Por Horacio Meguira
21/11/12
La unidad en la acción trazado por las conducciones
nacionales de CGT y CTA tuvo ayer su pico más alto.
Las huelgas provocan efectos en distintas direcciones pero
lo central, es que los trabajadores adhirieron porque pretendieron demostrar su
descontento por su situación laboral y social. La pérdida del poder adquisitivo
fue el motivo más relevante de la huelga general. El universo imponible del
impuesto a las ganancias sobre los asalariados comprende a más de dos millones
de trabajadores.
Los niveles más bajos de los asalariados se ven perjudicado
por la ausencia de aumentos del valor de las asignaciones familiares. Los
trabajadores que perciben bajos salarios y tienen familias numerosas no ven
incrementos significativos de sus ingresos.
También hay modificaciones en la estructura del conflicto.
De acuerdo al Observatorio de Derecho Social de la CTA, la conflictividad
refleja un crecimiento de suspensiones, despidos masivos, quiebra o cierre de
empresas; también a un aumento de los conflictos por actividad. Esto demuestra
la resistencia de los empleadores a otorgar aumento salarial.
La actitud del Gobierno respecto al proyecto de riesgo de
trabajo también alimentó el descontento. Aun cuando la previsión social fue
nacionalizada, la situación de los trabajadores jubilados se hace insostenible:
el beneficio mínimo (percibido por más del 70% de los beneficiarios) bordea los
umbrales de la indigencia.
Es notable pero no casual que las dos centrales convocantes
estén cuestionadas en su legalidad y sometidas a actos de injerencia del
Ministerio de Trabajo. Esto lleva a una situación peligrosa parecida a la
década del 90: la titularidad del conflicto general recae sobre centrales no
reconocidas y la negociación sobre las “legalizadas”.
Las declaraciones de los funcionarios respecto a la huelga
general consistieron en la repetición de palabras vacías a que nos tienen
acostumbrados. Pretenden desprestigiarla.
Bueno sería que su preocupación garantice durante todo el
año el trabajo digno a muchos trabajadores que no lo tienen, que el transporte
de pasajeros se garantice regularmente y que los hospitales permitan un acceso
universal a la salud.
La unidad en la acción es una vieja metodología de las
luchas obreras. La reivindicación económica une a sectores con distintas
posiciones ideológicas. Las dos centrales sindicales después de muchos años de
desencuentros, hoy son capaces de elaborar un pliego abierto sin perder
identidad.
En todos los gobiernos democráticos hubo huelgas generales.
Siempre fueron el preanuncio de una modificación política sustancial, con la
clase trabajador y la sociedad civil. Su contundencia demuestra que ésta no va
a ser la excepción.

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