaría 35ª y jefe del operativo policial desplegado el 19 de abril de 1991
en las inmediaciones del Estadio Obras.
No es necesario, a esta altura, recrear demasiado los hechos
que ocurrieron ese viernes a la noche, cuando centenares de jóvenes fueron
arrestados en una “razzia” durante un recital de rock. Walter Bulacio, de 17
años, salió la mañana del sábado 20 de la comisaría en ambulancia, con un grave
cuadro neurológico, consecuencia de la tortura. Una semana después, murió.
A lo largo de la infinita causa judicial, cada gobierno hizo
lo suyo para garantizar la impunidad de los represores.
El gobierno de Menem, cuyos ministros y demás operadores se
turnaron para apretar jueces y fiscales, fue el encargado del encubrimiento
inicial. El comisario, cuyo hermano solía aparecer en la conferencias de prensa
presidenciales custodiando al primer mandatario, recibió la defensa oficial del
cuerpo de abogados del ministerio del Interior, del que entonces dependía la
policía, hasta que prefirieron recurrir (como sucedería 20 años después con los
policías en la causa por el asesinato de Mariano Ferreyra), a un prestigioso y
caro estudio del poder, el mismo que por entonces defendía a ministros como
Cavallo, secretarios como Matilde Menéndez y empresarios socios del poder como
Yabrán.
Durante el gobierno dela Alianza, además de sostener la
inmovilización de la causa, que desde abril de 1996 hasta 2008 se mantuvo en la
misma etapa, y de excluir a la mamá de Walter y a CORREPI de la querella, el
presidente De la Rúa contrató, para contestar nuestra demanda internacional, al
académico Daniel Pastor, que años después sería el primer director de la
academia de “formación” de la policía Metropolitana de Mauricio Macri.
Convencido defensor de la prescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad,
el Dr. Pastor, en nombre del gobierno nacional, negó que Walter fuera torturado
y defendió al estado argentino con los mismos argumentos de la defensa del
comisario en la causa interna. Cerca del juicio en Costa Rica, el actual
precandidato de UNEN y ex camarista federal Ricardo Gil Lavedra fue nombrado
como juez ad hoc de la Corte IDH para representar los intereses del gobierno
argentino.
Cuando Eduardo Duhalde llegó a la presidencia, encomendó el
asunto a su ministro de Seguridad Juan José Álvarez, su socio en la represión
del Puente Pueyrredón. Para evitar el juicio y condena internacional,
reconocieron la responsabilidad del estado argentino por la detención ilegal,
tortura y muerte de Walter por decreto presidencial. Total, había sido “otro
gobierno”. No contaban con que poco nos interesaba una declamación discursiva,
y que insistiríamos en celebrar el juicio para que la Corte IDH se expidiera
sobre las normas y prácticas represivas en Argentina.
El 18 de septiembre de 2003, la Corte IDH condenó al estado
argentino –que a último momento trató de relativizar el alcance de su
reconocimiento de responsabilidad- y le ordenó terminar con el sistema de
detenciones arbitrarias (averiguación de antecedentes, contravenciones y
faltas, razzias, procedimientos “de entrega del menor”, etc.).
Fue el turno, entonces, de los gobiernos kirchneristas, que
se dedicaron a incumplir la sentencia internacional mientras, con su particular
estilo, anunciaban a cada rato su “cumplimiento”. Cristina Fernández, de la
mano de Aníbal Fernández, anunció la exoneración del comisario Espósito, que, agotado
por los escraches, llevaba para entonces 12 años jubilado. Cada vez que la
Corte intimó al estado a informar sobre los motivos de demora en el
cumplimiento de las cuestiones de fondo de la condena, contestaron con rodeos y
eufemismos, y hasta mandaron al secretario de DDHH, Eduardo Luis Duhalde, a
presentarse como querellante en la causa interna. Mientras tanto, ampliaron
todas las facultades policiales para detener personas arbitrariamente,
incorporaron otras fuerzas, como gendarmería y prefectura, al control
territorial y batieron todos los records en materia represiva.
Hoy, agotadas las excusas, llega el juicio, que empezará el
24 de septiembre a las 10:00, ante el TOC nº 29.
Ya lo dijimos cuando, en 2011, se había fijado otra fecha.
Este juicio, el intento definitivo de consolidar la impunidad, además de llegar
tarde, llega mal.
El comisario Miguel Ángel Espósito será el único acusado.
Bien acusado está, pero habrá demasiadas sillas vacías. Espósito, como los
comisarios que dirigieron la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001, como
el comandante Chiappe que dirigió el operativo en el Puente de Corrientes, como
cada policía que aprieta el gatillo contra un pibe pobre o un militante, o como
cada guardiacárcel que tortura un preso, es sólo el ejecutor. Ninguno de sus
mandantes enfrentará una acusación.
Tampoco se lo juzgará por la muerte de Walter, ni por las
torturas a los restantes 73 detenidos. El objeto del juicio será,
exclusivamente, la detención ilegal. Que no es poco, pero no alcanza. Nunca
alcanza la justicia del mismo sistema que reprime por necesidad fundante de la
clase que domina.
Vamos a estar en ese juicio, aunque la máxima pena que
legalmente podremos requerir sea de 6 años de prisión; aunque sea la mejor
prueba de cómo el sistema se defiende al costo de entregar un peón, que hoy,
tan viejo y enfermo que habrá una unidad coronaria permanente por si colapsa,
ya no le sirve para nada.
Vamos a estar ahí, y esperamos que muchos nos acompañen,
pero no porque necesitemos una sentencia que será tan incompleta e inútil como
el juicio mismo.
Vamos a estar porque la lucha no se apaga. Crece y crece,
con cada pibe que, en un recital, una marcha o una cancha de fútbol, canta “Yo
sabía…”, con cada familia que no se resigna a que la policía haya fusilado a su
hijo y se suma a la militancia antirrepresiva, con la convicción profunda y
constante de que la única respuesta posible, frente a la represión, es la
organización independiente y la lucha consecuente.
CORREPI – Coordinadora contra la Represión Policial e
Institucional
en el
ENA – Encuentro Nacional Antirrepresivo
Fuente: http://www.agenciawalsh.org/index.php?option=com_content&view=article&id=11296&Itemid=63

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