Así lo ratifica la muerte de dos niños de la misma ciudad
–Lavalle- Corrientes, en apenas un año, uno de los cuales falleció hace apenas
una semana en nuestro hospital y, si bien aún resta confirmar el origen de la
toxicidad, las circunstancias, el lugar y los antecedentes indicarían, sin
lugar a dudas que la causa del envenenamiento fueron los agrotóxicos utilizados
en la horticultura.
Desde ATE, venimos desarrollando actividades de apoyo y
difusión a la Red de Médicos de Pueblos Fumigados y a las Madres de B°
Ituzaingó, a través de charlas que reflejan esta grave situación a través de
los dichos de sus víctimas y de trabajos científicos que lo fundamentan de
manera sobrada y que consideramos alcanzan para aplicar el principio
precautorio que prohíba el uso de estas sustancias.
Porque la Salud no es una mercancía y debe prevalecer sobre
cualquier otro valor…
Porque los venenos son venenos, enferman y matan…
Convocamos a los trabajadores de la salud a comprometerse y
movilizarse al respecto.
Exigimos a las autoridades que en lo inmediato se tomen
medidas para resguardar la salud de la población, que como siempre es la más
humilde, que está siendo agredida desde hace años y afectada de manera aguda y
crónica.
¡PAREN DE FUMIGAR-PAREN DE ENFERMAR- PAREN DE MATAR!
Junta Interna ATE
Hospital de Pediatría Juan P.Garrahan.
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Transcribimos a continuación la nota de una compañera del
hospital:
DOS NIÑOS MUERTOS POR AGROTOXICOS EN UN AÑO ¿CUANTOS MUERTOS
MÁS DEBEREMOS CONTAR?
Esto en verdad es algo que nunca hubiera deseado escribir.
Me lleva a hacerlo el dolor y la impotencia que desde hace unos días siento
tras conocer un dato, frío, como todos los datos o las estadísticas:
El sábado pasado, tras permanecer varios días internados en
grave estado, falleció otro niño, oriundo de la ciudad de Lavalle, Corrientes,
intoxicado por agrotóxicos.
En junio del 2011, me encontraba participando de un
Encuentro de Pueblos Fumigados en Carlos Pellegrini, Corrientes y allí supe de
la muerte de Nicolás y también de lo grave que estaba Celeste, trasladada a
Buenos Aires y en lista de trasplante hepático, que finalmente no necesitó.
Allí, la mamá de Nicolás me contó que vivían frente a una
tomatera que siempre “tiraban venenos”, que en esos día habían tirado y que las
zapatillas de los chicos tenían incluso pegado barro que se había hecho al
mezclarse con el agua que venía de la tomatera. Contó que Nicolás
lamentablemente no corrió la misma suerte de Celeste, él ni siquiera pudo
llegar a ser trasladado a un centro de mayor complejidad.
Los familiares de Celeste allí presentes, me encomendaron
que a mi regreso a capital contactara con la madre de la niña. En los pocos
encuentros que tuve –ya Celeste estaba mejor- relató nuevamente el miedo que
tenían de regresar a ese lugar, ya que sabían que la vida de ellos y sobre todo
la de sus hijos corrían serios riesgos a causa de la amenaza de envenenamiento
constante que significaba vivir allí, por las permanentes fumigaciones en las
tomateras.
A sabiendas de la gravedad de las consecuencias que las
fumigaciones están provocando en la salud de la población afectada, es que
participé de encuentros escuchando testimonios de pobladores y profesionales
afectados; escribí notas a autoridades hospitalarias alertando sobre el tema y
solicitando ayuda; difundí informaciones y participé en la organización de
charlas-ateneos dentro de instituciones de Salud, tres en menos de un año.
Evidentemente pareciera que nada de esto, que muchos otros
ya vienen tenazmente realizando y denunciando también desde hace años, hace que
las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto, de lo contrario
estas cosas no deberían seguir ocurriendo con descarada impunidad.
Ante tanta impotencia y dolor que, aún no me invalidan a
perseverar en el tema, algunas preguntas y reflexiones pugnan por salir de mi
cabeza.
No es esta la ocasión de citas pero, hay informes
científicos más que suficientes que indican que las sustancias que se están
utilizando en la agricultura en los últimos años son más que dañinos para el
suelo, el agua, los animales y las personas…es decir, más claro: son VENENOS
incluso algunos fueron utilizados como armas de guerra y ahora son derramados a
millones de litros sobre poblaciones indefensas.
Los niños de Corrientes tal vez hayan “cometido el delito”
de llevarse tierra o alguna planta del lugar -donde viven, aman y se saben
parte- a la boca. Cualquiera de nosotros o nuestros hijos, sobrinos o nietos lo
hemos hecho alguna vez, pero es evidente que a ellos desde hace unos años, esto
les está representando la diferencia entre la vida y la muerte.
Unos días antes de descomponerse el nene que falleció el
sábado, los “marcadores biológicos”, según cuentan, indicaron claramente que
ahí estaba pasando algo: cayeron fulminados el perro, los chanchos y otros
animales del lugar, “ninguno se agusanó” cuentan asombrados. Vaya detalles no?
¿Quién y desde cuándo han dictaminado que jugar con la
naturaleza sea una inapelable sentencia de muerte?
Imaginemos por un momento que en lugar de haber sido por
agrotóxicos, hubieran sido dos muertes en un año, en una ciudad de 5000 hab.
(como aproximadamente tiene Lavalle) por inseguridad por ejemplo, por
secuestros u otra causa ¿Cuál habría sido nuestra reacción como sociedad?…
¿Y la reacción de los medios…corporativos o no? Si la causa
hubiera sido otra, si además los chicos hubieran sido de otro medio
social…¿Cuál habría sido la atención, las páginas y el tiempo dedicado por la
prensa?…
Sin duda hubieran estado haciendo largas y firmes guardias
periodísticas esperando “el último parte médico” que informara como sigue
todo…estarían esperando resultados de análisis…de autopsia…etc.
En definitiva, estarían haciendo sentir a la sociedad que la
persona que está peleando por sobrevivir, si se muere, se nos muere un poco a
todos no??
¿Por qué en este caso no pasa lo mismo? Me pregunto: ¿la
muerte de estos dos nenes no nos debe doler a todos?
Eran dos nenes sanos, nunca nadie debía haberlos intoxicado,
tampoco fue un descuido de la madre…
Y, a los equipos de salud: ¿Qué responsabilidad nos cabe en
salir a denunciar estas cosas que vemos están pasando? ¿Es ético seguir mirando
para otro lado cuando están envenenando a las personas impunemente?
Y estamos hablando acá solo de las intoxicaciones agudas,
¿qué pasa además con las consecuencias crónicas en el medio ambiente y en las
personas? ¿Qué pasa desde el punto de vista de la salud, con el aire que
respiramos, con el agua que tomamos, con los alimentos que ingerimos?..
Esos tomates de Lavalle seguramente estarán en nuestra mesa
mañana?…Que la población esté ingiriendo a diario pequeñas dosis de tóxicos que
se irán acumulando progresivamente, no es un problema de salud?
Y, en caso de haber recibido un trasplante hepático, ¿no
deberíamos cuestionarnos si es un éxito para la ciencia o los equipos de salud
intervinientes, realizar un trasplante con todo lo que ello significa, en un
nene que nunca debía haberlo necesitado, de no ser porque se está permitiendo
envenenar a las personas?
Y: ¿A quién vamos a comunicar los resultados de los
análisis, al SENASA? institución que permite que estos venenos sigan siendo utilizados?
Qué esperamos que nos van a decir? No debemos pensar en hacer algo más?
Y al Ministerio de Educación? No le preocupa que “sus
alumnos y maestros” estén siendo fumigados mientras están tomando clases o en
los patios de las escuelas? Tampoco lo saben?
Y que se están enfermando y muriendo como consecuencia de
ello?
Algunas cosas, pocas, tengo claras entre tanta impotencia y
dolor que aturde.
Esto no se arregla “alejando” las fumigaciones. Los venenos
son venenos y enferman y matan, más rápido o más lentamente, sea por aire, por
tierra, a 800 o a mil metros: creo que no hay lugar a discusión: NO SE DEBEN
USAR.
Lo más fácil es cargar sobre responsabilidades individuales
–que las hay por supuesto y deben pagar- pero pienso que hay otras que son más
grandes y siempre terminan eludiéndose y son las que corresponden a las
autoridades que deben tomar medidas urgentes, prohibiendo usos y protegiendo a las
víctimas que son presa fáciles de esta situación, por ser los más humildes y
con sus necesidades totalmente insatisfechas.
Protegerlos significa no dejar que nadie tome represalia con
ellos y ofrecerles otro medio de subsistencia que no sea a costa de su salud o
la de sus familiares por ejemplo.
Pienso que la solución no es fácil, pero es una decisión
política, no hay otro modo de cambiarlo y debe priorizar la Salud a la
rentabilidad indefectiblemente, aunque tristemente uno observa que todo va
camino a seguir profundizándose, pero en sentido contrario.
Mientras, seguiremos insistiendo en que los agrotóxicos
enferman…envenenan y matan, pero sin dejar de denunciar también que de todo eso
hay responsables, hay homicidas y hay cómplices que callan y otorgan mientras
se llenan de dinero.
Sin duda hay que subvertir los valores ya que, de seguir
así, seguiremos contando los enfermos y muertos que por supuesto siempre los
ponemos nosotros, los de este lado de la vereda.
Mercedes Mendez/Mechi
Enfermera del Hospital Garrahan
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Noticias/Argentina_Murio_un_nino_en_el_Hospital_Garrahan_por_agrotoxicos

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