En las primeras
audiencias correspondientes al microcircuito de Puesto Vasco (localidad de Don
Bosco, Quilmes) y Comando de Operaciones Tácticas N°1 de San Isidro, Lidia
Papaleo y Rafel Ianover dieron importantes testimonios sobre las amenazas para
la venta de acciones de Papel Prensa. Alberto Liberman y Juán Destéfano también
relataron y señalaron a sus torturadores.
Por Cobertura del
Juicio al circuito Camps - Colectivo de Trabajo
Alberto Salomon
Liberman fue ministro de obras públicas desde enero del 74 hasta el 26 de marzo
de 76. Meses después fue secuestrado por la fuerza de su casa, el día 14 de
mayo de 1977 y llevado a lo que luego supo que fue el Comando de Operaciones
Tácticas N°1 Martínez, “allí fui interrogado y torturado”. Eran más de 30
personas detenidas y Alberto recuerda a otro cautivo que compartió su circuito,
el Dr. Miralles, también a “un muchacho que era levantador de apuestas”, tres
hermanos de apellido Jacarino y el Dr. Cobich. “También escuchamos que estaba
un periodista, el director del Cronista Comercial”, contó. La tortura allí era,
básicamente, la picana eléctrica, “me preguntaban cosas relacionadas con la
gestión, cosas que no tenían sentido”.
“La celda en la que
estábamos nosotros tenia 4 por 4 como máximo, llegamos a ser 15, 16 personas,
un techo de chapa con goteras...casi nos ahogamos, el 25 de mayo llovía por
todos lados... condiciones precarias, un colchón y una manta para cinco”,
describió.
A principios del
mes de Junio fue trasladado a otro lugar, que era el Puesto Vasco, “ahí estaba
Miguel Delsoro en una celda individual, se agregó Nazar, Boin, y desde antes
que nosotros estaba Jacobo Timerman, y otros”. También conoció allí al cura
Christian Von Wernich. Allí no fue torturado ni interrogado. De ahí fue llevado
al Pozo de Arana por diez o quince días, donde les hicieron dos simulacros de
fusilamiento. “Recuerdo que se escuchaban gritos, ruido de disparos, y olor a
quema de neumáticos que el comentario era para disimular el olor a carne humana
quemada que era muy peculiar”.
Luego nuevamente a
Puesto Vasco, hasta octubre del 77, “me acuerdo la fecha porque decían que ese
día se había incendiado el Teatro Argentino”. Su próximo centro clandestino fue
la Comisaría de Monte Grande, donde perduró hasta Agosto del 78. “El día 23 nos
dijeron que habían hecho una investigación, que éramos gente de bien, que nos
iban a soltar”, los dejaron finalmente cerca de la estación de trenes de
Burzaco.
Ante las preguntas
del Tribunal y de las partes Liberman dijo que: “quien manejaba el Coti Martínez
se hacía llamar Zaracho, quien manejaba la investigación, Trimarco”
“Estaba con Héctor
Magnetto, y nunca me voy a olvidar sus amenazas de muerte”
Lidia Elba Papaleo
de Graiver se sentó al estrado pasadas las once del mediodía y los flashes
comenzaron a sonar reflejando que el testimonio que se escucharía no sería uno
más. El presidente del Tribunal Carlos Rozansky hizo la introducción legal de
siempre y realizó él mismo la primer pregunta a la mujer: si había estado
detenida durante la última dictadura.
“Yo fui privada de
mi libertad el 14 de Marzo de 1977”, comenzó Papaleo. Lo central de este
testimonio, que también va a ser calificado como “Caso”, es su esposo David
Graiver quien siendo un empresario argentino con más de 36 empresas en todo el
mundo, murió tras la caída del avión en que viajaba el 6 de Agosto de 1976;
“fue un accidente provocado, según pienso yo”, sentenció la mujer, y relató
que, a raíz de quedarse viuda y con todo lo que ello llevaba, decidió a los 40
días volver a Argentina junto a su hija de 2 años.
“Recibimos todo
tipo de sugerencias y amenazas, personales o en grupos, telefónicas o en
persona, gente que trabajaba con mi marido, que me decían cómo tenía que
actuar... yo ya sabía que tenía que vender todas las acciones”, dijo; y agregó
que algunos empresarios le transmitieron una orden del gobierno de facto de que
tenía que venderlas a personas argentinas que no sean judías.
Lidia era psicóloga
y vivía en México junto a su pequeña bebé, mientras que el empresario vivía los
días de semana en Nueva York y los fines de semana iba con su familia. El día
que el avión cayó provocando su muerte, sus padres y su hermano estaban de
visita en Acapulco, México. “Nos encontrábamos toda la familia”, explicó.
“El avión no sólo
iba sobrevolado, a demasiada altura, sino que también tenía el altímetro roto,
si los pilotos hubieran usado el altímetro manual, no hubiese habido
accidente”.
Relató que, un mes
antes, un amigo de Graiver llamado Gabriel Alarcón le dijo durante el almuerzo
de un domingo familiar que debía vender Papel Prensa, porque le iba a costar la
vida, “yo en ese momento todavía ni sabía lo que era Papel Prensa”, dijo y
explico que ella no se metía en los negocios. Ya en Buenos Aires, Papaleo
comenzó a reunirse en la oficina de Suipacha y Santa Fe para comenzar a ceder
acciones, “la gente no me conocía como parte de la empresa, nunca había estado
vinculada”.
Respecto a las
amenazas recordó que le envió una carta al presidente Videla para entrevistarse
con él y contarle, y agregó que incluso recibía amenazas sobre su pequeña hija;
en ese momento Papaleo se tuvo que hacer un silencio y tomar un trago de agua
para seguir relatando.
Sobre la cuestión
de la empresa Papel Prensa, dijo que ella tuvo que interceder porque una parte
del legado le había quedado a la beba, la cual ella tenía la Patria Potestad.
Relató entonces que fue llevada a una reunión que se realizó por la noche en el
diario La Nación, en Noviembre del 76.“Nosotros veníamos muy mal, muy
asustados, sobre todo por el desconocimiento de vernos envueltos en una cosa de
esa magnitud y además porque quien podía manejar ello con mejor capacidad era
Jorge Rubinstein”. Rubinstein, mano derecha de Graiver, había tenido una
operación “a corazón abierto”, y en ese momento estaba internado “con todos los
huesos rotos, por un accidente también provocado, cuando venía en remis para La
Plata”. Además, al momento de esa reunión su hermano Osvaldo Papaleo ya estaba
secuestrado en la “vieja cárcel de Devoto”.
“Llegamos. Era un
lugar muy amplio, pero estábamos todos separados: los padres de David estaban
en un lugar, Ianover (testaferro) en otro, yo estaba con Héctor Magnetto”,
describió la extraña situación física del lugar y remató: “recuerdo sus
amenazas de muerte, nunca me voy a olvidar de su mirada... ’vendan o pierde la
vida usted y su hija’ me decía y me explicaba que no había opción que no se
vendiera”, dijo Lidia para concentrar todo el silencio en la sala. “Sólo hablé
con él ese día”.
Finalmente la firma
fue hecha y el tramite culminado el 9 de Marzo del 77. Cinco días después
Papaleo fue secuestrada y trasladada al “Puesto Vasco” en la localidad de Don
Bosco, Quilmes; “me torturaron desde el primer día que llegué”, dijo para
empezar a contar su cautiverio. Algunos días después fue llevado al lugar Jorge
Rubinstein, “siempre escuchábamos cuando alguien iba a ser torturado, por sus
gritos; cuando le tocó a él escuchamos el ruido de un cuerpo que se cae al piso
y es arrastrado”, relató. Rubinstein había muerto en la tortura de Puesto Vasco.
También había sido secuestrado y torturado, una semana antes que Papaleo, Juan
Graiver, el padre del empresario.
Luego de un par de
días en Puesto Vasco, Papaleo describió que “fui teniendo quemaduras en el
abdomen, los genitales y los pechos por la tortura”; según relató, la sala para
la picana era en una cocina, donde había un elástico, una ventana, un auto
afuera, donde se conectaba a la batería...
Además contó que
sólo tenía contacto con dos personas: un militar de apellido Rojas y con
Norberto Cozzani, uno de los acusados en este juicio, que estaba mirándola
atentamente sentado a 2 metros detrás. También relató que cada tanto “venia un
señor que era flaquito, rubio, con anteojos, que me tomaba una nueva
declaración, llamaba a alguna de estas personas y les contaba, y sino coincida
yo sabía que esa noche nuevamente había tortura”. El mismísimo Cozzani la
torturaba, “él mantenía un rol de extrema violencia todo el tiempo”, describió.
Desde el 14 de
Marzo hasta semana santa estuvo allí y luego fue trasladada a un segundo lugar
que quedaba por el Camino Negro. “Al primer día sacan a una mujer de la celda y
la hacen parir en el pasillo, nunca pude recordar su nombre”. Así comenzó la
estadía en su segundo centro de detención, junto a otras personas que estaban
vinculadas con el “Caso Graiver”. De ahí fue a una Comisaría, de donde la pasan
a buscar y la llevan a una reunión en La Plata.
“Aparezco en un
semicírculo donde estaba Jacobo Timerman, todo torturado y vendado, un
escribano que no estaba detenido de apellido Matheu”, y algunas otras personas,
con las que la llevaron a un departamento donde Papaleo había dicho que estaban
las acciones del diario La Opinión. “Era en la casa de la familia Sager, era de
noche y de ahí salimos con las acciones”, relató, y agregó que después le
destruyeron la casa a esa familia. “Estaba Cozzani ahí, me acuerdo porque tenía
una habilidad, abrir las Coca Cola con una pistola”. En ese momento fue que se
encontró con el Coronel Ramón Camps quien estaba muy agradecido por haberle
señalado el lugar, y le concedió “lo que quiera”; Papaleo sólo pidió el
documento de su hija, y poder ver a su hermano detenido.
Finalmente
volvieron a la comisaría donde Lidia comenzó a recomponerse de las heridas y
fue trasladada al Departamento de Policía de Buenos Aires, en la Capital
Federal. “Después de un tiempo me permitieron que nos visiten la familia,
nuestros abogados, mi hija”. Allí también estaba Timerman. En Junio la llevan a
la cárcel de Devoto, hasta Diciembre que va a “una cárcel que ahora está
cerrada y es un museo de memoria en San Telmo”, hasta el 5 de Junio donde es
trasladada a la cárcel de Ezeiza un tiempo y vuelta a Devoto. Entre traslados y
traslados salió en libertad el 24 de Junio de 1982.
Ante las preguntas
de las partes Papaleo relató que mientras ella estaba detenida una fuerza
militar había ido a su casa, que quedaba en un segundo piso y “pusieron dos
camiones de culatas frente a la ventana, y se llevaron todo”. Finalmente un
Coronel dejó a sus padres volver a vivir ahí.
En otro momento de
la audiencia, ante una pregunta de la Fiscalía acerca de las consecuencia que
le habían traído las torturas, Papaleo y Rozanzky decidieron dejarla para
después, cuando se retire el público y la prensa, pero adelantó que por la
tortura le había agarrado un tumor cerebral, y al irse a diagnosticar y operar
a un Instituto le dijeron que se había dislocado los cuatro miembros, por lo
menos cuatro veces cada uno, “a veces durante la tortura uno esta atado de pies
y de manos pero la desesperación de dolor hace que uno se mueva
desesperadamente”, explicó. Una conspiración para quedarse con la información
Rafael Ianover es
un hombre de tercera edad, habla de manera muy clara y tranquila, parece un
hombre muy culto. Se maneja un poco encorvado con la ayuda de un bastón, y
tiene una relativa sordera. Sentado en el estrado frente al presidente del
Tribunal comenzó diciendo que él ya sabía que lo iban a secuestrar, “en esa
época se comentaba en Buenos Aires lo que estaba sucediendo y muchos amigos me avisaban
que me iba a secuestrar, y me recomendaban que me vaya del país”.
Antes de llegar al
día de su secuestro es fundamental pensar en el punto de inflexión que
significó la reunión del día 2 de Noviembre de 1976 en el edificio del Diario
La Nación.
Habría que
trasladarse algunos años más atrás en el tiempo para explicar la composición de
la Empresa Fapel, cuyo dueño era David Graiver pero tenía como testaferro
algunas acciones a nombre de Ianover, esta empresa era el principal accionista
de la planta Papel Prensa.
“Mientras fui
vicepresidente de Papel Prensa existió el proyecto de construir una segunda
planta, después por problemas financieros hubo que desistir del proyecto”,
comenzó muy tranquilamente a explicar este contador público octogenario. “El grupo
privado (Fapel) tenia 26% de acciones clase A, el Estado tenia el 25% de
acciones clase B, entre los dos manejaban la empresa; después estaban las
acciones clase C para que se suscribieran los diarios que quisieran, las
acciones clase D eran para contratistas y las clase E para el público en
general”.
Lo central de esta
explicación es que, según relató Ianover, el Estado nunca abonaba los aportes
que debía, a la par que el grupo privado, y los diarios tampoco se suscribían
sus bonos clase C, por lo cual Fapel tuvo que pedir préstamos. “En el 76 la
planta no estaba terminada, tenía un %80 de construcción”, aclaró.
La primer cesión de
acciones de Papel Prensa fueron las que poseían Ianover como testaferro y el
resto de la familia Graiver (sus padres y su hija de 3 años) como herencia tras
la muerte del empresario, y fueron dadas a la empresa Fapel. “Años mas tarde yo
me di cuenta que la firma Fapel era un sello de goma por que estaba constituido
con el mínimo de capital que era 12.000 pesos, no estaba en condiciones de
pagar un paquete accionario como papel prensa”. Intentó explicar.
La cuestión es que
para que los accionistas de Graiver cedieran sus acciones se debió ejercer en
ellos una profunda presión. Como ya lo había relatado horas antes Lidia Papaleo,
tras la muerte de David Graiver, y todas las amenazas que prosiguieron, su
familia había decidido vender todas las acciones; tal era la voluntad de la
familia, tal fue el compromiso que debió sostener Ianover como testaferro, sin
ser dueño de ningún capital de esas acciones, “yo solo era el custodio de esas
acciones, y sabía que la familia quería venderlas”.
Pero además, tras
las sugestiones y amenazas recibidas, Ianover tuvo un intermediario para este
traspaso; se trató de Patricio Peralta Ramos, un conocido del diario La Nación.
“Él me dio su palabra de honor de que si yo firmaba el traspaso de las
acciones, nada me iba a suceder a mí ni a mi familia”. Ianover estaba
atemorizado. El respeto de la palabra fue traicionada.
La Reunión en el
diario La Nación se realizó el 2 de Noviembre de 1976. “No puede ser que el
comprador hiciera firmar por separado a los vendedores, lo cual demuestra que
se hizo bajo presión”, relató tras describir que los vendedores no se
encontraron entre sí.”Yo ni leí el convenio por lo atemorizado que estaba”
Había allí una cláusula donde Papel Prensa podía transferir a cualquier
empresa, después Ianover se enteró que Papel Prensa había cedido la titularidad
de las acciones a Clarín, La Nación y La Razón.
“Fue una estrategia
de los tres diarios para poder acceder a la empresa. Ya en varias oportunidades
el Dr. Magneto dijo que quien produce papel para diario maneja la información.
Por ello no podían permitir que un grupo privado judío manejara la
información”, remató.
A pesar de la
“palabra empeñada”, el 12 de abril un grupo de tareas secuestró a Ianover de su
casa. “Me llevaron a una comisaría de Banfield o de Lomas de Zamora, me atan
las manos y me tabican”. Al día siguiente lo llevaron a otro lugar, “no se si
es Puesto Vasco o Banfield”, y allí lo interrogaron, le hicieron escuchar el
sonido de un discurso de Firmenich.
Fue trasladado
luego durante 16 meses al Departamento de Policía de Buenos Aires, donde estuvo
con Timerman y donde, según relató, a veces comía con los propios policías,
“teníamos una relación cordial”. En Agosto fue puesto a disposición de un
Consejo de Guerra, pero a pesar de ser dictaminado en libertad, se encontraba a
disposición del Poder Ejecutivo y así, tuvo que estar un año más.Finalmente
salió en Agosto del 77 y tuvo un año más en libertad vigilada.
Señalan a Cozzani,
Etchecolaz y Tarella como torturadores
Juan Destéfano, al
final de la audiencia del martes 29 de Mayo, relató que fue detenido en la
Capital Federal en Agosto del 76. Estuvo en el Primer cuerpo del Ejército y
luego en la Unidad 9 de La Plata, donde “muchísimas veces fui sacado muy
violentamente y trasladado al Puesto Vasco”. En la sala de torturas de este
lugar habían puesto un cartel que decía “Sala de Operaciones”.
Luego fue a parar a
Coti Martínez, donde fue torturado por primera vez por Norberto Cozzani, por
Miguel Etchecolatz y por Amilcar Tarella, en reiteradas oportunidades.
“De ahí era llevado
a la Unidad 9 para recuperarme, andaba con zapatos sin talones porque tenía los
pies quemados por la tortura”. “Un día Echecolatz me trasladó de Unidad 9 sin
venda y me dijo no culpes a nadie en la tortura el que tortura soy yo’”.
Después fue llevado
al Pozo de Arana: “yo he leído mucho de campos de concentración, puesto Arana
debe estar en uno de los lugares mas siniestros del mundo...ahí se ensañó
conmigo Beto Cozzani, y también vi. a Etchecolaz y a Tarella”.
“Son estos señores
torturadores, asesinos, pareciera que no hubiesen tenido familia, porque yo
creo que es imposible volver a besar a un hijo después de torturar...no hay
nada peor que un señor desnudo atado en una cama recibiendo tortura”
Guardó un capítulo
aparte para mencionar al rol de los médicos: “Por respeto a los médicos, a este
no hay que decirle mas medico, hay que decirle asesino. Yo estaba en puesto
arana y el revisaba el corazón de unos detenidos para ver si se podía torturar,
el dijo ’a este dale con todo que tiene una chapa’... es famosísimo, trabajaba
en el hospital de Wilde...lo pude reconocer. Es Bergés”, disparó. Recordó que
en Puesto Vasco no fue torturado porque conocía al jefe a cargo, Darío Rojas,
ya fallecido; allí estuvo con Timerman, con Osvaldo Papaleo, y muchos más del
gabinete de la Provincia de Buenos Aires (él era Secretario de Gobierno). Con
respecto al “infierno” de Arana, relató que el jefe de este lugar era Miguel
Kearney. Finalmente, un día vino Ramón Camps y dijo ’se terminó, llévenlo a
puesto vasco, llévenlo a la cárcel y no se tortura mas’.

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