POR MARCELO LARRAQUY
Uno de cada tres porteños no es dueño de la casa en donde
vive. Sin crédito hipotecario, la chance de comprar una vivienda se convirtió
en una utopía. La clase media, “nueva fábrica de inquilinos”.
En oferta. La falta de créditos hipotecarios y la
restricción para comprar dólares desestimulan las ventas inmobiliarias. El
mercado sobrevive gracias a los alquileres./GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI.
La clase media consume pero no progresa. Su posición
patrimonial, en términos de riqueza, quedó estancada. Está virtualmente excluida
del crédito hipotecario, casi no participa de las operaciones de compra-venta
del mercado inmobiliario y se incorpora de manera sostenida a la cada vez más
amplia comunidad de “nuevos inquilinos”.
Con el salario en vías de recomposición, pero sin posibilidad
de ahorro a largo plazo, la clase media busca refugio en el “consumo
inmediato”: autos 0km, electrodomésticos, tecnología o paquetes turísticos.
Todo financiado en cuotas. Pero la posibilidad de ser “dueño” es cada vez más
lejana.
La década recompuso el ingreso del segmento medio pero, en
términos de redistribución de la riqueza, fue regresiva. Los promotores del
“boom” de la construcción fueron inversores y ahorristas que ya acumulaban
varias propiedades. Los sectores medio-alto y alto fueron los “ganadores” de la
década.
Estas conclusiones surgen del cruce de informes producidos
por el Censo de 2010, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de la Dirección
de Estadística porteña y la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV).
En los últimos diez años, la “masa de inquilinos” de Capital
Federal creció más de un 50%. Hoy más de uno de cada tres habitantes de la
ciudad no es dueño de su casa.
La política de “convertir al inquilino en propietario”, que
promovió el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno en 2006, con
créditos a 30 años y tasa fija del 12,5%, y la de “El crédito para tu casa” del
ex titular de la Anses Amado Boudou en 2009 –que buscaban desplazar el dinero
del alquiler hacia la cuota del crédito hipotecario– fueron sepultadas.
“En marzo de 2012 un alquiler de dos ambientes en el barrio
de Almagro costaba unos 1.800 pesos. Si una familia quería comprar esa vivienda
tenía que pagar una cuota de 5.500 pesos en 20 años a tasa variable. Además,
debía poseer el 30% del valor de la propiedad para obtener el crédito”, indica
la socióloga Natalia Cosacov, del Laboratorio de Políticas Públicas.
La imposibilidad del acceso al crédito no sólo estuvo
determinada por las altas tasas bancarias. También por el aumento del valor del
suelo.
“El precio del metro cuadrado evoluciona en sintonía con el
aumento de los ingresos del 20% más rico de la población. Un departamento de 3
ambientes a estrenar tenía un costo promedio de 1.242 dólares el metro cuadrado
en 2007. En 2011 costaba 2.053 dólares. En cuatro años, las unidades usadas y
nuevas tuvieron un aumento en dólares entre el 45% y 65%”, afirma Cosacov.
Otro dato interesante que revela su estudio es que, sin la
ayuda de ningún crédito, una persona de ingreso medio debería entregar la totalidad
de su salario durante casi 40 años para la compra de un departamento de 3
ambientes (60 metros cuadrados). El 20% que más gana, en cambio, debería
cederlo en forma completa durante 4 años para adquirir la misma vivienda. La
constante ampliación de la brecha entre el valor del metro y el salario fue
postergando el sueño de “la casa propia”.
El “boom” de la construcción se redujo en el último año: la
mayoría de los edificios nuevos tiene uno o dos ambientes, y se venden a un
valor promedio de 90.000 dólares (ver recuadro). Para concretar operaciones,
hasta hace unos meses se buscó una negociación pactando un “dólar celeste” –un
imaginario punto intermedio entre el oficial y el “paralelo”– pero ahora las
operaciones se realizan con un valor más cercano al “blue”. Y si se hacen en
pesos, traducen de manera automática los mismos valores.
Desde que existe el “cepo” al dólar las escrituras cayeron
un 43% en el balance interanual. Otro dato clave: sólo el 5% de las
transacciones se realizan con crédito hipotecario. En 1995, una de cada cuatro
operaciones se hacía gracias al crédito. Hoy, sólo pueden comprar propiedades
quienes no necesitan préstamos.
Para el resto, que depende de su ingreso, se puede hacer
poco. La falta de crédito es el motor de “la fábrica de inquilinos”.
Gustavo Ortolá, desarrollador inmobiliario de Go Real Estate
, cree que hasta que eso no cambie “el negocio inmobiliario quedará reducido al
5% de la población económicamente activa.” Para tramitar un crédito de 500.000
pesos destinado a la compra del 75% de un departamento de 3 ambientes –se le
exige al cliente que aporte un 25% con capital propio– el Banco Ciudad presta a
una cuota de 8.800 pesos a un plazo de 20 años a tasa variable. Son créditos
factibles para ingresos mensuales de unos 35 mil pesos.
“El boom inmobiliario no fue financiado con créditos sino
con ingresos y ahorros genuinos. El apetito de inversión que produjo la
exportación de soja subió los precios y sacó del mercado inmobiliario al
cliente medio y medio bajo”, indica Ricardo Delgado, consultor de Analytica.
En la actualidad, la mayoría de las ventas se realizan por
“demanda estructural”, atinente al ciclo de vida, jóvenes que se independizan
del hogar con ayuda de sus padres, o adultos que se mudan a viviendas más
chicas.
El economista Eduardo Levy Yeyati explica el fenómeno que se
registró en la última década: “Una familia joven de hogar pobre gana más y con
esta diferencia alquila. Al ‘final del día´consume más (en alquileres) pero no
ahorra (en ladrillos)”.
¿Qué hace la clase media con el dinero que algunos años
antes utilizaba para pagar un préstamo y le permitía progresar en el largo
plazo?
Lo consume.
En parte porque no tiene otras opciones.
“Durante la última década no hubo alternativas de ahorro
financiero que fueran percibidas como seguras y de bajo riesgo. Y ahorrar en
dólares, cuando se pudo, no fue negocio porque la inflación doméstica lo
superaba”, explica el economista y profesor de la Universidad Di Tella, Lucas
Llach.
Las consecuencias están a la vista: el “nuevo inquilino” de
clase media tiene heladera nueva, cambió el auto, compró el plasma con el que
se siente cómodo y también se sigue yendo de viaje los fines de semana largos.
Todo lo financia en cuotas.
Casa no tiene.
Fuente: http://www.clarin.com/zona/decada-cantidad-inquilinos-Ciudad-crecio_0_892710819.html

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