COMUNICADO:
Justicia YA! La Plata
Para quienes pasaron por los centros clandestinos de
detención (CCD) de la última dictadura, poca duda puede haber de lo que allí se
consumó fue un genocidio. El secuestro, la tortura, las violaciones, el
asesinato, la desaparición, el robo de los hijos configuran el horror mismo,
que fue implementado para imponer un sistema político y económico de entrega.
Dejar a un puñado de sobrevivientes, de aquellos que transitaron la muerte en
los campos de exterminio, tenía una finalidad precisa: aterrorizar, inocular el
terror en nuestro pueblo, rompiendo los lazos solidarios que durante décadas se
habían creado, permitiendo que la desconfianza fuera la que tejiera nuevos
hilos. Vencer ese mandato de los perpetradores fue parte de la resistencia,
pero también lo fue cumplir con otro mandato: el de aquellos que no pudieron
salir de los campos, el de nuestros compañeros. Ser su voz se convirtió en un
deber. Denunciar lo que había sucedido y señalar a cada uno de los responsables
fue la responsabilidad asumida en estos más de treinta años por amplios
sectores de nuestro pueblo que lucharon y luchan contra la impunidad.
Luchamos contra la impunidad consagrada en forma de ley.
Logramos la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, llegamos
al primer juicio desde la reapertura de las causas: el que sentó en el
banquillo al ex comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz. En los alegatos de ese
juicio, desde Justicia YA!, reclamamos que se reconociera que en la Argentina se perpetró un genocidio. Antes de
escuchar la sentencia, escuchamos las críticas de aquellos que decían que con
nuestro reclamo poníamos en peligro los juicios, que las causas podían caerse,
que había que contentarse con unos pocos juicios fragmentados que ocultaban la
dimensión de la matanza, que había que jugar con las pocas cartas que el
sistema arrojaba. Sabíamos que la dictadura había intentado "reorganizar"
toda la estructura social, destruyendo parcialmente al grupo nacional
argentino, no encontrábamos otro nombre para ello que GENOCIDIO.
Desde ese 2006 que logramos la condena a prisión perpetua a
Etchecolatz, insistimos en cada tribunal que se reconociera y sancionara el
proyecto genocida de la última dictadura. Después de estos seis años de lucha,
en el juicio que se siguió contra 26 represores del circuito Camps, escuchamos
a las otras partes querellantes aunarse en el mismo reclamo. Y por fin
escuchamos el miércoles 19 al Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de la Plata,
presidido por el Dr. Carlos Rozanski, decir que las conductas de los 23
imputados, "al dirigirse inequívocamente al exterminio de un grupo
nacional, importan la comisión del delito internacional de genocidio" y
que por ello correspondía la condena por ese delito. La sala estalló en un
grito liberador. Aplaudimos, lloramos, sentimos que al fin los tribunales
empezaban a hacerse eco de lo que el pueblo gritaba hace décadas. Porque ahora
sí, en el país, en el que en la calle se les grita a los perpetradores
"genocidas", los jueces dicen que lo son. Y lo dicen porque luchamos
y probamos que así lo es.
La sentencia del miércoles pasado fue un reconocimiento
judicial de lo que es una verdad popular. Logramos que el TOF ordenara a los
jueces de instrucción investigar los delitos sexuales en los CCD, el accionar
de las jerarquías de la Iglesia católica y de la corporación judicial y el rol
de los civiles, piezas imprescindibles para la construcción de décadas de
impunidad en nuestro país. También que exhortara a los poderes ejecutivos de la
Nación y de la Provincia de Buenos Aires para que se desafecten las
dependencias policiales que fueron CCDs y que sean destinados como sitios de
memoria. Conseguimos que 16 genocidas fueran condenados a prisión perpetua, que
al médico torturador Jorge Antonio Bergés fuera sentenciado a 25 años de
cárcel, que se revocaran las domiciliarias de los represores y que se condenara
a un civil: Jaime Lamont Smart, el ex ministro de gobierno bonaerense. La
sentencia significó una instancia de reconocimiento, de conquista y de puesta
en evidencia de todo lo que falta por hacer. Los juicios no pueden estar en su
etapa de cierre, como afirma el actual secretario de DDHH Martín Fresneda, sino
todo lo contrario. Falta mucha justicia que construir y mucha impunidad que
deconstruir: la apertura de los archivos de la dictadura, la restitución de la
identidad de los hijos de nuestros compañeros y compañeras que fueron apropiados
en los CCD.
Todos estos años de lucha llevaron a que consiguiéramos una
condena ejemplar e histórica. El reconocimiento judicial del genocidio
perpetrado en nuestro país nos reafirma en la lucha por conseguir la condena a
todos los genocidas y en buscar la justicia por todos los compañeros/as
detenidos- desaparecidos. Ése fue el compromiso de Julio López al declarar
contra Etchecolatz. Ése fue el compromiso de Adriana Calvo, que con su
testimonio valiente y su lucha inclaudicable, demostró que la verdad y la
justicia no transitan por carriles separados. Ése es nuestro compromiso.
30 mil compañeros detenidos-desaparecidos: ¡PRESENTES!
Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos (AEDD); Central de
Trabajadores Argentinos (CTA) La Plata-Ensenada.; Centro por los Derechos
Humanos Hermanos Zaragoza; Centro de Profesionales por los Derechos Humanos
(CeProDH); Colectivo de Abogados La Ciega; Insurrectos- Trabajo Social (UNLP);
Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH); HIJOS La Plata; Unión por
los Derechos Humanos, La Plata, integrantes de Justicia YA! La Plata

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