El 15 de agosto de 1972, 25 presos políticos militantes del
ERP, la FAR y Montoneros se fugaron de la Unidad 6 de Rawson. Sólo seis de
ellos, los líderes, lograron el objetivo de salir del país. Los restantes
tomaron el viejo aeropuerto de Trelew, se entregaron y fueron trasladados a la
Base Almirante Zar. Allí, hace 40 años, fueron fusilados, en un hecho que pasó
a la inmortalidad como la Masacre de Trelew.
La idea de la fuga estuvo siempre viva en los pabellones que
los presos políticos ocupaban en el penal de Rawson. Luego de descartar que un
avión contratado fuera obligado a aterrizar en las adyacencias de la cárcel,
como les sugerían sus compañeros desde el exterior, Mario Roberto Santucho,
Enrique Gorriarán y Marcos Osatinsky, integrantes del comité encargado de la
planificación y ejecución de la huida, se inclinaron por un diseño que parecía
más sencillo: tras el copamiento de la cárcel, en camiones y camionetas, 110
guerrilleros se trasladarían hasta el aeropuerto. Allí abordarían aviones de
línea para cruzar la cordillera. Si lo conseguían, podrían afirmar que habían
protagonizado la fuga más grande de la historia argentina. Contaban con que el
gobierno del socialista chileno Salvador Allende, por principios o por condicionamientos,
no podría devolverlos a la dictadura. Fueron meses de trabajo intenso y
sigiloso. Fabricaron uniformes, gorras, bordaron las insignias del servicio
penitenciario, levantaron planos, acumularon información minuciosa de la rutina
de los guardias, estudiaron horarios de aviones, frecuencias de vuelos. Habían
logrado ingresar unas pocas armas cortas que servirían para reducir a los
primeros efectivos; el resto del armamento lo proveerían los propios
carceleros. Los militares iban a sospechar siempre que las pistolas habían sido
introducidas en el penal durante las visitas por el abogado radical Mario Abel
Amaya. Se tomaron un tiempo, pero no lo olvidaron: Amaya fue detenido y
asesinado a golpes en la cárcel cuatro años después, en octubre de 1976.
Sweter y escape
A las 18.30 del 15 de agosto de 1972, con unos minutos de
retraso, Santucho se quitó el sweater que llevaba puesto y lo agitó. Era la
señal de comienzo de la operación gestada por el acuerdo del Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR). Los militantes Montoneros no quisieron quedar al margen
del intento. Su representante en el Comité de Fuga era Fernando Vaca Narvaja e
integraba el contingente destinado a salir en el primero de los vehículos junto
a Santucho, Gorriarán, Domingo Mena (todos dirigentes del PRT), Marcos
Osatinsky y Roberto Quieto (jefes de las FAR).Durante la fuga, los guerrilleros
abrieron fuego una sola vez. Marcos Osatinsky disparó contra el guardiacárcel
Juan Gregorio Valenzuela, el único que atinó a resistirse y lo mató. Según
estaba estipulado, una vez tomados los pasillos, los pabellones, la dirección y
los puestos de guardia, buscaron los camiones. Pero los transportes no estaban
allí. Sólo se había hecho presente un coche en el que estaba como chofer el
militante de las FAR Carlos Goldemberg. A él ascendieron los seis máximos
dirigentes. Convencidos de que la fuga masiva había fracasado, los restantes
detenidos llamaron taxis y remises. Así, otros 19 prisioneros alcanzaron el
aeropuerto. Era demasiado tarde. El BAC 111 de Austral ya había levantado
vuelo. Entre el pasaje estaban Víctor “el gallego” Fernández Palmeiro y
Alejandro Ferreyra, ambos del PRT, y Ana Wiesen, de las FAR, quienes tenían
como misión ingresar en la cabina y controlar a los pilotos.
Bonet y Pujadas
Los guerrilleros que habían quedado en tierra pactaron su
entrega: pidieron la presencia de un juez y de un médico que constatara su
estado físico. Actuaban como voceros Rubén Pedro “el Indio” Bonet y Mariano
Pujadas. Exigieron ser devueltos a Rawson y no a dependencias militares. El
capitán de corbeta Luis Emilio Sosa les dio su palabra de que así se haría. Sin
embargo, el ómnibus que los trasladaba tuvo una larga parada a mitad de camino
y al reanudar la marcha el destino había cambiado: se dirigían a la base naval
Almirante Zar. Una semana después, más precisamente a las 3.30 del 22, el
capitán Sosa, seguido por el capitán Herrera y los tenientes Roberto Bravo y
Del Real, sacó a los rehenes de sus celdas y comenzó a disparar. Murieron Mario
Delfino, Rubén Bonet, Ana María Villarreal de Santucho, Eduardo Capello, Carlos
Alberto del Rey, Clarisa Lea Place, José Ricardo Mena, Miguel Angel Polti,
Humberto Suárez, Humberto Toschi y José Alejandro Ulla, todos del PRT; Carlos
Astudillo, Alfredo Kohon, María Angélica Sabelli, de las FAR y Mariano Pujadas
y Adriana Lesgart de Yofre de Montoneros. Sobrevivieron, malamente heridos,
María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, de Montoneros, y Alberto Miguel
Camps, de las FAR. La versión oficial habló de un intento de fuga de los
detenidos y un enfrentamiento, un episodio luego desmentido por propios
integrantes del gobierno de facto y por los tres prisioneros malheridos. #
Fuente:
http://www.diariojornada.com.ar/42328/Politica/Historia_de_una_masacre_la_semana_en_que_Trelew_conmociono_al_pais

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