Por Fabiana Arencibia
Algunos datos referidos a la situación de los trabajadores
dan cuenta de que la relación entre el capital y el trabajo sigue inclinándose
a favor del primero. Mientras que en el período 2003-2010 las ganancias de las
empresas crecieron 50% el aumento del salario real de los trabajadores registrados
no llegó al 3%.
En agosto de este año el Observatorio de Derecho Social de
la CTA publicó un informe con algunos datos que refuerzan los argumentos de del
avance del capital sobre el trabajo.
Si bien los últimos diez años fueron de crecimiento
económico sostenido, la riqueza generada fue distribuida en forma desigual.
Tomando los años 2003 a 2010, las ganancias empresarias crecieron alrededor del
50% mientras que la participación de los trabajadores en el ingreso nacional
bajó del 38,5% al 37,6%.
Por otra parte, el crecimiento del Producto Bruto Interno
(PBI) entre el 2001 y 2011 fue aproximadamente de un 74% pero el ingreso real
de los trabajadores asalariados registrados (lo que pueden comprar con lo que
cobran) aumentó solo en un 3,3%, según explica el informe.
La causa es el aumento de lo que se conoce como
productividad del trabajo (cantidad de producción por hora de trabajo) y la
reducción del costo laboral para lograrla. O sea, mayor nivel de explotación.
Hoy, el salario real es un 40% inferior al que existía a
mediados de la década del `70 y se encuentra aún cerca de los mínimos
históricos de los años 2002-2003. Además, en los últimos años el salario dejó
de incrementarse significativamente a causa de la inflación, de los cambios en el
sistema de asignaciones familiares y de la no actualización del mínimo no
imponible del Impuesto a las ganancias (lo pagan los trabajadores a pesar de
ser un salario y no una ganancia).
A la situación salarial se suma el avance de la
precarización y la flexibilización laboral.
Las últimas estadísticas oficiales (INDEC) hablan de un
34,5% de los trabajadores sin registrar, situación que redunda en sueldos bajos
y falta de cobertura social.
Por otra parte, la desocupación no baja del 7% y la
utilización de tercerización y subcontratación son parte de las estrategias
empresariales. Se calcula que uno de cada cinco trabajadores son asalariados
encubiertos.
Los convenios colectivos de trabajo siguen dándole a los
empleadores facultades para flexibilizar el trabajo según sus intereses: turnos
rotativos, fraccionamiento de vacaciones, multifunción.
En síntesis, en los últimos años el modelo económico ha
beneficiado al capital con altos niveles de ganancias, mayor productividad y
salarios reales que se van deteriorando.
El salario mínimo vital y móvil (SMVM) no llega a los 2700
pesos y ascenderá a poco más de 2800 en febrero próximo. Este salario es
superado en los trabajos registrados pero no en la mayoría de los trabajadores
informales.
Vale la comparación del SMVM con la canasta básica total
(CBT) que se estima en alrededor de 4000 pesos, mas allá de la publicada por el
INDEC, para el cual rondaría los 1600 pesos.
Este último dato oficial sirve para entender por qué para
las estadísticas oficiales del primer semestre de este año hay solo 6,5% de
pobres (calculado con la CBT) y 1,7% de indigentes (calculado con una canasta
básica de alimentos de 700 pesos).
Respecto al trabajo no registrado hay que aclarar que el
porcentaje oficialmente difundido es un promedio que va de un nivel 40,9% en
las provincias del Noreste, un 35,7 en la región de Cuyo, un 34,6 en el Gran
Buenos Aires, un 32,7 en la Región Pampeana del 32,7 hasta la mejor situación
de la Patagonia con un tasa del 19,3%.
La situación empeoró comparada con el primer trimestre del
2012 y representa a 4,4 millones de trabajadores sobre una Población
Económicamente Activa de 18 millones de personas. Esta tasa no registra
disminuciones desde comienzos de 2008. Del total de los trabajadores no
registrados, más de la mitad son jóvenes menores de 34 años y cuatro de cada
diez son jefes de hogar.
Producto de esta situación, los conflictos laborales
continúan en aumento. El Observatorio publicó, como lo hace desde el 2005, un
nuevo “Informe sobre conflictividad laboral” con datos del primer semestre del
2012 en base a 342 conflictos.
Según el informe, dos son los factores que confluyen en los
conflictos. Por un lado, una “mayor dificultad para cerrar los acuerdos
salariales por rama de actividad”, y por el otro “un escenario económico donde
conviven sectores que presentan importantes niveles de crecimiento con otros
que experimentan situaciones de crisis”.
En el sector público aumentaron los conflictos en un 20%,
casi en su totalidad por casos a nivel municipal, principalmente originados en
reclamos salariales y por las deficientes condiciones laborales en general (en
muchos casos derivados de sistemas precarios de contratación).
En el sector privado descendieron en un 14% pero aumentaron
si se analizan por rama de actividad vinculados a la mayor dificultad para
negociar los acuerdos salariales.
Otro dato interesante del informe que refleja el papel de
los sindicatos burocráticos como negociadores con las patronales, es que la
mayoría de los conflictos han sido organizados por sindicatos de base o
seccionales locales (el 66% del total) o por trabajadores que no cuentan con
ninguna representación sindical formal, o que llevan adelante sus acciones sin
la presencia de la organización sindical existente. Este nivel de la
organización sindical explica 2 de cada 3 de los conflictos registrados en este
período.
Las formas en que se han expresado son a través de paro de
actividades, movilizaciones y marchas cuando se tratan de reclamos salariales,
apertura de paritarias, aumentos jubilatorios. Para situaciones de crisis
(despidos, suspensiones, deudas salariales, quiebras, vaciamientos) se apeló a
piquetes y ocupaciones de empresa y cortes de calles o rutas.
Las provincias de la Patagonia fueron las zonas de mayores
conflictos laborales registrados a lo largo del semestre, seguidos por los que
se desarrollaron en el área metropolitana de Buenos Aires.
No hay indicios de que esta situación pueda revertirse en el
marco del actual modelo nacional y la crisis internacional. Por lo tanto, los
conflictos entre el trabajo y el capital seguirán planteados en un marco donde
la intervención estatal a través del Poder Judicial somete a muchos dirigentes
y activistas a procesos penales por su participación en actividades sindicales.
Fabiana Arencibia-Red Eco, Argentina
http://www.redeco.com.ar/nv/index.php?option=com_content&task=view&id=9301&Itemid=130

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