Daniel Sticco ~ Marzo 21, 2013
Un fenómeno que había caracterizado a los ’90 y que se
definió como la preponderancia de la creación de puestos de trabajo en negro y
de modo independiente, ante la falta de oportunidades para ocupar una posición
asalariada en el sector privado, volvió a renacer en el último año.
Las fuentes de información son las estadísticas oficiales.
En primer término la Encuesta Permanente de Hogares del Indec y en segundo
lugar el informe trimestral de la AFIP sobre la cantidad de cotizantes en el
Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones.
En el primer caso, la consulta se refiere no sólo al
comportamiento de la oferta laboral, determinada por proporción de la población
que busca o tiene un empleo y la demanda, la que dijo que está ocupada, sea en
relación de dependencia, desagregada con ingreso sujeta a aporte jubilatorio o
no (informal), y por cuenta propia. Mientras que en el segundo, se divide en
trabajador en relación de dependencia y en autónomo o monotributista.
En una economía en franco crecimiento era razonable observar
que por cada puesto independiente se creaban hasta 45 en forma asalariada. Esto
es los nuevos emprendedores generaban fuentes de trabajo, en tanto los
radicados consolidaban su crecimiento con inversiones que exigían ampliar el
plantel estable.
En términos de cantidad de personas involucradas significó
en el período 2003 a 2011 la generación de 2,6 millones de ocupaciones
asalariadas y 58 mil empleos independientes. En tanto, de cada 4 nuevos
trabajadores en relación de dependencia (3,4 millones) disminuía en 1 el
asalariado en la informalidad (799 mil).
Pero el cuadro cambió, en particular desde el inicio del
segundo semestre de 2012, cuando el Gobierno lejos de dar marcha atrás con la
política de crecientes regulaciones y las trabas al comercio exterior, las
profundizó con el desaliento al giro de utilidades a los accionistas del resto
del mundo; el deliberado atraso cambiario -al desconocer el real aumento de los
precios y sus causas-, y el cepo impuesto a las ventas de dólares -principal
refugio del ahorro de las familias y empresas en tiempos de incertidumbre- y
tasas de interés singularmente bajas, pese al claro deterioro de los
indicadores macroeconómicos que provocaron un severo perjuicio a muchas
familias argentinas.
Las caídas del comercio exterior en 2012 (5,2% la
importaciones y 6,6% las exportaciones) y de 4,9% la inversión bruta interna
fija, no sólo opacaron el crecimiento del consumo interno -aunque a menor ritmo
que en 2011-, sino que tuvieron su correlato inmediato y más sensible en una
brusca desaceleración en la tasa de crecimiento del empleo en blanco y un
singular empinamiento de la ocupación en negro, como había ocurrido en 2009.
En los últimos doce meses por cada 100 puestos autónomos
apenas se crearon 83 asalariados. De éstos los registrados (28.100) fueron
menos de la tercera parte de los nuevos empleos en negro (97.100).
Desaciertos propios
Ahora el cuadro no es comparable al de tres años atrás: los
precios internacionales de los productos que más vende la Argentina se
mantienen en máximos históricos; las tasas de interés en el mundo persisten
singularmente bajas y los valores de las máquinas y equipos que el país
necesita y no produce también se mantienen en niveles singularmente favorables,
más aún a partir de la ventaja que otorga una política cambiaria que abarata la
importaciones en la misma proporción que debilita la capacidad competitiva de
los exportadores.
De ahí que el quiebre del círculo virtuoso de la generación
de riqueza con inclusión social no parece originarse en un escenario externo
hostil, sino en palpables desaciertos de política económica, los cuales no sólo
se advierte en el resurgimiento de una brecha cambiaria entre el tipo oficial
(para muy pocas transacciones y actores) y el libre, paralelo y fuga (también
para pocos, pero con apreciables impactos sobre la economía en su conjunto),
sino particularmente en la falta de oportunidades para más de 150.000 personas
de las 428.000 que se volcaron al mercado en busca de un empleo y otras 1,33
millones que vieron extenderse los plazos para su reinserción laboral.
El cruce de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares
con los del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones permitió detectar que
al cierre de 2012 por cada nuevo puesto en blanco neto (asalariados e
independientes) se generaron 3,7 en negro -58.100 vs 217.600-. En los ocho años
previos se había observado el fenómeno inverso: se ocuparon 4,38 millones de
personas en la formalidad en comparación con 1,71 millones que dejaron de
desempeñarse al margen de la legislación laboral.
Fuente: http://opinion.infobae.com/daniel-sticco/2013/03/21/retorno-en-2012-la-precariedad-laboral/

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