Por Jorge Duarte*.
El martes por la noche la presidenta Cristina Fernández
anunció modificaciones vinculadas al denominado impuesto a las ganancias para
los asalariados y al sistema de asignaciones familiares. Estas fueron las
primeras respuestas significativas del ejecutivo a la agenda sindical que
resonaron fuerte. Repasemos los números detrás del anuncio y las
interpretaciones.
Hace al menos dos años la agenda de reivindicaciones
sindicales de todas las centrales de trabajadores incluye la suba del mínimo no
imponible como uno de sus ítems. El martes por la noche la presidenta anunció
que se aplicará una nueva deducción especial para que no tributen ganancias los
asalariados que perciban hasta $15.000 brutos mensuales; que se eliminarán las
diferencias entre trabajadores con y sin carga de familia; y que las
modificaciones comenzarán a regir el 1 de septiembre. Estas decisiones,
comunicadas en el marco del segundo encuentro de diálogo social encabezado por
el ejecutivo, fueron acompañadas por los dirigentes sindicales afines al
gobierno nacional y marcaron el primer anuncio relevante para la “agenda
laboral” desde la fractura de la CGT hace más de un año.
Las deducciones especiales anunciadas en torno a ganancias
impactarán de lleno en los bolsillos de 1.300.000 asalariados que dejarán de
ser alcanzados por el tributo. En este sentido, las estimaciones de la
Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) precisaron que desde el 1 de
septiembre y hasta fin de año, el Estado nacional debido a esta decisión dejará
de recaudar un total de $4.495 millones que engrosarán el poder adquisitivo de
los trabajadores. La idea es que ese dinero se vuelque al consumo y que sirva
para potenciar la reactivación de la economía. (viva el consumismo, nada para
el ahorro ni la inversión )
Si el reclamo por ganancias tomó relevancia en un mundo
laboral signado por la informalidad (33% de los asalariados desarrollan su actividad
en negro) es por la masividad que adquirió en los últimos años. Las
actualizaciones del mínimo no imponible que estuvieron por debajo de la
inflación y de los promedios acordados en paritarias desde 2008, la decisión de
no ajustar el mínimo no imponible en 2009 y 2012 y la falta de ajuste en las
escalas del tributo habían generado un desfasaje importante. Estas medidas
generaron que se triplique la cantidad de asalariados que tributaba ganancias
entre 2008 y 2012 y que quienes pagaban lo hagan con porcentajes más altos por
la falta de ajuste en las escalas.
Mientras en 2008 el impuesto a las ganancias alcanzaba al
8,5% del total de los trabajadores registrados, en 2012 llegaba al 25%. Con los
cambios anunciados, pasaran a tributar ganancias un 10,2% de los registrados,
lo que retrotrae la situación a cifras parecidas a las de 2008, cuando no era
tema de agenda sindical.
Adicionalmente, se anunció que se elevará el mínimo no
imponible un 20% para quienes perciban entre $15.001 y $25.000 lo que producirá
un alivio para los casi 700.000 trabajadores que se encuentren en esa franja
salarial. Por lo tanto, de los trabajadores comprendidos hasta ahora por
ganancias, sólo unos 255.000 con ingresos superiores a $25.001 no verán
mejorada su situación.
En el mismo momento se anunciaron cambios en el régimen de
asignaciones familiares. También desde el 1 de septiembre los montos a partir
del cual se pierde el beneficio coincidirán con los que regirán para el pago de
ganancias. De esta manera los trabajadores que no tributen ganancias percibirán
asignaciones familiares, lo que constituye la restitución de 850.000
asignaciones por hijo. Actualmente, los pagos por hijo alcanzan a 3.193.503
chicos y desde el próximo mes se elevarán a 4.042.000 beneficiarios.
Este anuncio cubre, parcialmente, otro reclamo compartido
por todas las centrales sindicales y retrotrae la situación a cifras similares
a las de 2008.
Redistribución entre quienes
Con el impacto de la crisis internacional se consolidó un
proceso de redistribución de la riqueza que tuvo fuertes componentes
endogámicos entre los trabajadores. De esta manera, con la paulatina
incorporación de trabajadores a tributar ganancias por un lado y con la pérdida
de asignaciones familiares por otro, fueron los propios trabajadores los que
aportaron los recursos para subsidiar a otros trabajadores (ocupados o
desocupados).
Aunque se esperaba que se grave la renta financiera y
finalmente no ocurrió, se anunció que para compensar las cuentas fiscales se
impondrá una tasa del 15% sobre las utilidades que arrojen la compra-venta de
acciones y títulos valores que no coticen en Bolsa y se fijará una alícuota del
10% para los que cobren dividendos de empresas locales. Estas medidas
recaudarán $2.056 millones provenientes del sector privado y marcarán un cambio
significativo del rumbo tomado en materia de redistribución. Resta ver si es un
camino a seguir o una medida aislada.
Los padres de la criatura
Con el anuncio fresco comenzó la pelea por apropiarse de la
medida. Desde los sectores sindicales vinculados al gobierno intentan presentar
las modificaciones de ganancias como fruto de sus gestiones en La Rosada.
Antonio Caló, de la CGT oficialista, sostuvo que los anuncios consistieron en
“darle respuesta al pedido que hacían los trabajadores”. Por su parte Hugo
Yasky, de la CTA oficialista, entendió que “significa dar un paso adelante para
tener un sistema tributario más justo en la Argentina”.
Los sectores sindicales opositores, en cambio, sostienen que
esto es consecuencia de las movilizaciones que incorporaron a la agenda pública
el tema cuando todavía era resistido por el oficialismo. Hugo Moyano, de la CGT
opositora, expresó que fueron los Camioneros quienes pusieron ganancias en
debate con paros y movilizaciones. Pablo Micheli, de la CTA disidente, aclaró
que “tomaron bien” la medida y dijo que “lo veníamos reclamando desde hacía dos
años con marchas y paros". También los gremios de base clasistas que
lideran grandes fábricas expresaron que parte de la decisión del ejecutivo
estuvo basada en la presión que pusieron en las calles.
Los dirigentes sindicales que integran el Frente Renovador
tampoco dudaron en atribuirse las modificaciones a ganancias. Héctor Daer,
secretario General de Sanidad Buenos Aires y candidato a diputado, remarcó que
"la decisión de la presidenta no es casual" porque "la baja del
impuesto a las ganancias es el proyecto de Massa”.
La decisión del ejecutivo seguramente sopesó la situación
gremial y electoral compleja. La necesidad de fortalecer las centrales
sindicales afines y otorgarles un anuncio relevante cuando flaqueaban sus
fuerzas, la posibilidad de retomar iniciativa política para mejorar su imagen
luego de las PASO, la evaluación de una situación injusta en materia tributaria
y la eventual reducción de la conflictividad sindical deben haber pesado al
momento de resolver. Aunque la solución no llegó por ley, por lo que no se
garantiza su continuidad en el mediano plazo, por un tiempo ganancias estará
fuera de agenda.
*Periodista especializado en temas gremiales /
http://escritosdeclase.blogspot.com.ar / @ludistas

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