Miércoles 29 de agosto de 2012, por Horacio Meguira *
Lamentablemente, las observaciones que desde la CTA venimos
formulando a la dinámica que se le ha impuesto al funcionamiento del Consejo
del Salario en los últimos años no han sido consideradas, y por ello mismo, la
aplicación de esta herramienta no se ha traducido en una mejora sustancial.
* Director del Departamento Jurídico de la CTA
Ni tampoco se ha cumplido con el mandato constitucional de
establecerlo como piso y punto de partida de la distribución del ingreso.
Esta insuficiencia se ha producido en un contexto donde el
Producto Bruto y las ganancias patronales han tenido un crecimiento muy
significativo, a pesar de lo cual la estructura distributiva no ha modificado
su carácter abiertamente regresivo.
Es decir, no han existido obstáculos objetivos para mejorar
los niveles de distribución del ingreso y del salario real, que en los últimos
cinco años han mostrado una tendencia al estancamiento.
En este marco, el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) podría
haber sido una herramienta institucional muy importante para impulsar una
mejora en la estructura distributiva, por cuanto impactaría directamente en los
salarios más bajos, muchos de los cuales se encuentran apenas por sobre el
monto actual del SMVM.
El SMVM debe fijarse al inicio de la negociación salarial
anual, y su determinación debe realizarse a partir de calcular la canasta básica
de consumo de una familia tipo, y no a partir de una negociación carente de
bases objetivas.
El Consejo del Salario Mínimo debe cumplir con su obligación
de calcular el monto de la canasta básica de consumo, que no es otra cosa que
el salario necesario para hacer frente a las necesidades de “alimentación
adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria,
transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.
La aplicación del SMVM debe extenderse a la totalidad de los
trabajadores, incluyendo en particular a los trabajadores del sector público
provincial y municipal, y quienes se desempeñan en el marco de programas
sociales que exigen una contraprestación laboral tales como las cooperativas de
trabajo.
El Consejo resulta el ámbito adecuado por su condición
tripartita para consensuar políticas productivo-distributivas entre los actores
sociales como mecanismo de fomento de la negociación en nivel más alto de la
estructura. Sin embargo las comisiones de trabajo dejaron de funcionar. Todo
esto, luego ocho años desde la primer convocatoria no se ha llevado adelante.
En los últimos meses han vuelto a escucharse voces que
apelan a la “prudencia” de los trabajadores y las organizaciones sindicales,
quienes deberían “moderar” sus reclamos para evitar que la crisis se extienda
sobre nuestro país.
Este discurso encubre que los empresarios han tenido
fabulosas ganancias durante la última década, y que ante el menor atisbo de
dificultades económicas pretende atribuir a los trabajadores las responsabilidades
y plantean que el salario debe ser la variable de ajuste, sin admitir que la
discusión alcance a los niveles de sus ganancias.
Entre los años 2001 y 2011 el Producto Bruto ha
experimentado un crecimiento del 74%. Sin embargo, en el mismo período el
ingreso de los asalariados registrados se incrementó tan sólo un 3,3%.
La precariedad de la situación salarial de los trabajadores
puede observarse en otros indicadores. En este sentido, si se considera el
conjunto de los ocupados, casi el 80% percibe una suma inferior a dos salarios
mínimos.
Si el análisis se focaliza en los asalariados registrados
del sector privado, es decir, en aquellos trabajadores que se encuentran en una
mejor situación laboral, quienes perciben una suma inferior a dos salarios
mínimos son casi el 50% del total.
Es una oportunidad perdida difícil de recuperar ya que no
resulta probable en el futuro un ciclo largo de crecimiento del PBI.

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