23 de marzo de 2012

Tras 36 años, los abusos sexuales durante la dictadura son crímenes de lesa humanidad


A 36 años del golpe militar, los abusos sexuales cometidos durante la dictadura militar son considerados delitos de lesa humanidad porque se dieron en el marco del plan represivo, tras una confirmación en febrero pasado por parte de la Cámara Nacional de Casación Penal.

Fue la Sala IV de ese tribunal la que ratificó la condena a prisión perpetua del ex suboficial de la Fuerza Aérea Gregorio Molina por dos homicidios, 36 casos de secuestros y torturas y cinco violaciones a mujeres detenidas en el centro clandestino La Cueva de Mar del Plata.

“Los abusos sexuales en La Cueva no constituían hechos aislados, sino que conformaban una práctica habitual que se exteriorizaba a través de diversas conductas que lesionaban el marco de protección a la integridad sexual previsto por el ordenamiento legal”, argumentaron los camaristas Mariano Borinsky, Gustavo Hornos, y Juan Carlos Gemignani.

Ya en octubre del año pasado un informe de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante el Terrorismo de Estado, advertía que los delitos sexuales cometidos por los represores debían considerarse "delitos de lesa humanidad".

En el documento afirmaban que "la circunstancia dirimente para subsumir un acto determinado en la fórmula de los delitos de lesa humanidad es que haya formado parte del ataque que opera como contexto de acción en este tipo de crímenes”.

En el documento, titulado "Consideraciones sobre el juzgamiento de los abusos sexuales cometidos en el marco del terrorismo de Estado", explicaron que "un acto de abuso sexual quede capturado por la categoría de los crímenes contra la humanidad no depende de la frecuencia, sistematicidad o generalidad con que hayan ocurrido actos de este tipo" sino que "haya formado parte del ataque que opera como contexto de acción en este tipo de crímenes".

En abril de 2010, el Tribunal Federal de Santa Fe, que condenó a 11 años de prisión a Horacio Américo Barcos, un agente civil de Inteligencia de esa provincia, emitió el primer fallo en el país que estableció la violación como delito de lesa humanidad y tan imprescriptible como la tortura.

La querellante de la causa, Amalia Ricotti, convivió con el secreto de la violencia sexual durante 32 años.

Este fallo fue seguido por otro similar en Mar del Plata, donde la Justicia condenó a prisión perpetua a Gregorio Molina, por homicidio agravado, violaciones reiteradas agravadas, privación ilegítima de la libertad y tormentos agravados.

A estos se agregaron testimonios en Rosario, en las audiencias de la causa Díaz Bessone, en el Tribunal Federal Oral 2 de Rosario, donde dos testigos y víctimas, Stella Hernández y Elida Deheza, lo contaron en nombre propio.

Sin embargo, otro de los testigos en esta causa en Rosario, Daniel Gollán, refirió que había sido empalado, mientras los torturadores hacían alusiones a su sexualidad, de manera que no sólo las mujeres fueron víctimas de este delito específico.

Luego, también en 2010, dos represores fueron detenidos en el juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla actualmente en Mendoza por violaciones a las prisioneras.

Las violaciones a las prisioneras eran consideradas "hechos eventuales" y por lo tanto prescribían, pero desde el año pasado, al comprobarse que se trataba de una práctica sistemática, se las equiparó a otras torturas.

En enero de 2011, en Tucumán, el juez federal Daniel Bejas equiparó los ataques sexuales contra las detenidas-desaparecidas con los crímenes de lesa humanidad.

Militares, gendarmes, policías y civiles, entre ellos un sacerdote y el titular de una de las escribanías más importantes de la provincia, fueron procesados por la Justicia Federal en la megacausa "Arsenales".

Están acusados de "violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad, torturas agravadas, torturas seguidas de muerte, delitos sexuales, homicidio agravado y asociación ilícita agravada, en el contexto del crimen de genocidio".

La Justicia ordenó por primera vez el procesamiento de represores acusados de violar a detenidas.

En junio de 2011, en el marco del juicio oral por violaciones a los derechos humanos cometidos en la ex ESMA, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) pidió en su alegato que se inicie una investigación autónoma por los delitos de violencia de género cometidos en ese centro clandestino de detención.

Ya en 2007, el fiscal federal Federico Delgado solicitó al juez Daniel Rafecas que investigue a los represores Julio Simón, Samuel Miara y Juan Carlos Falcon, por abusos sexuales que sufrieron detenidos en centros clandestinos.

Esta fue la primera vez desde la revisión penal del terrorismo de Estado, que se pidió que los abusos sexuales y violaciones que sufrieron algunas personas secuestradas sean investigados por la Justicia Federal.

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