Soy César Raúl Sánchez, ex sacerdote del Ing.S.Pablo de
Tucumán y ex Preso del Centro de torturas de la "ESCUELITA DE
FAMAILLA"
Me permito
hacer algunas reflexiones después de leer el documento dirigido a los Obispos:
No son los
cristianos quienes deben aconsejar o
exigir a los Obispos que pidan perdón por sus complicidades con la dictadura.
Nadie más que
ellos - por oficio- saben que el perdón brota de un corazón sincero que
reconoce el error y está dispuesto a reparar el daño ocasionado.
Los obispos, no
tan solo no están dispuestos a pedir perdón, sino que una y otra vez reclaman la reconciliación con
los genocidas y "dar vuelta la
página".
Mucho me temo que
con este documento y con las firmas que lo avalen, les están presentando en
bandeja la oportunidad de creerse reconciliados con el Pueblo, mientras tanto ,
los genocidas no están privados de la
asistencia espiritual que les brindan con Misas y Comuniones.
Tiene razón Videla
que los Obispos eran PARTICIPES
NECESARIOS y si no, lean las arengas de
los Vicarios Castrenses Tortolo, Bonamí, Medina etc.etc.
Mi Arzobispo
Blas V. Conrero, en Tucumán, vió mi cuerpo cuando me liberaron; y no se inmutó;
pero sí convocó al gral. Vilas y a su plana Mayor para amenazarlos con la
excomunión porque profanaron mi
antigua Parroquia buscando las armas
que, bajo tortura, dije que estaban escondidas. (pero no había nada).
¿No supieron
los Obispos quiénes mataron a su hermano
Obispo Angelelli?
¿No supieron
cuántos Curas fuimos torturados y desaparecidos?
Cada uno de los
que pertenecíamos al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que
desaparecía era uno menos para preocuparse.
Los militares
hacían el trabajo sucio que a ellos beneficiaba.
Por otra
parte, los militares sabían que si los Obispos objetaban su accionar, quedaban
en evidencia.
Los Obispos eran
los autores intelectuales, eran los que ponían "la mística" a los
cruzados; los bendecían, les imponían escapularios para que la Virgen los
proteja.
La Misa - que
supuestamente es el máximo
signo del Amor para los cristianos-, la usaban para alimentar el odio de
los soldados.
De todos modos, la
Iglesia Católica, que nada o muy poco tiene que ver con el Cristianismo, está
bañada en sangre, lo dice la historia: las
Cruzadas, la Inquisición, el Genocidio en toda nuestra América Latina, las complicidades con el franquismo
etc.etc.etc,etc
Si quedé con vida,
quiero ser la voz de tantos Compañeros
silenciados y desaparecidos.
Haré cuanto esté a
mi alcance para contrarrestar tanta mentira.
Por otra parte,
aunque pidan perdón, no será algo que les demande mucho esfuerzo; bastará con
que lean un documento "bien pensado, con las palabras bien medidas", si es posible
ambiguas como para que todo el mundo quede conforme; son muy diplomáticos. Lo
harán ante un puñado de "fervientes católicos" que
emocionados admirarán y bendecirán a sus "pastores". Mientras
tanto, los destinatarios de tal perdón, ni los escucharemos, y mucho menos
les creeremos.
Los actuales
miembros del Episcopado Argentino no están
exentos de culpa. En aquellos años eran sacerdotes y saben muy bien de
quienes han recibido los báculos.
Conozco a varios de
estos pastores o porque fueron mis
profesores como el Cardenal Karlick o compañeros como Reale, Colomé,
Rodrígues y Rovai.
Todos conocimos a
Enrique Angelelli y sabíamos qué clase de hombre era. Sin embargo nadie tuvo
la altura suficiente para
protestar y reclamar justicia cuando lo mataron.
Asumo la
responsabilidad de todo lo dicho, en nombre de
todos los desaparecidos y torturados.
Pese a todo este
panorama tan obscuro por el que tuvimos que transitar, los cristianos no nos
acobardamos, Discípulos de un Torturado. "No es el discípulo mayor que el Maestro".
Estamos
advertidos, nada nos puede sorprender; el Cristiano no queda lamiéndose las
heridas. Las Credenciales de Pablo
ante todos los Apóstoles fueron los tormentos que soportó por la Causa.
Quedan
descalificados todos los que claudican
ante los poderosos. Le temen más a
los hombres que al Señor.
Cada desaparecido
no está perdido, está Sembrado, como el grano de trigo en toda nuestra América
Latina; son trocitos de Levadura, puñaditos de Sal metidos en la masa. Son
levadura que no ha perdido su fuerza, y sal que no ha perdido
su sabor , necesarios para alimentar al
HOMBRE NUEVO.
ALGÚN DÍA SERÁ, JUSTICIA, PAZ, AMOR,
VENCEREMOS.

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