Nota de Darío Aranda
A DIEZ AÑOS DEL PEBISCITO
Lunes, 25 de Marzo de 2013 06:18
La población de Esquel ratificó de manera masiva, una vez
más, el rechazo a la megaminería. Seis mil personas marcharon por las calles
para celebrar el décimo aniversario del plebiscito (81 por ciento había votado
por el "no a la mina" en 2003) y al mismo tiempo cuestionar la
megaminería. "No es no", "sí a la vida, no a la minería",
"fracking y minería son riqueza para pocos y contaminación para muchos,
"aquí se respira lucha", fueron sólo algunas de las banderas en la marcha.
En la plaza San Martín fue el acto central, emotivo, donde el documento final
fue claro: "Creemos que la verdadera democracia es esta, la que
construimos cada día comprometidos de verdad con nuestra propia historia".
Esquel, 24 de marzo de 2013 (http://www.comambiental.com.ar).-
Por Darío Aranda
A las 19.14 comenzó la marcha, desde la plaza San Martín.
Encabezada por vecinos portando la ya clásica bandera argentina con la frase
simple y clara: "No a la mina". Tomó por avenida Ameghino y fue la
primera señal de masividad. La calle ancha estaba repleta, de cordón a cordón,
cuadras de vecinos de todas las edades, abuelas con banderas argentinas como
capas, abuelos gritando con pasión "no es no", adolescentes de todas
las "tribus" posibles, y muchas parejas jóvenes con hijos (en
changuitos, triciclos, a caballito, a upa). Aunque sea redundante: muchos
jóvenes con hijos. Segunda y tercera generación que caminan para elegir su
futuro.
Sobresalían las remeras negras y blancas con la frase
"diez años de lucha, la montaña sigue en pie gracias a su gente".
Marta Sahores, del grupo fundador de la Asamblea de Vecinos,
lloraba: "Vienen los recuerdos de hace diez años. Todos estamos más
grandes, hemos luchado mucho, y acá están nuestros hijos y nietos y estamos
todos por lo mismo. Emociona toda esta unión y confirmar que la mina acá no se
instalará. Somos cada vez más".
Pablo Quintana es periodista, también del grupo inicial de
la Asamblea, y conoció en carne propia la persecución que padecieron muchos
vecinos. Trabajaba en el diario El Chubut y fue echado por su participación en
la lucha contra la minera. "Sensaciones encontradas, por un lado la
convicción de la comunidad en pie, en lucha, pero por otro lado un pesar porque
seguimos soportando el acoso y el asedio de estas multinacionales
extractivistas, es mucho pesar sobre una comunidad", grafica.
Pero de inmediato avisa: "Hemos elegido una forma de
vida, y la satisfacción es saber que no pasarán".
Silvia González no podía hablar: "Estoy muy emocionada,
revivo lo de hace diez años. Estamos obligados a luchar, y la cantidad de
jóvenes que hay es esperanzador".
Gustavo Macayo, activista y abogado de la Asamblea, no dejó
de recordar a los vecinos que por distintos motivos ya no están. Reinó todo un
espíritu festivo, pero no dejaron de denunciar la insistencia empresaria y
gubernamental para extraer oro y plata. Macayo resume: "Es muy fuerte la
presión de estas multinacionales y la acción desvergonzada de los gobiernos
municipal, provincial y nacional que se ponen del lado de las empresas".
En la glorieta central eran las principales actividades.
Micrófono abierto y música. Uno de los discursos más conmovedores fue de
Silvana Villivar. Una joven madre, humilde, que firmó el amparo para frenar la
minera por vía judicial (ratificado en segunda instancia y también por la Corte
Suprema de Nación). Recordó lo sucedido hace diez años, las presiones, cómo
empresas y funcionarios iban a su barrio (Ceferino, barriada humilde de Esquel)
a ofrecer cosas. Con voz quebrada y llorando afirmó que todo lo hecho fue por
sus hijos (estaban junto a ella en el discurso): "Cuando me muera quiero
poder mirar a mis hijos a los ojos, que sepan que hice todo lo
posible...". Se vuelve a quebrar, la voz apenas sale, toma aire y grita:
"¡A seguir adelante carajo. No a la mina!".
Maximiliano Masquijo, vecino de Trevelin, es docente, 39
años, está en la marcha con su pequeño hijo. "Es una lucha construida
desde abajo, con la oposición tanto de radicales como peronistas que siempre
estuvieron al servicio de la minera. Este es un ejemplo claro de que una
comunidad puede decir qué quiere y qué no para su futuro".
Patricio Huichulef, lonko tehuelche de la comunidad Laguna
Fría-Chacay oeste (de la meseta de Chubut), celebró la multitud reunida en
Esquel. "Nosotros no sabíamos de mineras, pero cuando se aparecieron en
nuestros campos, nos quisieron pisotear, y desde Esquel vinieron a ayudarnos, a
explicarnos, les agradecemos eso. Y juntos los echamos también de la
meseta".
Refiere a la Pan American Silver, multinacional que pretende
explotar plomo y plata en el centro de la provincia. Pese a la ley 5001 (que
prohíbe la actividad) y a la frondosa legislación indígena (que obliga a
consultar y respetar la decisión de los pueblos indígenas), la compañía se
instaló con oficinas y pretendía avanzar. La lucha conjunta de las asambleas de
la costa (Madryn, Trelew, Rawson, entre otras), comunidades tehuelches de la
meseta y asambleas de la cordillera, lograron que la ley 5001 siga en pie.
En diciembre pasado, Pan American Silver anunció que
"reacomodaba sus inversiones", eufemismo para justificar el cierre de
oficinas en la provincia (aunque mantiene la concesión sobre el proyecto).
La Murga la 23 entonó una canción de medio hora, mezcla de
música, canto y teatro que recorrió la historia de la lucha, las alegrías y
tristezas. La necesidad de la lucha. Muchos vecinos lloraban, con recuerdos
traídos al presente. El rol servil de funcionarios y periodistas locales, la
decisión comunitaria de decir no a la mina.
Parte de la letra: "Nunca me pasó con una mina que
quisiera que se fuera tan clarito, quiero verte perderte, para que la esperanza
vuelva a renacer. Nunca fue tan esperada una retirada, lo gritan desde el
balcón, lo repiten los vecinos desde el Ceferino hasta la Cañadón (barrios populares
de Esquel). Cuando ya no quede nada, ni pizzas ni empanada, ni una piedra ni un
botón, va a quedar una bandera como la primera: no es no. La vecina abre la
ventana a la mañana, para respirar mejor y gritarle a Yamana (la minera):
¡váyanse a la puta que los pario!".
La marcha recorrió casi veinte cuadras, envolvió parte del
centro de la ciudad y retomó a la plaza. Los vecinos se sumaban a cada cuadra.
Desde las ventanas aplaudían, los autos tocaban bocinas, anochecía y el clima
festivo se mantenía. Una abuela, con dificultad para caminar, marchaba con su
esposo, recorrió todas las cuadras. Estaba envuelta en una bandera argentina.
El periodista le preguntó el porqué de su presencia. Señaló a un costado, a un
niño de unos seis años. "Mi nieto. Decimos 'no' por ellos, por la
vida", explicó con voz suave.
El lunes 18 había sido el anuncio de lo que sería una semana
de celebraciones. Esquel amaneció ese día empapelada con las boletas de la
votación del 2003. "Voto por el NO al emprendimiento minero", explicita
la opción que eligió el 81 por ciento de los votantes. En las principales
avenidas fueron repintados los carteles de rechazo a la actividad y el jueves
comenzó una muestra de fotos que recorre la década de lucha. Viernes y sábado
hubo una decena de charlas sobre los impactos de la minería, los hidrocarburos
no convencionales, la extracción de uranio y el raconto de actividades
productivas sustentables que podrían realizarse en la provincia (pero que no
cuentan con apoyo estatal).
Cuando la marcha volvió a la plaza, en la glorieta se leyó
el documento final: "23 de marzo hoy, 24 de marzo mañana. Dos fechas así
ubicadas en el calendario. Una, la de hoy, nos recuerda un plebiscito
histórico, fruto de la participación democrática y la lucha de nuestro pueblo.
Una fecha luminosa. La de mañana nos recuerda la fecha de inicio de la
dictadura más sangrienta. Lo que sucede cuando se le arrancan al pueblo sus
derechos humanos más elementales. 30000 hermanos desaparecidos. Un país
devastado. Una fecha oscura para no olvidar."
"Quizá podamos ofrecer desde nuestros corazones este
festejo de hoy a aquellos luchadores populares que ya no están, porque de
alguna manera retomamos su posta. Que esta plaza de hoy sirva como homenaje de
la vida a la que ellos dieron por su causa."
Otro fragmento, interpela: "Creemos que la verdadera
democracia es ésta, la que construimos cada día comprometidos de verdad con
nuestra propia historia y no participando un domingo cada tanto en un ritual
electoral con el que algunos consiguen llegar a un puesto de poder con el que
hacen lo que se les antoja, como si nuestros votos los convirtieran de repente
en condes y marqueses de la política. Señores funcionarios: ¡Su único titulo
nobiliario debería ser el de servir al pueblo, y no a los poderes económicos de
turno!".
Un texto rico en historias y conceptos que hace difícil
citar sólo extractos, con un cierre cargado de lucha y esperanza: "Creemos
en la nobleza de los seres humanos. En el amor al prójimo, al vecino, al
compañero, a la compañera. Creemos en que los pueblos organizados desde sí
mismos tienen mucho que enseñar y que aprender y al ver lo que hemos podido
hacer hasta ahora no parece que hayamos sido tan ilusos y poco realistas...
Sino ¿qué es este día? ¿No es el día de la dignidad, vecinos?¿No es el día que
recuerda como un pueblo con mayoría de desocupados, en un lugar lejano de la
cordillera, le dijo no al soborno falso de fuentes de trabajo y de riqueza? La
dignidad existe señores, y también es un derecho humano".
Última oración: "La montaña y la dignidad siguen de
pie. No a la mina. No es no. No pasarán".
Esquel sigue haciendo historia.
Fuente: http://www.agenciawalsh.org/aw/index.php?option=com_content&view=article&id=10341&Itemid=133

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