Por Juan Carlos Cena
(AW) En junio del 2005 se publicaba por primera vez este
informe sobre los pueblos abandonados, luego del desguace del ferrocarril. Juan
Carlos Cena decía que se hablaba de tiempos de bonanza luego del cierre de los
ramales. En aquellos años, el relevamiento de pueblos abandonados era de 870 en
toda la geografía nacional. En la actualidad hay 1.200 pueblos abandonados.
Esto implica, lisa y llanamente que el abandono avanzó, no retrocedió,
simplemente, porque no hubo políticas de Estado para implementar la vuelta del
tren.
Paraje Pampa Múyoj, Departamento Moreno, Provincia de
Santiago del Estero
El Sistema Nacional de Transporte ferroviario fue destruido,
hoy, lamentablemente, asistimos a la realidad de presenciar sus despojos, los
parches son eso, parches, las políticas no existen y las promesas fueron
infinitas.
Nuevamente, entregamos este informe del 18 de junio del
2005, hacía poco había aparecido la 1º edición de EL FERROCIDIO.
A este informe se puede sumar los trabajos sobre el agua.
Por Juan Carlos Cena * especial para Villa Crespo Digital
18 de junio del 2005
PARA QUE VUELVA EL TREN...
porque hay 870 pueblos abandonados, el agua se acabó el tren
postal dejó de entregar cartas y encomiendas a los pobladores las vías están
abandonadas.
los pueblos quedaron sumergidos los pobladores ya no están
hay 620 pueblos donde no hay más pobladores...
en la provincia de Santiago del Estero hay 65 pueblos
encaminados a ser "fantasmas" ante el aislamiento, la falta de
expectativas de sus pobladores y las consecuentes migraciones.
En Catamarca hay 48 pueblos en igual situación, Jujuy tiene
31, Salta suma 26, La Rioja tiene 20 y Tucumán aporta a la penosa lista 5
pueblos más.
La lista es larga y penosa... son los efectos del desguace
del ferrocarril...
Cuando comenzó la ofensiva final contra el sistema de
transporte ferroviario, en la década del 90, se decía: que como consecuencia de
ese cierre y todo lo estatal, entre otros, vendrían tiempos de bonanzas, copas
derramadas y cuernos llenos de abundancia. Nadie previó que dentro de esa
fiesta anunciada, se anidaba el huevo de la serpiente, pero, gran parte de la
sociedad estaba festejando anticipadamente, incluyendo intelectuales y esas
cosas del buen pensar, y si los sospecharon, se callaron...
Debo decir con todo orgullo que los ferroviarios alertábamos
del desastre por venir. Dos huelgas, la de 1991 y 1992 protagonizamos.
Advertíamos que se avecinaba una catástrofe nacional como consecuencia de ese
cierre.
El ferrocarril no sólo transportó pasajeros y cargas, sino
que jugó un papel integrador y articulador de las distintas regiones del país.
Llevó las comunicaciones, acarreó agua por todo el territorio nacional. El
ferrocarril tenía una dependencia que se llamaba Departamento Servicio de
Aguas. Bajo su dirección se programaban los trenes aguateros, las
perforaciones, la construcción de cisternas, la instalación de plantas de
bombeo, y así. Desde esa dependencia se confeccionó el mayor mapa de las napas
subterráneas del país.
En consecuencia no hubo más acarreo de agua, se anularon las
perforaciones, sus cisternas se contaminaron y agotaron, el ferrocarril no
surte más agua, los pueblos se quedaron sin ella. Se cometía en esa anulación
de la provisión de agua un genocidio silencioso. Comenzaba un hecho social no
percibido desde el puerto, el cierre de los pueblos, la desarticulación de las
distintas regiones del país. El silencio cubría este fenómeno social
vergonzoso.
Pluma de Pato, en Formosa, fue uno de los primeros pueblos
secos; en la estación Los Naranjos en Santiago del Estero había una planta
potabilizadora de agua, se la robaron; en la estación Milagro en la Rioja no
hay más milagros, no tienen más agua, hoy se acarrea en camiones, y así por
todo el territorio nacional, se cerraron los pozos y, detrás de ellos: pueblos.
Las poblaciones comenzaron a migrar, 870 pueblos son fantasmas, 620 en total
abandono. El último pueblo que cerró fue Totoralejos, su último habitante fue
Miguel Palacios se mudó con sus animales a Totoral, al norte de Córdoba cerca
de las salinas, en julio del año 2003; pero los abandonos parciales no cesan.
Son las consecuencias de la fiesta anunciada. Hoy, todo el mundo calla, en el
yo no estuve. Han saqueado a la Nación. No nos dimos cuenta, claman los
festejadores y vuelven a callar, en un silencio cómplice.
En esos pueblos solo quedan los cementerios en tremenda
soledad, sin rezos ni cantos, ni llantos, las plegarias se ausentaron y no se
conmemora más ese día, el de los muertos. Cementerios ganados por los arenales
o los montes. ¡Qué tristeza! Los muertos están más muertos, sus ánimas
migraron.
Alguien se ha preguntado, en todos los estamentos así sean,
gobiernos nacionales, provinciales, municipales, legisladores, políticos,
sindicalistas, intelectuales, profesionales, etc: ¿Cuál es el valor de un
pueblo abandonado? ¿Cual es el daño causado a la nación? Porque este fenómeno
es parte del déficit bruto interno, donde hay cifras ocultas. A pesar del
superávit fiscal y el aumento del P.B.I.
• Juan Carlos Cena: * Técnico especialista en Transporte y
Transporte Ferroviario.
* Miembro fundador del Mo.Na.Re.Fa y del Instituto de
Estudios Ferroviarios del Transporte
* Ex Secretario General del Personal Técnico de Dirección -
Organismo Central (1984-1989)
* Autor de los libros: El Ferrocidio y Ferroviarios Sinfonía
de Acero y Lucha, entre otros y de numerosas investigaciones sobre la
temática.*
• Autor del libro: FERROCARRILES ARGENTINOS DESTRUCCIÓN /
RECUPERACIÓN: septiembre 2012.
Fuente: http://www.agenciawalsh.org/aw/index.php?option=com_content&view=article&id=9490&Itemid=179

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