Táctica y estrategia judicial de los abogados de la fábrica
ceramista
Trece años después de tomar la fábrica, los cooperativistas
de FaSinPat (ex Zanon) consiguieron el título de propiedad. Cómo fue el trabajo
de los jóvenes abogados para ir logrando legitimidad y legalidad en los
tribunales.
Por: Adriana Meyer. Nota de Infojus.
Son trece años de trabajar en una fábrica de cerámicos en
Neuquén y dirigir su destino, son los nenes del jardín disfrazándose de
ceramistas para un acto escolar y los padres bancando su causa, eligiéndolos
como diputados. Son 450 operarios y operarias que producen unos 300 mil metros
cuadrados de cerámicos por mes y siguen cobrando todos el mismo salario, que
paran la producción ya no para vaciar la planta, como intentaron sus anteriores
dueños, sino para debatir si cortan una ruta en solidaridad a los docentes.
¿Cuál es la fórmula del éxito de la ex fábrica Zanon, hoy cooperativa FaSinPat
(Fábrica Sin Patrones)? Además de la toma de decisiones en asamblea, un sólido
vínculo con la comunidad neuquina, y, en los momentos críticos la determinación
de dar la vida ante cada amenaza de desalojo, hay una sucesión de estrategias
precisas para dar la batalla en el campo judicial a lo largo de más de una
década. Y un equipo de jóvenes abogados que fueron sus protagonistas.
El empresario italiano Luigi Zanon estaba acostumbrado a
recibir subsidios de los sucesivos gobiernos. Durante el menemismo no hubo
excepción, y su plan era reducir la producción sólo a porcellanato, lo cual
implicaba unos 300 despidos. Así comenzaron los atrasos en los sueldos y
aportes, y vinieron las primeras huelgas. La primera batalla ganada fue
gremial, la recuperación de la comisión interna y el sindicato ceramista.
Mariano Pedrero tenía poco más de 20 años cuando decidió
mudarse a Neuquén. Conocía a Raúl Godoy, operario de cargadoras en Zanon, de la
militancia en el PTS, y cuando la comisión interna empezó a acatar los paros
nacionales que convocaba la CGT comenzó a ayudarlos con la cobertura legal de
las medidas. “Desde ya que se hacía con reivindicaciones propias. En ese
momento comienza un trabajo más en equipo para asesorar a los compañeros y
compañeras”, cuenta Pedrero en diálogo con Infojus Noticias.
El grupo se repartía tareas, Pedrero en Neuquén, Myriam Bregman en Buenos Aires, e Ivana dal
Bianco se ocupaba de las causas penales que les iban iniciando a los ceramistas
por cortes de ruta y otras protestas, junto a Polo Denaday. Para ellos
significaba “retomar la tradición de aquellos abogados que en los '60 y '70
defendían presos políticos y acompañaban a los obreros en sus tomas de
fábricas, como Alfredo Curuchet”, cuenta Pedrero.
En mayo del 2000 se venían despidos y suspensiones por el
preventivo de crisis. Mientras tomaban las primeras medidas de fuerza falleció
el operario Daniel Ferrás. Tuvo un paro cardíaco y no había ningún elemento
para asistirlo ni trasladarlo al hospital. “Fue exclusiva responsabilidad de la
patronal, estalló la situación y la fábrica se paró totalmente. El gobierno, en
complicidad con la empresa, dictó la conciliación obligatoria para frenar la
bronca. Pero la unidad en la decisión de continuar el paro y la búsqueda de
apoyo en la comunidad fue fundamental para superar la pretendida ‘ilegalidad’
de la huelga”. Pedrero y Bregman salieron a sostener desde lo jurídico la
decisión de la asamblea. “Plantear la legalidad o ilegalidad de una huelga o
una medida de fuerza es una falsa dicotomía. La clave es si la huelga y el
reclamo son legítimos o no. Esta fue la lógica jurídica, si se puede llamar
así, para fundar cada planteo que trasvasaba los límites de la legalidad como,
por ejemplo, la violación de la conciliación obligatoria, la ocupación de la
planta, la puesta en producción bajo control obrero”, describe el abogado.
Era la primera vez que Pedrero entraba a la fábrica, y fue
para explicar que se podía desacatar la conciliación obligatoria. “Oculto entre
el tumulto de compañeros para que no me detuvieran los de seguridad del portón
y la guardia, fue una experiencia que llevo grabada en la piel porque tenía 24
años y hacía poco me había recibido”, relata. Aquella huelga triunfó porque no
hubo despidos e impusieron a la empresa la implementación de medidas de
seguridad e higiene.
Era sólo el comienzo de una larga batalla. En 2001 la
empresa empezó a incumplir el pago de salarios, trataba de desmoralizar a sus
empleados diciendo que ya no podía seguir, había listados de retiros
voluntarios. La respuesta fue otra huelga y la exigencia de que los Zanon
abrieran sus libros de contabilidad para demostrar su supuesta crisis. En
septiembre cerraron la planta: si no aceptaban los despidos masivos y la rebaja
salarial bajarían la persiana para siempre. Los trabajadores le seguían
hablando a la comunidad, dijeron que ellos podían producir. Y como no hubo
respuesta tomaron la planta, ubicada sobre la ruta 7, entre Neuquén y
Centenario.
Lock out y bolones de cerámica
El fuego cruzado llegó hasta Tribunales. Los Zanon
denunciaron a los trabajadores ante la justicia penal y exigieron que fueran
desalojados. Bregman y Pedrero, por su parte, presentaron una denuncia por lock
out ofensivo, esto es, los acusaron por haber hecho un paro patronal con cierre
de la fuente laboral para intentar su vaciamiento. “Dimos vuelta la situación
jurídica. Se desactivó la orden de desalojo y se condenó a la empresa por ese
ilícito”, explican.
La jueza laboral Elizabeth Rivero de Taiana, y luego la
Cámara de Apelaciones, les dio la razón al considerar que "carece de
viabilidad alguna toda defensa basada en el único y aislado derecho de
propiedad sobre los bienes y el dinero del empleador, y el derecho al alimento
por el trabajo prestado se posiciona con igual consideración de inviolable y
amparado por el ordenamiento jurídico todo pues sin seres humanos no hay
derecho a aplicar". En su fallo, que los propios trabajadores y las
organizaciones que los apoyaban calificaron como histórico, la magistrada
explicó que “lock out significa 'dejar afuera' e 'implica el derecho del
patrono a suspender el trabajo por su sola voluntad, sin obligación de pagar el
salario'.
Para Rivero de Taiana, la empresa Zanon S.A. “socavó la
voluntad de los trabajadores para hacerlos desistir de la relación laboral para
barajar y dar de nuevo en su exclusivo beneficio, prescindió del derecho a la
subsistencia de 331 familias desconociendo el carácter alimentario de los
salarios adeudados manteniendo en miras solo la recuperación de su fuente de
beneficios a costa del hambre y la degradación de las personas”.
Semejante fallo legitimó la ocupación de la planta y en
diciembre del 2001, mientras el país iba hacia el caos que terminaría en masacre,
resolvieron en asamblea el inicio de la producción bajo gestión obrera.
La empresa se presentó en concurso preventivo y pidió al
juez comercial el desalojo de la planta. “Hubo cinco intentos de desalojo y
todos se enfrentaron primero desde la movilización y el apoyo de la gente, y
después en Tribunales. Con esa fuerza, en la legitimidad de la defensa de los
puestos de trabajo, en el planteo que la fábrica no podía transformarse en un
galpón vacío, en un cementerio de chatarra, cuando en el país faltan viviendas
y Zanon produce pisos y revestimientos, con todo ello logramos en distintas
instancias judiciales revertir los desalojos”, recuerda Pedrero.
Uno de los momentos de mayor tensión fue el 8 de abril de
2003, cuando la Gendarmería ya tenía orden de disolver la toma. Afuera estaban
los grupos sociales que los apoyaban, entre ellos una decena de curas, “pero
del portón para adentro estaban dispuestos a morir con tal de no ser
desalojados”, según el relato de Godoy. Perfeccionaron las guardias obreras que
habían creado para cuidar las máquinas y las instalaciones, se ubicaron en los
techos, acumularon bolones de cerámica y gomeras, tachos con agua para
neutralizar el efecto de los gases, y baldes con ácido. La orden de desalojo se
suspendió, y los bolones blancos circularon entre la gente como souvenirs.
Camino a la expropiación
Siguieron las chicanas judiciales, el boicot comercial,
incluso amenazas y aprietes por parte de la empresa. Los trabajadores ya habían
demostrado que Zanon no sólo era viable con 60 obreros, como pretendía don
Luigi, así que empezaron a aumentar los puestos de trabajo y a producir a pesar
de no tener capital ni crédito, y con proveedores que exigían precios altísimos
además de impedirles explotar las canteras. Los salvaron los mapuches, quienes
les vendieron la arcilla. La fábrica se abrió a la ciudad: en el playón tocó la
Bersuit y Attaque 77, entre otros, había visitas de colegios y muestras de
arte.
Los proyectos presentados ante legisladores provinciales y
nacionales no avanzaban. En 2005 la justicia comercial decretó la quiebra del
grupo Zanon y, recién en ese momento, aceptó el funcionamiento bajo la figura
de la cooperativa FaSinPat. “Esto siempre lo consideramos una variante
transitoria porque los acreedores de Zanon, el síndico y el juez pretendían
avanzar con el remate. Nosotros nos oponíamos en defensa de los puestos de
trabajo y seguíamos luchando por la sanción de la ley”, explican.
En agosto del 2009, entre llantos curtidos y abrazos duros,
consiguieron que la expropiación se hiciera realidad con la aprobación de la
ley. Aunque recuerda que fue un momento inolvidable, el abogado aclara que “el
proyecto que se aprobó no es el nuestro, porque la fábrica no se estatizó y se
reconoce el pago a los acreedores. Para nosotros la deuda era de la familia
Zanon y son ellos quienes deben pagarla. De todas maneras la expropiación es un
hecho enorme para dar aliento a otros trabajadores de empresas autogestionadas
del país que aún no pueden cerrar sus procesos”.
De hecho, recién tres años más tarde el gobernador Jorge
Sapag firmó el decreto que autorizó los fondos para el pago del monto
expropiatorio: 23 millones que cobraron el Iadep (Instituto Autárquico de
Desarrollo Productivo), la empresa Sacmi Impianti SA y la Corporación Financiera
Internacional. Mientras tanto, tuvieron que sortear planteos de
inconstitucionalidad que quedaron desechados en diciembre de 2012. Hace casi un
año, el juez comercial Alberto Aleman firmó el acta que cerró el proceso
expropiatorio y traspasó la planta, las máquinas y la marca Zanon a la gestión
obrera.
El 15 de enero la Justicia efectivizó la entrega del título
de propiedad a los trabajadores de la fábrica. ¿Fue acaso la victoria
definitiva? En Neuquén aún no van a levantar la copa para brindar. Lo que sigue
es la renovación tecnológica, porque ahora si se rompe un horno su arreglo les
afecta el salario. Para eso ya cuentan con la inscripción legal de la fábrica y
están en condiciones de pedir crédito. Piensan en los créditos Bicentenario del
gobierno nacional, y dicen que “Axel Kiciloff nos dio su apoyo cuando aún no
era ministro de Economía”, según expresó hace pocos días a Infojus Noticias
Marcelo Morales, uno de los 450 de la ex Zanon. En definitiva, será una fábrica
manejada por sus propios obreros pero debe competir en un mercado donde las
reglas las pone el capitalismo.
Fuente:
http://infojusnoticias.gov.ar/provinciales/la-ingenieria-juridica-detras-de-zanon-1206.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Envíe su consulta, contestaremos a la brevedad en el horario de Lunes a Viernes de 09 a 19hs.
Saludos cordiales.