CONVOCATORIA
LUNES 23 DE DICIEMBRE DESDE LAS 17 EN PLAZA ONCE
El 23 de diciembre del año pasado los/as familiares de “la
China” Cuellar se enteraron por un llamado que “algo había pasado” con ella. Su
padre, Alfredo, acudió inmediatamente al penal y hasta el día de hoy, a pesar
de haberse entrevistado con altos funcionarios del Servicio Penitenciario
Federal, aún no recibió la confirmación oficial de parte de la fuerza de la
muerte de su hija. Denuncian que a “la China”, que tenía tan solo 23 años, la
golpearon y dejaron agonizar agentes del Servicio para luego intentar disfrazar
el asesinato como un suicidio. Ella se encontraba privada de su libertad desde
2007 en el Complejo Penitenciario IV de la ciudad de Ezeiza.
De acuerdo a relevamientos de la Procuración Penitenciaria
de la Nación, entre 2000 y 2008 no hubo muertes violentas, pero entre 2009 y
2012 hubo nueve sólo en la conurbana cárcel de mujeres de Ezeiza. María Laura
Acosta, Cecilia Hidalgo, Yanina Hernández Painnefil, Silvia Nicodemo, Romina
Leota, Vanesa García Ordoñez, Ema Alé, Noelia Randone y Florencia Cuellar
fueron encontradas sin vida en sus celdas en diferentes circunstancias que no
son las de una “presa cumpliendo su condena”. Sus muertes constituyen la
cantidad total en prisiones federales de mujeres en todo el país. Porque de
ellas poco se sabe y por ellas pocos reclaman, ninguno de los fallecimientos
fue esclarecido y poco están realizando los/as operadores/as de justicia
encargados de las investigaciones.
En noviembre de 2012, la Cámara de Diputados de la Nación
convirtió en ley el proyecto que crea un sistema nacional de prevención de
torturas en cárceles y facilita la investigación por malos tratos y apremios a
detenidos/as. La iniciativa da forma al Sistema Nacional de Prevención de la
Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, con el objeto
de garantizar todos los derechos reconocidos por la Convención firmada por la
Organización de Naciones Unidas. Esta resolución crea además el Comité Nacional
contra la Tortura, que dependerá del Parlamento y estaría integrado por
miembros/as del Congreso, representantes de las provincias y organismos
nacionales, como la Secretaría de Derechos Humanos y de la Procuración
Penitenciaria Nacional. Sin embargo, este protocolo aun no está en ejecución.
Esta semana, el Centro de Estudios Legales y Sociales
–CELS-, organismo que denomina a las cárceles las “ESMAs del presente”,
presentó su informe anual en el que repasan las deudas de las tres décadas de
democracia representativa en el país. En relación a la violencia carcelaria
destaca que la situación de las personas privadas de su libertad debería ser
uno de los problemas institucionales prioritarios en la agenda actual, porque
implica una masiva y sistemática violación a los derechos humanos en el sistema
carcelario federal y en los provinciales aclarando que la responsabilidad por
esta situación alcanza a todos los poderes del Estado.
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La frecuencia y la contundente potencia de las violencias
ejercidas por el poder carcelario en forma institucional, física, psicológica,
sexual y simbólica es desplegada en un ámbito donde las mujeres en su mayoría
ya han sido previamente víctimas de violencia. Son pobres, desempleadas, con
escasa educación formal o que han permanecido ajenas durante toda su vida al
acceso de cualquier tipo de política social de carácter inclusivo. En este
marco, las instituciones de encierro, lejos de revertir estas realidades,
reproducen la discriminación y las desigualdades y perpetuán las estructuras
dominantes; el aislamiento como mecanismo de castigo se convierte en una medida
sistemática de sanción que solidifica el doblegamiento de las mujeres.
Manguerazos o palazos, requisas colectivas, presencia de
personal masculino, traslados por distintas unidades carcelarias en forma
arbitraria sin control judicial alguno, privación de ver a familiares, hijas/os
y/o amigas/os, de realizar llamadas telefónicas, etc. forman parte de la
batería de invasiones disciplinarias sobre el cuerpo de estas mujeres que en
muchos casos se lleva sus vidas. Este tipo de castigos denunciados se producen
bajo el supuesto de mantener la “seguridad de la institución carcelaria” hacia
aquellas que se atreven a denunciar los abusos cometidos por integrantes del
Servicio Penitenciario.
Cumplir una pena no tiene nada que ver con perder la vida y
los asesinatos, las torturas y los malos tratos en los penales son ejercicios
brutales de la violencia de las instituciones y el abuso de poder por parte de
sus funcionarios/as para mantener bajo control un orden que a la vez se
encuentra legitimado socio- culturalmente bajo la falacia de la “resocialización”.
El grado de aplicación de la fuerza punitiva del Estado y la
seguridad de todos/as sus habitantes responde a criterios de política criminal.
Porque decimos basta de violencia institucional es que también exigimos:
BASTA DE GATILLO FÁCIL
BASTA DE CRIMINALIZACIÓN DE LA JUVENTUD Y LA POBREZA
POR EL ESCLARECIMIENTO DE TODAS LAS MUERTES EN LAS CÁRCELES
POR LA DESMILITARIZACIÓN DEL SERVICIO PENITENCIARIO FEDERAL
NO MÁS AMENAZAS Y
PERSECUSIONES A FAMILIARES Y LUCHADORES/AS POR LOS DERECHOS HUMANOS
URGENTE ADOPCIÓN DEL SISTEMA NACIONAL DE PREVENCION DE
TORTURAS EN LAS CÁRCELES FEDERALES
POR NO MÁS EJERCICIO DE TODO TIPO Y FORMA DE VIOLENCIA Y
DISCRIMINACIÓN POR GÉNEROS
… “Porque las muertes y torturas en las cárceles también
constituyen violaciones a los derechos humanos”…
EN SU MEMORIA, A UN AÑO DE SU MUERTE,
CONVOCAN: FAMILIARES, AMIGOS/AS Y COMPAÑERAS DE FLORENCIA
“LA CHINA” CUELLAR
Contacto de prensa: 011 1525263605
Enviar adhesiones a: justiciaporlachina@gmail.com

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