Opinión
Rachel y Constanza
Holway.
Por Rachel Holway (*),
especial para NOVA.
Sin cliente no hay
explotación ni trata. Tan simple. Tan complejo. Vivimos en una sociedad
patriarcal con un modelo judeo-cristiano establecido que toma a la mujer recién
como ser humano en el Concilio de 1881, cuando la Iglesia Católica acepta que
tiene alma. Durante miles de años la mujer fue propiedad en todos los terrenos
del hombre.
Es muy difícil en un
siglo destruir lo que se construyó en miles de años de sociedad patriarcal. En
la Grecia Antigua la mujer no debía salir de la casa y tenía que quedarse
encerrada para mantener el fuego del hogar, si la mujer andaba por las calles
era considerada "mujer pública" (prostituta) Y no tenía derecho a
defenderse de las ofensas sexuales.
En el Derecho Romano,
la mujer es una posesión más del hombre y el hombre posee el derecho a
repudiarla y echarla de la casa si lo considera.
Entre los sajones las
mujeres sabias eran consideradas poseídas por el demonio porque la mujer debía
ser naturalmente tonta e ignorante y así fueron quemadas en la hoguera como
brujas miles de mujeres por el mero hecho a veces de saber leer.
Entre los judíos hasta
fines de los ‘90 del siglo XX se consideraba que las mujeres no estaban
habilitadas para recibir las iniciaciones de la Kabbalah.
Y así encontraremos en
toda la historia de la humanidad ejemplos sin fin.
El ejemplo más
aberrante y actual de la desigualdad entre el hombre y la mujer lo dan los
organismos internacionales como Naciones Unidas, UNIFEM y la OIT, donde se
demuestra que el 80 por ciento de todo el trabajo que se realiza en el mundo lo
hacen mujeres, siendo estas dueñas del 1 por ciento de las propiedades de todo
el planeta.
Esta es la sociedad
donde vivimos hoy día, no otra. Es una sociedad donde la mujer está obligada a
trabajar para subsistir pero con muy pocas posibilidades de tener el poder
económico, político, etc., del hombre.
Ya aún en los planteos
de libertad t igualdad de la Revolución Francesa que dio origen a las
repúblicas democráticas contemporáneas se dejó de lado el tema de los derechos
de la mujer y obviamente los derechos de
los niños.
Hasta en el Contrato
Social de Jean-Jacques Rousseau, hay un olvido de los derechos de la mujer.
Entonces vemos que lo
que sucede con la mujer está basado en una educación desde el machismo y el
patriarcado, ya sea por intención o por abandono del tema.
Frente a esta sociedad
se encuentran los hombres, que no son educados en comprender que la mujer es un
igual con iguales derechos y obligaciones. Se toma a la mujer como madre, hija,
hermana, esposa, no como ser individual. Y esto se ve claramente cuando una
mujer tiene una conducta sexual libre típica de los hombres sin prejuicios es
etiquetada por los demás como promiscua.
Todo surgió del miedo
ancestral sobre el origen de los hijos. Miedo que lo abarca al hombre.
Cualquiera para un hombre puede ser promiscua menos su novia, su mujer o su
madre.
Metiéndonos en este
mapa, vemos que los hombres estimulan a los congéneres menores de las familias
a "hacerse hombres" teniendo su primer relación con una prostituta
para asegurarse la supuesta "hombría" y por temor a la
homosexualidad, de lo que surge una discriminación doble. Una hacia la mujer y
otra hacia las libertades sexuales.
El hombre iniciado
sexualmente a través del sexo pago, es difícil que en el trayecto de su vida
deje de repetirlo, cada vez que sienta las mismas necesidades que sienten
sexualmente las mujeres, pero que las mujeres subliman a través del trabajo,
los estudios, etc., solucionarán sus necesidades básicas en lo que le enseñó el
tío, padre, primo o hermano mayor de su familia. Claramente, yendo al
prostíbulo, departamento privado, VIP o como quiera llamarse.
Esto bloquea ciertas
partes relacionadas con la emoción en el hombre de por vida, salvo terapias
psicológicas mediante. Ya que aprenderán que esas caricias compradas valen
igual que las caricias verdaderas. Esos bloqueos llevarán a que no pueda ver a
la mujer como a una igual ya que los hombres entre hombres no suelen comprarse
(a excepción de los travestis).
El foco se perdió. Una
vez que un hombre tiene una relación sexual paga pierde el foco de como mirar a
la mujer y sólo será resuelto en terapia.
Se vuelve a la mujer
objeto. Es comprable, alquilable, rentable.
La visión entre el
proxeneta y el cliente en un punto no es diferente, ambos ven a la mujer como
un objeto rentable. Uno para rentar, comprar, vender, obtener ganancias y el
otro para alquilar, comprar y saciar sus necesidades sexuales.
Por esto hay que
concientizar en que tener relaciones sexuales pagas conlleva un historial
psicológico difícil de resolver en cuanto al respeto de la mujer como persona.
Que se puede resolver si el hombre acepta que hay un error en ello y se propone
sacarse mandatos sociales y familiares al respecto.
Cuando un hombre
consume una mujer, sea donde sea, en un departamento privado, en un pub,
whiskería, club nocturno o prostíbulo, no tiene conciencia de si esa mujer está
secuestrada, si está extorsionada, en qué situación llegó esa mujer a esa
posición. Así es como hemos visto declaraciones judiciales de funcionarios que
han tenido relaciones sexuales con chicas secuestradas que han declarado que no
sabían que era menores, que desconocían que estaba secuestrada, etc.
Pasa lo mismo con el
material pornográfico, a excepción de producciones de empresas reconocidas en
su gran mayoría, que está realizado por mujeres secuestradas de diferentes
países.
Nos encontramos en
Argentina con una ley contra la trata que cumplió cuatro años en abril pasado,
donde no se multa al cliente, donde la victima de trata si es mayor de 18 años
debe decir que es víctima (lo que es un real disparate) aún si es encontrada
encadenada en un sótano, donde no se le expropian ni las cuentas a los
proxenetas ni se multa ni se castiga al cliente.
Marcelo Colombo,
responsable de la UFASE (Unidad Fiscal de Asistencia para la Investigación de
Secuestros Extorsivos y Trata de Personas) ha informado que en estos años ha
habido 58 condenas por trata de personas de las cuales 54 son por explotación
sexual. Y el mismo Colombo ha manifestado que el problema mayor es el cliente.
Colombo manifestó que
mientras haya clientes será muy difícil desarmar la trata. Entonces, acá el
cliente es el responsable de la trata en la Argentina. Si nos despertamos de
esto. El cliente en este caso no tiene la razón.
El cliente es tan
prostituyente como el proxeneta, porque piensa sobre el cuerpo de la mujer de
la misma manera que el proxeneta al pensar que es un bien de cambio. Rentable,
alquilable, comprable, etc.
En países nórdicos.
para resolver el problema de la trata sexual, a sabiendas que la mayoría de las
prostitutas son mujeres conflictuadas con severos problemas psicológicos,
sociales, ambientales, que vienen de historias de violencia familiar, abuso
sexual infantil, que no tienen trabajada la autoestima, se las ha tomado a
todas, sin diferencia, como víctimas.
Por lo cual se ha
legalizado la prostitución pero se les dan tratamientos, se las controla a
través de los ministerios de salud en la parte física como psicológica y se
implementan programas a largo plazo de reinserción social donde la mujer puede
ingresar con un trabajo digno. En cambio, el cliente es quien va preso.
En estos países
nórdicos casi no hay prostitución porque los clientes saben que van presos. En
la base de estar revictimizando a una mujer que ya es víctima. Suecia, sin más,
ha metido presos en un año a cuatro mil clientes.
Entonces, pensemos:
¿el cliente siempre tiene la razón? En el caso de la explotación sexual, no.
Sin clientes no hay trata,
no hay explotación sexual infantil ni de mayores. Sin clientes no hay prostitución.
(*) Titular de la ONG
“Alerta Vida”.

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