El 11 de octubre comenzó la etapa de alegatos en el juicio
contra el ex comisario Miguel Ángel Espósito por el delito de privación ilegítima
de la libertad de Walter Bulacio. La querella, a cargo de María del Carmen
Verdú e Ismael Jalil de Correpi, pidió seis años el máximo de pena que la
acotada condición de este juicio permitía. En tanto la fiscalía solicitó dos
años. El 24 de octubre, a las 11, será el turno del alegado de la defensa.
Reproducimos a continuación el comunicado de Correpi: “Con
la presencia en la sala de Graciela Scavone, mamá de Walter, y sus hermanas
Lorena y Tamara Bulacio, los compañeros María del Carmen Verdú e Ismael Jalil
comprimieron, en poco más de dos horas, la historia de un expediente cuyo
tiempo de tramitación, 22 años y medio, supera largamente los 17 años que tenía
Walter cuando fue asesinado.
La multitud de compañeros que se acercaron a presenciar la
audiencia superó ampliamente la pequeña capacidad, pero, aun así, los que
pudieron ingresar eran una clara muestra de los distintos sectores
históricamente comprometidos con la lucha antirrepresiva, y con la causa
Bulacio en particular. Allí estuvieron los referentes de organizaciones
compañeras, como el Movimiento Teresa Rodríguez; MTR 12 de Abril; Asambleas del
Pueblo; TORRE; PRML-CUBa; Convergencia Socialista; Liga Socialista
Revolucionaria; Organización de Trabajadores Revolucionarios; Partido Obrero;
Tendencia Piquetera Revolucionaria; 29 de Mayo; HIJOS zona Oeste; Junta Interna
del Garrahan; CeProDH; SITRAIC; Coordinadora Antirrepresiva Oeste; Corriente de
Estudiantes del Pueblo; Sala Alberdi; APEMIA.
Junto a ellos, se apiñaban un grupo de profesores del colegio
nacional Rivadavia, donde Walter cursaba 5º año, y, por supuesto, los
compañeros de CORREPI, entre los que se destacaban los familiares de víctimas
de la represión policial que eran la mayoría en la pequeña sala. Ellos son la
prueba viviente de que el caso Bulacio no es un hecho del pasado, referido,
como nos dicen desde el poder, a “cosas que ya no pasan”, y que no es un
policía, es una institución, y que esa institución es el brazo armado del
estado, dirigido por el gobierno de turno.
Junto a compañeras que llevan tanto tiempo, o más incluso,
que la familia Bulacio en CORREPI, como Estela Rivero, cuyo hijo Peca fue
asesinado por la bonaerense en 1989, por ejemplo, estaba Luis Guerra, papá de
Matías, fusilado por un policía metropolitano este mismo año, junto a las
familias de David Vivas y Javier Alarcón o de Carlitos Abregú, todos ellos
asesinados en 2013.
Nuestros compañeros Jalil y Verdú reiteraron que este
juicio, al que logramos llegar con la constante militancia que no permitió que
se cerrara la causa como lo trató de hacer cada gobierno desde 1991, es la
mejor muestra de lo que está dispuesto a hacer el estado, cualquiera sea el que
lo administre, para defender sus políticas represivas. Denunciaron que a diario
hay pibes como Walter presos sin razón alguna en una comisaría, levantados
arbitrariamente con la averiguación de antecedentes, las faltas o
contravenciones y las razzias, y sometidos a mecanismos igualmente arbitrarios,
como el “procedimiento de entrega del menor”. Y que muchos de ellos, como
Walter, no salen vivos de las comisarías.
Repitieron que hubiéramos preferido, aunque nos llevara
otros veintipico de años, un juicio en serio, con todos los responsables
materiales y políticos acusados por todos los crímenes cometidos el 19 y 20 de
abril de 1991, y cerraron con el agradecimiento de CORREPI a todos los que, de
mil maneras distintas, se comprometen a diario con la lucha antirrepresiva.
Finalmente, pidieron el máximo de la pena que la acotada condición de este
juicio nos permitía, 6 años de prisión para el comisario. Cuando terminaron, al
cerrado aplauso lo siguió el grito histórico, Yo sabía que a Bulacio lo mató la
policía, que se unió al que venía de la calle, donde esperaban centenares de
compañeros tras la bandera con la misma consigna.
Ya afuera, y bajo la atenta mirada de los gendarmes, que
tuvieron a su cargo el “operativo de prevención”, como si el color del uniforme
nos hiciera alguna diferencia, hubo un acto en el que cada organización trajo
su saludo y ratificó su compromiso con la lucha antirrepresiva. Cerró la
hermanita de Walter, Tamara, que en nombre de su familia y de CORREPI agradeció
el sostenido apoyo de todas las organizaciones y compañeros, y trajo el
emocionado recuerdo de su abuela, nuestra compañera Mary, que no pudo estar
presente porque su salud sigue delicada”.
Fuente: http://www.redeco.com.ar/nv/index.php?option=com_content&task=view&id=11857&Itemid=45

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