“Es cierto que esta
devastación dejó heridas y secuelas que todavía debemos evaluar, para poder
superarlas.
Secuelas de escepticismo en muchos, de vivencias de soledad, de
vacuidad, desconfianza.
Es cierto que la forma fascista sobre lo sano y lo enfermo, lo normal
o lo patológico, la norma que calificó a la disidencia, a la participación, al
compromiso político, a la lucha, como suicida, como locura contaminante, como
gravísima expresión de inadaptación social, y al silencio, a la pasividad como
lo pertinente, lo sano, lo adecuado, lo adaptado, sigue operando
inconscientemente en muchos de nosotros. Y eso crea un terreno fértil a otro
aspecto de su trabajo ideológico: la idea de la inevitabilidad de su retorno,
de que nada podemos hacer”.
Ana Pampliega de Quiroga escribió lo anterior en el año 1986 en el libro: "Enfoques y
perspectivas en psicología social, buenos aires, Ediciones Cinco".

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